{"id":34223,"date":"2015-03-08T11:23:51","date_gmt":"2015-03-08T17:23:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=34223"},"modified":"2019-08-28T11:51:42","modified_gmt":"2019-08-28T17:51:42","slug":"milton-cash-el-muerto-vivo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/perfil\/milton-cash-el-muerto-vivo-2\/","title":{"rendered":"Milton Cash: El muerto vivo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">En Bluefields se habla de un hombre que muri\u00f3 y revivi\u00f3. \u00bfMito, milagro o catalepsia? Milton Cash cuenta su historia<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Tammy Zoad Mendoza M.<\/strong><\/p>\n<p>Nunca fue un negro alt\u00edsimo o corpulento. Era m\u00e1s bien atl\u00e9tico y espigado, pero a sus 21 a\u00f1os aquel vigor de deportista hab\u00eda quedado atr\u00e1s. En una semana su cuerpo se fue encogiendo sobre la cama donde estaba postrado. Era como ver una pel\u00edcula en reversa, una en la que el personaje adulto regresa al escu\u00e1lido cuerpo de un p\u00faber, frente a sus ojos, en su lecho. El desgaste de su rara enfermedad le daba un aspecto cadav\u00e9rico.<\/p>\n<p>Milton Cash Hodgson ten\u00eda en vilo a su familia, hasta que una noche dej\u00f3 de respirar. O eso crey\u00f3 el m\u00e9dico. Despu\u00e9s de haberlo desahuciado, el doctor de la familia solo pasaba para monitorear sus signos vitales hasta que no logr\u00f3 o\u00edr nada. El pecho que con d\u00e9biles silbidos sub\u00eda y bajaba, se detuvo. En la jaula en que se hab\u00eda convertido su t\u00f3rax huesudo no aleteaba nada por dentro. No sent\u00eda el vibrar del torrente sangu\u00edneo. \u201cYa no hay nada que hacer. Ya&#8230;\u201d, les dijo el doctor.<\/p>\n<p>Estall\u00f3 el llanto en la casa de los Cash, en una de las calles de Beholden, el viejo y popular barrio de Bluefields. Un llanto mezclado con voces graves y agudas que tronaban y chillaban reclamando a su pariente, quej\u00e1ndose por la desgracia, pidiendo consuelo a gritos. La noticia de la muerte de Milton se supo pronto en todo el pueblo.<\/p>\n<p>Era 1981. Ni su familia ni \u00e9l recuerdan el d\u00eda exacto. Pero nadie olvida el revuelo que caus\u00f3 el suceso. Uno de los chavalos m\u00e1s populares de aquel entonces, deportista, con una voz potente que estremec\u00eda a las muchachas, hab\u00eda muerto. Sus hermanos hac\u00edan turno para velarlo en cama, mientras sus padres decid\u00edan el d\u00eda y la hora de su entierro. Fue su hermana menor, a fuerza de pu\u00f1o y llanto partido, quien parece haberlo despertado de aquel sopor. Uno, dos, tres golpes en el pecho mientras le gritaba: \u201c\u00a1Despert\u00e1, despert\u00e1, Milton!\u201d Y Milton despert\u00f3, un d\u00eda despu\u00e9s de haber sido declarado muerto. \u201c\u00a1Est\u00e1 vivo!\u201d \u201c\u00a1Milton revivi\u00f3!\u201d \u201c\u00a1Resucit\u00f3!\u201d La gente que invadi\u00f3 la casa para acompa\u00f1ar a la familia sali\u00f3 en estampida por donde lleg\u00f3.<\/p>\n<p>Desde entonces Milton Cash se pasea por las calles de Bluefields y todo el mundo lo saluda, todos lo conocen. Los m\u00e1s viejos sirvieron de consuelo a sus padres, los de su generaci\u00f3n se escandalizaron con su \u201cresurrecci\u00f3n\u201d y los m\u00e1s j\u00f3venes han o\u00eddo de su historia, la historia del \u201cmuerto viviente\u201d, \u201cmuerto vivo\u201d, del \u201cmuerto en vida\u201d, como le dicen a manera de saludo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34240\" aria-describedby=\"caption-attachment-34240\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Bluefields.