{"id":34177,"date":"2015-02-08T10:24:04","date_gmt":"2015-02-08T16:24:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=34177"},"modified":"2020-11-07T15:57:31","modified_gmt":"2020-11-07T21:57:31","slug":"aquellos-chinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/aquellos-chinos\/","title":{"rendered":"Aquellos chinos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Por tierra o surcando el oc\u00e9ano, los inmigrantes chinos llegaron al Caribe a finales de 1800. Esta es su historia y la de su descendencia. La historia de los chinos que llegaron para quedarse<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Tammy Zoad Mendoza M.<\/strong><\/p>\n<p>No recuerda la fecha exacta, pero fue all\u00e1 por la d\u00e9cada de los 50. Se hab\u00eda rebautizado como \u201cFrancisco\u201d y conserv\u00f3 su apellido Quant. Ten\u00eda 20 a\u00f1os y viaj\u00f3 en barco desde China para llegar a Panam\u00e1, donde estaba su padre. \u201cMi padre lleg\u00f3 a Panam\u00e1 para cavar el canal. Miles de chinos llegaron a trabajar al canal, pero despu\u00e9s buscaron otras tierras para negocios\u201d, relata Quant. Una vez reunidos, padre e hijo subieron por la Costa Caribe hasta llegar a Bluefields, ciudad en la que recalaron despu\u00e9s de un viaje de m\u00e1s de 15 mil kil\u00f3metros para encontrar el hogar que buscaban.<\/p>\n<p>Pero otros compatriotas de Quant llegaron mucho antes, en 1884, coinciden diferentes libros e historiadores. Hubo quienes en la ruta hacia el norte, se quedaron en el Caribe al encontrar acogida y oportunidad de trabajo. Otros viajaron en sentido contrario, provenientes del norte, de California, donde hab\u00edan llegado contagiados por la fiebre del oro o contratados como mano de obra barata para proyectos ferroviarios.<\/p>\n<p>\u201cHubo algunos que llegaron ilegales, embarcados, metidos en barriles. Antes que los agarraran las autoridades, en los barcos los tiraban al agua para que se ahogaran\u201d, cuenta Chico Quant, chino de 85 a\u00f1os, quien 65 a\u00f1os m\u00e1s tarde sigue en la misma esquina de Bluefields. La esquina a la que ahora todos conocen por su nombre. As\u00ed como \u00e9l muchos chinos conquistaron su lugar en la Costa Caribe, aqu\u00ed se convirtieron en un grupo fuerte, productivo, pr\u00f3spero que poco a poco fue regando por el pa\u00eds sus rasgos y costumbres. Una comunidad china nicarag\u00fcense de tres mil miembros, seg\u00fan su asociaci\u00f3n, y m\u00e1s de 70 familias solo en Bluefields.<\/p>\n<p><strong>LEA TAMBI\u00c9N: <a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/reportaje\/pioneros-de-la-fortuna-2\/\">Pioneros de la fortuna<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Del siglo XIX al siglo XXI la comunidad china y su descendencia tiene una larga historia por contar. Desde los relatos de los polizones, hasta los negocios pr\u00f3speros que han construido en el pa\u00eds, pasando por las an\u00e9cdotas de familias que desde la cocina conservan el toque de una cultura milenaria de la que se sienten parte. En un recorrido por Bluefields y su historia, <em>Magazine<\/em> hizo una parada en los rincones chinos que conquistaron aquellos inmigrantes y sus familias.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34179\" aria-describedby=\"caption-attachment-34179\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/196794-3.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-34179 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/196794-3.jpg\" alt=\" La fiesta m\u00e1s grande era el 1 de octubre, d\u00eda de la Rep\u00fablica Popular de China.\" width=\"700\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150123\/196794-3.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150123\/196794-3.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150123\/196794-3.