{"id":20036,"date":"2016-08-14T17:07:13","date_gmt":"2016-08-14T23:07:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=20036"},"modified":"2021-04-13T14:59:05","modified_gmt":"2021-04-13T20:59:05","slug":"fuego-sobre-juigalpa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/fuego-sobre-juigalpa\/","title":{"rendered":"Fuego sobre Juigalpa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Era octubre de 1988 y desde la base del Quinto Comando Militar Regional de Juigalpa llovieron cohetes. Cinco proyectiles irrumpieron en el pueblo y acabaron con la relativa calma en tiempos de guerra. Esta es la historia de lo que pas\u00f3 y la de los sobrevivientes de aquel accidente militar poco conocido<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Tammy Zoad Mendoza<\/strong><\/p>\n<p>5:00 a.m. Es mi\u00e9rcoles y el pueblo se despereza para empezar otra jornada. Las calles de Juigalpa a\u00fan est\u00e1n vac\u00edas, pero en las casas hay actividad. Do\u00f1a Beata Urbina est\u00e1 en pie preparando el desayuno para su familia; Sol\u00f3n Mart\u00ednez, su esposo, es el primero en salir de la casa a trabajar. Va al campo a revisar sus cultivos y sacar un ganado. Dorisel Mart\u00ednez Urbina, hija menor del matrimonio, no tardar\u00e1 en despertar para ayudar a su madre en las labores de limpieza antes de irse a la escuela.<\/p>\n<p>A dos kil\u00f3metros de ah\u00ed, en la base militar que corona la colina que se alza al noroeste, el teniente Carlos Kasper Flores, jefe de la t\u00e9cnica a\u00e9rea del destacamento de la Quinta Regi\u00f3n, est\u00e1 reunido con unos soldados antes de salir a una misi\u00f3n, mientras en el campo contiguo el equipo t\u00e9cnico revisa los seis helic\u00f3pteros que alzar\u00e1n vuelo seg\u00fan el plan del d\u00eda. 12 de octubre de 1988.<\/p>\n<p>Ya son m\u00e1s de las siete y Rafael Gonz\u00e1lez, un chavalo de 13 a\u00f1os, avanza por el barrio Sandino. Se detiene en la esquina junto al Colegio San Francisco, y se sienta en la acera alta de una casa esquinera, la casa de do\u00f1a Beata. Dentro, Dorisel, tambi\u00e9n de 13 a\u00f1os, reci\u00e9n acaba de limpiar el piso. Se acerca al portal, toma las dos hojas de la puerta para cerrarla&#8230; \u00a1Pum, pum, pum!<\/p>\n<p>Dorisel est\u00e1 en el suelo, sentada en un charco de sangre, su sangre. Rafael, el chavalo que estaba sentado en la acera, cay\u00f3 de bruces en la calle. En la base militar, el teniente Kasper sali\u00f3 como alma que la lleva el diablo creyendo que los estaba atacando la Contra y que deb\u00edan defenderse.<\/p>\n<p>\u201cVersi\u00f3n oficial, proyectiles disparados por accidente. Cae metralla de Mi-17 sobre Juigalpa\u201d, \u201cAccidente en Juigalpa con helic\u00f3ptero artillado. 6 heridos por proyectiles\u201d. \u201cDeplorable accidente en Juigalpa: 6 heridos\u201d. En los tres diarios nacionales el accidente fue noticia de portada al d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? 28 a\u00f1os despu\u00e9s Carlos, Rafael y Dorisel cuentan su versi\u00f3n, y qu\u00e9 fue de ellos despu\u00e9s de aquel accidente militar que qued\u00f3 en la memoria colectiva de los juigalpinos que lo vivieron y de los que han escuchado la historia de los cohetazos que por un error humano se dispararon desde la base militar en la colina frente a la ciudad y cayeron en el pueblo.<\/p>\n<p>Dorisel, de 41 a\u00f1os, es testimonio vivo de ello. Ella es aquella ni\u00f1a que recibi\u00f3 el impacto del proyectil, uno de los cinco que bajaron al pueblo, que entr\u00f3 por la puerta grande de su casa esa ma\u00f1ana.