{"id":30874,"date":"2013-05-12T16:05:44","date_gmt":"2013-05-12T22:05:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=30874"},"modified":"2020-10-05T13:43:33","modified_gmt":"2020-10-05T19:43:33","slug":"vida-en-el-oriental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/vida-en-el-oriental\/","title":{"rendered":"Vida en el Oriental"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Puede ser el infierno o el para\u00edso. Todo depende de qui\u00e9n lo vea. Aqu\u00ed se vende y se compra de todo, pero tambi\u00e9n se vive. Se come y se duerme. Se enferma y se sana. Se peca y se reza. El Oriental es algo m\u00e1s que el mercado m\u00e1s grande de Centroam\u00e9rica<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Tammy Zoad Mendoza<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Fotograf\u00edas: Oscar Navarrete<\/strong><\/p>\n<p>A medida que avanza el lugar deja de ser un espejismo dibujado por el calor de la ma\u00f1ana. Pitos roncos de buses y carros, la m\u00fasica estalla desde los parlantes que compiten en las aceras de las tiendas y aturden los sentidos los pregones de algunos vendedores. El mercado Oriental empieza a materializarse. Uno, dos&#8230; mil tramos met\u00e1licos. Carretones cargados que pasan a r\u00e1fagas por la derecha o la izquierda sorteando canastos e hileras de gente, que si se descuidan bien pueden terminar con un pie magullado o un zapato sin suela.<\/p>\n<p>Un par de chelitas, bajitas y redondas se adentran con prisa en los andenes forrados de ropas que cuelgan por todas partes, los vendedores salen de un extremo u otro, y se prenden de sus brazos en una agresiva invitaci\u00f3n a comprar. \u201cChela, \u00bfqu\u00e9 vas a llevar?\u201d. \u201cAmor, ven\u00ed, tengo pantalones para vos\u201d. \u201cMi reina, entr\u00e1 sin compromiso\u201d. Si no las magull\u00f3 el carret\u00f3n, de aqu\u00ed salen al menos amasadas. Pero no se detienen. Son apenas unas cinco cuadras de las m\u00e1s de 120 manzanas que tiene el lugar. M\u00e1s de dos mil tramos, algunos <a href=\"http:\/\/www.laprensa.com.ni\/2013\/01\/20\/suplemento\/la-prensa-domingo\/1074899-9611\">valorados hasta en 200 mil d\u00f3lares<\/a>.<\/p>\n<p>El terremoto de 1972 parece haber detonado el gigantismo que hasta hoy padece el \u201cmercadito\u201d que engendr\u00f3 Somoza Garc\u00eda all\u00e1 por los a\u00f1os 40. Desde entonces es un ni\u00f1o goloso que se come las casas vecinas, engulle las calles aleda\u00f1as y se ha tragado barrios completos como el 19 de Julio, Los \u00c1ngeles, B\u00f3er y sigue carcomiendo Ciudad Jard\u00edn.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31708\" aria-describedby=\"caption-attachment-31708\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Acr13932725462016-18375.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-31708 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Acr13932725462016-18375.jpg\" alt=\"Cargadores del oriental \" width=\"700\" height=\"459\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07152342\/Acr13932725462016-18375.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/07152342\/Acr13932725462016-18375.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-31708\" class=\"wp-caption-text\">Desde las tres de la ma\u00f1ana, se estacionan camiones copados de canastos con frutas y verduras que las vivanderas traen de pueblos aleda\u00f1os. Caupolicanes van y vienen con la carga al hombro y el cuidado de no magullar nada.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Mediod\u00eda en las entra\u00f1as de este lugar. La br\u00fajula se descontrola y un mapa no sirve m\u00e1s que para tratar de espantar el calor que funde las grasas en r\u00edos de transpiraci\u00f3n. Entre el vaiv\u00e9n de la marea de compradores, vendedores y cargadores las vertientes de sudor se vuelven una sola en el roce de los cuerpos y todos terminan ba\u00f1ados por el sudor de los otros. El sauna comunal huele al perfume dulce y escandaloso de algunas mercaderas, al sudor fermentado de los compradores y al sa\u00edno que a pesar de los potentes desodorantes o las tapas de lim\u00f3n vence a los caupolicanes a mitad de la jornada.