{"id":31326,"date":"2015-09-13T09:04:32","date_gmt":"2015-09-13T15:04:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=31326"},"modified":"2020-10-17T11:51:44","modified_gmt":"2020-10-17T17:51:44","slug":"los-ultimos-pescadores-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/los-ultimos-pescadores-2\/","title":{"rendered":"Los \u00faltimos pescadores"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Con m\u00e1s paciencia que suerte, un grupo de pescadores de Managua navega todos los d\u00edas por el Xolotl\u00e1n, el lago contaminado en el que nadie quiere nadar, pero donde ellos han encontrado su pan y su casa<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Tammy Zoad Mendoza M.<\/strong><\/p>\n<p>La cicatriz que atraviesa su mejilla derecha lo hace ver m\u00e1s rudo, m\u00e1s viejo y hura\u00f1o. Pero Wilfredo P\u00e9rez Cruz, de 64 a\u00f1os, es conversador y amable, siempre y cuando se le pregunte por lo \u00fanico que sabe hacer en la vida: pescar.<\/p>\n<p>Dice que de la vida en el lago hay muy poco que contar, porque para \u00e9l es normal haber vivido m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os sobre el Xolotl\u00e1n, literalmente. Aqu\u00ed en San Benito lo conocen como el \u00d1oco o como el hombre que vive en el lago, porque hasta hace poco su casa se levantaba en medio del lago sobre unas cuantas varas de gu\u00e1cimo y tig\u00fcilote. Era una choza que de lejos parec\u00eda levitar sobre el espejo de agua, como las casitas de \u201ctambo\u201d sobre la Costa Caribe. Ahora es una choza que la sequ\u00eda dej\u00f3 anclada en un estero que desemboca en el lago, es como un viejo barco encallado en una costa inh\u00f3spita.<\/p>\n<p>\u201cLa vida del pescador no es f\u00e1cil, pero aqu\u00ed voy a estar lo que me quede de tiempo\u201d, dice Wilfredo P\u00e9rez, el veterano de una docena de pescadores que llevan una vida solitaria a la espera de que los peces queden atrapados en sus redes.<\/p>\n<p>Para ser pescador hay que tener m\u00e1s que paciencia, se requiere de t\u00e9cnica, fuerza y agallas para salir en una lanchita hecha de tablones de guanacaste y remar toda la noche. Los hermanos Iv\u00e1n y Douglas Barrios lo hacen dos veces por semana. A las 6:00 de la tarde salen del barrio Carlos Reyna, en Managua, y empiezan a remar por turnos hasta que llegan al punto elegido para soltar la red. En la negrura espesa de la noche deben saltar al agua para estirar la red de doscientos metros en la que despu\u00e9s de \u201cpimporrear\u201d, o agitar el agua con una vara larga, los asustados peces se enredan entre los hilos de nailon.<\/p>\n<p>Desde el viejo coraz\u00f3n del puebl\u00f3n que creci\u00f3 fren\u00e9ticamente para convertirse en una ciudad, hasta m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites desdibujados de la capital, ellos son una especie en extinci\u00f3n que forman parte del paisaje sobre un lago enfermo que a\u00fan no decide con qui\u00e9n acabar primero, si con los peces o con los pescadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La vida del pescador no es f\u00e1cil. Bien lo saben Iv\u00e1n y Douglas Barrios. Cuatro de los nueve hermanos Barrios han sido pescadores, como su padre Jos\u00e9 del Carmen, su abuelo don Carlos, su bisabuelo y tatarabuelo, el patriarca de una de las familias que le dio nombre a un antiguo y emblem\u00e1tico lugar de la vieja Managua, el barrio Los Pescadores. \u201cCasitas asomadas en la barranca, cual garzas blancas que al morirse la tarde sonroja el sol con su arrebol, barquitos que se alejan de la ribera, como quimera blancas velas tendidas diciendo adi\u00f3s\u201d, suena la canci\u00f3n del compositor leon\u00e9s Erwin Kr\u00fcger.