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-34240 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Bluefields.jpg\" alt=\"En la Calle del Comercio y el Parque Central de Bluefields \" width=\"700\" height=\"416\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150047\/Bluefields.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150047\/Bluefields.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150047\/Bluefields.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34240\" class=\"wp-caption-text\">En la Calle del Comercio y el Parque Central de Bluefields se ve deambular por las ma\u00f1anas a Milton Cash en busca de los viejos amigos.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cPresentaba todas las apariencias comunes de la muerte. El rostro ten\u00eda el habitual contorno contra\u00eddo y sumido. Los labios mostraban la habitual palidez marm\u00f3rea. Los ojos no ten\u00edan brillo. Faltaba el calor. Cesaron las pulsaciones. Durante tres d\u00edas el cuerpo estuvo sin enterrar, y en ese tiempo adquiri\u00f3 una rigidez p\u00e9trea. Resumiendo, se adelant\u00f3 el funeral por el r\u00e1pido avance de lo que se supuso era descomposici\u00f3n\u201d, anot\u00f3 el escritor estadounidense Edgar Allan Poe, en su <em>Prematural Bureal<\/em> (Entierros Prematuros. 1831), uno de sus textos menos conocidos pero tan profundo y visceral como toda su literatura. En este relato recoge, entre otros, el caso de la mujer de Baltimore que despert\u00f3 en la cripta dos d\u00edas despu\u00e9s del entierro. Su cad\u00e1ver fue descubierto tres a\u00f1os despu\u00e9s, a\u00fan vestido con la mortaja blanca rasgada y sujeto a la puerta con el gesto de angustia al no poder escapar de su tumba. Allan Poe no fue el primero, pero s\u00ed uno de los escritores que m\u00e1s se adentr\u00f3 en las escabrosas historias de \u201cmuertos\u201d que vuelven a la vida.<\/p>\n<p>Milton Cash tambi\u00e9n estaba p\u00e1lido y tieso como un palo. Iba a cumplir 24 horas desde que el m\u00e9dico lo declar\u00f3 muerto. Ya ten\u00edan el ata\u00fad en la casa, ya hab\u00edan arreglado un espacio en la b\u00f3veda familiar del cementerio del pueblo, ya estaban los vecinos ayudando a la familia en los preparativos del velorio.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed tenemos la costumbre de que a nuestros muertos los ponemos en hielo, ah\u00ed se mantienen frescos el tiempo que necesitemos esperar, ya sea por los preparativos del velorio o por la llegada de alg\u00fan familiar\u201d, explica Patricia Cash, de 50 a\u00f1os, hermana de Milton. Esa vieja tradici\u00f3n coste\u00f1a lo salv\u00f3 de la inyecci\u00f3n de formaldeh\u00eddo, conocido como formol o formalina, la sustancia qu\u00edmica incolora y de olor tan intenso que taladra la nariz, que se le aplica a los cad\u00e1veres para preservarlos incorruptos cierto tiempo.<\/p>\n<p>Tampoco lo hab\u00edan puesto a congelar. Ten\u00edan el caj\u00f3n para hacerlo y ya hab\u00edan comprado las bolsas de hielo, pero por intuici\u00f3n de su madre y sus hermanas hab\u00edan decidido esperar un poco. Velarlo primero en la privacidad de su cuarto, sobre la cama donde hab\u00eda padecido las \u00faltimas semanas.<\/p>\n<p>Patricia ten\u00eda 16 a\u00f1os cuando vio morir y \u201crevivir\u201d a su hermano. Llor\u00f3 su falsa muerte con la intensidad y el drama propios de la ocasi\u00f3n. Con l\u00e1grimas gordas, con sollozos como descansos y alaridos que anuncian un mar de llanto por venir.