{"id":31100,"date":"2016-03-13T10:17:07","date_gmt":"2016-03-13T16:17:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=31100"},"modified":"2020-10-12T14:59:51","modified_gmt":"2020-10-12T20:59:51","slug":"amores-en-la-carcel-de-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/amores-en-la-carcel-de-mujeres\/","title":{"rendered":"Amores en la C\u00e1rcel de Mujeres"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Las paredes de la C\u00e1rcel de Mujeres La Esperanza albergan historias de amor y desamor, homofobia, solidaridad y lesbianismo<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Juli\u00e1n Navarrete<\/strong><\/p>\n<p>Gabriela P\u00e9rez necesitaba cinco minutos para enviarle besos a su novia a trav\u00e9s de la ventana. Todos los d\u00edas, desde que las separaron, se pon\u00eda de puntillas encima del inodoro y a trav\u00e9s del vidrio meneaba las mu\u00f1ecas, entreabr\u00eda los dedos y le dec\u00eda \u201cte amo\u201d con sus manos. Scarleth Jir\u00f3n, su amada, le regresaba el cari\u00f1o de la misma manera desde el galer\u00f3n contiguo. La escena transcurr\u00eda en la C\u00e1rcel La Esperanza, el sistema penitenciario de mujeres m\u00e1s antiguo de Nicaragua, donde los amores l\u00e9sbicos son prohibidos.<\/p>\n<p>La enamoradiza de la ventana lleva el pelo corto, los ojos que derriten, la camisa remangada. Conoci\u00f3 a Scarleth en el dormitorio 4, el galer\u00f3n \u201cde prueba\u201d de La Esperanza, una hacienda enmonta\u00f1ada de m\u00e1s de una manzana de extensi\u00f3n, ubicada en Veracruz, en las afueras de Managua. Scarleth, t\u00edmida y absorta, pelo lacio tupido, es la quinta conquista de P\u00e9rez en el penal, en el que ha cumplido seis de los 10 a\u00f1os de condena por haber asesinado a pu\u00f1aladas un hombre en un bar. Gabriela prefiere no hablar sobre los amores de Scarleth dentro del penal, al igual que los cargos por tr\u00e1fico de drogas por los que purgar\u00e1 una condena de tres a\u00f1os. Los antiguos romances de Gabriela siguen esparcidos por los cinco \u201cdormitorios\u201d de esta c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>La historia de Gabriela y Scarleth, cuyos nombres verdaderos se modificaron para proteger sus identidades, fue contada por Tania Montiel, quien estuvo varios meses presa en la C\u00e1rcel La Esperanza. <em>Magazine<\/em> recopil\u00f3 los relatos de otras liberadas y familiares de ellas para reconstruir los ambientes y entretelones dentro de la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Gabriela y Scarleth se volvieron inseparables. Hace tres meses dorm\u00edan a la par, lavaban sus trastes, su ropa. Sal\u00edan juntas al patio toc\u00e1ndose la punta de los dedos. Se dec\u00edan \u201camor\u201d, mientras se abrazaban. Las \u201cfuncionarias\u201d del penal, ojos vigilantes dentro de la prisi\u00f3n, miraron que la relaci\u00f3n flu\u00eda como un bote sobre tumbos r\u00e1pidos. Encargadas de mantener el orden, los guardianes rompieron la uni\u00f3n porque era un \u201cmal ejemplo\u201d para las otras internas. Es por eso que Gabriela se escapaba e ingresaba al ba\u00f1o, y desde ah\u00ed, pod\u00eda ver a Scarleth, enamorarla, darle noticias, enviarle besos. Pero esta historia no qued\u00f3 ah\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Amanece en La Esperanza. M\u00e1s de cien internas en hilera con el sue\u00f1o impregnado en el rostro. Llevan pantaloncillos o buzos, camisolas sin sost\u00e9n, chinelas de hule, los cabellos recogidos. Las funcionarias pasan lista para saber si est\u00e1n completas. Es parte de la rutina del dormitorio 4, el galer\u00f3n de \u201cadaptaci\u00f3n\u201d de las reclusas en el penal. Huele a humedad y el calor alcanza los 36 grados cent\u00edgrados. Colchonetas en el suelo, bolsas de ropas apiladas que sirven de almohadas, recortes de peri\u00f3dicos, fotos, m\u00e1s fotos, cuadernos y l\u00e1pices.