{"id":31833,"date":"2014-11-09T15:33:52","date_gmt":"2014-11-09T21:33:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=31833"},"modified":"2020-11-10T15:41:48","modified_gmt":"2020-11-10T21:41:48","slug":"el-aluvion-de-1876","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/el-aluvion-de-1876\/","title":{"rendered":"El aluvi\u00f3n de 1876"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">La ma\u00f1ana del 4 de octubre de 1876 un aluvi\u00f3n baj\u00f3 con estruendo de horror y muerte de Las Sierras de Managua y destruy\u00f3 la ciudad. La posibilidad de que ocurra algo igual o peor es una amenaza real, dicen los expertos<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Amalia del Cid<\/strong><\/p>\n<p>Era un personaje extraordinario y absolutamente anacr\u00f3nico. Ten\u00eda ojos oscuros y preguntones y el pelo le ca\u00eda en rizos casta\u00f1os sobre la espalda. Vest\u00eda t\u00fanica morada y sobre el hombro izquierdo cargaba una cruz de madera pintada de verde. Con la cabeza coronada de espinas, espinas reales, entr\u00f3 a Managua la ma\u00f1ana del 14 de agosto de 1876 y se present\u00f3 con el nombre de Zacar\u00edas Esquilach. Entre mil par\u00e1bolas sobre la moral, aquel visitante llevaba una profec\u00eda que para desgracia de los managuas estaba destinada a cumplirse.<\/p>\n<p>Managua era entonces una ciudad de unas diez mil almas, con casas de tejas, adobe y taquezal sobre calles sin empedrar. Reci\u00e9n se superaba el odio a muerte que durante muchos a\u00f1os y por razones desconocidas existi\u00f3 entre los barrios Santo Domingo y San Antonio. Y la ciudad, que apenas llevaba 24 a\u00f1os como capital, en medio de una fiebre cafetalera daba peque\u00f1os saltos hacia la modernidad. A esa Managua lleg\u00f3 Esquilach. Predic\u00f3 en cada esquina, seguido por ni\u00f1os curiosos y reverentes viejos, y por la tarde continu\u00f3 su viaje hacia Le\u00f3n, no sin antes agitar su dedo de profeta sobre el destino de los capitalinos. Anunci\u00f3 que \u201cen poco tiempo\u201d los managuas presenciar\u00edan una \u201ccat\u00e1strofe\u201d, cuenta el periodista e historiador Heliodoro Cuadra en su libro <em>Historia de la Leal Villa de Santiago de Managua<\/em>, publicado en 1939. La predicci\u00f3n no inclu\u00eda detalles sobre cu\u00e1ndo y c\u00f3mo ocurrir\u00eda el desastre. De todos modos, los capitalinos no tuvieron que esperar mucho para averiguarlo.<\/p>\n<p>Menos de dos meses m\u00e1s tarde, la ma\u00f1ana del 4 de octubre, despu\u00e9s de una noche de lluvia torrencial, un aluvi\u00f3n baj\u00f3 de Las Sierras, por el suroeste de Managua, y arras\u00f3 con todo en un recorrido de unos 10 kil\u00f3metros hasta el lago Xolotl\u00e1n. Las corrientes arrancaron \u00e1rboles y arrastraron casas y cad\u00e1veres. Socavaron la tierra e inundaron calles, avenidas, iglesias y el camposanto. \u201cEspantoso\u201d, dijo el historiador Gratus Halftermeyer. \u201cUn horror indescriptible\u201d, escribi\u00f3 Heliodoro Cuadra. \u201cLa naturaleza cansada de darnos la alerta, nos fustig\u00f3 despiadadamente\u201d, se analiz\u00f3 en el Diario de la Capital quince a\u00f1os m\u00e1s tarde, en mayo de 1891.<\/p>\n<p>Los cronistas de la \u00e9poca no dejaron mucha informaci\u00f3n sobre el desastre. Se sabe que centenares de personas murieron, pero no existe un recuento exacto de las v\u00edctimas. A pesar de ello, este es el m\u00e1s recordado de los aluviones que han descendido hasta Managua desde Las Sierras, ese macizo monta\u00f1oso que tiene su punto m\u00e1s alto en la ciudad de El Crucero, 950 metros sobre el nivel del mar, a solo 22 kil\u00f3metros de la capital.