{"id":31469,"date":"2016-12-11T10:28:30","date_gmt":"2016-12-11T16:28:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=31469"},"modified":"2018-09-14T13:31:02","modified_gmt":"2018-09-14T19:31:02","slug":"renacer-del-lodo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/renacer-del-lodo\/","title":{"rendered":"Renacer del lodo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">En 1998 el deslave del volc\u00e1n Casita arras\u00f3 dos comunidades enteras. M\u00e1s de dos mil personas quedaron sepultadas en el lodo. Entre los supervivientes hay historias de \u00e9xito y de quienes dicen sobrevivir un d\u00eda a la vez 18 a\u00f1os despu\u00e9s de la tragedia<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Tammy Zoad Mendoza M.<\/strong><\/p>\n<p>Antol\u00edn D\u00edaz, de 57 a\u00f1os, se para al centro y empieza el recorrido imaginario. A ambos lados del ancho camino de tierra se\u00f1ala casitas en medio de solares divididos por cercos. Detr\u00e1s de los solares divisa campos pardos reci\u00e9n arados o verdes anunciando cosecha. \u201cAqu\u00ed los Gait\u00e1n, all\u00e1 los Solano, m\u00e1s adelante la iglesia, la escuela\u201d, dice Antol\u00edn. Habla de una comunidad rural en el ajetreo diario. Es lo que \u00e9l dice ver, lo que recuerda.<\/p>\n<p>Lo que se ve realmente entre los ca\u00f1averales, los plant\u00edos de frijoles y la maleza son cruces sembradas en lo que alguna vez fueron los patios de las casas. Cruces de madera, de hierro, con flores. Una, dos, tres, siete cruces en hilera. \u201cAh\u00ed se fue la familia completa\u201d, comenta Antol\u00edn. Como la de \u00e9l: siete hijos, su esposa y sus padres. Todos arrastrados por el alud que baj\u00f3 del cerro aquella ma\u00f1ana del 30 de octubre de 1998 y borr\u00f3 las comunidades Rolando Rodr\u00edguez y El Porvenir, de Posoltega, Chinandega.<\/p>\n<p>La de Antol\u00edn es la historia de cientos que lo perdieron todo en cuesti\u00f3n de segundos: casa, alimentos, familia. Una historia de dolor, pero tambi\u00e9n de fortaleza y para algunos con final prometedor. Kelvin Maradiaga es ejemplo de ello. Ten\u00eda 11 a\u00f1os, seis hermanos, madre y padre, pero ese d\u00eda qued\u00f3 solo en medio del lodazal. Solo luch\u00f3 por su vida y luego se reencontrar\u00eda con el \u00fanico hermano que sobrevivi\u00f3. A sus 29 a\u00f1os cuenta la historia desde Jalapa, Nueva Segovia, en la franja fronteriza donde dirige un proyecto de un organismo internacional. Logr\u00f3 salir del lodo y de su comunidad. Pero otros no tuvieron el mismo destino y viven enfrentados al volc\u00e1n que les cambi\u00f3 la vida.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31623\" aria-describedby=\"caption-attachment-31623\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-31623\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/264-MAG-Casitas-Kel1.jpg\" alt=\"Kelvin Maradiaga, volc\u00e1n Casita, sobreviviente\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152426\/264-MAG-Casitas-Kel1.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152426\/264-MAG-Casitas-Kel1.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152426\/264-MAG-Casitas-Kel1.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152426\/264-MAG-Casitas-Kel1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-31623\" class=\"wp-caption-text\">A sus 29 a\u00f1os Kelvin Maradiaga es ingeniero en Alimentos, tiene un m\u00e1ster en Seguridad Alimentaria y un posgrado en Formulaci\u00f3n y Evaluaci\u00f3n de Proyectos. Los fines de semana viaja a Le\u00f3n para ver a su esposa y su hija. Ten\u00eda ten\u00eda 11 a\u00f1os cuando fue arrastrado por el alud del volc\u00e1n Casita que enterr\u00f3 a su familia.