<\/p>\n<p>Los seis chorros de agua caen a las cuatro de la ma\u00f1ana y las filas de reclusas se caracolean. En las duchas no hay divisi\u00f3n ni cortinas y solo algunas muchachas llevan las toallas puestas. Un ba\u00f1o al aire libre con muchas espectadoras. Tania Montiel, blanca, recia, lunar en la cara, una flor dibujada en el brazo izquierdo, lleva pocos d\u00edas en el dormitorio 4. Hay d\u00edas en que su sue\u00f1o se ha interrumpido porque una \u201cnueva\u201d no tiene colchoneta para acostarse.<\/p>\n<p>\u201cDe repente est\u00e1s acostada y te dicen ah\u00ed viene la (mujer) que palm\u00f3 a tres. \u00a1Ay Dios m\u00edo! Y si ten\u00e9s lugar en tu colchoneta te dicen: mire va a dormir aqu\u00ed. Y no pod\u00e9s decir que no\u201d, cuenta Montiel.<\/p>\n<p>Las guardianas del penal son chicas menores de 30 a\u00f1os, encargadas de levantar reportes de comportamiento. Amables y magisteriales, a veces irrespetadas por las presas, vigilan los buenos modales y el aseo de las reas, mientras avalan los traslados dentro de la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Oye qu\u00e9 es eso, esa boquita, Lupe!\u201d, \u201c\u00bfqu\u00e9 pas\u00f3? Que boca m\u00e1s sucia, \u00a1comp\u00f3nganse!\u201d, exclama la funcionaria desde una caseta frente al dormitorio. Los guardianes encarnan el papel de un maestro de primaria que al o\u00edr la voz sabe con certeza qui\u00e9n abri\u00f3 la boca.<\/p>\n<p>Montiel fue encarcelada por posesi\u00f3n de coca\u00edna y enviada a la Estaci\u00f3n 4 de la Polic\u00eda Nacional, donde dorm\u00eda en el suelo y compart\u00eda celda con dos mujeres m\u00e1s. En las noches no pegaba los ojos por los gritos de los reos cuando eran golpeados por los oficiales. \u201cMet\u00e9melo calientito\u201d, escuch\u00f3 casi todas las noches del mes y medio que vivi\u00f3 en la estaci\u00f3n de Polic\u00eda, antes de \u201csubir\u201d a La Esperanza.<\/p>\n<figure id=\"attachment_32777\" aria-describedby=\"caption-attachment-32777\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/Mag-255-Esp1.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-32777 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/Mag-255-Esp1.jpg\" alt=\"Una de las celdas de la c\u00e1rcel La Esperanza.\" width=\"700\" height=\"469\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/07151221\/Mag-255-Esp1.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/07151221\/Mag-255-Esp1.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-32777\" class=\"wp-caption-text\">Una de las celdas de la C\u00e1rcel La Esperanza. Foto tomada el 25 de marzo de 2007, por un equipo de <em>La Prensa<\/em>.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La fila es larga a las seis de la ma\u00f1ana. Los p\u00e1jaros revolotean en el cielo sobre los hombres impacientes, apostados en la puerta de visitas. Van despacio, cabizbajos. Al frente los requisan. Se detienen. A menudo entran despu\u00e9s de las nueve de la ma\u00f1ana, mientras esperan de pie, con el sol estallando en sus caras. Aqu\u00ed hacen filas los hombres dos veces al mes. Las dos ocasiones que las reclusas disfrutan de la visita conyugal.<\/p>\n<p>Los cuartos de las conyugales tienen una cama con colch\u00f3n de resortes, lavamanos, ba\u00f1o, un espejo. Las dos horas estipuladas empiezan a cursar. Las mujeres que reciben visitas en estos cuartos deben planificar para no salir embarazas. Una teniente, con un listado entre las manos, se encarga de apuntar los d\u00edas y las horas de las visitas conyugales.