<\/p>\n<p>En la embrollada madeja de nuestra historia, el aluvi\u00f3n de 1876 est\u00e1 relacionado con una voraz plaga de chapulines, el boom cafetalero, la llegada del tel\u00e9grafo y la aplicaci\u00f3n de medidas que ahora podr\u00edan parecer descabelladas. Tambi\u00e9n tiene que ver con fen\u00f3menos que todav\u00eda pueden observarse en Managua cada vez que llueve. Son circunstancias que coincidieron en un episodio lleno de tragedia e ingratas casualidades.<\/p>\n<p>Los da\u00f1os causados por el \u201cturbi\u00f3n\u201d fueron tantos y tan graves que la capital fue declarada \u201cen estado de ruina\u201d, la famosa Calle Honda empez\u00f3 a ser conocida como \u201cCalle del Aluvi\u00f3n\u201d y 1876 se convirti\u00f3 para quienes lo vivieron en el \u201cA\u00f1o del Aluvi\u00f3n\u201d. Han pasado 138 a\u00f1os desde entonces, pero la posibilidad de que el fen\u00f3meno se repita, y con creces, es tan real como Las Sierras de Managua.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Treinta a\u00f1os antes de que Zacar\u00edas Esquilach dejara caer su profec\u00eda sobre la ciudad, Managua no era m\u00e1s que una aldea de poca importancia, apenas mencionada por los cronistas y viajeros contempor\u00e1neos. No hab\u00eda \u201cni un solo m\u00e9dico\u201d y los lugare\u00f1os no conoc\u00edan el nombre de las enfermedades, se acostaban \u201capenas oscurec\u00eda\u201d y se levantaban \u201cal primer gallo\u201d; no se casaban en luna nueva y antes de irse a dormir dibujaban una cruz de ceniza en las puertas de sus casas para que el \u201cenemigo\u201d no entrara, describe Gratus Halftermeyer en su libro <em>Managua a trav\u00e9s de la historia (1846-1946)<\/em>. Faltaban seis a\u00f1os para que esta peque\u00f1a aldea fuera nombrada capital de Nicaragua, el 5 de febrero de 1852.<\/p>\n<p>Se convirti\u00f3 en capital \u201csin ning\u00fan esfuerzo de su parte. Solamente para terminar la rivalidad y las luchas entre Le\u00f3n y Granada\u201d, observ\u00f3 Carl Bovallius, cient\u00edfico sueco que visit\u00f3 Nicaragua en 1882. Con el nombramiento se intentaba poner fin a largos a\u00f1os de guerras civiles y de paso establecer una residencia fija para un poder ejecutivo n\u00f3mada que seg\u00fan las circunstancias se trasladaba a Le\u00f3n, Granada, Masaya o Managua. La llamaron \u201cCiudad de la Paz\u201d.<\/p>\n<p>Pero paz es lo que menos ha tenido. Aparte de plagas, epidemias, bombardeos, incendios y guerras, en los a\u00f1os que lleva como capital, Managua ha sufrido dos devastadores terremotos y, s\u00ed, el gran aluvi\u00f3n de 1876. Nadie mir\u00f3 las se\u00f1ales. Hasta la ma\u00f1ana de ese 4 de octubre los capitalinos se hab\u00edan divertido viendo c\u00f3mo las calles de la ciudad de s\u00fabito se llenaban de agua \u201csin que del cielo hubiese ca\u00eddo una sola gota\u201d, relata Tomas E. Cleaclloti en un art\u00edculo publicado en 1891 en el <em>Diario de la Capital<\/em>. Observando hasta qu\u00e9 altura sub\u00eda el agua en las aceras, trataban de adivinar qu\u00e9 tan fuerte hab\u00eda sido el aguacero en Las Sierras, de donde llegaban las corrientes.<\/p>\n<p>Lo mismo hace hoy d\u00eda el ingeniero Roberto Atha en su casa de Villa Fontana. Desde su and\u00e9n ve pasar el agua que baja de la monta\u00f1a aunque en Managua no est\u00e9 lloviendo. Le preocupan el despale indiscriminado y la atolondrada forma de urbanizar que hay en la Cuenca Sur, en Las Sierras, porque menos \u00e1rboles y m\u00e1s asfalto significan mayores escorrent\u00edas e inundaciones.