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Lluvia. El cielo permanec\u00eda encapotado y el ruido ininterrumpido de la lluvia era como el molesto zumbido de un mosquito. Parec\u00eda que todas las nubes furiosas se hab\u00edan sincronizado para instalarse sobre este valle hasta descargar su \u00faltima gota.<\/p>\n<p>En la radio hablaban del paso del hurac\u00e1n Mitch, una onda tropical que se form\u00f3 en el oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico a inicios de octubre y para el 24 de ese mes se hab\u00eda convertido en un hurac\u00e1n categor\u00eda 5, la m\u00e1xima en la escala Saffir-Simpson, que clasifica los ciclones tropicales seg\u00fan la intensidad del viento. El hurac\u00e1n Mitch iba azotando Honduras y Nicaragua con tormentas y vientos a m\u00e1s de 200 kil\u00f3metros.<\/p>\n<p>En comunidades como la Rolando Rodr\u00edguez y El Porvenir, de Posoltega, Chinandega, los caminos eran surcados por fuertes corrientes de agua, los r\u00edos se desbordaron y los cauces naturales mordisqueaban poco a poco los patios de las casas. La familia Maradiaga Gonz\u00e1lez se hab\u00eda dividido buscando refugio en casas vecinas porque la suya estaba a punto de ser tragada por el cauce con el que limitaba. Kelvin estaba asilado con sus padres, un hermano mayor y sus hermanos menores, gemelos, en un galer\u00f3n que era comedor popular. Estaban dentro cuando oyeron el estruendo.<\/p>\n<p>Luego vieron al gent\u00edo correr despavorido, gritando, tratando de escapar del deslave que bajaba del volc\u00e1n Casita y arrasaba con todo a su paso.<br \/>\n\u201c\u00a1Andate, chiquito!\u201d, le grit\u00f3 su padre, que no pod\u00eda caminar tras un accidente con una motosierra. Su hermano mayor agarr\u00f3 a los gemelos. \u201c\u00a1Andate!\u201d, le orden\u00f3 otra vez su padre. Un enorme \u00e1rbol de ceibo se derrumb\u00f3 frente al comedor y Kelvin reaccion\u00f3. Sali\u00f3 por la puerta trasera y se escurri\u00f3 entre los cercos de alambre. En la casa vecina estaba un ni\u00f1o y una ni\u00f1a peque\u00f1ita. \u201cAgarr\u00e9 a la ni\u00f1a y me cruc\u00e9 el cerco con ella, los alambres me agarraron la espalda, pero segu\u00ed\u201d, cuenta Maradiaga.<br \/>\n\u201cMir\u00e9 la ola negra, corr\u00ed y me met\u00ed a una casa que ten\u00eda forma de L, cuando estaba en la esquina sent\u00ed el golpe en la espalda, el lodo me agarr\u00f3, me estrell\u00f3 contra la pared y me arrebat\u00f3 a la ni\u00f1a\u201d, recuerda Kelvin, quien asegura que nunca perdi\u00f3 la consciencia.<\/p>\n<p>Fueron segundos, as\u00ed como cuando en el mar una ola lo hace perder el equilibrio, lo bota y otras m\u00e1s lo envuelven, lo revuelcan. As\u00ed, dice Kelvin, pero diez veces m\u00e1s fuerte, m\u00e1s doloroso y asfixiante. La ola de lodo botaba, arrastraba, inmobilizaba. Ojos, nariz y boca tapados de lodo.<br \/>\n\u201cMe mor\u00ed, pens\u00e9, pero logr\u00e9 sacar la cabeza y sent\u00ed que la corriente me tir\u00f3 a un lado, me detuvo en un carreta vieja y me qued\u00e9 ah\u00ed no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo\u201d, cuenta. Cuando abri\u00f3 los ojos distingui\u00f3 el plant\u00edo de bananos en el que estaba, ten\u00eda la pierna izquierda herida, pero a\u00fan no sent\u00eda dolor. Se lav\u00f3 la cara en una charca y empez\u00f3 a caminar.<br \/>\n\u201cTodo hab\u00eda desaparecido bajo el lodo. Ver aquello era desolador, un sentimiento aplastante, pero el terror de morir ya lo hab\u00eda pasado, no pod\u00eda quedarme ah\u00ed\u201d. Camin\u00f3 entre cad\u00e1veres de gente y animales. Una mano, una pierna, un quejido ahogado bajo el lodo espeso.