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El mismo a\u00f1o en que se firmar\u00edan los acuerdos de paz, el Ej\u00e9rcito Popular Sandinista desplegar\u00eda la mayor operaci\u00f3n ofensiva contra la denominada Resistencia Nicarag\u00fcense, la Operaci\u00f3n Danto 88. Unos tres mil efectivos militares del EPS entraron a Honduras para atacar campamentos de la Contra, debilitar a esta estructura y de esta forma garantizar que llegar\u00edan con ventaja a la mesa de negociaci\u00f3n de paz para aceptar sus condiciones.<\/p>\n<p>El 23 de marzo, en Sapo\u00e1, departamento de Rivas, firmaron el acuerdo para el cese al fuego. Se comprometieron a suspender operaciones militares a partir del 1 de abril del 1988 mientras se desarrollaba el proceso de negociaci\u00f3n para el cese definitivo del fuego. Pero era octubre de ese a\u00f1o y el pa\u00eds segu\u00eda encendido en guerra. Las portadas de los peri\u00f3dicos registraban ataques de uno y otro bando, muertes de militares y civiles, y constantes fuegos cruzados.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de combate del 12 de octubre del 88 estaba programada para las ocho de la ma\u00f1ana, y desde las cinco de la madrugada empezaron las revisiones finales a las naves y municiones. Eran seis helic\u00f3pteros MI-17 artillados con cohetes rusos S-5. Estos proyectiles aire-tierra, de propulsi\u00f3n con p\u00f3lvora, ten\u00edan un alcance de hasta cuatro kil\u00f3metros y eran de explosi\u00f3n por contacto. Una vez se estrellaban con suficiente fuerza en alg\u00fan objeto, ten\u00edan capacidad para destruir lo que hubiese en diez metros a la redonda. Parecen gigantes l\u00e1pices met\u00e1licos con la punta afilad\u00edsima y en el otro extremo una cola con aspas. L\u00e1pices mortales que estallan y manchan de sangre.<\/p>\n<p>\u201cLas naves se manten\u00edan artilladas y todos los d\u00edas les hac\u00edan un chequeo, el 360 se le llama, para saber c\u00f3mo est\u00e1n las bater\u00edas, combustible, pala, todo. Est\u00e1 el t\u00e9cnico de vuelo y el t\u00e9cnico de armamento, el mec\u00e1nico que verifica municiones, su correcta colocaci\u00f3n y hace las pruebas\u201d, explica Carlos Kasper, de 57 a\u00f1os, entonces teniente y jefe de la t\u00e9cnica a\u00e9rea del destacamento de la Quinta Regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Kasper estaba dando las \u00faltimas recomendaciones antes de salir a misi\u00f3n cuando&#8230; \u00a1Pum, pum, pum! El estallido sacudi\u00f3 el lugar y ellos salieron disparados a ver qu\u00e9 pasaba. \u201cPensamos que nos estaba atacando la Contra, y cuando vi \u00a1ala gran puta. El helic\u00f3ptero estaba disparando!\u201d, cuenta y se sobresalta al recordar tan mala sorpresa.<\/p>\n<p>No recuerda con exactitud si las aeronaves estaban artilladas en su capacidad m\u00e1xima o a la mitad, pero explica que \u201centre 16 y 32 cohetes deb\u00edan tener cada uno en las loncheras\u201d (compartimientos donde se cargan y desde donde se disparan los cohetes). \u201cY eso no es que se dispara uno solo, salen en pareja de ambos lados, ah\u00ed se fueron como treinta y pico de cohetes, otra cosa es que solo tres o cinco hayan ca\u00eddo en la ciudad\u201d, comenta Kasper, rascando en la memoria.<\/p>\n<p>De inmediato corri\u00f3 y orden\u00f3 detener a los t\u00e9cnicos que realizaban el chequeo y se les interrog\u00f3. Vio el humo que sal\u00eda del hogar de ni\u00f1os que est\u00e1 colina abajo. \u201c\u00a1Matamos a los ni\u00f1os!