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34179\" class=\"wp-caption-text\">El Club Chino fue fundado por los primeros chinos en Bluefields, aqu\u00ed se reun\u00edan para sus celebraciones. La fiesta m\u00e1s grande era el 1 de octubre, d\u00eda de la Rep\u00fablica Popular de China. Francisco Quant es el primero a la derecha.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Barrio Nueva York, Bluefields. 50 a\u00f1os atr\u00e1s. Las dos puertas de madera se cierran y el hombre flaco avanza con parsimonia al comedor. La mesa est\u00e1 vac\u00eda, pero ninguno de los siete ni\u00f1os se sienta. Todos le hacen una reverencia. El hombre toma asiento. La mujer, de cara redonda, nariz chata y ojos rasgados, termina de colocar la comida en la mesa. Ahora todos pueden sentarse.<\/p>\n<p>En la cabecera, el se\u00f1or canoso y delgado empieza la repartici\u00f3n. Sopas con hojas. Ensaladas. Carnes con vegetales. Arroz blanco. T\u00e9 caliente al final. El hombre se levanta de la mesa, y con la misma parsimonia desanda el camino por donde lleg\u00f3. Todos aguardan hasta que la peque\u00f1a figura, sus pelos chirizos y canosos, y su olor se desvanecen en el pasillo. Las puertas se abren de nuevo de par en par. La tienda de El chino Ad\u00e1n est\u00e1 abierta otra vez.<\/p>\n<p>Leyla Chow Chang estuvo en esa mesa. Tom\u00f3 de esas sopas, aprendi\u00f3 varias recetas de carnes y hasta le ense\u00f1\u00f3 a sus hijas a cocinar ese arroz blanqu\u00edsimo e ins\u00edpido. Ella es la hija mayor de Ad\u00e1n Chow Pong y C\u00e1ndida Chang Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>Sus padres se casaron cuando \u00e9l era un cuarent\u00f3n y ella una quincea\u00f1era. \u201cMi abuelo hab\u00eda llegado de la gran China con su hijo mayor. El hijo se regres\u00f3 y \u00e9l se qued\u00f3 en El Rama, donde conoci\u00f3 a mi abuela, que era ind\u00edgena de la zona. Naci\u00f3 mi madre, luego su hermana. Mi abuela muri\u00f3, mi abuelo envejeci\u00f3, y le pidi\u00f3 a su amigo que se casara con su hija, que se hiciera cargo de ambas hermanas. As\u00ed fue que se casaron\u201d, cuenta Leyla. 48 y 15 a\u00f1os ten\u00edan cada uno. Siete a\u00f1os despu\u00e9s naci\u00f3 Leyla, y, seguidos, sus seis hermanos. Siete del linaje Chow Chang.<\/p>\n<p>Tradici\u00f3n, honor y respeto es lo que se le viene a la mente al hablar de sus antepasados. Pero tambi\u00e9n reflexiona en el detalle de la edad, de la cultura, del idioma. \u201cMi padre solo hablaba chino, entend\u00eda espa\u00f1ol, pero solo nos dec\u00eda algunas frases. \u2018Comel. Ven\u00ed\u2019. Y los rega\u00f1os, eso s\u00ed. No era un hombre expresivo, pero era muy trabajador. Mi mam\u00e1 nos cuenta que le cost\u00f3 quererlo, pero no se arrepiente. Dice que formaron una buena familia, \u00e9l la quer\u00eda a su manera, ella tambi\u00e9n. Todav\u00eda lo llora\u201d, comparte la hija mayor.<\/p>\n<p>Leyla tiene una cara redonda y rellenita, algunas de sus nietas heredaron sus cachetes carnosos, pero se ve la mezcla de otras razas. Hay un morenito de ojos rasgados. Una \u00f1ata de pelo negro y brillante, liso y suave como la seda. Una joven guapa de ojos estirados que se convierten en dos finas l\u00edneas cuando sonr\u00ede, su cara una luna llena. Los varones con cabello de alfiler, bajitos, unos rellenos otros delgados. Todos Chow.<\/p>\n<p>Era una costumbre de los chinos buscarle parejas chinas a sus hijos y traerlos. A ella y a sus hermanas tambi\u00e9n les buscaron parejas. \u201cCuando mi pap\u00e1 me vio se\u00f1orita me llam\u00f3, sac\u00f3 un mont\u00f3n de fotos de chinos y me dijo: \u2018Escogel, escogel. \u00bfCu\u00e1l quelel casal? Yo mando tlael a China\u2019\u201d. Ella se neg\u00f3. Al final aceptaron la decisi\u00f3n de sus hijas, todas casadas con coste\u00f1os. Dos nietas se declaran enamoradas de los rasgos asi\u00e1ticos, son dos adolescentes que se han tomado en serio su linaje y que les gustar\u00eda encontrar un apuesto joven chino.