{"id":26057,"date":"2016-10-09T18:52:44","date_gmt":"2016-10-10T00:52:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=26057"},"modified":"2017-08-04T13:34:24","modified_gmt":"2017-08-04T19:34:24","slug":"un-poeta-de-alquiler","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/columnas\/un-poeta-de-alquiler\/","title":{"rendered":"Un poeta de alquiler"},"content":{"rendered":"<p>En la bulliciosa explanada que se extiende al lado del T\u00e1mesis, muy cerca de las puertas de la Galer\u00eda Tate, de donde vengo de ver la estupenda exposici\u00f3n retrospectiva del inmenso pintor cubano Wifredo Lam, me encuentro con el poeta de alquiler, tal como reza el cartel que lo acompa\u00f1a: poet for hire.<\/p>\n<p>Situado cerca del muro que limita con el r\u00edo, enfrente tiene su m\u00e1quina de escribir port\u00e1til, de esas que casi no se ven ahora, en tiempos de laptops y tabletas, asentada sobre una fr\u00e1gil mesita de tijera. Como es propio de este oficio de ofrecerse a pleno sol para escribir poes\u00edas a quien pague por ella, es necesario esperar. Nadie hace cola frente a un poeta an\u00f3nimo para que le escriban un poema, ni tampoco en las librer\u00edas hoy d\u00eda para comprar libros de poemas. Me siento sobre el muro, en espera de que ocurra el milagro, y no tarda.<\/p>\n<p>Una mujer rubia de mediana edad, y algo melanc\u00f3lica, aunque su vestido colorido contradiga su tristeza, se acerca para hacerle un encargo, que puede ser el primero de toda la ma\u00f1ana. Convienen el tema, y seguramente el pago. No s\u00e9 de qu\u00e9 se trata la poes\u00eda contratada, pues la mujer habla con el pudor que tienen todas las confesiones y por tanto su voz es demasiado baja, y frustra mi curiosidad.<\/p>\n<p>El poeta mete con toda solemnidad la hoja de papel en el carro de la m\u00e1quina, y empieza su tarea. Lo primero que uno puede sospechar es que ella se ha acercado para pedir que le escriba alg\u00fan poema de amor. Hay quiz\u00e1s de por medio un romance fallido, o no correspondido, una ausencia, un desenga\u00f1o, uno que se fue con otra y no volvi\u00f3 m\u00e1s. A lo mejor le pedir\u00e1 que regrese, que siempre hay un lugar para \u00e9l en su vida. Una solicitud as\u00ed puede resolver en tres o cuatro cuarteros. Una queja de amor que no busca la reconciliaci\u00f3n ser\u00eda a\u00fan m\u00e1s breve.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n puede tratarse de algo menos tormentoso, un poema de cumplea\u00f1os, un saludo de onom\u00e1stico en verso para alg\u00fan ser querido; los sonetos son un arma adecuada para esos temas. Pero es lo menos probable. A fin de satisfacer esos menesteres basta hoy en d\u00eda con entrar en una tienda de tarjetas donde la variedad de modelos llena cualquier necesidad.<\/p>\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 no alg\u00fan epitafio para ser inscrito en la l\u00e1pida de una tumba? Todas las posibilidades est\u00e1n abiertas; y el caso es que mientras el poeta comienza a teclear en su m\u00e1quina, yo lo vigilo a prudente distancia, conforme hacen siempre los curiosos para ocultar su propia impertinencia. Y as\u00ed veo que solo ha escrito un verso corto, de pocas palabras. Y nada m\u00e1s por el momento.<\/p>\n<p>\u00c9l examina atentamente la p\u00e1gina apenas empezada, y su mirada de preocupaci\u00f3n, mientras sus dedos nerviosos se mueven cerca de las teclas pero sin tocarlas, buscando en su mente las palabras que por el momento no fluyen, refleja el drama de todo aquel que escribe, sea o no poeta de ocasi\u00f3n. La famosa p\u00e1gina en blanco, que aturde con su color, que es el color de la nada. Tampoco escribir por encargo es f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Veo entonces que es el momento de irme, pues entre la curiosidad y el respeto a la inspiraci\u00f3n ajena, escojo el respeto, por mucho que me pese. Diosa esquiva, \u00e1ngel remoroso, la inspiraci\u00f3n castiga con su ausencia a quien le invoca, se halle uno a pleno sol, entre paseantes que pasan en oleadas, o en la soledad del cuarto de escribir. Y hasta el momento no parece con ganas de bajar sobre la cabeza del colega de oficio.<\/p>\n<p>Pero apenas he dado unos pocos pasos cuando escucho el r\u00e1pido tecleo de la m\u00e1quina. La diosa ha hecho lo de siempre, bajar cuando menos se la espera, que es decir, cuando m\u00e1s se la espera. La clienta no osa asomarse a espaldas de poeta para ver lo que est\u00e1 resultando. Eso no se debe hacer nunca. Se paga por el trabajo terminado.<\/p>\n<p>Londres, octubre 2016<br \/>\nwww.sergioramirez.com<br \/>\nwww.facebook.com\/escritorsergioramirez<br \/>\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/sergioramirezm?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by sergioramirezm<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie hace cola frente a un poeta an\u00f3nimo para que le escriban un poema, ni tampoco en las librer\u00edas hoy d\u00eda para comprar libros de poemas.  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