<\/p>\n<p>Fueron m\u00e1s de 1,200 mil\u00edmetros de lluvia, seg\u00fan algunos reportes. El cono del volc\u00e1n Casita se recarg\u00f3 de agua, la tierra no soport\u00f3 y luego de seis d\u00edas de lluvia la capa superficial se rompi\u00f3. El deslizamiento fue tal que arranc\u00f3 el bosque y las dos comunidades. Las cifras oficiales nunca fueron exactas, se habl\u00f3 de hasta 2,800 muertos por el deslave, m\u00e1s cientos de damnificados y da\u00f1os millonarios.<\/p>\n<p>En su momento se se\u00f1al\u00f3 la irresponsabilidad de las autoridades del gobierno del presidente Arnoldo Alem\u00e1n al desatender las llamadas de alerta y ayuda que habr\u00eda realizado la entonces alcaldesa de Posoltega, Fel\u00edcita Zeled\u00f3n. No le cre\u00edan que en el lugar parec\u00eda haberse roto el cielo ni que del volc\u00e1n los pobladoras o\u00edan ruidos raros y que la gente estaba atemorizada. El estruendo final anunci\u00f3 la cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Kelvin camin\u00f3 largo rato solo, subi\u00f3 una colina, lleg\u00f3 hasta una casa donde estaba una familia con una ni\u00f1a enlodada, igual que \u00e9l, pero con el ojo fuera de su cuenca. Sigui\u00f3 y m\u00e1s adelante se encontr\u00f3 a Adriana, una compa\u00f1era de clases del quinto grado. Caminaron hasta llegar a un campamento de autoevacuados, donde los recibieron. Ah\u00ed permanecieron hasta el domingo, entre el llanto y los quejidos de otros, con hambre, fr\u00edo y sinti\u00e9ndose morir, esta vez del dolor.<\/p>\n<p>A sus 29 a\u00f1os Kelvin Maradiaga es ingeniero en Alimentos, tiene un m\u00e1ster en Seguridad Alimentaria y un posgrado en Formulaci\u00f3n y Evaluaci\u00f3n de Proyectos. Los fines de semana viaja a Le\u00f3n para ver a su esposa y su hija. Ten\u00eda ten\u00eda 11 a\u00f1os cuando fue arrastrado por el alud del volc\u00e1n Casita que enterr\u00f3 a su familia.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31617\" aria-describedby=\"caption-attachment-31617\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-31617\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/264-MAG-CasitaKelvin.jpg\" alt=\"deslave, volc\u00e1n Casita, Chichigalpa, sobreviviente\" width=\"900\" height=\"558\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152433\/264-MAG-CasitaKelvin.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152433\/264-MAG-CasitaKelvin.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152433\/264-MAG-CasitaKelvin.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152433\/264-MAG-CasitaKelvin.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-31617\" class=\"wp-caption-text\">Kelvin Maradiaga ten\u00eda 11 a\u00f1os cuando fue arrastrado por el alud del volc\u00e1n Casita. La imagen fue tomada en el hospital de Chinandega por el fot\u00f3grafo Oswaldo Rivas, en noviembre de 1998.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Si salvarse de aquella mole es visto como un milagro, decir que toda la familia sobrevivi\u00f3 es algo portentoso. La familia de Isidora Acosta, de 67 a\u00f1os, qued\u00f3 completa. De sus nueve hijos, seis viv\u00edan con ella y su esposo Benjam\u00edn Ch\u00e1vez, en la comunidad El Porvenir. Tres de ellos son ahora sus vecinos en la comunidad Santa Mar\u00eda, a m\u00e1s de 15 kil\u00f3metros de su lugar de origen, donde fueron reasentados.<\/p>\n<p>Santa Mar\u00eda es un caser\u00edo con m\u00e1s de 300 familias, al menos la mitad v\u00edctimas del deslave. Est\u00e1 detr\u00e1s de un ca\u00f1averal que en tiempo de zafra les da trabajo, pero cuando no hay cosecha trabajan por temporadas en otros cultivos o en construcci\u00f3n. Otros deciden migrar a los pa\u00edses vecinos cuando la situaci\u00f3n del desempleo se vuelve agobiante. Los de mayor edad y los que est\u00e1n enfermos, como don Benjam\u00edn Ch\u00e1vez, quien padece de insuficiencia renal cr\u00f3nica, viven de la caridad de la familia que les queda.