<\/p>\n<p>En la casa de la abuela C\u00e1ndida se re\u00fanen para las celebraciones. Lucen unidos por aquel hilo que tejieron sus antepasados y que parece jalarlos hacia una cultura que sienten tan suya como la vajilla china de la cocina, los abanicos de adorno, los viejos cuadros que el abuelo trajo de \u201cla gran China\u201d, como se refieren al pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u201cNos contaban que muchos chinos huyeron del comunismo, que agarraron lo que ten\u00edan y salieron a buscar paz y fortuna. Aqu\u00ed hab\u00eda un mont\u00f3n de chinos, no s\u00e9 de qu\u00e9 lugares eran, si tambi\u00e9n hu\u00edan o solo se aventuraron. Pero donde fuera que llegaban a trabajar, ahorraban aqu\u00ed o tra\u00edan su capital, al poco tiempo ten\u00edan sus negocios. Ellos son trabajadores y muy buenos en el comercio\u201d, comenta Zarifeth Bola\u00f1os Chow, la segunda de cinco hijas de Leyla Chow Chang.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34180\" aria-describedby=\"caption-attachment-34180\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/196795-4.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-34180 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/196795-4.jpg\" alt=\"Francisco Quant y su tienda\" width=\"700\" height=\"467\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150122\/196795-4.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150122\/196795-4.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150122\/196795-4.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34180\" class=\"wp-caption-text\">Francisco Quant y su tienda son una referencia en el pueblo. La \u00fanica tienda china que sobrevive al final de la calle del comercio.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Punta Fr\u00eda, Bluefields. 131 a\u00f1os atr\u00e1s. Un caminito separa las dos hileras de casas de madera. Al fondo, el mar. Las palmeras bailan y se despeinan al son del viento. El calor, la brisa, la gente que lleva una vida tranquila. Eso fue quiz\u00e1 lo que les gust\u00f3 a los chinos aquellos, eso y la oportunidad de afincarse con tranquilidad a hacer lo que mejor sab\u00edan hacer: negocios. Punta Fr\u00eda fue el primer barrio en ser \u201cconquistado\u201d por los chinos.<\/p>\n<p>\u201cEste es el barrio donde por primera vez los mestizos pod\u00edan venir a vivir en paz y mezcl\u00e1ndose con el resto de la poblaci\u00f3n\u201d, explica Hugo Sujo, de 82 a\u00f1os, descendiente de un chino y una mujer creole, una de las etnias de la zona. Aunque \u00e9l prefiere decir que lleva un poco de todos: rama, miskito, ulwas, gar\u00edfunas, afrodescendientes y hasta de mestizo. Su padre, Carlos Sujo, fue uno de los primeros chinos que pusieron negocios en Cotton Tree, nombre original del barrio. Ah\u00ed conoci\u00f3 a su madre y el resto es historia. Para \u00e9l no fue dif\u00edcil instaurar un negocio con su capital, pero hubo quienes tuvieron que padecer para quedarse.<\/p>\n<p>\u201cDurante el Gobierno de (Jos\u00e9 Santos) Zelaya fue prohibida la llegada de los chinos, hab\u00eda mucho prejuicio con respecto a la raza, pero los chinos siguieron llegando. Por tierra, en barco, hasta dicen que ven\u00edan dentro de barriles que eran arrojados al mar cuando las autoridades interceptaban barcos con inmigrantes\u201d, comenta Sujo, autor del libro <em>Historia Oral de Bluefields<\/em>.<\/p>\n<p><strong>LEA TAMBI\u00c9N: <a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/reportaje\/la-huella-de-los-marines-en-nicaragua\/\">La huella de los marines en Nicaragua<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Luego del movimiento antiesclavista en el siglo XVIII, los capataces que usaban negros para trabajos pesados y sin paga vieron en los chinos una alternativa ante la abolici\u00f3n gradual de la esclavitud. Para algunos era el prototipo perfecto de obreros. Hormiguitas trabajadoras a las que les daban solo migajas para sobrevivir.