{"id":27014,"date":"2014-07-13T17:06:28","date_gmt":"2014-07-13T23:06:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=27014"},"modified":"2020-08-13T14:34:53","modified_gmt":"2020-08-13T20:34:53","slug":"al-margen-la-razon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/al-margen-la-razon\/","title":{"rendered":"Al margen de la raz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Entre el presente y el pasado, lo real y lo imaginario, la cordura y la locura. Ah\u00ed, en esos puntos medios vive Julio Cabrales, uno de los grandes poetas que ha parido Nicaragua, pero que la esquizofrenia lo ech\u00f3 a la miseria y al olvido<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Dora Luz Romero<\/strong><\/p>\n<p>La sala de esta casa est\u00e1 desnuda. No hay televisor ni mesas, ni l\u00e1mparas ni cuadros. A duras penas hay una silla mecedora y un mueble curtido y despellejado que en sus buenos tiempos habr\u00e1 sido un sof\u00e1. Es un espacio oscuro, de paredes lilas y ladrillos rojos opacos, donde telara\u00f1as tiesas cuelgan del techo y la luz lucha por colarse por la puerta trasera. Al fondo de la sala, sentado en la silla, est\u00e1 un hombre. Grande y desgarbado. Su silueta se pierde entre las sombras, pero a medida que uno avanza los detalles aparecen: moreno, sudoroso, nariz\u00f3n, cejas tupidas, ce\u00f1o fruncido y con la cara llena de surcos definidos. No lleva camisa puesta. El calor que revuelca a Managua lo ha hecho tirarla a un lado, justo a la par de sus escupitajos y chivas de cigarros.<\/p>\n<p>Habla solo. Susurra. Habla r\u00e1pido. Y mueve la mano derecha al ritmo de sus palabras. Sube, baja, la abre, la deja quieta y la vuelve a subir.<\/p>\n<p>El hombre es Julio Cabrales. Es poeta, y es considerado uno de los m\u00e1s importantes de la d\u00e9cada de los sesenta en Nicaragua. Su paso por la poes\u00eda fue breve, public\u00f3 un solo libro: <em>\u00d3mnibus<\/em>. Sin embargo, eso bast\u00f3 para ser reconocido en el gremio literario como una voz perdurable, innovadora y digna de estudio, pero no fue suficiente para evitar que viviera en la miseria, en el olvido y la soledad.<\/p>\n<p>En esta silla, en esta sala desolada, le llegaron las canas. Aqu\u00ed aprendi\u00f3 a vivir en compa\u00f1\u00eda de un cigarrillo y con suerte, de una taza de caf\u00e9. Aqu\u00ed transcurren sus d\u00edas cargados de mon\u00f3logos.<\/p>\n<p>Este pr\u00f3ximo octubre, Julio Cabrales cumple 70 a\u00f1os y lleva casi cincuenta batallando con su enemiga: la esquizofrenia.<\/p>\n<p><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Julio-Cabrales-1.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-35456 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Julio-Cabrales-1.jpg\" alt=\"Managua 9 de Junio del 2014.Julio Cabrales, Poeta esquisofrenico en su casa del Bo. Hilario Sanchez. Uriel Molina\/LA PRENSA\" width=\"700\" height=\"868\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144924\/Julio-Cabrales-1.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144924\/Julio-Cabrales-1.jpg 242w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144924\/Julio-Cabrales-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Su padre, Luis Alberto Cabrales, poeta, fundador del Movimiento de Vanguardia en Nicaragua. Su madre, Mar\u00eda Venerio, ama de casa. Julio Cabrales, el segundo de tres hermanos varones, naci\u00f3 en Managua el 4 de octubre de 1944. Para ese a\u00f1o, Nicaragua viv\u00eda bajo el gobierno de Anastasio Somoza Garc\u00eda, quien llevaba siete a\u00f1os en el poder. En su casa eran somocistas, o al menos su padre lo era, y nunca tuvo problemas para decirlo. Tambi\u00e9n eran cat\u00f3licos, muy cat\u00f3licos. \u201cLuis Alberto ten\u00eda un catolicismo arraigado, casi a ultranza, que lo hered\u00f3 Julio. Julio era un devoto\u201d, dice Luis Rocha, amigo del poeta. Y algunos de sus poemas dan fe de ello: <em>Retablo al Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/em>, <em>El amor de Dios no tiene l\u00edmites<\/em> y <em>Padre Nuestro<\/em>, por mencionar algunos.