<\/p>\n<p>\u201cLa vida all\u00e1 era feliz\u201d, dice pesarosa Isidora Acosta. \u201cUno criaba a sus animales all\u00e1 y pasaba uno tranquilo. Ten\u00eda su tierrita para sembrar y comer, sembrar y vender. Aqu\u00ed no hay lugar para nada\u201d, reclama desde su casita de bloques; en las casi dos d\u00e9cadas despu\u00e9s sigue a\u00f1orando el caser\u00f3n, el solar, su viejo El Porvenir. \u201cUno no es de aqu\u00ed y tampoco puede volver al cerro, porque es peligroso\u201d.<br \/>\nAdem\u00e1s de la vivienda, provisiones temporales y la atenci\u00f3n m\u00e9dica, Isidora dice que algunos de los damnificados recibieron atenci\u00f3n psicol\u00f3gica. \u201cA m\u00ed me sirvi\u00f3 mucho, porque yo me despertaba en la madrugada gritando, saltaba de la cama y corr\u00eda, lloraba mucho. Me descontrol\u00e9\u201d, admite.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Isidora estaba en el fog\u00f3n cuando oy\u00f3 los gritos de su hija Azucena en la calle y se sali\u00f3, entonces la vio corriendo horrorizada con su beb\u00e9 de 40 d\u00edas en los brazos. Cuando se gir\u00f3 para huir de la masa oscura que se deslizaba por el lomo del cerro sinti\u00f3 un golpe fort\u00edsimo en la espalda y sus piernas se dejaron de mover. Se agarr\u00f3 de un \u00e1rbol y no se solt\u00f3 hasta que la corriente se detuvo.<br \/>\nAzucena, quien entonces ten\u00eda 21 a\u00f1os, le hab\u00eda pasado el beb\u00e9 a su esposo antes que la arrastrara el lodazal, pero a \u00e9l tambi\u00e9n lo revolc\u00f3 y le arrebat\u00f3 al beb\u00e9 de las manos. Metiendo los brazos en el lodo, siguiendo el llanto ahogado, Azucena sac\u00f3 a su beb\u00e9 de las entra\u00f1as del lodo. Ese d\u00eda Pedro Pablo volvi\u00f3 a nacer, esta vez de la tierra. Tiene 18 a\u00f1os, es moreno, cabello negro y una cicatriz atraviesa su p\u00f3mulo derecho, como recuerdo f\u00edsico de haber sobrevivido, pero \u00e9l no recuerda nada. Su madre no habla de eso, llora, se descontrola o se sume en un profundo silencio. \u201cElla qued\u00f3 malita. No puede hablar de eso, no lo ha superado\u201d, comenta do\u00f1a Isidora a manera de disculpa.<\/p>\n<p>\u201cLos fen\u00f3menos naturales siempre han ocurrido y seguir\u00e1n ocurriendo, pero situaciones como esta muestran la poca capacidad de prevenir desastres humanos por falta de planes de seguridad y cuando ocurren hay una deficiencia en el tratamiento de la salud mental y falta de planes de desarrollo humano\u201d, advierte el soci\u00f3logo Cirilo Otero.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31610\" aria-describedby=\"caption-attachment-31610\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-31610\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/264-MAG-Casitas-Isi1.jpg\" alt=\"Volc\u00e1n Casita, Chichigalpa. 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Todos sobrevivieron al deslave del volc\u00e1n Casita en 1998, pero 18 a\u00f1os despu\u00e9s siguen a\u00f1orando sus tierras.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Ten\u00eda unos seis a\u00f1os cuando su padre, motosierrista, se lo llevaba como compa\u00f1\u00eda al trabajo en el campo. \u201cYo quiero que mi hijo sea abogado\u201d, le dec\u00eda. Kelvin Maradiaga, de 29 a\u00f1os, recuerda con cari\u00f1o aquella \u00e9poca, la misma en la que despu\u00e9s de la escuela se iba al patio con sus siete hermanos, trepaban a los \u00e1rboles y jugaban tir\u00e1ndose entre las ramas.