<\/p>\n<p>Los primeros migrantes chinos eran pobres, algunas veces campesinos que se hab\u00edan quedado sin tierra para cultivar. Eso cre\u00f3 el estereotipo del chino marginal que se convirti\u00f3 en un semiesclavo, con un pago m\u00ednimo por trabajos pesados y largas jornadas laborales. En Chile, en Per\u00fa, en Estados Unidos e incluso Cuba fueron mano de obra barata para proyectos ferroviarios, construcciones y minas a finales de 1800. Fue ah\u00ed donde tambi\u00e9n se les llam\u00f3 \u201cculies\u201d chinos.<\/p>\n<p>A partir de 1950 lleg\u00f3 una ola de chinos emprendedores y, a finales de ese siglo, vinieron chinos inversionistas de China Taiw\u00e1n. En la familia Chow Chang nadie sabe con certeza por d\u00f3nde entraron, ni por qu\u00e9 llegaron, pero lo cierto es que su abuelo es chino y sus or\u00edgenes est\u00e1n all\u00e1, al otro lado del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cChinos han sido desgraciados. Chinos sufrir guerras, guerras con Jap\u00f3n, con Corea, guerras civiles. Mucha muerte, mucha desgracia, pero nos levantamos. Trabajamos, all\u00e1 y donde sea. Chino trabajador\u201d, dice orgulloso Chico Quant y sonr\u00ede con lo que le queda de dentadura. \u00c9l fue uno de los que sali\u00f3 huyendo por la guerra civil y el triunfo del comunismo en China.<\/p>\n<p>Primero la \u201cGuerra del Opio\u201d con el imperio brit\u00e1nico (1839), luego la guerra contra Francia y Gran Breta\u00f1a (1856), despu\u00e9s la guerra chino-japonesa en 1894. El declive de la Dinast\u00eda Ching y la ca\u00edda en desgracia del pueblo ante la falta de tierras para cultivar, la escasez y falta de oportunidades fueron las razones sociopol\u00edticas de las migraciones masivas de chinos a partir de 1850.<\/p>\n<p>Para la \u00e9poca, la sed que provoc\u00f3 la fiebre del oro tambi\u00e9n los hizo migrar, pero algunos de los que pasaron por la ruta del tr\u00e1nsito en Nicaragua se quedaron por la hospitalidad de la gente, la belleza y fertilidad de la zona.<\/p>\n<p>A pesar de que se les prohib\u00eda la entrada al pa\u00eds y el desarrollo de cualquier actividad econ\u00f3mica, lograron colarse con sobornos a los funcionarios p\u00fablicos, quienes al inicio solo les permit\u00edan trabajar en labores del campo. Era com\u00fan verlos por las calles de Bluefields con un palo al hombro, del que pend\u00edan dos baldes que iban rellenando en el camino con el esti\u00e9rcol de caballos y vacas. Era el abono que utilizaban para nutrir la tierra y cosechar las verduras que vend\u00edan en el mismo pueblo. Eran incontenibles, pronto estaban en todos lados, trabajando en lo que fuera, hasta poner sus negocios.<\/p>\n<p>En su libro, Sujo recoge datos y an\u00e9cdotas de la comunidad china, como aquella en la que los blufile\u00f1os llegaban a los negocios chinos pidiendo cualquier cosa absurda que se les ocurriera: \u201cUna lata de lodo americano por favor\u201d. \u201c\u00bfTiene una caja de piedras?\u201d. \u201cDeme una escuadra redonda\u201d. Aquellos chinos iban y ven\u00edan ajetreados con una y otra cosa intentando adivinar lo que el cliente les ped\u00eda. Al verlos desesperados, se carcajeaban. Ven\u00eda la segunda parte de la fiesta. El chinito hecho un diablo rojo empezaba a maldecir y a repetir obscenidades locales. Para ellos era un deleite escucharlos rabiar en su idioma. M\u00e1s carcajadas.