<\/p>\n<p>En esas estaban cuando la hermana menor hac\u00eda guardia en el cuarto y, perturbada ante al cuerpo de su hermano, empez\u00f3 a sacudirlo, a gritarle, a pegarle con pu\u00f1o cerrado en el pecho. \u201c\u00a1Depertaaateee!\u201d Plas, plas, plas. Tres golpes en pecho. \u201c\u00a1Miiiltooon!\u201d, la o\u00edan gritar los vecinos. Plas, plas, plas. Sus hermanos la acompa\u00f1aban. Empapados en llanto, entre los gritos y los rostros desencajados, aquel gui\u00f1apo de hombre abri\u00f3 los ojos. \u201cMom, I want a juice\u201d (Ma, quiero jugo), dijo el hombre. Silencio sepulcral. El hombre cerr\u00f3 de nuevo los ojos. Volvieron los gritos y el llanto, pero esta vez de alegr\u00eda. \u201c\u00a1Esta vivo!\u201d, \u201c\u00a1Milton, Milton!\u201d, \u201c\u00a1Revivi\u00f3!\u201d La voz se reg\u00f3 y los vecinos corrieron a sus casas, despavoridos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34243\" aria-describedby=\"caption-attachment-34243\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Milton-Cash-Hodgson.-A-sus-55-a\u00f1os-cuenta-aquel-episodio..jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-34243 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Milton-Cash-Hodgson.-A-sus-55-a\u00f1os-cuenta-aquel-episodio..jpg\" alt=\"Milton Cash Hodgson\" width=\"700\" height=\"1249\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150046\/Milton-Cash-Hodgson.-A-sus-55-a%C3%B1os-cuenta-aquel-episodio..jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150046\/Milton-Cash-Hodgson.-A-sus-55-a%C3%B1os-cuenta-aquel-episodio..jpg 168w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150046\/Milton-Cash-Hodgson.-A-sus-55-a%C3%B1os-cuenta-aquel-episodio..jpg 574w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150046\/Milton-Cash-Hodgson.-A-sus-55-a%C3%B1os-cuenta-aquel-episodio..jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34243\" class=\"wp-caption-text\">Milton Cash Hodgson ten\u00eda 21 a\u00f1os cuando \u201cmuri\u00f3\u201d, 24 horas despu\u00e9s \u201crevivi\u00f3\u201d. A sus 55 a\u00f1os cuenta aquel episodio por el que lo bautizaron como el muerto en vida.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cDe lo \u00faltimo que me acuerdo es de estar en el cuarto platicando con un amigo. Cuando \u00e9l se fue, com\u00ed, me recost\u00e9 y ah\u00ed qued\u00e9\u201d, dice Milton Cash. Ten\u00eda meses en deterioro. Sus m\u00fasculos cada vez m\u00e1s fl\u00e1cidos, sus huesos resaltados, la piel reseca. La inmovilidad, la debilidad de sus gestos, el desgano con el que respiraba ten\u00edan en vilo a su familia.<\/p>\n<p>\u201cNo recuerdo claramente, pero ve\u00eda todo turbio. Yo viajaba en un camino, iba largo, largo, largo y nunca encontraba el final. Me sent\u00e9 y esper\u00e9 un gran rato, de repente me despert\u00e9. Mom, I want a juice (Ma, quiero jugo). Despu\u00e9s me volv\u00ed a quedar\u201d, cuenta Cash, cuyo trance dur\u00f3 unas 24 horas, tras una agon\u00eda de semanas.<\/p>\n<p>\u201cNunca en la historia m\u00e9dica he sabido de un caso de un muerto que reviva, lo que sucede es que hay pacientes que entran en un estado de catalepsia. Es una condici\u00f3n transitoria, una crisis del sistema nervioso en la que los signos vitales decaen a un nivel casi imperceptible\u201d, explica el doctor Silvio Rodr\u00edguez. Un estado al que en ocasiones llegan algunas personas con trastornos neurol\u00f3gicos, un accidente nervioso repentino que inmoviliza el cuerpo y sus sensaciones.