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, ha pasado mucho tiempo desde el aluvi\u00f3n, pero la topograf\u00eda de Managua es la misma desde hace millones de a\u00f1os. Sus suelos se formaron a fuerza de violentas erupciones volc\u00e1nicas, con capas y capas de material pirocl\u00e1stico. Eso quiere decir que Las Sierras est\u00e1n conformadas por \u201cmaterial fracturado, suelto\u201d y \u201ccon tendencia a bajar\u201d, explica el ingeniero Marvin Valle, subdirector de Geolog\u00eda del Instituto de Geolog\u00eda y Geof\u00edsica (IGG-Cigeo) de la UNAN-Managua.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el ge\u00f3logo, la Managua de hoy re\u00fane todas las condiciones de 1876 y a\u00fan algo m\u00e1s, porque en esa \u00e9poca la ciudad no estaba tan poblada ni Las Sierras tan despaladas. Un nuevo aluvi\u00f3n podr\u00eda ser mucho m\u00e1s destructivo, afirma, m\u00e1s incluso que el derrumbe del volc\u00e1n Casita, que en 1998 dej\u00f3 2,800 muertos en Chinandega. \u201cEl Casita multiplicado por mil\u201d, dice el ingeniero Dionisio Marenco, exalcalde de la capital, para dar una idea del desastre que se gesta aguas arriba.<\/p>\n<figure id=\"attachment_32671\" aria-describedby=\"caption-attachment-32671\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/239-Aluvi\u00f3n-Calle-del-Aluvi\u00f3n.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-32671 size-full\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/239-Aluvi\u00f3n-Calle-del-Aluvi\u00f3n.jpg\" alt=\"Esta es la popular \u201cCalle del Aluvi\u00f3n\u201d\" width=\"700\" height=\"522\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/07151323\/239-Aluvi%C3%B3n-Calle-del-Aluvi%C3%B3n.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/07151323\/239-Aluvi%C3%B3n-Calle-del-Aluvi%C3%B3n.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-32671\" class=\"wp-caption-text\">Esta es la popular \u201cCalle del Aluvi\u00f3n\u201d. Hasta antes de la tragedia se le hab\u00eda conocido como \u201cCalle Honda\u201d. La imagen aparece en la Gu\u00eda Ilustrada del Estado de Nicaragua, publicada en octubre de 1898.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cGlorioso San Sebasti\u00e1n, \/ que seas el Capit\u00e1n, \/ que defiendes esta Ciudad. \/ Ya viene la tempestad por nuestras culpas y excesos, \/ derribando \u00e1rboles gruesos \/ y destruyendo Managua \/ para convertirla en agua y quitarle su progreso. \/ Jes\u00fas de la Caridad \/ no permitas Padre m\u00edo, \/ que en este terrible r\u00edo, \/ recibamos la crueldad&#8230;\u201d. Estos son los primeros versos de <em>Plegaria<\/em>, la composici\u00f3n desesperada que el poeta Casimiro Guerrero escribi\u00f3 la tarde del 4 de octubre de 1876, cuando la cat\u00e1strofe ya estaba consumada.<\/p>\n<p>Apenas un d\u00eda antes, la ma\u00f1ana que precedi\u00f3 a la del aluvi\u00f3n, el cielo estaba \u201cdi\u00e1fano y primaveral\u201d y as\u00ed permaneci\u00f3 hasta el mediod\u00eda, cuando por el norte aparecieron nubes grises que anunciaban lluvia. A las tres de la tarde \u201cse desat\u00f3 un furioso hurac\u00e1n que arranc\u00f3 de cuajo algunos \u00e1rboles\u201d y el cielo se cubri\u00f3 de \u201cnegros nubarrones\u201d. Cuando dieron las cinco \u201ccomenz\u00f3 a caer granizo\u201d y las grandes gotas eran como \u201cun l\u00e1tigo sobre la espalda de cada transe\u00fante\u201d. \u201cTodos vimos en el fen\u00f3meno el cordonazo de San Francisco\u201d, relata Heliodoro Cuadra.