{"id":33509,"date":"2017-02-12T10:00:02","date_gmt":"2017-02-12T16:00:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=33509"},"modified":"2017-02-12T10:00:02","modified_gmt":"2017-02-12T16:00:02","slug":"33509","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/columnas\/33509\/","title":{"rendered":"Juan Rulfo y las voces de los muertos"},"content":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o se cumple el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, el escritor mexicano t\u00edmido y hura\u00f1o, refugiado no pocas veces en el alcoholismo, quien solo escribi\u00f3 en su vida una novela bastante breve en p\u00e1ginas, Pedro P\u00e1ramo, y un libro de pocos cuentos, El llano en llamas, pero que fueron suficientes para cambiar abruptamente el paisaje de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX y convertirlo en un cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>Juan Nepomuceno Carlos P\u00e9rez Rulfo Vizca\u00edno naci\u00f3 en Sayula, un pueblo rural del estado de Jalisco, y como se acostumbraba entonces igual en M\u00e9xico que en Nicaragua, su nombre obedece al santoral del calendario. Nunca dej\u00f3 de tener Rulfo esa fascinaci\u00f3n por los nombres del pasado, y los de los personajes que figuran en Pedro P\u00e1ramo los busc\u00f3 en las l\u00e1pidas de los viejos cementerios: Susana San Juan, Fulgor Sedano, Juan Preciado.<\/p>\n<p>Pueblos abandonados, como cementerios, barridos por las tolvaneras del p\u00e1ramo bajo el sol de fulgores calcinantes, miseria y abandono, casas derruidas, puertas clausuradas. Estos paisajes que est\u00e1n en su escritura podemos verlos tambi\u00e9n en sus fotograf\u00edas, porque fue tambi\u00e9n un espl\u00e9ndido fot\u00f3grafo que conoci\u00f3 la geograf\u00eda de su pa\u00eds de la mejor manera que puede imaginarse, como agente ambulante de las llantas Good Year.<\/p>\n<p>A veces cuesta imaginar a los escritores ejerciendo oficios ajenos a la literatura, pero Rulfo fue empleado de las dependencias de Migraci\u00f3n y Extranjer\u00eda, y por muchos a\u00f1os del Instituto Nacional Indigenista. Pero los mundos imaginarios nacen en cualquier parte, como los de Kafka en la oficina de una compa\u00f1\u00eda de seguros de vida en Praga, o los del poeta T.S. Elliot funcionario de un banco en Londres.<\/p>\n<p>Si Rulfo buscaba los nombres de sus personajes en las l\u00e1pidas de los cementerios, la magia de Pedro P\u00e1ramo es que todos los personajes de la novela cuentan sus vidas desde sus tumbas, habl\u00e1ndose unos a otros, recordando sus amores, sus desgracias, y sus rencores. Pedro P\u00e1ramo, el gamonal de la hacienda La Media Luna, no fue m\u00e1s que \u201cun rencor viviente\u201d.<\/p>\n<p>Cuando un libro penetra de manera profunda en la mente de un lector que busca las claves de la escritura, y vuelve a ese libro en busca de m\u00e1s claves, aprende a repetir de memoria p\u00e1rrafos enteros, sobre todo el p\u00e1rrafo inicial. Es lo que me ha ocurrido con novelas como Pedro P\u00e1ramo o Moby Dick de Herman Melville, o Historia de dos ciudades de Dickens.<\/p>\n<p>Para m\u00ed ser\u00e1 siempre inolvidable la entrada de Juan Preciado al pueblo olvidado y abandonado de Comala, acompa\u00f1ado de un arriero que es su hermano y ninguno de los dos lo sabe, porque Pedro P\u00e1ramo fue en vida pr\u00f3digo en hijos, como todo hacendado patriarcal. Y tambi\u00e9n ambos est\u00e1n muertos y no lo saben. Todo est\u00e1 muerto en Comala. Solo quedan vivos los recuerdos que arrastra el viento ardiente. \u201cEra ese tiempo de la can\u00edcula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de la saponarias\u201d, dice Rulfo.<\/p>\n<p>Y este es el p\u00e1rrafo de entrada que tampoco olvido: \u201cVine a Comala porque me dijeron que ac\u00e1 viv\u00eda mi padre, un tal Pedro P\u00e1ramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le promet\u00ed que vendr\u00eda a verlo en cuanto ella muriera. Le apret\u00e9 sus manos en se\u00f1al de que lo har\u00eda, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Pedro P\u00e1ramo la literatura vern\u00e1cula que se escribi\u00f3 en la primera mitad del siglo XX, t\u00edmida y esquiva con las palabras que nac\u00edan del lenguaje popular, qued\u00f3 clausurada para siempre. Rulfo invent\u00f3 un nuevo lenguaje que ven\u00eda del universo popular. Escribi\u00f3 desde abajo, metido entre sus personajes, no desde arriba, desde la c\u00e1tedra o desde la tiesura acad\u00e9mica.<\/p>\n<p>Llev\u00f3 adelante una revoluci\u00f3n literaria con dos breves libros que nacieron del silencio. Porque reservado, t\u00edmido y de pocas palabras, rompi\u00f3 su silencio para darnos su visi\u00f3n de su mundo imperecedero.<br \/>\nMasatepe, enero 2017<br \/>\nwww.sergioramirez.com<br \/>\nwww.facebook.com\/escritorsergioramirez<br \/>\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/sergioramirezm?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by sergioramirezm<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o se cumple el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, el escritor mexicano t\u00edmido y hura\u00f1o, refugiado no pocas veces en el alcoholismo. <\/p>\n","protected":false},"author":12,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-33509","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-columnas"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33509","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33509"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33509\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":33571,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33509\/revisions\/33571"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33509"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33509"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33509"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}