<\/p>\n<p>\u201cPuede que ese m\u00e9dico se haya guiado \u00fanicamente por la medici\u00f3n de signos vitales de manera superficial, y que haya confundido un episodio de catalepsia, con la muerte. En algunos casos es necesario hacer an\u00e1lisis especializados para declarar la muerte, los procedimientos y el equipo tecnol\u00f3gico nos permiten dar diagn\u00f3sticos m\u00e1s precisos. Es diferente cuando est\u00e1s en una operaci\u00f3n y el paciente experimenta uno, dos o hasta tres paros card\u00edacos. Ah\u00ed uno aplica t\u00e9cnicas de reanimaci\u00f3n, es en cuesti\u00f3n de segundos y el coraz\u00f3n vuelve a latir. Pero cuando se trata de una muerte no hay vuelta atr\u00e1s\u201d, aclara el m\u00e9dico cirujano.<\/p>\n<p>Pero en el caso de Milton Cash, para sus amigos no hay explicaci\u00f3n m\u00e9dica que valga. \u201cA Milton le dieron una segunda oportunidad. \u00c9l ya estaba muerto y revivi\u00f3, el Se\u00f1or quiso que volviera para hacer las cosas mejor\u201d, dice Joseph Omier, de 51 a\u00f1os, amigo de infancia de Cash. Helen Fenton, de 53 a\u00f1os, dice: \u201cMilton muri\u00f3 y el Se\u00f1or lo despert\u00f3. Aqu\u00ed todos saben la historia de Milton Cash, todos saben que se fue y volvi\u00f3. Por ah\u00ed anda el pobre, ya est\u00e1 bastante enfermo&#8230;\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Tanto en Estados Unidos como en Europa, los casos de entierros prematuros eran el esc\u00e1ndalo social del siglo XVIII, una macabra trampa de la naturaleza, la peor pesadilla hecha realidad. Desde entonces ya se hablaba de la catalepsia, \u201cese extra\u00f1o trastorno que los m\u00e9dicos han decidido llamar catalepsia, a falta de un nombre que mejor lo defina\u201d, se\u00f1ala Edgar Allan Poe en el texto en el que describe con escalofriante precisi\u00f3n la angustia asfixiante de encontrarse sumido en el encierro y la oscuridad absoluta varios metros bajo tierra, aguardando una dolorosa y traum\u00e1tica muerte.<\/p>\n<p>Se trataba de un terror colectivo que se extendi\u00f3 hasta el siglo XIX, pero que hab\u00eda iniciado en 1740 con un libro llamado <em>Morte Incertae Signa<\/em> (Los signos de la muerte incierta), de Jacques B\u00e9nigne Winslow, en el que abordaba la inquietante posibilidad de desconocer las verdaderas se\u00f1ales de la muerte y enterrar a vivos en lugar de muertos. Tal fue el impacto en la sociedad de la \u00e9poca que en Alemania se decret\u00f3 esperar entre 24 y 48 horas despu\u00e9s de decretar la muerte para poder enterrar a alguien. Y as\u00ed empezaron las primeras versiones de velatorios, las largas vigilias a la par del cad\u00e1ver para certificar que en efecto no volver\u00eda a despertar. Hubo incluso \u201chospitales para muertos\u201d, donde los cad\u00e1veres permanec\u00edan por d\u00edas hasta que los signos de descomposici\u00f3n eran evidentes y proced\u00edan a sepultarlos. De campanas enlazadas al exterior desde las tumbas, a ata\u00fades con sensores de movimiento, c\u00e1maras de ox\u00edgeno o aparatos de comunicaci\u00f3n. La posibilidad de ser enterrado vivo est\u00e1 vigente, el miedo tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Tres siglos despu\u00e9s no hay registros del n\u00famero de casos de personas con ataques recurrentes de catalepsia, pero en todo el mundo se han registrado historias como las que Poe plasm\u00f3 en su cuento <em>Premature Burials<\/em>. Nicaragua no es la excepci\u00f3n, y en lugares como Juigalpa o Bluefields se escuchan casos que pasan de boca en boca despertando curiosidad y temor.