<br \/>\nA los 11, de repente, se vio sin padres, con un solo hermano, Eddy, y sin casa. Un t\u00edo los busc\u00f3, los encontr\u00f3 en el hospital y se los llev\u00f3 a Le\u00f3n. \u201cMuchos pasamos por esa tragedia, unos vimos el evento como un quiebre, un salto en el tiempo, una oportunidad m\u00e1s, pero a otros el tiempo se les detuvo. Quedaron anclados en aquel d\u00eda, no pudieron enfrentar la situaci\u00f3n\u201d, comenta Kelvin.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 la primaria en Le\u00f3n y por su entusiasmo y buenas calificaciones la directora le pag\u00f3 los primeros meses de primer a\u00f1o del bachillerato t\u00e9cnico en el Polit\u00e9cnico La Salle. Luego gan\u00f3 y mantuvo una beca acad\u00e9mica hasta completar el ciclo. Marc\u00f3 Ingenier\u00eda en Alimentos como su primera opci\u00f3n en la UNAN-Le\u00f3n. Ahora es m\u00e1ster en Seguridad Alimentaria y Nutricional y tiene un posgrado en Formulaci\u00f3n y Evaluaci\u00f3n de Proyectos. Est\u00e1 a cargo de la implementaci\u00f3n de un proyecto del Sistema de la Integraci\u00f3n Centroamericana (SICA) para la prevenci\u00f3n de la violencia en la franja fronteriza del norte.<\/p>\n<p>Pero para lograr eso tom\u00f3 mucho antes decisiones que definir\u00edan su destino. Se neg\u00f3 a una operaci\u00f3n que pod\u00eda dejarle inm\u00f3vil su pierna izquierda, aprendi\u00f3 un oficio, vendi\u00f3 raspados por las calles de Le\u00f3n e hizo de cobrador de buses en sus fines de semana libres. De noche estudiar, estudiar, estudiar.<br \/>\n\u201cPesa menos un l\u00e1piz que un machete, pero mi realidad siempre me hubiera ofrecido un machete. Yo siempre eleg\u00ed el l\u00e1piz\u201d, dice Kelvin. Su trabajo lo ha mantenido en contacto con aquella vida del campo que tantos buenos recuerdos le trae, dice que desde su profesi\u00f3n ha procurado mejorar la calidad de vida y ampliar los horizontes de los habitantes de las comunidades.<\/p>\n<p>Va y viene entre Honduras y Nueva Segovia todos los d\u00edas. Los s\u00e1bados sale de madrugada hacia Le\u00f3n, donde est\u00e1 su esposa e hija. Una o dos veces al a\u00f1o vuelve a la Rolando Rodr\u00edguez, pero nunca un 30 de octubre. \u201cNo hace bien remover recuerdos tristes, ese d\u00eda la gente revive su dolor y se ha vuelto una actividad m\u00e1s pol\u00edtica que conmemorativa a las v\u00edctimas\u201d, se\u00f1ala Kelvin.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En el libro Historias y memorias de los sobrevivientes del deslave del volc\u00e1n Casita, de la psic\u00f3loga Josefina Murillo, los testimonios como el de Isidora se repiten. Como parte del equipo de atenci\u00f3n a las v\u00edctimas, Murillo document\u00f3 las historias de los supervivientes que adem\u00e1s del duelo por la muerte repentina, brutal y masiva de familiares, se enfrentaron a la pobreza extrema. Algunos desarrollaron alcoholismo, adicciones y hasta se mencionan casos de prostituci\u00f3n.<br \/>\nEntre los comportamientos identificados por el equipo de psic\u00f3logos que les atendi\u00f3 y en algunos casos les dio seguimiento, est\u00e1 el del bloqueo emocional que se resiste a tratar el trauma, los que se aferraron a la tragedia como si arrastraran todav\u00eda los pies en el lodo y los que casi dos d\u00e9cadas despu\u00e9s siguen esperando que sus parientes aparezcan.<\/p>\n<p>\u201cMi Lauris est\u00e1 viva. Me la arrastr\u00f3 la corriente, nos perdimos y cuando llegu\u00e9 al hospital no la encontr\u00e9. La busqu\u00e9 en todos los refugios. Anduve en hogares de hu\u00e9rfanos porque me dijeron que la hab\u00edan visto en Le\u00f3n con una gringa que la quer\u00eda adoptar. Se me la llevaron\u201d, dice Estela Amador, de 70 a\u00f1os, abuela de Lauris Tercero Amador, quien ahora cumplir\u00eda 29 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Hace 18 a\u00f1os do\u00f1a Estela lleg\u00f3 tambi\u00e9n a Santa Mar\u00eda, Posoltega. Ella tiene una