<\/p>\n<p>Seg\u00fan \u00e9l, en las \u00faltimas horas del 3 de octubre y hasta el amanecer del siguiente d\u00eda, sobre la ciudad estuvo cayendo una \u201clluvia menuda\u201d. Pero Tomas E. Cleaclloti describe una \u201cnoche horrible\u201d, \u201cobscura como ninguna\u201d y \u201ctempestuosa como pocas\u201d en la que no se escuchaba m\u00e1s que \u201cel mugir del viento, el t\u00e9trico ruido de las lluvias torrenciales, y los gritos de algunos infelices a quienes las riadas de lodo dejaban sin hogar\u201d.<\/p>\n<p>Mientras tanto, sobre las monta\u00f1as llov\u00eda torrencialmente y sus habitantes buscaban las zonas m\u00e1s altas para ponerse a salvo. Por la ma\u00f1ana, sin embargo, hab\u00eda cesado el mal tiempo. En la capital \u201clas corrientes de agua apenas eran peque\u00f1os riachuelos, y el vecindario, indolente como siempre, olvid\u00f3 pronto el desasosiego de la noche anterior\u201d, subraya el art\u00edculo de Cleaclloti. \u00c9l se\u00f1ala las 10:00 de la ma\u00f1ana como la hora del aluvi\u00f3n. Cuadra dice que \u201cel turbi\u00f3n de agua\u201d apareci\u00f3 m\u00e1s temprano, \u201ccomo a las 6:30\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El d\u00eda del aluvi\u00f3n el presidente Pedro Joaqu\u00edn Chamorro Alfaro se encontraba en Le\u00f3n \u201ccombatiendo\u201d una plaga de chapulines, a la que se deb\u00eda \u201cahuyentar\u201d de los plant\u00edos.<\/p>\n<p>Hac\u00eda un mes se hab\u00eda inaugurado el tel\u00e9grafo en la capital, en Le\u00f3n llevaba dos semanas en uso y en Chinandega ten\u00eda un d\u00eda de estrenado. Fue a trav\u00e9s de este medio que en el momento de la vor\u00e1gine la noticia se transmiti\u00f3 a occidente, pero el mensaje no lleg\u00f3 completo, porque las corrientes botaron los postes del alambrado. El papel que se ley\u00f3 en Le\u00f3n solo dec\u00eda: \u201cManagua se est\u00e1 per&#8230;\u201d. \u00bfAlguien quiso decir \u201cManagua se est\u00e1 perdiendo\u201d? Es posible, porque eso es lo que estaba pasando.<\/p>\n<p>Hab\u00eda llovido mucho y es probable que el agua se haya acumulado en una hondonada para despu\u00e9s precipitarse ladera abajo, considera el ingeniero Roberto Atha. Eran tiempos de caf\u00e9 y en Las Sierras hab\u00eda m\u00e1s de un centenar de haciendas que produc\u00edan unos 10 mil quintales anuales. Para sembrar cafetos se deb\u00edan talar \u00e1rboles, y eso conduce a otra hip\u00f3tesis: \u201cLa lluvia alta\u201d satur\u00f3 el despalado, fracturado y permeable suelo de origen volc\u00e1nico de alguna zona de las monta\u00f1as y lo desprendi\u00f3. Hacia esta posibilidad se inclina el ingeniero y ge\u00f3logo MarvinValle.<\/p>\n<p>El aluvi\u00f3n baj\u00f3 por el \u201cCamino de Ticomo\u201d, desde el suroeste de la ciudad, con un \u201cruido siniestro\u201d y un intenso hedor a \u201clodo podrido\u201d que causaba n\u00e1useas, \u201cpues era semejante al que despide la asaf\u00e9tida\u201d, narran los historiadores. Entonces comenz\u00f3 el caos y el espanto. En la zona occidental la gente no sab\u00eda a d\u00f3nde dirigirse para salvar la vida. Los managuas corrieron hacia oriente, norte y en direcci\u00f3n a las alturas de la Loma de Tiscapa.<\/p>\n<p>Bayardo Cuadra, historiador, cree que las corrientes pudieron entrar por el sector donde hoy se asientan los barrios Camilo Ortega y San Judas. El aluvi\u00f3n caus\u00f3 grandes da\u00f1os en la Calle Honda, en ese tiempo una importante arteria comercial de la capital. La misma que m\u00e1s tarde fue llamada \u201cCalle del Aluvi\u00f3n\u201d y \u201cPrimera Calle Norte\u201d. Se trata, dice Cuadra, de la que pasa \u201cexactamente detr\u00e1s\u201d del actual edificio de la Canciller\u00eda.