<\/p>\n<p>Los hombres que hacen fila deben de estar casados con las internas. Algunos llevan las actas de matrimonios, o de nacimiento de sus hijos, el r\u00e9cord de Polic\u00eda, o una carta de uni\u00f3n de hecho estable, emitida por organizaciones del partido de gobierno en cada barrio. Hasta hace un tiempo, los papeles para las visitas no eran tantos. Las autoridades dicen que esto se debe a que hab\u00eda mucho desorden: a veces ingresaban hombres diferentes en cada visita.<\/p>\n<p>\u2014Teniente mire, lo que pasa es que \u00e9l no ha podido conseguir la carta \u2014alega alguna de las internas\u2014, tampoco tiene el r\u00e9cord de Polic\u00eda. Por eso no ha podido venir. \u00bfSer\u00e1 que usted pueda hablar para que entre?<\/p>\n<p>\u2014Si \u00e9l te quiere, que busque sus papeles. El hombre que quiere buscar a su mujer, va a buscar sus papeles, y si no, pues, mamita, busc\u00e1 c\u00f3mo borrarlo.<\/p>\n<p>Las caras en las filas de las visitas cambian a menudo. A los hombres les aburre despertarse temprano, aguantar las requisas y los controles, seg\u00fan dicen dos internas consultadas. Las relaciones, en su mayor\u00eda, desaparecen. Sin embargo, como en casi todo, siempre hay excepciones. El esposo de una sentenciada a 10 a\u00f1os de c\u00e1rcel lleva cuatro a\u00f1os y medio sin perderse una visita familiar y conyugal. Siempre que llega el d\u00eda, se acicala y le lleva obsequios, cuenta Montiel.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfTen\u00e9s hermanos? \u00bfTen\u00e9s vecino? \u00bfTen\u00e9s primo?\u201d, se escuchan las voces de las internas en los pasillos. Muchas de ellas abandonadas por sus parejas. El d\u00eda de la visita familiar, aprovechan para empolvarse los p\u00f3mulos y pintarse los labios, la ropa m\u00e1s ajustada, y salen a echar un vistazo a los visitantes de sus compa\u00f1eras. \u201cHay muchas que buscan c\u00f3mo quitarte el marido y buscan el n\u00famero de tel\u00e9fono y lo llaman, y si te descuid\u00e1s, en la visita le pasan una carta. Ya se han dado casos\u201d, afirma Montiel.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La mala hora le lleg\u00f3 a Maritza Duarte mientras caminaba en la fila de visitas de la c\u00e1rcel de varones del Sistema Penitenciario La Modelo. Un perro husmeaba a las personas que ingresaban. Era un pastor alem\u00e1n que iba pegando el hocico en las nalgas de las visitantes. Maritza, una muchacha de 25 a\u00f1os, bajita, tez morena, sonrisa f\u00e1cil, falda roja hasta las rodillas, iba en la fila nerviosa. El perro se detuvo donde Maritza, no se despegaba de la falda. Los oficiales la separaron y la metieron a un cuarto. Le dec\u00edan que se sacara la droga, pero ella se negaba. Los polic\u00edas la amenazaban con llevarla al laboratorio para que un especialista lo hiciera. Maritza accedi\u00f3 y sac\u00f3 de sus partes \u00edntimas un \u201c\u00f3vulo\u201d de coca\u00edna, hecho de pl\u00e1stico forrado con cinta adhesiva, envuelto en un cond\u00f3n.<\/p>\n<p>Maritza estuvo detenida tres meses en una estaci\u00f3n de Polic\u00eda y luego \u201cla subieron\u201d a La Esperanza, donde permaneci\u00f3 encerrada casi un a\u00f1o. La c\u00e1rcel de mujeres se est\u00e1 llenando de \u201cmulas\u201d que intentan meter drogas a la c\u00e1rcel de hombres. El d\u00eda que la detuvieron, Maritza solo se sac\u00f3 uno de los seis \u00f3vulos que llevaba dentro de sus partes. Los otros cinco, los tir\u00f3 en la estaci\u00f3n de Polic\u00eda.