<\/p>\n<p>\u201cSomos los \u00fanicos pescadores que quedamos por aqu\u00ed. Hay gente que sale del lado de la Quinta Nina (al este), pero esos solo pescan cuando es invierno, cuando hay m\u00e1s peces, nosotros salimos siempre\u201d, asegura Iv\u00e1n Barrios, de 59 a\u00f1os, el hermano mayor y el capit\u00e1n de una vieja lancha de remos. Dos veces por semana sale a buscar guapotes, tilapias y mojarras, las especies que como ellos sobreviven en un lago contaminado y en v\u00edas de saneamiento.<\/p>\n<p>\u201cLa pesca est\u00e1 mala, los inviernos han sido malos, la gente compra menos pescado. Siempre salimos al lago, pero cuando no agarramos nada tenemos que rebuscarla\u201d, cuenta Barrios. En buenos tiempos sol\u00edan atrapar hasta 30 docenas de guapotes grandes y 20 de mojarras o tilapias gordas. \u00daltimamente solo ajustan docena y media de guapotes, un par de docenas de mojarritas o de tilapias flacas. A 300 o 250 los pescados m\u00e1s grandes, a 60 o 50 la pi\u00f1a de 12 mojarras.<\/p>\n<p>Remar. Saltar al agua. Acomodar el chinchorro. Pimporrear. Esperar. Pimporrear. Esperar. Recoger la red. Seguir remando. Salen por la noche, regresan por la madrugada. Con suerte y mucho trabajo habr\u00e1n pescado unas docenas de animales que salen a vender despu\u00e9s al Mercado Oriental. Esa rutina es la que los tiene con los brazos torneados, aun cuando sean un par de cincuentones de panza abultada.<\/p>\n<p>Estos pescadores se las ingenian haciendo de electricistas, alba\u00f1iles o carpinteros cuando vuelven con las redes vac\u00edas, pero lo de ellos es estar en el agua. No solo son descendientes de los primeros pobladores del barrio, son tambi\u00e9n los \u00faltimos pescadores del barrio. \u201cNadie m\u00e1s en la familia quiere meterse a trabajar en el lago\u201d, se lamenta Iv\u00e1n.<\/p>\n<p><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/210245-1.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-32148 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/210245-1.jpg\" alt=\"Wilfredo P\u00e9rez Cruz y sus dos hijos, Naval y Pedro,\" width=\"700\" height=\"946\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07151848\/210245-1.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07151848\/210245-1.jpg 222w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07151848\/210245-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Wilfredo P\u00e9rez Cruz y sus dos hijos, Naval y Pedro, vivieron sobre el lago durante a\u00f1os, como se aprecia en esta fotograf\u00eda de archivo a la izquierda. Pero en el \u00faltimo a\u00f1o la sequ\u00eda fue dej\u00e1ndolos en la tierra pelada. Ahora est\u00e1n anclados a la orilla del estero San Antonio, la choza de ramas y pl\u00e1stico est\u00e1 a pocos metros del agua como se observa en la imagen de la derecha. Wilfredo sale todos los d\u00edas a tender y recoger sus redes. \u201cEl \u00faltimo a\u00f1o ha sido malo, sin invierno, sin lluvia, los peces no salen\u201d, se queja P\u00e9rez.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>A pesar de la mala fama del lago, que ha sido llamado hasta cloaca de Managua, los peces que salen de aqu\u00ed siempre encuentran compradores y platos en los que terminar servidos. \u201c\u00bfUsted cree que si estos pescados estuvieran envenenados nosotros estuvi\u00e9ramos vivos? \u00a1Estos pescaditos est\u00e1n buenos! Ahora salen m\u00e1s peque\u00f1os y m\u00e1s flaquitos, pero ellos est\u00e1n buenos\u201d, asegura el \u00d1oco.<\/p>\n<p>Es cierto que la fauna del lago sigue viva, pero ha recibido desde 1927 millones de litros de aguas negras o servidas provenientes de las tuber\u00edas y cauces de la capital. Durante la administraci\u00f3n del presidente Adolfo D\u00edaz Recinos el lago, que era espejo de Managua, se convirti\u00f3 en el desag\u00fce para el primer proyecto de alcantarillado de la ciudad.