<\/p>\n<p>Entre el revoloteo desordenado del remolino de gente, salen expulsadas aquel par de chelitas con las caras de tomate a punto de estallar. Est\u00e1n perdidas y giran en el primer callej\u00f3n que extiende su brazo para darles un poco de aire.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31722\" aria-describedby=\"caption-attachment-31722\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Acr1393272546201611112.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-31722\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Acr1393272546201611112-680x1024.jpg\" alt=\"Vida en el oriental, libros\" width=\"640\" height=\"964\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152329\/Acr1393272546201611112.jpg 680w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152329\/Acr1393272546201611112.jpg 199w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152329\/Acr1393272546201611112.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-31722\" class=\"wp-caption-text\">Entre libros escolares, enciclopedias apolilladas y literatura cl\u00e1sica se encuentran colecciones de <em>Magazine<\/em>. \u201c\u00bfCu\u00e1ndo salen estas fotos?\u201d, pregunta el vendedor. \u201cOjal\u00e1 que caiga por aqu\u00ed una de esas\u201d, dice a carcajadas.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En el Oriental se compra y se vende desde un l\u00e1piz hasta motores de carros, pasando por tangas o electrodom\u00e9sticos, alimentos y medicinas. Si busca bien, m\u00e1s all\u00e1 de los callejones donde se yerguen torres de zapatos, pasando los tramos que parecen un caleidoscopio gigante con figuras de pi\u00f1atas y art\u00edculos de fiesta, puede encontrar desde una ardilla enclenque o una escopeta, hasta media hora de sexo entre las piernas rollizas y el cuerpo tatuado de alguna de las mujeres que esperan impacientes en los porches de algunos bares all\u00e1 por El Novillo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31725\" aria-describedby=\"caption-attachment-31725\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Acr13932725462016-452.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-31725 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Acr13932725462016-452.jpg\" alt=\"Vida en el oriental, bar el Manguito\" width=\"700\" height=\"635\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152326\/Acr13932725462016-452.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152326\/Acr13932725462016-452.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-31725\" class=\"wp-caption-text\">Los bares del Oriental son una parada estrat\u00e9gica. Pero el Manguito Tropical, por El Novillo, tiene un encanto particular. Si el hombre se deja seducir y est\u00e1 de acuerdo con la paga puede retozar un rato en los cuartos de al lado con alguna de las mujeres que se exhiben embutidas en chores, minifaldas y escotes que apenas logran contener sus carnes voluptuosas. Una sesi\u00f3n de placer va desde los 100 c\u00f3rdobas y la tarifa aumenta dependiendo del gusto del cliente.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Pero as\u00ed como los ariscos vendedores de animales no dejan que fotograf\u00eden las docenas de chocoyitos chillones de plumas deprimidas y a punto de caer, o las ardillas tristes como su pelaje gris, vecinas de los conejos que se encaraman curiosos uno sobre otro cuando alguien se acerca a verlos; a las mujeres que cruzan y descruzan las piernas, dejando ver a rel\u00e1mpagos su chillante ropa interior, no les gustan las c\u00e1maras. Solo quieren vender sus servicios.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34527\" aria-describedby=\"caption-attachment-34527\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/OriC.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-34527\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/OriC.jpg\" alt=\"Mercado Oriental\" width=\"700\" height=\"470\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07145803\/OriC.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07145803\/OriC.