<\/p>\n<p>Es la fecha y Francisco Quant no habla bien el espa\u00f1ol. Tiene 85 a\u00f1os, aunque sus amigos lo crean centenario. Es bajo, flaco pero firme, como una vara de bamb\u00fa. P\u00e1lido, con la piel recogida por los a\u00f1os y unos ojitos diminutos, como las ranuras de alcanc\u00edas. Para quienes lo conocen tambi\u00e9n es un poco divertido escucharlo hablar, pero a \u00e9l no le molesta. Se sabe explicar aunque no pueda pronunciar la ere ni la erre. Tiene una memoria privilegiada y relata su historia a trav\u00e9s de las desgracias que desangraron su pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u201cChinos por eso salir espantados con la Revoluci\u00f3n sandinista, para ellos eran tambi\u00e9n comunismo y chinos querer vivir en paz y prosperidad\u201d, advierte Quant. Pero \u00e9l no se fue. Le confiscaron su negocio en la esquina de la calle del comercio. Mientras, \u00e9l se refugi\u00f3 en una peque\u00f1a tienda que qued\u00f3 tambi\u00e9n desmantelada. A inicios de los noventa se le regres\u00f3 su propiedad, pero fue dif\u00edcil volver a la abundancia del pasado. La estructura sigue siendo grande y fuerte, pero en su interior todo es precario, desde los estantes esquel\u00e9ticos forrados de telara\u00f1as, hasta las m\u00e1quinas que envejecen junto a \u00e9l, que siempre est\u00e1 detr\u00e1s de las vitrinas. Es flaco, flaqu\u00edsimo, pero dice que cuida su salud y la de su esposa, que est\u00e1 un poco enferma.<\/p>\n<p>\u201cChico Quant es una reliquia de Bluefields. Este chino tiene como cien a\u00f1os\u201d, bromean los hombres que se toman la esquina de su casa para cambiar d\u00f3lares. La esquina sigue siendo popular por \u00e9l, aunque el negocio ahora florezca afuera y no dentro de su desvencijada tienda donde \u00e9l se marchita. No se piensa ir, aunque est\u00e9 solo con su esposa en una situaci\u00f3n de decadencia. No se va aunque sus hijas los hayan llevado a visitar Estados Unidos y le hayan pedido quedarse. El chino no se va. El chino ya es de Bluefields.<\/p>\n<p>\u201cYo pienso en futuro. Yo quiero invertir otra vez en negocio. Yo gan\u00e9 en tiempos de guerra. Prepar\u00e9 salsas, tallarines, galletas chinas y vender aqu\u00ed. Ahora todo viene de afuera, negocio est\u00e1 malo, pero Bluefields es bueno. A m\u00ed me gusta Bluefields. Buen clima, buena gente, faltan negocios, f\u00e1bricas&#8230;\u201d, dice.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34181\" aria-describedby=\"caption-attachment-34181\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Framcisco-Quan.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-34181 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Framcisco-Quan.jpg\" alt=\"Francisco Quant est\u00e1 esperanzado en revivir su negocio\" width=\"700\" height=\"467\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150121\/Framcisco-Quan.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150121\/Framcisco-Quan.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150121\/Framcisco-Quan.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34181\" class=\"wp-caption-text\">Francisco Quant est\u00e1 esperanzado en revivir su negocio, el proyecto del canal interoce\u00e1nico lo tiene entusiasmado.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Todos tienen algo que decir de los chinos. Todos conocen a alguno o lo conocieron, o son amigos de alguien con ascendencia china, o ellos mismos pertenecen a las familias Sam, Chow, Fong, Lee, Chong, Lai, Cheng, Sujo, Chui, Siu, Mojan&#8230; Y una larga lista que en el 2012 Zarifeth Bola\u00f1os Chow clasific\u00f3 en m\u00e1s de 70 familias, a las que invit\u00f3 a una reuni\u00f3n para retomar los lazos de sus ancestros chinos. Comidas, reliquias, exposici\u00f3n de arte y cultura que removi\u00f3 el fondo ese sentimiento de pertenencia a una cultura que ha quedado dormida.<\/p>\n<p>\u201cUna parte de nosotros se siente china, te identific\u00e1s con algo, as\u00ed como nos identificamos con los creoles, o los ramas o los miskitos. Es parte de vos y es bonito e interesante entrar en contacto con eso. Queremos reavivar el Club Chino, que la comunidad chino-descendiente comparta\u201d, dice Zarifeth Bola\u00f1os Chow.<\/p>\n<p>Ya no existe aquel distinguido Club Chino en el que se reun\u00edan los abuelos con su casta. El Club Chino que cada octubre estallaba en celebraciones de a\u00f1oranza a la patria en la que nacieron y a la que muchos nunca volvieron. Banquetes, regalos, fiesta.