<\/p>\n<p>As\u00ed fue criado, bajo lo estricto de su pap\u00e1, pero tambi\u00e9n con los mimos y la sobreprotecci\u00f3n de su mam\u00e1. Siempre fue un muchacho t\u00edmido, de porte larguirucho y catr\u00edn. Su padre, creen algunos, influy\u00f3 en esa forma de ser. \u201cEra bastante t\u00edmido. Yo creo que era as\u00ed porque en su casa Luis Alberto era bastante estricto&#8230; Era muy dominante\u201d, opina Rocha. Sergio Ram\u00edrez lo recuerda as\u00ed: \u201cUn muchacho ensimismado, muy callado, flaco y de lentes pesados, que asist\u00eda en silencio a las tertulias literarias. Era su car\u00e1cter, pero tambi\u00e9n quiz\u00e1s la figura de su padre ejerc\u00eda gran peso sobre \u00e9l\u201d. Con la familia, dice Bertha In\u00e9s Cabrales, su prima hermana, era un poco m\u00e1s abierto. \u201cEra comunicativo y le gustaba dar bromas\u201d, recuerda.<\/p>\n<p>La timidez no la ha dejado, cuenta Olga Aguirre, la muchacha que lo cuida hace dos a\u00f1os. Hay d\u00edas que prefiere no hablar, ni que le hablen. \u201cCuando mucho platican con \u00e9l se sofoca\u201d, advierte.<\/p>\n<p>Esta casa, ubicada en el barrio costero Hilario S\u00e1nchez de la capital, es la misma de su juventud, donde vivi\u00f3 con sus padres y hermanos. Pero despu\u00e9s del caj\u00f3n, del lugar no queda nada. Ya no est\u00e1n esos j\u00f3venes que iban y ven\u00edan. Ya no est\u00e1 el comedor que para Navidad do\u00f1a Mar\u00eda Venerio vest\u00eda de blanco y decoraba con un florero lleno de narcisos rojos, ni la cocina donde les preparaba la comida. Ahora, al fondo del patio hay un fog\u00f3n que avienta humo cada vez que se acerca la hora de comer. Ya no est\u00e1 el pastor que florec\u00eda a la par del muro. Ya ni siquiera est\u00e1 la puerta de la entrada, solo queda una verja forrada con l\u00e1minas de zinc.<\/p>\n<p>El \u00fanico que sigue ah\u00ed, en medio de esa casa desvencijada es Julio Cabrales, con la compa\u00f1\u00eda de Olga, la cuidadora, quien todos los d\u00edas hace un intento in\u00fatil por poner a funcionar la casa.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">\u201cJulio es visto como un \u2018poeta maldito\u2019 por su enfermedad mental y el estado marginal en que vive. Pero es un gran poeta, cualesquiera que sean las circunstancias que le tocaron en la vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Sergio Ram\u00edrez, escritor nicarag\u00fcense.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Retroceda. Cincuenta a\u00f1os. Ub\u00edquese en la d\u00e9cada de los sesenta. Julio Cabrales est\u00e1 ah\u00ed. Flaco, con lentes gruesos, observador. Puede encontrarlo en la Cafeter\u00eda La India, en el centro de Managua, junto a sus amigos poetas hablando de poes\u00eda, analizando libros, conversando sobre pol\u00edtica. \u201cTodos \u00e9ramos menores de edad, hijos de dominio, pero siempre hab\u00eda unos cuantos c\u00f3rdobas para tomar infinitas tazas de caf\u00e9. Pag\u00e1bamos, creo, 75 centavos de c\u00f3rdoba por una taza. Esos mismos pesos tambi\u00e9n nos ajustaban para comprar libros en la Librer\u00eda Arge\u00f1al. Nada costaba m\u00e1s de 20 pesos. Sin importar qui\u00e9n los compr\u00f3, los libros circulaban de una a otra mano\u201d, recuerda Edwin Yllescas, poeta y amigo cercano de Cabrales. En esa cafeter\u00eda, dice, estaba Coquito, la camarera que inspiraba a todos los poetas. Cabrales era uno. \u201cJulito le recitaba sus propios poemas\u201d, cuenta. Pero nunca se le conoci\u00f3 una novia formal. \u201cS\u00ed sal\u00eda con muchachas, era bastante enamorado, pero nunca tuvo una novia formal, ni amante, fue m\u00e1s bien de muchachas ocasionales\u201d, dice Luis Rocha.