\u201d, pens\u00f3, pero por suerte el humo era por la quema de basura en el patio del lugar. Fue a dos kil\u00f3metros, donde apenas se distinguen colores y formas de los tejados, donde hab\u00edan ca\u00eddo cinco proyectiles.<\/p>\n<p>Al poco tiempo lleg\u00f3 la comisi\u00f3n de investigaci\u00f3n, encabezada por el auditor general de las Fuerzas Armadas. A los t\u00e9cnicos los arrestaron de inmediato, a Carlos Kasper y a F\u00e9lix Pereira, otro jefe en la unidad, les quitaron el cargo y los enviaron castigados a Managua. Ah\u00ed el coronel Javier Pichardo, jefe de la Fuerza A\u00e9rea Sandinista, los amonest\u00f3 y fueron reasignados a una nueva secci\u00f3n.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del \u00f3rgano oficial del FSLN, Barricada, se dio a conocer que \u201cde acuerdo a la Ley Penal Militar aquellos que incumplieran las reglas en la preparaci\u00f3n o realizaci\u00f3n de vuelos, y causaran muerte, lesiones o cat\u00e1strofes graves\u201d, se les privar\u00eda de libertad entre 10 y 30 a\u00f1os, de comprobarse su falta. El reporte final de la investigaci\u00f3n no se public\u00f3 en los medios, la llegada del hurac\u00e1n Johan arras\u00f3 en las portadas las semanas siguientes. No hay quien recuerde el nombre de aquel t\u00e9cnico, menos quien sepa qu\u00e9 fue de \u00e9l, si estar\u00e1 purgando o no su condena.<\/p>\n<p>Respecto a la posici\u00f3n de las aeronaves, Kasper explica que era la correcta. Cada uno de los siete helic\u00f3pteros estaba dispuesto en su pista de aterrizaje y despegue, orientados hacia el Este, sentido en el que el helic\u00f3ptero alzaba vuelo desde la colina, hac\u00eda una maniobra de avanzar para luego elevarse y empezar la ruta.<\/p>\n<p>\u201cFue una negligencia del t\u00e9cnico\u201d, sostiene Carlos Kasper, quien se retir\u00f3 con el rango de teniente primero. \u201cEn el techo del helic\u00f3ptero hay un bot\u00f3n de prueba para cuando realiz\u00e1s los chequeos, pero \u00e9l manipul\u00f3 el bast\u00f3n de mando. No s\u00e9 si no se fij\u00f3, estaba distra\u00eddo o fue boludencia. No ten\u00eda por qu\u00e9 tocar el bast\u00f3n de mando, apret\u00f3 el disparador y salieron los cohetes\u201d. La desgracia.<\/p>\n<p>\u201cLa guerra continu\u00f3, nosotros nos quedamos en Managua, supe que hab\u00eda heridos leves y que una ni\u00f1a hab\u00eda perdido su pierna. Nunca la vi, no podr\u00eda verla\u201d, alcanza a decir Carlos Kasper, antes que un nudo en la garganta le corte de tajo la voz.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La ni\u00f1a est\u00e1 en la camilla y empieza a despertar. Un grupo de enfermeras y m\u00e9dicos la rodea.<br \/>\n\u2014Hola, Dorisel. \u00bfC\u00f3mo est\u00e1s?<br \/>\nLa ni\u00f1a solo asiente.<br \/>\n\u2014\u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 te pas\u00f3? \u2014le pregunta una mujer.<br \/>\n\u2014S\u00ed \u2014responde escueta la ni\u00f1a.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 te pas\u00f3? \u2014le pregunta otra vez la mujer.<br \/>\n\u2014Perd\u00ed mi pierna.<br \/>\n\u2014S\u00ed. Perdiste tu pierna&#8230; \u2014silencio, los doctores se miran entre s\u00ed y quien se present\u00f3 como psic\u00f3loga empieza a explicarle lo que hab\u00eda ocurrido\u2014. Hubo un accidente&#8230;<\/p>\n<p>\u201cYo nunca perd\u00ed la consciencia, sab\u00eda que algo me hab\u00eda pegado fuerte, me bot\u00f3 y luego me vi sentada en el charco de sangre. Mi pierna derecha estaba desgajada a un lado, solo ten\u00eda un hilito de piel que la un\u00eda a m\u00ed. Cuando vi eso supe que era imposible, que ya no ten\u00eda m\u00e1s mi pierna\u201d, recuerda Dorisel Mart\u00ednez Urbina, ahora de 41 a\u00f1os.