historia triste entre las m\u00e1s tristes. De los 15 hijos que tuvo, seis viv\u00edan con ella en El Porvenir. A tres se los llev\u00f3 el alud y le toc\u00f3 ver morir a uno. \u201cCuando me arrastr\u00f3 el lodo fui a parar a un \u00e1rbol. Escuch\u00e9 que me dec\u00edan \u2018mamita, mamita, ven\u00ed\u2019, era mi muchacho, estaba con sus tripitas de fuera el pobrecito. Me dijo que lo perdonara si hab\u00eda sido mal y hijo y que le diera mi bendici\u00f3n\u201d, cuenta Amador con la mirada perdida, acarici\u00e1ndose las manos. Le cerr\u00f3 los ojos, le bes\u00f3 la frente y sigui\u00f3 arrastr\u00e1ndose por el lodo. Ten\u00eda que buscar a los dem\u00e1s.<br \/>\n\u201cYo desde ese d\u00eda, desde que estoy aqu\u00ed, vivo por vivir\u201d, dice y se sume en un silencio profundo con la mirada perdida en su jard\u00edn, el m\u00e1s verde y florido de la calle. Como a Estela Amador a muchos el tiempo se les detuvo a las 11:30 de la ma\u00f1ana del viernes 30 de octubre.<\/p>\n<figure id=\"attachment_31619\" aria-describedby=\"caption-attachment-31619\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/264-MAG-Casitas-D\u00f1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-31619\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/264-MAG-Casitas-D\u00f1.jpg\" alt=\"volc\u00e1n Casitas, deslave, sobrevivientes, Chichigalpa\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152432\/264-MAG-Casitas-D%C3%B1.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152432\/264-MAG-Casitas-D%C3%B1.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152432\/264-MAG-Casitas-D%C3%B1.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/07152432\/264-MAG-Casitas-D%C3%B1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-31619\" class=\"wp-caption-text\">\u201cYo desde ese d\u00eda, desde que estoy aqu\u00ed, vivo por vivir\u201d, dice Estela Amador, sobreviviente del deslave.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cAll\u00e1 hay una parte de gente que se regres\u00f3, est\u00e1n felices criando a sus animales y sembrando\u201d, suelta como un reclamo Isidora Acosta, desde su casa en Santa Mar\u00eda. Ella a\u00f1ora sus tierras, pero no volver\u00eda, le tiene miedo al volc\u00e1n. \u201cAqu\u00ed no hay vida, pero aqu\u00ed vamos a morir\u201d, dice.<\/p>\n<p>Antol\u00edn D\u00edaz, quien tiene nueva familia, una esposa y dos hijos, dice que tampoco volver\u00eda. A \u00e9l no le ha ido nada mal. En Santa Mar\u00eda instal\u00f3 una venta que abastece de productos comestibles, tiene un billar y dos veh\u00edculos que ha comprado con mucho trabajo y esfuerzo. Siempre tuvo un esp\u00edritu de comerciante, en la vieja comunidad Rolando Rodr\u00edguez, la que \u00e9l ve en su cabeza cada vez que llega de visita, ten\u00eda un solar de tres manzanas donde cultivaba frijoles, ma\u00edz y algunas frutas. Ten\u00eda su camioneta roja, un negocio pr\u00f3spero y una casona donde viv\u00edan sus siete ni\u00f1os y su esposa y un negocio pr\u00f3spero.<br \/>\n\u201cNunca voy a recuperar lo que ten\u00eda, pero tampoco pod\u00eda echarme a morir. Dios sabe por qu\u00e9 hace las cosas. Me dej\u00f3 solo, pero vivo. Estuve muy mal, muy mal, pero me devolvi\u00f3 las fuerzas para levantarme y aqu\u00ed estoy. Extra\u00f1o a mi familia, pero tambi\u00e9n amo a los que tengo ahora y doy gracias por estar aqu\u00ed. No pienso volver al cerro\u201d, dice Antol\u00edn D\u00edaz.<\/p>\n<p>Cirilo Otero, soci\u00f3logo, cree que fue una buena decisi\u00f3n no reinstalar a las familias nuevamente en las faldas del volc\u00e1n Casita y que quienes volvieron, como la familia de In\u00e9s Vanegas y su vecina Danelia Mayorga, se exponen a muchos riesgos.