<\/p>\n<p>Para colmo de males, el lago se trag\u00f3 los desechos t\u00f3xicos de la Pennwalt, la f\u00e1brica de cloro y soda c\u00e1ustica, que desde 1967 hasta 1992 verti\u00f3 sus desechos en el Xolotl\u00e1n. El mercurio, una de las diez sustancias qu\u00edmicas m\u00e1s perjudiciales para la salud, seg\u00fan la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS), es parte de los componentes del lago. La principal v\u00eda de exposici\u00f3n humana al mercurio es el consumo de pescado y marisco contaminado con metilmercurio, compuesto org\u00e1nico presente en esos alimentos.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan con ese pasado turbio, los peces siguen nadando y los pescadores, como el \u00d1oco, se han mantenido a flote. Comen ellos, venden en la zona y cuando hay invierno bueno les da para vender a otros departamentos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Ram\u00f3n Raudez P\u00e9rez, hermano de Wilfredo, antiguo pescador, es ahora su principal comprador. Dos veces por semana llega a la costa de San Benito Agr\u00edcola a traer el pescado. Por una docena de guapote negro \u00e9l paga 150 c\u00f3rdobas, la mojarra la paga a 50 y la tilapia, cotizada por las cocineras de la zona, le cuesta 300 la docena.<\/p>\n<p>Con eso Wilfredo debe comprar la provisi\u00f3n para \u00e9l, su hijo Pedro y el nuevo miembro de su tripulaci\u00f3n: Douglas Mart\u00ednez, de 11 a\u00f1os. Es su sobrino, su familia no pod\u00eda mantenerlo y el ni\u00f1o busc\u00f3 el lago. Wilfredo es como su padre, lo cuida, lo alimenta y le ha ense\u00f1ado a ganarse el pescado de cada d\u00eda. Douglas ya tiene un a\u00f1o pescando, por ser tan menudo y escurridizo se ha ganado el mote del Caracol.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cuando Ephraim George Squier lleg\u00f3 a Nicaragua, en 1849, Managua a\u00fan no era capital. Aquel lugar al que bautizaron como \u201cSantiago de Managua\u201d, en 1846, era m\u00e1s bien una villa que creci\u00f3 a lo largo de las costas del lago Xolotl\u00e1n. Era la ciudad de los pescadores.<\/p>\n<p>Un lago agitado, palmeras en fila, casitas entre la vegetaci\u00f3n y botes flotando en el agua, con la pen\u00ednsula de Chiltepe de fondo, fue el paisaje que dibuj\u00f3 el diplom\u00e1tico y explorador estadounidense Squier. Casi cien a\u00f1os despu\u00e9s, Antonio Ruiz Ruiz contempl\u00f3 ese paisaje de Managua que se le qued\u00f3 como estampa en la memoria. Dice que todav\u00eda ve en su cabeza los barquitos empujados por velas blancas.<\/p>\n<p>\u201cYo vine aqu\u00ed en 1941. Siempre ha sido un barrio humilde, las casitas de madera y tejas, el lago clarito y los botes que iban y ven\u00edan, una cosa linda ver eso. Esto era de puros pescadores y vendedoras, uno llegaba y se pod\u00eda montar en las lanchas para dar un paseo\u201d, recuerda Antonio Ruiz, quien a sus 92 a\u00f1os es uno de los pobladores m\u00e1s viejos del rebautizado barrio Carlos Reyna. Vive aqu\u00ed desde hace cuarenta a\u00f1os, cuando el barrio entonces ten\u00eda su nombre hist\u00f3rico, barrio Los Pescadores. El mismo que inspir\u00f3 a Erwin Kr\u00fcger a componer el popular tema del mismo nombre.<\/p>\n<p>Era territorio de pescadores, hab\u00eda tambi\u00e9n lavanderas tendidas en la orilla con los cerros de ropa, vivanderas del viejo Mercado San Miguel que llegaban a comprar los guapotes gordos, las rojas mojarras o los patos, cusucos y tortugas que tambi\u00e9n se cazaban en la zona.<\/p>\n<p>Don Antonio tambi\u00e9n recuerda al chavalero jugando beisbol o elevando lechuzas, ellos ser\u00edan el relevo de sus padres y abuelos. \u201cDe aqu\u00ed todos los pescadores se han ido, han cambiado de trabajo o se han muerto, solo quedan unos muchachos de apellido Barrios, all\u00e1 viven en la mera orilla del lago, donde est\u00e1n unas palmeras\u201d, dice don Antonio y desde la esquina de su casa se\u00f1ala hacia el norte.