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34527\" class=\"wp-caption-text\">Aqu\u00ed la sangre corre todos los d\u00edas. Al galer\u00f3n de las carnes, las vacas que llegan como grandes piezas de rompecabezas son desmenuzadas por estos hombres. En una ma\u00f1ana pasan por sus manos media docena de cabezas carnosas, que \u00e9l esculpe hasta dejar como p\u00e1lidos cr\u00e1neos huecos. Son ellos mismos quienes lavan las \u201ctoallas\u201d. A las ocho de la ma\u00f1ana los est\u00f3magos de vaca est\u00e1n tendidos en los tramos esperando que alguien los lleve a sumergirse en un caldo hirviendo con verduras.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Aqu\u00ed ya no solo se compra y se vende. Se vive y se mal vive, depende de la suerte o el empe\u00f1o de cada quien. Y hasta hace una d\u00e9cada o menos, tambi\u00e9n era com\u00fan que corriera la sangre en el callej\u00f3n que la muerte bautiz\u00f3 con su nombre. Aunque ese es uno m\u00e1s de los viejos puntos de referencia, ahora es uno menos en los puntos rojos donde azotaba la delincuencia que ha mutado. No es peligroso solo el chavalo escu\u00e1lido que huele pega en el rinc\u00f3n, las chelitas que hoy visitan el mercado deben cuidarse tambi\u00e9n de la mujer con el carter\u00f3n que revolotea en el gent\u00edo y nunca compra nada, y deben estar alertas cuando un hombre pase en guinda al lado suyo. Por eso hay ocho grupos de civiles que se han organizado para hacer vigilancia durante el d\u00eda en el mercado. Aunque trabajan en coordinaci\u00f3n con la Polic\u00eda, ellos imponen su ley del garrote a quien se porte mal con los comerciantes y compradores.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34526\" aria-describedby=\"caption-attachment-34526\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/OriG.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-34526\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/OriG.jpg\" alt=\"Mercado Oriental\" width=\"700\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07145804\/OriG.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07145804\/OriG.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34526\" class=\"wp-caption-text\">Pedro del Rosario vend\u00eda leche agria antes de empezar su parranda desaforada. Ahora es uno de los borrachitos que deambulan en el mercado. Su amigo, Benito D\u00e1vila, est\u00e1 pendiente de \u00e9l y se lo lleva como compa\u00f1\u00eda en sus noches de vigilia all\u00e1 por la antigua Azucarera.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Diario, unas 60 mil personas visitan el mercado. Mientras, los mendigos exponen sus desgracias cr\u00f3nicas o inventadas, arrastr\u00e1ndose en el suelo o mostrando sondas en medio de la muchedumbre para conseguir una moneda o algo de comida. Aqu\u00ed puede comer y beber todo lo que pueda ser preparado con la saz\u00f3n del buen nica. Solo hace falta tener hambre y concentrarse en su plato, como aquel hombre que se zambulle absorto en una sopa de mondongo, mientras las sales de su propio sudor llueven en el taz\u00f3n, y la vida contin\u00faa fren\u00e9tica pasando a su lado en el Oriental.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34525\" aria-describedby=\"caption-attachment-34525\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/OriV.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-34525\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/OriV.jpg\" alt=\"Mercado Oriental\" width=\"700\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07145805\/OriV.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07145805\/OriV.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34525\" class=\"wp-caption-text\">Su nuera no la deja salir porque do\u00f1a Mar\u00eda se pierde, a pesar de vivir aqu\u00ed desde hace 50 a\u00f1os. Vendi\u00f3 verduras, loter\u00eda y todo cuanto pudo en los dos primeros galerones met\u00e1licos del viejo mercadito. Pero ahora la aturde el paso de carretones y el bullicio de la gente, por eso se rindi\u00f3 ante el letargo de m\u00e1s de 70 a\u00f1os a cuestas y en su cama se mantiene protegida de la vor\u00e1gine diaria en el lugar.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Puede ser el infierno. O el para\u00edso. Todo depende de qui\u00e9n lo vea. Aqu\u00ed se vende y se compra de todo. Pero tambi\u00e9n se vive. Se come y se duerme. Se enferma y se sana. Se peca y se reza. 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