<\/p>\n<p>A Maritza le pagaban mil c\u00f3rdobas por llevar drogas al penal. Procuraba hacer \u201cviajes\u201d una o dos veces por semana. \u201cMi fuente de trabajo\u201d, dice. Maritza es madre soltera de un ni\u00f1o de dos a\u00f1os, a quien manten\u00eda gracias a lo que ganaba con meter los \u00f3vulos a La Modelo. \u201cLos jueces nos dan una pena m\u00ednima, cuando nos atrapan con droga en la c\u00e1rcel. Ellos saben que es una manera de ganarnos la vida\u201d, asegura Maritza, quien fue liberada el 15 de febrero de 2016, bajo el \u201cr\u00e9gimen de convivencia familiar\u201d, anunciado por el Gobierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana Tania Montiel se ba\u00f1aba en uno de los chorros del dormitorio 4. Las dem\u00e1s internas bromeaban y platicaban sobre la visita familiar que hab\u00edan recibido el d\u00eda anterior. Los cuerpos desnudos jugueteando con el agua.<\/p>\n<p>\u2014Tania, \u00bfqui\u00e9n es ese muchacho que siempre viene a visitarte? \u2014pregunt\u00f3 una de las internas, mientras sonre\u00eda. Le faltan los dientes delanteros.<\/p>\n<p>\u2014Es mi sobrino, \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Por nada. Es bonito, \u00bfc\u00f3mo se llama? Me gusta su pelo \u2014insiste la mujer.<\/p>\n<p>\u2014Se llama Aldr\u00edn. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs gay?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro \u2014responde Tania, con el ce\u00f1o fruncido\u2014. Es como mi hijo, \u00bften\u00e9s alg\u00fan problema?<\/p>\n<p>A partir de ese d\u00eda, cuando defendi\u00f3 a su sobrino homosexual, Tania Montiel se gan\u00f3 la simpat\u00eda de las lesbianas del penal. Nunca la enamoraron, pero muchas le ped\u00edan consejos, le hac\u00edan dibujos de su rostro y la utilizaban para entregar cartas a otras muchachas de los galerones. Las cartas son el veh\u00edculo del amor en La Esperanza. Las misivas recorren de mano en mano los pasillos hasta llegar a la cortejada. Los amores sobreviven a punta de cartas y lenguaje de manos.<\/p>\n<p>\u201cNo creo que todas las mujeres de la c\u00e1rcel sean lesbianas. Pero creo que ellas piensan que est\u00e1n d\u00e9biles en esa \u00e1rea, se sienten solas, abandonadas y dicen consol\u00e9monos las dos\u201d, afirma Maritza Duarte.<\/p>\n<p>A las lesbianas de La Esperanza no les hacen visitas conyugales. Tampoco les conceden un breve espacio de tiempo, como lo hacen en el Centro Penitenciario Integral de Mujeres de Tipitapa, la c\u00e1rcel de mujeres inaugurada en 2011, donde las reclusas durante veinte minutos se quedan solas para hablarse y acariciarse.<\/p>\n<p>Desde la ventana, Gabriela lanz\u00f3 el \u00faltimo beso a Scarleth, pero una funcionaria captur\u00f3 la escena. La ingresaron en la habitaci\u00f3n de castigo y clavaron tablas de madera para cerrar la ventana. Las oficiales cortaron cualquier comunicaci\u00f3n entre ellas. Les cambiaron de roles en las visitas y en los descansos para que no coincidieran y puedan verse.<\/p>\n<p>Gabriela no soport\u00f3 la soledad y se cort\u00f3 las venas de la mano izquierda con una navaja. De inmediato las autoridades la asistieron y la curaron. Ella pide que le den tiempo para poder ver a Scarleth, tomar su mano, darle besos. \u201cEn eso estaban ellas cuando a m\u00ed me sacaron. Gabriela quer\u00eda que le dieran aunque sea veinte minutos, como lo hacen en la c\u00e1rcel de Tipitapa\u201d, dice Duarte.<\/p>\n<figure id=\"attachment_32778\" aria-describedby=\"caption-attachment-32778\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/MAG-255-Esp6.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-32778 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/MAG-255-Esp6.jpg\" alt=\"C\u00e1rcel La Esperanza \" width=\"700\" height=\"535\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/07151220\/MAG-255-Esp6.