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n puede encontrarlo en La Tortuga Morada, la discoteca, leyendo con voz grave sus poemas.<\/p>\n<p>Desde inicios de los sesenta, le llamaban el poeta precoz, el poeta joven. \u201cTan precoz como Rimbaud\u201d, dice Yllescas. Su voz era respetada en los c\u00edrculos literarios. A sus 16 a\u00f1os hab\u00eda comenzado a publicar sus poemas en La Prensa Literaria. M\u00e1s tarde, sus escritos estar\u00edan en Cuadernos Hispanoamericanos de Espa\u00f1a, Mundo Nuevo de Francia, Alero de Guatemala, entre otros. \u201cEra un poeta puro, no ten\u00eda m\u00e1s intereses que la poes\u00eda\u201d, afirma Franklin Caldera, poeta y amigo suyo.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">\u201cEs uno de los mejores poetas de la generaci\u00f3n de 1960, tiene por lo menos tres poemas que son indispensables para cualquier estudio de la poes\u00eda nicarag\u00fcense: <em>El espectro de la rosa<\/em>, <em>Saloma a orza<\/em> y <em>Carta a mi madre<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Franklin Caldera, poeta y amigo de Julio Cabrales.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>En 1962, se gan\u00f3 una beca para estudiar en Espa\u00f1a, donde se encontr\u00f3 con varios nicarag\u00fcenses como Carlos Mart\u00ednez Rivas, Beltr\u00e1n Morales, Luis Rocha, Francisco de As\u00eds Fern\u00e1ndez. Y logra \u2014cuenta Luis Rocha\u2014 codearse y hacer amistad con grandes poetas espa\u00f1oles como Luis Rosales, que gan\u00f3 el Premio Cervantes en 1982; D\u00e1maso Alonso, quien por a\u00f1os fue director de la Real Academia Espa\u00f1ola; y Gabriel Celaya, uno de los m\u00e1ximos exponentes de la llamada poes\u00eda social, entre otros. Todos poetas reconocidos y mucho mayores que \u00e9l. \u201cY Luis Rosales, siempre cari\u00f1oso con nosotros, nos invit\u00f3 a todos los poetas nicarag\u00fcenses a que estuvi\u00e9ramos en su casa para recibir a Jorge Luis Borges y a asistir como invitados especiales de \u00e9l a todas las conferencias que dio Borges en Madrid\u201d, relata Francisco de As\u00eds Fern\u00e1ndez, quien comparti\u00f3 con Cabrales su estad\u00eda en Espa\u00f1a, en un escrito publicado en la revista <em>Hilo Azul<\/em>.<\/p>\n<p>\u201cTe escribo para decirte \/ que tengo un nuevo conocido, \/ el Oto\u00f1o, con la fr\u00eda brisa nordeste \/ soplando sobre \u00e1lamos y pl\u00e1tanos de la India \/ en las aceras de Madrid; \/ y hojas cayendo unas sobre otras \/ amonton\u00e1ndose \/ o llevadas por el viento a media calle \/ o agarradas en el aire por mis manos; \/ hojas secas, amarillas, crujientes, \/ recogidas por barrenderos&#8230;\u201d. As\u00ed arranca su poema <em>Carta a mi madre,<\/em> que escribi\u00f3 el 20 de diciembre de 1963 en Madrid. Fue en Espa\u00f1a, asegura Sergio Ram\u00edrez, que escribi\u00f3 sus mejores poemas.