<\/p>\n<p>A media cuadra termina la hilera de casas, unas con paredes de bloques, otras con latas formando un cerco. El pavimento del and\u00e9n se corta de repente y la maleza crece salvaje hasta el borde donde empieza el lago. El nombre del barrio y los pescadores se han ido poco a poco, pero la pobreza se resiste a salir del caser\u00edo. En la esquina hay un moj\u00f3n que recuerda que esta zona es de riesgo y que si la lluvia es recia y el lago crece, se volver\u00e1 a tragar las primeras casitas. Pero para eso tendr\u00eda que ocurrir \u201cun milagro\u201d, uno que suba el nivel del lago hasta cuarenta metros sobre el nivel del mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El \u00d1oco ha llevado el sol a cuestas toda su vida. Su piel luce un moreno brillante, tan tostada y cuarteada por el sol que parece m\u00e1s bien coraza. Hasta las canas blancas se le han tostado. Es peque\u00f1o y da la impresi\u00f3n que su figura se reduce con los a\u00f1os.<\/p>\n<p>En el 2012 no solo luc\u00eda m\u00e1s joven, sino que se ve\u00eda tambi\u00e9n m\u00e1s recio y m\u00e1s rudo. Ese era el aspecto que ten\u00eda en las fotos por las que dej\u00f3 el anonimato. Wilfredo P\u00e9rez Cruz, el pescador ermita\u00f1o del lago, sali\u00f3 de su fin de mundo para limpiar su nombre ante un juez. Hab\u00edan utilizado sus datos para usarlo como testigo ficticio en el proceso que le concedi\u00f3 una identidad nicarag\u00fcense al narcotraficante costarricense Alejandro Jim\u00e9nez, el Palidejo. Era inocente.<\/p>\n<p>De los 64 a\u00f1os que tiene, m\u00e1s de 40 ha pasado en este lago. No sabe leer ni escribir, pero es el m\u00e1s sabio de esta peque\u00f1a tribu de pescadores que ahora lo rodea. Tambi\u00e9n es el mayor de nueve hermanos y el que a\u00fan se dedica exclusivamente a la pesca. Lo aprendi\u00f3 de su padre, cuando vivi\u00f3 en La Bocana, el viejo barrio de pescadores de Tipitapa.<\/p>\n<p>Cansado de posar, de ser expulsado de tierras ajenas y de tener patrones, hace veinte a\u00f1os se meti\u00f3 en su lancha, sembr\u00f3 unos postes en el fondo del lago, junt\u00f3 un mont\u00f3n de ramas hasta formar un piso sobre la base y puso el esqueleto de madera de lo que ser\u00eda su casa desde entonces. Unos siete kil\u00f3metros recorridos en lancha, m\u00e1s otros siete de un camino de tierra lo separan del bullicio y la gente que vive en el empalme de San Benito.<\/p>\n<p>Vivi\u00f3 solo y en sus idas y venidas al pueblo para vender sus pescados consigui\u00f3 pareja y tuvo tres hijos. Ella nunca lo acompa\u00f1\u00f3 en su choza del lago. Sigui\u00f3 yendo y viniendo. Solo sus dos hijos varones, Naval y Pedro, se sent\u00edan como peces en el agua en la construcci\u00f3n primitiva de unos diez metros cuadrados sobre el lago. \u201cA m\u00ed me gustaba vivir en el agua. Si me aburr\u00eda, me tiraba al lago\u201d, recuerda Pedro, de 14 a\u00f1os. Desde los 8 a\u00f1os vive con su padre; su hermano Naval, de 16, ya alz\u00f3 vuelo. Ahora trabaja en tierra firme.<\/p>\n<p>Sus d\u00edas empiezan a las 4:00 de la madrugada. \u201cCuando clarea nos levantamos. A esa hora salimos a remo a revisar las redes que dejamos la noche anterior. Ya volvemos como a las 7:00\u201d, dice el \u00d1oco. Entonces el viejo pescador deja a un lado las redes y empieza su labor como amo de casa. Si hay caf\u00e9 lo toman, amargo. Si las gallinas est\u00e1n generosas, desayunan huevos. Si quedan provisiones, aparta lo del almuerzo: arroz, frijoles. Si hay suerte lo acompa\u00f1an con queso, pollo, conejo o garrobo. El pescado es el pan de cada d\u00eda, a cualquier hora el d\u00eda. Si el hambre aprieta y no hay nada m\u00e1s, toca sacrificar uno de los productos para la venta. Solo saca uno del viejo caj\u00f3n de refrigeradora que sirve como termo y lo tira a la cazuela. Asado, frito o en sopa, el pescado es el sustento del cuerpo y de la casa.