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/07151220\/MAG-255-Esp6.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-32778\" class=\"wp-caption-text\">En la foto, una de las ventanas por donde las reas se asoman y pueden ver hacia los otros \u201cdormitorios\u201d o galerones de La Esperanza. Foto tomada el 25 de marzo de 2007, por un equipo de <em>La Prensa<\/em>.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Tania Montiel no imaginaba que su libertad estar\u00eda en la c\u00e1rcel de Tipitapa. En la ma\u00f1ana se levant\u00f3 con un fr\u00edo at\u00edpico, se alist\u00f3 y entr\u00f3 al tribunal para su juicio. Las dos veces anteriores que hab\u00eda llegado, el proceso se cancel\u00f3 por falta de presentaci\u00f3n de pruebas en su contra. A Montiel no le gustaba regresar. Cuando miraba las calles, mientras era trasladada a los juzgados, sent\u00eda que estaba libre. El regreso a la prisi\u00f3n siempre era m\u00e1s doloroso.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda la llevaron a Tipitapa. Una teniente pregunt\u00f3 su nombre, ella levant\u00f3 la mano y sali\u00f3 del microb\u00fas donde ven\u00eda. \u201cAqu\u00ed est\u00e1 tu carta de libertad\u201d, le dijo la teniente. Montiel no lo pod\u00eda creer: era liberada por convivencia familiar extraordinaria, beneficio otorgado a los reos con mejores conductas.<\/p>\n<p>Lo \u00faltimo que pidi\u00f3 fue que la llevaran de regreso a La Esperanza. Quer\u00eda entregar sus pertenencias. \u201cSi te vas libre, me dej\u00e1s algo\u201d, le dec\u00edan las reas, cada vez que iba a juicio. Tania reparti\u00f3 su provisi\u00f3n y sus ropas cuando regres\u00f3. Sus compa\u00f1eras le aventaron las chinelas y los zapatos, porque dicen que es de buena suerte. Le gritaron, aplaudieron, lloraron, mientras Tania caminaba con tristeza a la salida y volteaba a ver las cabecitas y las manos despidi\u00e9ndose de ella.<\/p>\n<h4>8 mil liberados<\/h4>\n<p>El lunes 22 de febrero de 2016, el Gobierno de Nicaragua inform\u00f3 que hab\u00eda liberado a m\u00e1s de ocho mil reos bajo el r\u00e9gimen de convivencia familiar condenados por delitos leves y que cumpl\u00edan penas de cinco a\u00f1os o menos, desde 2014. De ese total, 845 han sido liberados en lo que va del a\u00f1o. Tania Montiel y Maritza Duarte, fuentes de este trabajo, son dos de las liberadas este a\u00f1o bajo esta medida.<\/p>\n<p>Hasta mayo de 2014, la poblaci\u00f3n penal de Nicaragua era de 10,569 reos, de los cuales 575 eran mujeres, 306 extranjeros, 102 de distintas etnias, 90 con alguna discapacidad y 30 adolescentes. La Polic\u00eda Nacional cuenta con 506 celdas preventivas en todos los municipios del pa\u00eds, con una capacidad para 2,913 personas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las paredes de la C\u00e1rcel de Mujeres La Esperanza albergan historias de amor y desamor, homofobia, solidaridad y lesbianismo<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":32779,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-31100","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31100","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31100"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31100\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52508,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31100\/revisions\/52508"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/32779"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31100"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31100"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31100"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}