<\/p>\n<p>Sus d\u00edas en Europa transcurr\u00edan entre el vino, la buena comida y la poes\u00eda. Irse a la estaci\u00f3n y comprar un boleto para conocer alg\u00fan pueblo era de sus aventuras favoritas, dice Rocha, quien lo acompa\u00f1\u00f3 en esos viajes en varias ocasiones. En aquel pa\u00eds \u2014afirma Yllescas\u2014, Cabrales encontr\u00f3 la libertad personal de la que carec\u00eda en Managua. \u201cLa disciplina impuesta por los padres era arrasadora. Y as\u00ed fue a dar con el serrallo y la puta que lo contagi\u00f3 de s\u00edfilis craneal\u201d, dice. Tambi\u00e9n viaj\u00f3 a Francia, a Par\u00eds, donde seg\u00fan el escrito de Francisco de As\u00eds en el <em>Hilo Azul<\/em> \u201cparece que Julio contrajo una enfermedad que lo oblig\u00f3 a regresarse a Nicaragua y a trucar la belleza por cachivaches\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_35457\" aria-describedby=\"caption-attachment-35457\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Madrid-1963-Julio-Cabrales.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-35457 size-large\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Madrid-1963-Julio-Cabrales-695x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"943\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144923\/Madrid-1963-Julio-Cabrales.jpg 695w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144923\/Madrid-1963-Julio-Cabrales.jpg 203w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144923\/Madrid-1963-Julio-Cabrales.jpg 600w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144923\/Madrid-1963-Julio-Cabrales.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-35457\" class=\"wp-caption-text\">Madrid, 1963. De izquierda a derecha: Julio Cabrales, Luis Rocha y Horacio Pe\u00f1a.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>6:00 a.m. Julio Cabrales est\u00e1 listo: ba\u00f1ado, vestido con un pantal\u00f3n caqui, camisa celeste y sandalias de hule. Lleva casi una hora en desasosiego, esperando que le abran la puerta para salir. Se fuma un cigarro, se sienta en su silla. Se levanta, camina de un lado hacia otro hasta que amanece. A las 6:00 de la ma\u00f1ana, Olga desenllava y Julio sale. Es la historia de todos los d\u00edas. Unas ma\u00f1anas m\u00e1s temprano que otras.<\/p>\n<p>Camina lento, encorvado y tambale\u00e1ndose de un lado a otro. Arrastra los pies, las sandalias de hule son las \u00fanicas que aguanta en estos d\u00edas. Olga dice que tiene \u201cpunto de erisipela\u201d en las piernas, ese padecimiento que deja la piel roja, inflamada y caliente. \u201cAdem\u00e1s, ahora est\u00e1 m\u00e1s gordo, por eso le cuesta caminar\u201d, explica.<\/p>\n<p>Uno, dos, tres, cuatro. Respira hondo y resopla sobre el bigote blanco desordenado y salpicado con manchas amarillentas. Cinco, seis, siete pasos. Con paciencia logra caminar la media cuadra para llegar a su esquina, sobre la Carretera Norte, donde se dedica a pedir. Ya no sortea los carros en los sem\u00e1foros, como lo hac\u00eda hace algunos a\u00f1os, ahora se queda cerquita del cafet\u00edn de la esquina estirando la mano para ver la suerte del d\u00eda. A veces est\u00e1 de pie, a veces sentado en una de las mesas del lugar.<\/p>\n<p>No para de hablar solo. Pero en medio del ajetreo, de los gritos de los vendedores ambulantes, las pl\u00e1ticas de los transe\u00fantes y las bocinas de los carros, sus palabras quedan enmudecidas.<\/p>\n<p>\u2014Dame algo, dame algo \u2014le dice al hombre que avanza a pasos raudos y prefiere ignorarlo.<\/p>\n<p>Una se\u00f1ora lo mira, mete la mano en su cartera y le da un montoncito de monedas. \u00c9l las agarra y desde la mesa le grita a los due\u00f1os del cafet\u00edn: \u201cUn caf\u00e9, un caf\u00e9\u201d y tira sobre la mesa cinco monedas de un c\u00f3rdoba.<\/p>\n<p>Sigue pidiendo. \u201cDame algo, dame algo\u201d, dice y estira la mano. Ha sido una buena ma\u00f1ana. Dos billetes de diez c\u00f3rdobas y varias monedas. Todo lo que le dan \u2014cuenta Mar\u00eda Estrada, due\u00f1a del cafet\u00edn\u2014 se lo gasta, principalmente en cigarros. \u201cPor lo menos unos dos paquetes al d\u00eda se fuma\u201d, asegura. Ese ha sido el vicio de su vida, desde joven, cuando fumaba a escondidas de su pap\u00e1. \u201cJulio era un fumador compulsivo\u201d, recuerda su amigo Luis Rocha.