<br \/>\n\u201cEn pl\u00e1ticas con la gente reasentada se quejan de que no tienen sus tierras, que no pueden tener ganado, que no es su estilo de vida, pero eso pasa tambi\u00e9n porque les dieron las cosas pero no se les orient\u00f3 un plan de desarrollo comunitario. Como sociedad la gente se ha acomodado a las pol\u00edticas asistencialistas que resultan ser una trampa, la gente se ha atemperado y pierde la capacidad de transformarse. No es toda su culpa, pero depende tambi\u00e9n de ellos cambiar su realidad\u201d, advierte Otero.<\/p>\n<p>En 18 a\u00f1os, El Porvenir se ha convertido en decenas de huertas. Maizales, ca\u00f1averales, frijoles y cruces. En la Rolando Rodr\u00edguez las familias que volvieron superan la docena. Viven como antes, de sus cosechas y del ganado, siguen sin agua potable, sin luz y sin miedo. \u201cA m\u00ed el lodo me arrastr\u00f3, a toda mi familia, pero nos reencontramos y decidimos volver. Nos dicen que si no tenemos miedo de morirnos en alg\u00fan invierno si el cerro se vuelve a reventar, pero yo les digo que igual si me voy all\u00e1 afuera no tendr\u00eda vida\u201d, sentencia In\u00e9s Vanegas, de 52 a\u00f1os, sobreviviente.<\/p>\n<h3>La Nicaragua traumada<\/h3>\n<p>Para el soci\u00f3logo Cirilo Otero, el pa\u00eds ha vivido por m\u00e1s de un siglo de estr\u00e9s en estr\u00e9s y de trauma en trauma. Guerras, terremotos, huracanes que han dejado un rastro de v\u00edctimas con traumas sin superar que derivan en otros problemas sociales, apunta el especialista.<\/p>\n<p>\u201cAnte cada situaci\u00f3n que altera el orden emocional de las personas debe haber atenci\u00f3n en salud mental, no solo por el tema del duelo, sino para hacerles reflexionar sobre sus realidades, sus limitaciones, pero sobre todo sus perspectivas a futuro, ver y buscar sus oportunidades m\u00e1s all\u00e1 de la desgracia\u201d, enfatiza Otero.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el soci\u00f3logo, un programa estructurado de atenci\u00f3n a salud mental se trata, adem\u00e1s de la atenci\u00f3n psicol\u00f3gica, de implementar estrategias de desarrollo para ampliar la perspectiva de vida que tienen las personas que atraviesan estas situaciones, no solo de d\u00e1divas como un paliativo.<\/p>\n<p>\u201cEl presidente Ortega ha sido uno de los grandes promotores de crear un estado de \u00e1nimo decadente en una sociedad que espera que el Gobierno solucione todo. Dar, sin un plan estructurado para que ellos mismo se proyecten a largo plazo, hace que la gente pierda la iniciativa. No hay que dejarlos sentados esperando a recibir, hay que darles \u00e1nimos y herramientas para que se levanten y avancen por s\u00ed mismos\u201d, apunta Cirilo Otero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1998 el deslave del volc\u00e1n Casita arras\u00f3 dos comunidades enteras. M\u00e1s de dos mil personas quedaron sepultadas en el lodo. Entre los supervivientes hay historias de \u00e9xito y de quienes dicen sobrevivir un d\u00eda a la vez 18 a\u00f1os despu\u00e9s de la tragedia<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":31624,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-31469","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31469","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31469"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31469\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":43915,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31469\/revisions\/43915"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/31624"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31469"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31469"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31469"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}