<\/p>\n<p>En un cami\u00f3n militar la llevaron al Hospital Militar Alfonso N\u00fa\u00f1ez, donde le hicieron una cirug\u00eda de emergencia para reconstruir al \u00e1rea que el proyectil hab\u00eda mutilado de un tajo. Solo qued\u00f3 un peque\u00f1o trozo de hueso de la pierna unido a su cadera, que ahora est\u00e1 cubierto por una capa gruesa de m\u00fasculo y piel.<\/p>\n<p>Luego de la primera intervenci\u00f3n estuvo 27 veces en el quir\u00f3fano. \u201cTuvieron que dejar abierta la herida porque ten\u00eda restos de p\u00f3lvora y deb\u00edan hacer los lavados quir\u00fargicos en una sala por lo delicado de la situaci\u00f3n\u201d, detalla Dorisel.<\/p>\n<p>Habla de su viaje a Cuba, donde estuvo cuatro meses hospitalizada en rehabilitaci\u00f3n y fisioterapia. Ah\u00ed le dise\u00f1aron su una pr\u00f3tesis especial que se ajustaba con una faja al mu\u00f1\u00f3n corto de su pierna. Se ajustaba perfecta y no le provocaba alergias, ten\u00eda movilidad de rodilla y en el pie, caminaba tan c\u00f3modamente que el primer a\u00f1o fue de f\u00e1cil asimilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estaba terminando el primer a\u00f1o de secundaria, era alumna destacada y una chavala que no paraba en la casa, siempre ten\u00eda algo que hacer. Mandados, actividades del colegio, juegos con los amigos. En 1991 se integr\u00f3 a segundo a\u00f1o de secundaria, pero suspendi\u00f3 los estudios en tercer a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u201cMe puse rebelde. Mi mam\u00e1 me trataba de ayudar y yo no me dejaba, le dec\u00eda no, que me dejara. A veces no me entend\u00edan, pero como ella dec\u00eda: \u2018Dios le da a cada quien la cruz que puede cargar\u2019, y yo ten\u00eda que cargar con la m\u00eda. Ella me sobreproteg\u00eda y yo me rebelaba contra eso\u201d, recuerda Dorisel.<\/p>\n<p>Quien la escucha pensar\u00eda que se refiere a otra persona cuando habla con naturalidad de aquel d\u00eda en que perdi\u00f3 la pierna, recuerda que Rafael estaba sentado en la acera, que su madre estaba en la cocina y que ella pensaba en que se le hac\u00eda tarde para ir a la escuela, el Colegio San Francisco de As\u00eds, en la esquina al lado de su casa.<\/p>\n<p>Va hasta su antigua casa, en el barrio Sandino, pide permiso para entrar y pasa a la sala. Se convierte de nuevo en aquella ni\u00f1a de 13 a\u00f1os, la que lampaceaba el piso, la que se acerc\u00f3 a la puerta caf\u00e9 de doble hoja. Es la misma puerta, caf\u00e9 y con surcos que forman rect\u00e1ngulos, como dos tabletas de chocolate que se juntan al centro. \u201cLa misma puerta\u201d, dice, pasa los dedos por los surcos y le da dos toquecitos con los nudillos: \u201cBuena madera\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl ni\u00f1o que estaba sentado en la acera de mi casa fue el primer afectado, le pegaron varios charneles. A m\u00ed me pas\u00f3 llevando la pierna, a mi mam\u00e1 tambi\u00e9n le pegaron charneles y el cohete fue a pegar a un barril de agua, ah\u00ed qued\u00f3. Se apag\u00f3\u201d, cuenta.