<\/p>\n<p>\u201cAhorita s\u00ed que ha estado malo. No hubo invierno, hay gente que pesca con redes muy peque\u00f1as y se lleva a las hembras (de peces) ponedoras\u201d, explica. Con la crisis de sequ\u00eda en una zona agr\u00edcola, hay j\u00f3venes que le han seguido el rastro al \u00d1oco y el viejo solitario ahora tiene 16 vecinos que salen a tender sus redes en esta zona del lago.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Entre las 7:00 de la ma\u00f1ana y las 4:00 de la tarde, hay muy poco que hacer aqu\u00ed en la orilla del estero San Antonio. En m\u00e1s de cinco kil\u00f3metros a la redonda no hay \u00e1rboles que den sombra ni vecinos que les socorran en caso de emergencia. El patio es un campo montoso y el frente es el cauce de un r\u00edo que a pocos metros desemboca en el lago. En medio de este lugar de nadie, hay tres chozas. El \u00d1oco, Pedrito y el Caracol viven en la del centro, la m\u00e1s compacta.<\/p>\n<p>Tres piedras en el suelo hacen de cocinero. Una hamaca y un par de sillas pl\u00e1sticas es toda la muebler\u00eda. Las provisiones cuelgan del techo junto con unas patas secas de garrobo como trofeo del \u00faltimo banquete en esta casa. Con otras varillas amarradas a medio metro de altura, el \u00d1oco hizo unos \u201ccamarotes\u201d, como le llama a los nichos donde duermen. Est\u00e1n preparados por si sube la marea y toca vivir de nuevo con el agua a los pies. No solo est\u00e1n preparados, desean que eso pase.<\/p>\n<p>Mientras ese milagro que piden llega, se entretienen con pl\u00e1ticas, escuchando m\u00fasica en un viejo radio de bater\u00edas o jugando beisbol con los vecinos. El \u00d1oco no juega, solo se carcajea de ver las arrastradas que se pegan intentado anotar carreras o hacer un out en medio de este polvazal. Cuando el calor sofoca, solo caminan tres metros y se tiran al agua. Todos han aprendido a nadar a la brava.<\/p>\n<p>Al caer la tarde, los pescadores que quedan a uno y otro lado de la costa, salen otra vez en sus botes. Tienden sus redes y esperan. Rezan por que vuelva el invierno, que caiga la lluvia, que se multipliquen los peces para ellos poder comprar sus panes.<\/p>\n<p><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/210247-1.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-32149 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/210247-1.jpg\" alt=\"Wilfredo P\u00e9rez, \u201cEl \u00d1oco\u201d\" width=\"700\" height=\"467\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07151846\/210247-1.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07151846\/210247-1.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07151846\/210247-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Wilfredo P\u00e9rez, el \u00d1oco, sale a remo acompa\u00f1ado de su sobrino Douglas Mart\u00ednez, de 11 a\u00f1os. El Caracol es quien recoge las redes y arranca los peces atrapados en ellas, para luego volverlas a tender. Su hijo Pedro (al fondo a la derecha) camina hasta dos kil\u00f3metros en la zona pantanosa, hasta llegar a otro punto donde tambi\u00e9n tienden sus redes.<\/p>\n<h4>Managua, la mala novia<\/h4>\n<p>En 1927, el Xolotl\u00e1n dej\u00f3 de ser el novio de Managua, para convertirse en su vertedero de desechos. Durante la presidencia de Adolfo D\u00edaz se desarroll\u00f3 el primer proyecto de alcantarillado de la ciudad, el cual conduc\u00eda todas las aguas residuales de viviendas y cauces hasta el lago.<\/p>\n<p>En febrero de 2009, se inaugur\u00f3 la planta de tratamiento de aguas residuales de Managua, parte del programa de saneamiento del lago Xolotl\u00e1n.