<\/p>\n<p>Para eso pide. Para cigarros, caf\u00e9, gaseosas, jugos. Probablemente los que le dan, los que lo ignoran, los que se r\u00eden de \u00e9l, los que lo molestan, no saben qui\u00e9n es. Probablemente tampoco les importe. Para ellos es alguien m\u00e1s. Es el mendigo, el que se mea en los pantalones, el que pide comida, el vecino inc\u00f3modo. Pero no. Ese no es \u00e9l.<\/p>\n<p>El verdadero Julio Cabrales es otro. \u201cJulio es visto como un \u2018poeta maldito\u2019 por su enfermedad mental y el estado marginal en que vive. Pero es un gran poeta, cualesquiera que sean las circunstancias que le tocaron en la vida. Y deber\u00eda ser m\u00e1s conocido, porque no es un poeta herm\u00e9tico ni nada parecido\u201d, dice Sergio Ram\u00edrez. Para la poes\u00eda nicarag\u00fcense \u2014asegura el escritor\u2014, este hombre representa \u201cuna voz innovadora y a la vez perdurable. Es de los poetas de su generaci\u00f3n que se quedaron. Junto con Beltr\u00e1n Morales represent\u00f3 el mayor grado de ruptura y novedad. A pesar de que su obra es breve, porque la enfermedad no le permiti\u00f3 seguir adelante, se convirti\u00f3 en un poeta de culto para los j\u00f3venes\u201d. Luis Rocha, por su parte, lo cataloga como \u201cun punto de referencia necesario\u201d. En esa generaci\u00f3n, dice, \u201cse dieron much\u00edsimos casos que son verdaderos ejemplos de una gran herencia para la literatura nicarag\u00fcense y Julio Cabrales, a pesar de que tiene un libro tan peque\u00f1o como <em>\u00d3mnibus<\/em>, dio ese legado\u201d. \u201cCon Julito (como le llaman sus amigos) no cabe usar el verbo \u2018era\u2019. Julio Cabrales Venerio es un extraordinario poeta, el mejor de su generaci\u00f3n\u201d, asegura por su parte Yllescas.<\/p>\n<p>A las 10:30 de la ma\u00f1ana, Julio Cabrales regresa a su casa. Le espera un huevo con pan y su fiel silla. Si se siente bien, saldr\u00e1 nuevamente por la tarde.<\/p>\n<figure id=\"attachment_35458\" aria-describedby=\"caption-attachment-35458\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/A-media-cuadra-de-su-casa-Julio-Cabrales.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-35458 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/A-media-cuadra-de-su-casa-Julio-Cabrales.jpg\" alt=\" Managua 9 de junio del 2014. Julio Cabrales, Poeta esquizofr\u00e9nico en su casa del Bo. Hilario S\u00e1nchez. Uriel Molina\/LAPRENSA\" width=\"700\" height=\"323\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144922\/A-media-cuadra-de-su-casa-Julio-Cabrales.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144922\/A-media-cuadra-de-su-casa-Julio-Cabrales.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07144922\/A-media-cuadra-de-su-casa-Julio-Cabrales.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-35458\" class=\"wp-caption-text\">A media cuadra de su casa, en una esquina sobre la Carretera Norte, cerca del edificio Armando Guido, Julio Cabrales se dedica a pedir.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Con 5,000 c\u00f3rdobas vive todo el mes Julio Cabrales. Cada mes, Bertha In\u00e9s Cabrales, su prima hermana, debe llevar la epicrisis al Instituto Nicarag\u00fcense de Cultura para que le entreguen la \u201cpensi\u00f3n de gracia\u201d que hace un par de a\u00f1os aprob\u00f3 la Asamblea Nacional del pa\u00eds.