<\/p>\n<p>Por esa calle pas\u00f3 una corriente que arrastraba \u201ccentenares de cad\u00e1veres de personas desconocidas\u201d, \u00e1rboles gigantescos, matas de caf\u00e9, cepas de pl\u00e1tano, cabezas de ganado e infinidad de otros animales, casas pajizas y hasta numerosas gallinas vivas posadas en las ramas de los \u00e1rboles. Pero lo \u201cm\u00e1s espectacular\u201d, \u201clo nunca visto\u201d, y aqu\u00ed Heliodoro Cuadra hace una descripci\u00f3n fabulosa, fue una \u201cenorme piedra telpetatosa de forma esf\u00e9rica\u201d que med\u00eda \u201ccomo cinco metros de altura, poco m\u00e1s o menos, y como 12 de circunferencia\u201d.<\/p>\n<p>Esa roca extraordinaria qued\u00f3 varada y fue destruida a \u201cbarretazos\u201d por reos del presidio, bajo las \u00f3rdenes de las autoridades de entonces. Sin embargo, puede que en Managua persistan algunos vestigios de los grandes pe\u00f1ascos arrastrados por el aluvi\u00f3n. Por ejemplo, en el patio del viejo edificio del IBM, cerca de la estatua de Montoyita, hay una piedra oscura, enorme y llena de poros. \u201cLo que yo manejo es que la hallaron cuando empezaban las obras de construcci\u00f3n\u201d, cuenta Juan Jos\u00e9 Lagos, segoviano de 63 a\u00f1os que lleva casi tres d\u00e9cadas trabajando en la vigilancia de la propiedad. Pero Bayardo Cuadra considera que debido a que es una roca \u00fanica y sin cantera en ese lugar, podr\u00eda tener un origen aluvional.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cuando las aguas bajaron se vio el desastre en toda su magnitud y durante muchos d\u00edas se estuvieron pescando los muebles que sobrenadaban en el lago. Managua hab\u00eda quedado casi en total ruina y con el cementerio de San Pedro inundado, los cuerpos de quienes se ahogaron en la corriente o murieron bajo escombros, fueron sepultados en los patios de las casas.<\/p>\n<p>\u201cPor los peri\u00f3dicos se enterar\u00e1 usted de la cat\u00e1strofe que ha sobrevenido a este infortunado pueblo. La relaci\u00f3n que de este acontecimiento se hace es muy p\u00e1lida, en presencia de la realidad: baste decirle que han desaparecido por completo; y que los grandes \u00e1rboles e inmensas piedras que se encuentran en las calles y en los solares son de una magnitud sorprendente y que hay lugares donde la tierra asentada tiene como cuatro varas de espesor&#8230;\u201d, escribi\u00f3 el presidente Pedro Joaqu\u00edn Chamorro Alfaro en una carta dirigida a su amigo el doctor Ad\u00e1n C\u00e1rdenas, quien se encontraba en Rivas, con fecha del 23 de octubre de 1876.<\/p>\n<p>Chamorro Alfaro estaba en Le\u00f3n, pero su familia se encontraba en el Palacio el d\u00eda del aluvi\u00f3n. Desde ah\u00ed, las mujeres de la casa vieron pasar \u201ccon el lodo hasta el pecho\u201d a varias familias vecinas que \u201cno se sabe c\u00f3mo se pudieron salvar\u201d.<\/p>\n<p>Y en una de esas iron\u00edas de la historia, una hora despu\u00e9s de que cesaron las corrientes, los chapulines que el presidente combat\u00eda en Le\u00f3n llegaron a Managua y se comieron el follaje de los \u00e1rboles que hab\u00edan sobrevivido. \u201cLos managuas vimos pasar por nuestro cielo una enorme manga de chapulines que de occidente ven\u00eda a oriente\u201d, relata Heliodoro Cuadra. Y, agradecido, agrega: \u201cPor dicha no lleg\u00f3 a Las Sierras, pues el hambre no se hubiera hecho esperar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En los d\u00edas posteriores se aplicaron curiosas medidas. La municipalidad de Managua declar\u00f3 a la ciudad en \u201cestado de ruina\u201d y estableci\u00f3 que todos los habitantes desde 16 hasta 50 a\u00f1os de edad que no hab\u00edan sufrido p\u00e9rdidas estaban obligados a contribuir con 80 centavos para el saneamiento de la capital.