<\/p>\n<p>Milton Cash es un ejemplo vivo. \u201cYo soy la historia de Milton Cash, aunque ahora no soy ni la mitad de lo que era\u201d, reconoce apesarado el hombre que fue por m\u00e1s de una d\u00e9cada \u201cla voz de oro\u201d en Bluefields, gracias a sus programas radiales que le dieron fama, dinero y uno que otro romance. Pero el atleta de juventud, el locutor conquistador, el hombre que recorri\u00f3 su pueblo de cabo a rabo haciendo perifoneo, est\u00e1 consumi\u00e9ndose de nuevo. Una dermatomiositis y una osteoporosis lo tienen flacucho, debilitado y sin la posibilidad de moverse sin su bast\u00f3n. Por las tardes ve la vida pasar desde su silla de ruedas.<\/p>\n<p>\u201cYo salgo a vaguear por las tardes, me voy al lado del parque, all\u00e1 por el Mini Hotel y regreso caminando de nuevo a Beholden\u201d, cuenta su rutina. Vaguear para \u00e9l es sentarse a ver la vida pasar, a saludar y que lo saluden, y con suerte, encontrarse con los viejos amigos que eran anunciantes en su programa musical Disco Fire y \u00c9xitos del Ayer, en radio Zinica o en clientes del perifoneo diario. Ellos, adem\u00e1s de su familia, son sus benefactores.<\/p>\n<p>Milton se siente mal, lo adolecen su osteoporosis y la dermatomiositis que padece desde la juventud, pero no le teme a la muerte. \u201cTodos vamos para all\u00e1, yo fui y volv\u00ed. No hay nada que temer\u201d.<\/p>\n<h4>Sab\u00eda que&#8230;<\/h4>\n<p>Los primeros principios m\u00e9dicos establec\u00edan la muerte como el momento en que cesan los latidos del coraz\u00f3n y la respiraci\u00f3n, pero el desarrollo de la ciencia y la medicina se estableci\u00f3 que se trata de un proceso, que en determinado momento es irreversible.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u201cmuerte cerebral\u201d usado en la medicina actual se refiere a la suspensi\u00f3n de toda actividad en el sistema neurol\u00f3gico. A\u00fan cuando el coraz\u00f3n y los pulmones dejan de funcionar, es posible mantener con vida a un paciente mediante equipos tecnol\u00f3gicos por un tiempo, aunque el deterioro del cuerpo es inevitable.<\/p>\n<p>Cuando el coraz\u00f3n deja de latir, la sangre deja de circular, se espesa y se coagula. Empieza a acomodarse por el peso de la gravedad en un proceso conocido como livor mortis o lividez pos m\u00f3rtem. Sin circulaci\u00f3n, el cuerpo comienza a perder temperatura y los m\u00fasculos se endurecen, en un proceso conocido como rigor mortis. Suele iniciarse despu\u00e9s de 4 o 6 horas de muerto, primero en los m\u00fasculos m\u00e1s peque\u00f1os como los p\u00e1rpados o la mand\u00edbula y m\u00e1s tarde los m\u00fasculos m\u00e1s grandes como los brazos o las piernas. 36 o 48 horas despu\u00e9s el proceso se completa.<\/p>\n<p>La descomposici\u00f3n se da por el rompimiento de las c\u00e9lulas, que al dejar de recibir ox\u00edgeno secretan enzimas que alimentan hongos y bacterias que proliferan en nuestro organismo. Qu\u00edmicos como la putrescina y cadaverina son los que dan el olor caracter\u00edstico a un cad\u00e1ver, que adem\u00e1s se va hinchando por la producci\u00f3n de gases como el azufre. Bajo tierra, el proceso tarda unas ocho veces m\u00e1s de lo que tardar\u00eda a la intemperie.<\/p>\n<p>FUENTES ENCICLOP\u00c9DICAS M\u00c9DICAS Y BBC CIENCIA.<\/p>\n<h4>Del miedo al terror<\/h4>\n<p>El escritor dan\u00e9s Hans Christian Andersen tem\u00eda tanto que lo enterraran vivo que ten\u00eda una nota escrita a mano en su mesa de noche que dec\u00eda: \u201cSolo parezco muerto\u201d. Por si no despertaba, hab\u00eda dado indicaciones de esperar dos d\u00edas para poder enterrarlo. Muri\u00f3 en 1875. No pudo recuperarse de una ca\u00edda desde su cama.<\/p>\n<p>El famoso mimo y payaso del siglo XIX, Joseph Grimaldi, ten\u00eda el mismo temor, por lo que especific\u00f3 que antes de enterrarlo le ten\u00edan que cortar la cabeza. Su familia le concedi\u00f3 el deseo.