<\/p>\n<p>\u201cEra una comunidad muy unida, pero que tambi\u00e9n compart\u00eda con los blufile\u00f1os, eran agradecidos. Para su fiesta de octubre entregaban regalos a todos los ni\u00f1os del pueblo, invitaban a sus amigos y clientes y daban un espect\u00e1culo p\u00fablico de su cultura\u201d, comenta Hugo Sujo.<\/p>\n<p>El cielo estallaba en mil colores con los fuegos artificiales, producto de aquel invento milenario que tambi\u00e9n les pertenece. Un ex\u00f3tico drag\u00f3n con brillos y plumas se paseaba por el lugar y m\u00e1gicamente se tragaba a una dama china que aparec\u00eda luego en otro lugar.<\/p>\n<p>\u201cLos chinos se quedaron aqu\u00ed por la acogida que tuvieron. No siempre fue f\u00e1cil, comenzaron como agricultores, cocineros, artesanos. Llegaron a tener mucho poder econ\u00f3mico en la regi\u00f3n, y aqu\u00ed eran due\u00f1os del noventa por ciento del comercio\u201d, se\u00f1ala Hugo Sujo.<\/p>\n<p>Dos siglos despu\u00e9s de aquella ola de inmigrantes chinos, Nicaragua se prepara para lo que podr\u00eda ser la segunda ola de chinos. La llegada de miles de chinos al pa\u00eds atra\u00eddos por el pol\u00e9mico proyecto del canal interoce\u00e1nico, del cual la empresa china HKND est\u00e1 a cargo, provoca molestias o escepticismo. Pero aqu\u00ed la gente se desentiende del tema, solo Chico Quant se emociona al hablar del canal.<\/p>\n<p>\u201cChino trabajar duro. Chino hacer lo que sea. Nicarag\u00fcense trabajar con chinos, bueno. Nicarag\u00fcense temer trabajar con lluvia, no gustarle sol. Chino siempre trabaja. Que vengan paisanos. \u00a112,500 paisanos! \u00bfImagina? Nicaragua va a desarrollar\u201d, dice Chico Quant y suelta otra de sus carcajadas desdentadas que lo hacen ver como un ni\u00f1o viejo, en su vieja tienda, en la esquina de la calle el Comercio, la famosa calle de los chinos.<\/p>\n<p><strong>\u00a1Prohibida la entrada!<\/strong><\/p>\n<p>El 25 de abril de 1930 el presidente Jos\u00e9 Santos Zelaya aprob\u00f3 la ley propuesta por el intendente general de la Costa Atl\u00e1ntica, Agust\u00edn Duarte. La ley era tajante con los inmigrantes extranjeros.<\/p>\n<p>*Art\u00edculo 5.- Queda asimismo prohibida la entrada al pa\u00eds de los individuos pertenecientes a las razas china, turca, \u00e1rabe, siria, armenia, negra y gitana, cualquiera que sea la nacionalidad que los ampare y los individuos denominados \u201ccoolies\u201d (trabajadores de origen asi\u00e1tico de baja calificaci\u00f3n), aunque no est\u00e9n comprendidos en las disposiciones del art\u00edculo anterior.<\/p>\n<p>*Art\u00edculo 7.- Lo dispuesto en el arto. 5, no comprende a los individuos ya radicados en el pa\u00eds con negocios o establecimientos permanentes y de importancia; o que sean casados con mujer nicarag\u00fcense; o que tengan hijos procreados de matrimonio legal con mujer nicarag\u00fcense.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por tierra o surcando el oc\u00e9ano, los inmigrantes chinos llegaron al Caribe a finales de 1800. Esta es su historia y la de su descendencia. La historia de los chinos que llegaron para quedarse<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":34187,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-34177","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34177","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34177"}],"version-history":[{"count":15,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34177\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52636,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34177\/revisions\/52636"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/34187"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34177"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34177"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34177"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}