<\/p>\n<p>Para evitar el saqueo, entr\u00f3 en rigor la ley del 10 de septiembre de 1851, en la que se establec\u00eda \u201cla pena de palos\u201d para los ladrones sorprendidos <em>in fraganti<\/em>. Muchos fueron castigados en la plaza p\u00fablica y \u201ccon esta b\u00e1rbara pero necesaria medida\u201d cesaron los robos que diariamente se comet\u00edan.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n de estas fechas data la preocupaci\u00f3n por \u201cproteger Managua de las inundaciones que desbordan los cauces que la atraviesan de sur a norte\u201d, dice Marcia Tra\u00f1a Galeano, en su libro <em>Apuntes sobre la historia de Managua<\/em>. Sucedi\u00f3 que despu\u00e9s del aluvi\u00f3n, en las primeras semanas de enero de 1877, el gobierno de Chamorro Alfaro mand\u00f3 a cavar un cauce \u201cde 10 varas de ancho y como doce metros de profundidad\u201d en la parte occidental de Managua. Los presos de la penitenciar\u00eda de Le\u00f3n se encargaron de la tarea.<\/p>\n<p>Actualmente existen muchos m\u00e1s cauces, por los que corren las aguas lodosas que vienen desde Las Sierras. Y hay algunas obras de mitigaci\u00f3n en las partes altas de Managua. Pero son insuficientes y muchas hay que volverlas a hacer, dicen los especialistas. Adem\u00e1s, est\u00e1 el despale. \u201cUn cerro est\u00e1 tranquilo hasta que se le comienza a poner peso (con construcciones) o a quitarle su vegetaci\u00f3n\u201d, afirma Marvin Valle, ingeniero y ge\u00f3logo.<\/p>\n<p>No es que un aluvi\u00f3n vaya a borrar a Managua del mapa, pues el territorio de Las Sierras es como un gran pastel que se desprende por porciones. No obstante, seg\u00fan Valle, un fen\u00f3meno de estos puede abarcar hasta 10 cuadras de ancho, en un \u201cc\u00e1lculo conservador\u201d. No hay estudios cartogr\u00e1ficos que permitan prever cu\u00e1l zona de Las Sierras va a deslizarse, \u201cno sabemos cu\u00e1ndo y d\u00f3nde\u201d, dice el experto, \u201cpero de que se mueve, se mueve y de que se va a mover, seguro\u201d.<\/p>\n<p>Como \u00e9l, hay muchos Zacar\u00edas Esquilach modernos que se\u00f1alan hacia las alturas, anunciando a tiempo que Managua presenciar\u00e1 otra cat\u00e1strofe. \u00bfQui\u00e9n los escuchar\u00e1?<\/p>\n<h4>Sismos y aluviones<\/h4>\n<p>Debido a que Managua est\u00e1 formada por suelos sueltos, de origen volc\u00e1nico, su alta sismicidad es un riesgo, ya que puede desencadenar aluviones en Las Sierras o dentro de la ciudad, se\u00f1alan los expertos.<\/p>\n<p>\u201cLa tierra tiembla todos los d\u00edas, no lo sentimos, pero se va debilitando la cohesi\u00f3n de la roca poquito a poquito. Entre m\u00e1s fricci\u00f3n hay, m\u00e1s se debilita. Donde hay ladera est\u00e1 la mayor peligrosidad, porque lo que est\u00e1 arriba tiende a caer. Managua es un hoyo y no hemos sabido distribuirnos en la ciudad\u201d, explica el ingeniero y ge\u00f3logo Marvin Valle.