<br \/>\nEdgar Allan Poe mezcl\u00f3 en su texto <em>Premature Burial<\/em> (Entierros prematuros) algunas reflexiones personales sobre el terror a los ataques de catalepsia.<\/p>\n<p>\u201cPuede afirmarse, sin vacilar, que ning\u00fan suceso se presta tanto a llevar al colmo de la angustia f\u00edsica y mental como el enterramiento antes de la muerte. La insoportable opresi\u00f3n de los pulmones, las emanaciones sofocantes de la tierra h\u00fameda, la mortaja que se adhiere, el r\u00edgido abrazo de la estrecha morada, la oscuridad de la noche absoluta, el silencio como un mar que abruma, la invisible pero palpable presencia del gusano vencedor; estas cosas, junto con los deseos del aire y de la hierba que crecen arriba, con el recuerdo de los queridos amigos que volar\u00edan a salvarnos si se enteraran de nuestro destino, y la conciencia de que nunca podr\u00e1n saberlo, de que nuestra suerte irremediable es la de los muertos de verdad, estas consideraciones, digo, llevan el coraz\u00f3n a\u00fan palpitante a un grado de espantoso e insoportable horror ante el cual la imaginaci\u00f3n m\u00e1s audaz retrocede. No conocemos nada tan angustioso en la Tierra, no podemos imaginar nada tan horrible en los dominios del m\u00e1s profundo Infierno\u201d, apunta el texto. \u201cLo que voy a contar ahora es mi conocimiento real, mi experiencia efectiva y personal (&#8230;) \u201d. Muri\u00f3 en octubre de 1849.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34245\" aria-describedby=\"caption-attachment-34245\" style=\"width: 257px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Edgar-Allan-Poe1809-1849-escritor-poeta-y-periodista-estadounidense..jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-34245 size-medium\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Edgar-Allan-Poe1809-1849-escritor-poeta-y-periodista-estadounidense.-257x300.jpg\" alt=\"Edgar Allan Poe\" width=\"257\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150045\/Edgar-Allan-Poe1809-1849-escritor-poeta-y-periodista-estadounidense..jpg 257w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150045\/Edgar-Allan-Poe1809-1849-escritor-poeta-y-periodista-estadounidense..jpg 600w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07150045\/Edgar-Allan-Poe1809-1849-escritor-poeta-y-periodista-estadounidense..jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 257px) 100vw, 257px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34245\" class=\"wp-caption-text\">Edgar Allan Poe (1809-1849) escritor, poeta y periodista estadounidense.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Bluefields se habla de un hombre que muri\u00f3 y revivi\u00f3. \u00bfMito, milagro o catalepsia? Milton Cash cuenta su historia<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":37867,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[15,26],"tags":[],"class_list":["post-34223","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-perfil","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34223","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34223"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34223\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":48355,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34223\/revisions\/48355"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/37867"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34223"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34223"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34223"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}