<\/p>\n<p>Aunque reconoce que en cuanto a movilidad su vida cambi\u00f3, Dorisel dice que ha hecho todo lo que ha querido. Tras la muerte de su madre y su padre, dividi\u00f3 su tiempo entre el trabajo y los estudios. Trabaj\u00f3 en una tienda, fue recepcionista, secretaria y se gradu\u00f3 en Contabilidad P\u00fablica y Finanzas. Desde hace 15 a\u00f1os trabaja en la Alcald\u00eda de Juigalpa. Un a\u00f1o antes naci\u00f3 su hijo, que ahora tiene 16 a\u00f1os y est\u00e1 a punto de graduarse como bachiller y quiere ser veterinario.<\/p>\n<p>\u201cEn la adolescencia fue lo m\u00e1s dif\u00edcil, los mismos grupos de amigos te hacen sentir diferente, te van excluyendo y el resto de gente cree que porque te falta una pierna ten\u00e9s que dejar de avanzar. \u00a1No hombr\u00e9! Yo me traslado en moto, ando de arriba a abajo, me gusta ir al mar, viaj\u00e9 a Cuba, voy para M\u00e9xico\u201d, cuenta y sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Las cirug\u00edas, tratamientos, fisioterapias y las cuatro pr\u00f3tesis que us\u00f3 las asumi\u00f3 el Ej\u00e9rcito en su momento, pero ella dej\u00f3 de recibir apoyo. Tampoco cree necesitarlo, es una mujer independiente, dice. Pero a partir de su embarazo, en el 2000, empez\u00f3 a usar bastones para movilizarse porque las pr\u00f3tesis nacionales para su mu\u00f1\u00f3n eran para fajarse en el vientre y el material le provocaba alergia por contacto. Con el paso del tiempo, la falta de pr\u00e1ctica y el peso, se le dificulta un poco y se le cansan los brazos. \u201cDebo retomar la pr\u00f3tesis por salud. Tengo que hacer terapia de nuevo, entrenar para fortalecer el mu\u00f1\u00f3n y que pueda levantar y mover una nueva pr\u00f3tesis, pero necesito que sea una pr\u00f3tesis como la cubana\u201d, cuenta Dorisel, quien tendr\u00eda que movilizarse al Hospital Nacional de Rehabilitaci\u00f3n Aldo Chavarr\u00eda, en Managua, porque en Juigalpa no hay centros de este tipo.<\/p>\n<p>\u201cMi familia nunca pidi\u00f3 nada, no estaban metidos en pol\u00edtica o en la guerra, fue un accidente. Nunca he sentido rencor por eso, tampoco he querido saber qui\u00e9n fue o c\u00f3mo, a veces uno por buscar encuentra cosas que no quiere. Estoy bien as\u00ed\u201d, asegura Dorisel.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>De todos los proyectiles que pudieron haber salido disparados en aquel accidente, fueron cinco los que llegaron hasta al pueblo. El barrio Sandino fue el m\u00e1s afectado, seg\u00fan reportes de La Prensa, Barricada y El Nuevo Diario. Varias casas reportaban paredes horadadas, techos rotos, chanchos y gallinas tendidos en los patios tras recibir charnelazos.<\/p>\n<p>El estruendo sacudi\u00f3 toda la zona de la barrera de toros. Adem\u00e1s del cohete que entr\u00f3 en casa de Dorisel, otro rompi\u00f3 la parte superior de la fachada del Colegio San Francisco de As\u00eds, un tercero se estrell\u00f3 en la casa del lado y otro en la entrada de una vivienda m\u00e1s al sur. Ninguno explot\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cEn el trayecto los cohetes perdieron velocidad, atravesaron paredes delgadas y al momento del impacto final no ten\u00edan a suficiente fuerza para explotar. Gracias a Dios no detonaron, no habr\u00edan quedado vivos\u201d, reconoce Carlos Kasper, de 57 a\u00f1os, quien se retir\u00f3 del Ej\u00e9rcito hace 25 a\u00f1os con el rango de teniente primero.