<\/p>\n<p>M\u00e1s de la mitad, dice ella, se va en medicinas. El resto se usa para comida. Semanalmente compran arroz, frijoles, aceite, huevos, az\u00facar, pan, caf\u00e9 y un par de libras de pollo. Pero no es suficiente, asegura Olga, la cuidadora. A veces se quedan sin nada y a ella, dice, que le toca buscar c\u00f3mo conseguir. Pero Bertha In\u00e9s, la prima, asegura que ella siempre \u201ccompleta\u201d lo que haga falta.<\/p>\n<p>Esta historia de miseria tiene su origen cuando Cabrales era un veintea\u00f1ero y le diagnosticaron esquizofrenia. Nadie sabe con exactitud cu\u00e1ndo ocurri\u00f3, ni por qu\u00e9, ni c\u00f3mo. Algunos dicen que fue a finales de los sesenta, otros hablan de los setenta. Bertha In\u00e9s lo recuerda as\u00ed: \u201cMi t\u00edo (Luis Alberto Cabrales) llegaba a la casa y le cont\u00f3 a mi pap\u00e1 que hab\u00eda encontrado a Julio en un convento de esos monjes que se autoflagelan (en Espa\u00f1a). Ah\u00ed le cuenta a mi pap\u00e1 que le hab\u00edan diagnosticado esquizofrenia progresiva\u201d. En cambio, Luis Rocha, su amigo, asegura que \u00e9l fue diagnosticado en Nicaragua a su regreso de Espa\u00f1a. Estando en Europa, habiendo compartido con \u00e9l \u2014dice Rocha\u2014, nunca vio alg\u00fan rasgo de esquizofrenia. \u201cJam\u00e1s. Dir\u00eda que era m\u00e1s normal que muchos compa\u00f1eros de mi generaci\u00f3n\u201d. Edwin Yllescas tiene otra informaci\u00f3n. Su enfermedad, dice, \u201cproviene de una infecci\u00f3n ven\u00e9rea no tratada a tiempo. Eso se convirti\u00f3 en el detonante de otros asuntos ps\u00edquicos\u201d.<\/p>\n<p>Lo cierto es que desde aquel diagn\u00f3stico, la vida ha sido perra con Julio Cabrales, quien ha ido de tragedia en tragedia. Luego, se supo que su hermano menor, Clarence, tambi\u00e9n padec\u00eda la misma enfermedad. Ambos fueron internados en el Hospital Psiqui\u00e1trico en varias ocasiones, donde los choques el\u00e9ctricos eran el tratamiento com\u00fan de la \u00e9poca. En 1974 muri\u00f3 su pap\u00e1, Luis Alberto Cabrales, quien era el que manten\u00eda a la familia; despu\u00e9s, en 1983 muri\u00f3 en un accidente su hermano mayor, Alberto, quien tras el fallecimiento de su padre hab\u00eda quedado a cargo de la familia. A\u00f1os m\u00e1s tarde muri\u00f3 su mam\u00e1, y hace unos ocho a\u00f1os aproximadamente Clarence sali\u00f3 y nunca m\u00e1s volvi\u00f3. Se perdi\u00f3. As\u00ed es como el llamado poeta precoz termin\u00f3 solo en esta casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El aire estaba envenenado con un olor putrefacto. Los vecinos curioseaban, pero las puertas y ventanas de la casa permanec\u00edan cerradas. Hac\u00eda d\u00edas que no ve\u00edan a la Mar\u00eda Venerio, quien pasaba sus d\u00edas con sus dos hijos esquizofr\u00e9nicos: Julio y Clarence Cabrales. Ella ya estaba mayor, as\u00ed que una mujer era la encargada de hacerles la comida y llev\u00e1rselas a la casa. Ah\u00ed, alguien la recib\u00eda y se volv\u00edan a encerrar.<\/p>\n<p>Pero un d\u00eda Bertha In\u00e9s Cabrales recibi\u00f3 una llamada.<\/p>\n<p>\u2014Creo que la Mar\u00eda est\u00e1 muerta \u2014le dijo la mujer al otro lado de la l\u00ednea.<\/p>\n<p>\u2014Voy para all\u00e1 \u2014le contest\u00f3 y sali\u00f3 inmediatamente de su oficina, la misma de ahora, que queda en las cercan\u00edas del edificio Armando Guido.