<\/p>\n<p>Para entonces, los 120,000 metros c\u00fabicos de aguas residuales que produc\u00eda la capital empezaron a ser procesados. Su capacidad m\u00e1xima de tratamiento es de 180,000 metros c\u00fabicos de aguas servidas por d\u00eda.<\/p>\n<p>Cost\u00f3 alrededor de 90 millones de d\u00f3lares, m\u00e1s de la mitad del dinero fue donaci\u00f3n de Alemania, los pa\u00edses n\u00f3rdicos y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).<\/p>\n<p>Al sistema de 13,000 kil\u00f3metros de alcantarillado de la ciudad est\u00e1n conectados m\u00e1s de 115,000 usuarios (un 65 por ciento de la poblaci\u00f3n, seg\u00fan datos de Enacal). Pero adem\u00e1s del aumento de usuarios y el volumen de aguas negras, la basura s\u00f3lida en cauces y la conexi\u00f3n de algunas tuber\u00edas a\u00fan ensucian el lago.<\/p>\n<h4>Nadar en mercurio<\/h4>\n<p>Pennwalt, una planta productora de cloro y soda c\u00e1ustica, se instal\u00f3 en las orillas del lago Xolotl\u00e1n, en 1967.<\/p>\n<p>Oper\u00f3 sin reglas ni supervisi\u00f3n de las autoridades sanitarias y us\u00f3 el lago como basurero. Seg\u00fan estimaciones, la empresa pudo verter unas 40 toneladas de mercurio, m\u00e1s altas cantidades de \u00e1cido sulf\u00farico y cloro l\u00edquido. Alrededor de 350 personas trabajaron en la empresa y casi un centenar de empleados resultaron contaminados por mercurio, seg\u00fan los an\u00e1lisis que realizaron autoridades de salud en ese entonces. En septiembre de 1992 se decret\u00f3 el cierre de esa f\u00e1brica.<\/p>\n<p>La Ley General de Higiene y Seguridad del Trabajo (618) no regula el uso de qu\u00edmicos t\u00f3xicos como el mercurio, considerado por la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS) como uno de los productos m\u00e1s perjudiciales para la salud.<\/p>\n<p>El Centro para la Investigaci\u00f3n en Recursos Acu\u00e1ticos (CIRA), de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de Nicaragua (UNAN-Managua), encontr\u00f3 dep\u00f3sitos de mercurio en las instalaciones de la f\u00e1brica hace un par de a\u00f1os durante un monitoreo que qued\u00f3 inconcluso por falta de permisos para revisi\u00f3n de la propiedad privada. Pero en los peces y en el agua del lago tambi\u00e9n se encontraron concentraciones de mercurio.<\/p>\n<p>En 2013 un grupo de extrabajadores de la Pennwalt se organiz\u00f3 para solicitar la revisi\u00f3n de su situaci\u00f3n cl\u00ednica y obtener una indemnizaci\u00f3n. Se quejan de fuertes dolores renales, problemas respiratorios, digestivos y cut\u00e1neos. Los ojos, el sistema nervioso y el inmunitario tambi\u00e9n son afectados por el mercurio.<\/p>\n<p>El envenenamiento y los efectos negativos de este qu\u00edmico en el cuerpo humano es gradual y degenerativo, afecta tambi\u00e9n a segundas generaciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con m\u00e1s paciencia que suerte, un grupo de pescadores de Managua navega todos los d\u00edas por el Xolotl\u00e1n, el lago contaminado en el que nadie quiere nadar, pero donde ellos han encontrado su pan y su casa<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":32162,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-31326","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31326","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31326"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31326\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52540,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31326\/revisions\/52540"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/32162"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31326"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31326"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31326"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}