<\/p>\n<h4>\u00a0Otros casos<\/h4>\n<p>Octubre de 1730. \u201cUn torrencial aguacero que parec\u00eda que no terminar\u00eda nunca empez\u00f3 a caer la medianoche del 14 sobre Managua. Al amanecer del 15 un gigantesco aluvi\u00f3n se desbord\u00f3, incontenible, y no ces\u00f3 hasta entrada la noche. La lluvia continu\u00f3 y al amanecer del 16, un nuevo aluvi\u00f3n, m\u00e1s fuerte que el anterior, se precipit\u00f3 impetuoso arrastrando cuanto hallaba a su paso y amenazando con hacer desaparecer la ciudad. Para los vecinos hab\u00eda llegado el juicio final\u201d, escribi\u00f3 el periodista Ignacio Briones Torres, citado por Marcia Tra\u00f1a en \u201cApuntes sobre la historia de Managua\u201d. \u201cFueron terribles aquellas inundaciones que conmovieron a todos los habitantes de la aldea. Tanto era el p\u00e1nico que cuando se acercaban esas fechas nadie dorm\u00eda, por la creencia de que pod\u00edan repetirse los turbiones\u201d, narra Heliodoro Cuadra en el libro <em>Historia de la Leal Villa de Santiago de Managua<\/em>.<\/p>\n<p>1923. Un aluvi\u00f3n destruy\u00f3 la l\u00ednea f\u00e9rrea entre Asososca y Los Brasiles, escribi\u00f3 Alberto Vogl Baldiz\u00f3n en el documento <em>El Lago Xolotl\u00e1n<\/em>, que se encuentra en el Centro de Documentaci\u00f3n de la Alcald\u00eda de Managua.<\/p>\n<p>Entre 1999 y 2007. Ocurrieron 33 movimientos de ladera en el \u00e1rea de Managua, 14 fueron desencadenados por lluvias intensas, seg\u00fan un estudio del Sistema de Informaci\u00f3n Geol\u00f3gica. Ninguno dej\u00f3 v\u00edctimas.<\/p>\n<p>20 de agosto de 2010. Por la noche, durante un aguacero, un alud de tierra sepult\u00f3 a una familia en el barrio William Galeano. Tres personas fallecieron.<\/p>\n<p>16 de octubre de 2014. Tras una fuerte lluvia, tres viviendas de un asentamiento fueron sepultadas al derrumbarse el muro perimetral de un residencial cerca del barrio 18 de Mayo. Murieron nueve personas.<\/p>\n<h4>Riesgo en la capital<\/h4>\n<p>Cuando Dionisio Marenco, exalcalde de Managua, dice que un nuevo aluvi\u00f3n ser\u00eda el \u201cCasita multiplicado por mil\u201d se refiere a \u201cunas 5,000 v\u00edctimas\u201d. Esto es solo una estimaci\u00f3n, porque lo cierto es que no hay estudios cartogr\u00e1ficos que permitan prever con precisi\u00f3n la magnitud del pr\u00f3ximo desastre.<\/p>\n<p>En un \u201cc\u00e1lculo conservador\u201d puede estimarse que el aluvi\u00f3n alcanzar\u00eda de cinco a 10 cuadras de ancho y que ser\u00eda una cat\u00e1strofe en las zonas m\u00e1s cercanas a los cerros, se\u00f1ala Marvin Valle, ingeniero y ge\u00f3logo.<\/p>\n<p>La capacidad de alcance de las corrientes, cargadas de piedras y lodo, depender\u00e1 de la cantidad de material que se mueva y de la pendiente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ma\u00f1ana del 4 de octubre de 1876 un aluvi\u00f3n baj\u00f3 con estruendo de horror y muerte de Las Sierras de Managua y destruy\u00f3 la ciudad. La posibilidad de que ocurra algo igual o peor es una amenaza real, dicen los expertos<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":32672,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[124],"class_list":["post-31833","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes","tag-managua"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31833","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31833"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31833\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52756,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31833\/revisions\/52756"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/32672"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31833"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31833"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31833"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}