<\/p>\n<p>No precisa la fecha, pero calcula que ocurri\u00f3 en los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de los noventa. \u201cNo se pod\u00eda entrar, era muy fuerte el olor. Estaba en descomposici\u00f3n, lleg\u00f3 la Polic\u00eda, tuvimos que dejar que se incinerara\u201d, dice. En el cuarto de do\u00f1a Mar\u00eda encontraron restos de comida. Se cree, dice ella, que sus hijos intentaban darle de comer a\u00fan estando muerta. \u201cCon la muerte, \u00e9l (Julio) estaba disociado, para \u00e9l nadie hab\u00eda muerto en su casa. A Clarence tuvimos que internarlo porque estaba en una crisis terrible\u201d, cuenta Bertha In\u00e9s. Julio Cabrales jam\u00e1s reconoci\u00f3 que su madre hab\u00eda muerto. \u201cElla est\u00e1 en Los \u00c1ngeles, est\u00e1 en Los \u00c1ngeles, est\u00e1 en Estados Unidos\u201d, repite enfadado.<\/p>\n<p>Los recuerdos de Julio Cabrales llegan en retazos. Sabe que escrib\u00eda poes\u00eda, sabe qui\u00e9nes eran sus padres y hermanos, y tambi\u00e9n recuerda a algunos de sus amigos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHa escrito algo en los \u00faltimos d\u00edas?<\/p>\n<p>\u2014No. Hice unos antipoemas, los tiene Pablo Antonio Cuadra. \u00a1Antipoemas!, \u00a1antipoemas!, \u00a1antipoemas! Hace como tres a\u00f1os y medio, se los dict\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es Pablo Antonio Cuadra?<\/p>\n<p>\u2014Un amigo, era amigo m\u00edo, de La Prensa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY usted ya no escribe?<\/p>\n<p>\u2014No escribo a mano, no escribo a mano, no escribo a mano. Yo dicto, yo dicto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY lee?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, el peri\u00f3dico HOY. Washington, New York.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSe acuerda de<em> \u00d3mnibus<\/em>?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, el <em>\u00d3mnibus<\/em> es mi libro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hace ahora?<\/p>\n<p>\u2014Nada, ir ah\u00ed al cine para pedir limosna.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSiente que le hace falta algo?<\/p>\n<p>\u2014Dinero. Me hace falta dinero. \u00a1Me hace falta dinero!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Para gastarlo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Caf\u00e9, cigarros y comida. Caf\u00e9, cigarros y comida. Caf\u00e9, cigarros y comida. Caf\u00e9&#8230;<br \/>\n<strong>5,000<\/strong><\/p>\n<p>c\u00f3rdobas es lo que recibe al mes Julio Cabrales. Esto fue gestionado por el Centro Nicarag\u00fcense de Escritores y aprobado hace un par de a\u00f1os por la Asamblea Nacional de Nicaragua.<br \/>\n<strong>51<\/strong><\/p>\n<p>poemas contiene el libro <em>\u00d3mnibus<\/em>, el \u00fanico que pudo publicar Julio Cabrales. <em>El Espectro de la Rosa<\/em>, que aparece en este libro, es uno de los poemas claves de la literatura nicarag\u00fcense, ha dicho el escritor Sergio Ram\u00edrez.<br \/>\n<strong>70<\/strong><\/p>\n<p>a\u00f1os cumplir\u00e1 este pr\u00f3ximo 4 de octubre el poeta Julio Cabrales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre el presente y el pasado, lo real y lo imaginario, la cordura y la locura. Ah\u00ed, en esos puntos medios vive Julio Cabrales, uno de los grandes poetas que ha parido Nicaragua, pero que la esquizofrenia lo ech\u00f3 a la miseria y al olvido<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":35455,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[1510],"class_list":["post-27014","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes","tag-poeta"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27014","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27014"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27014\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":51869,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27014\/revisions\/51869"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/35455"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}