<\/p>\n<p>Entre los seis heridos que registraron las noticias, el de mayor gravedad fue Rafael Gonz\u00e1lez Acevedo, de 13 a\u00f1os. Estaba sentado en la acera de la casa de Dorisel, esperando que llegara su jefe para irse con \u00e9l a empezar otra jornada como ayudante de alba\u00f1iler\u00eda, cuando de repente sinti\u00f3 una bola de fuego en la cabeza y cay\u00f3. Veintid\u00f3s d\u00edas despu\u00e9s despert\u00f3 en el Hospital Militar Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os. Estuvo en coma, de las 13 heridas en todo el cuerpo, un fragmento del proyectil impact\u00f3 en la parte izquierda de su cabeza, le reban\u00f3 la piel, rompi\u00f3 el cr\u00e1neo y le dej\u00f3 secuelas de por vida.<\/p>\n<p>Rafael Acevedo ahora tiene 41 a\u00f1os, tres hijos y sigue trabajando en construcci\u00f3n. Tiene en su cuenta siete operaciones, dos meses en el hospital, a\u00f1o y medio en cama, y le tom\u00f3 tres a\u00f1os poder volver a caminar. Su pie izquierdo tambi\u00e9n fue impactado por un fragmento y tuvieron que reconstruirlo. Qued\u00f3 un poco m\u00e1s corto e hinchado, como si tuviera una bola de tenis atrapada en el empeine. Renquea, le cuesta apoyar el pie, le duele. \u201cA m\u00ed me ayudaron del Ej\u00e9rcito un tiempo, como cinco a\u00f1os, pero qued\u00e9 mal. Sufro fuertes dolores de cabeza, mareos, y en el 2001 convulsion\u00e9 por primera vez, me pasa cada vez m\u00e1s seguido. Dicen los doctores que al romperse el cr\u00e1neo quedaron astillas, huesitos superfinos que tocan un nervio y por eso tengo convulsiones\u201d, cuenta Rafael. \u00c9l a\u00fan resiente el accidente y pide ayuda para hacerse nuevos an\u00e1lisis y conseguir tratamiento para los dolores de cabeza y las convulsiones.<\/p>\n<p>\u201cNosotros proteg\u00edamos la vida de los civiles, \u00e9ramos muy cuidadosos, pero las desgracias pasan. Una bala no lleva nombre, te da y no ve qui\u00e9n sos. Saber que hubo heridos, que una ni\u00f1a perdi\u00f3 su pierna, eso fue doloroso, lo m\u00e1s horrible para m\u00ed. Me dijeron que ella vive ah\u00ed en Juigalpa, que trabaja en la Alcald\u00eda, pero a la fecha y yo no tendr\u00eda fuerzas para verla\u201d, admite Carlos Kasper, a quien cada cierto tiempo alg\u00fan viejo conocido le pregunta: \u201c\u00bfTe acord\u00e1s cuando se te fueron los cohetazos en Juigalpa?\u201d.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: left;\">Ayapal<\/h3>\n<p>Carlos Kasper no recuerda otro accidente militar de la Fuerza A\u00e9rea Sandinista que haya tenido v\u00edctimas civiles, adem\u00e1s del de Ayapal en 1982.<br \/>\nEl 9 de diciembre de 1982, uno de los helic\u00f3pteros de la FAS que trasladaba ind\u00edgenas de las comunidades fronterizas con Honduras hacia San Jos\u00e9 de Bocay, se desplom\u00f3 poco despu\u00e9s del despegue.<br \/>\nDe las 92 personas a bordo, murieron calcinados 75 ni\u00f1os y nueve madres. El gobierno sandinista culp\u00f3 entonces a la Contra, y convirti\u00f3 en bandera pol\u00edtica la tragedia. Las investigaciones t\u00e9cnicas realizadas por especialistas rusos determinaron que el desplome se debi\u00f3 a una falla t\u00e9cnica.<br \/>\nEn declaraciones posteriores exmilitares reconocer\u00edan que hubo negligencia y que el sobrepeso pudo haber provocado que el rotor de cola se rompiera, se desestabilizara la aeronave, cayera y luego explotara, convirti\u00e9ndose en un horno humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era octubre de 1988 y desde la base militar del Quinto Comando Militar Regional de Juigalpa llovieron cohetes. Cinco proyectiles irrumpieron en el pueblo y acabaron con la relativa calma en tiempos de guerra. 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