{"id":34400,"date":"2017-05-15T09:27:02","date_gmt":"2017-05-15T15:27:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=34400"},"modified":"2017-05-15T09:28:03","modified_gmt":"2017-05-15T15:28:03","slug":"paraiso-en-extincion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/columnas\/paraiso-en-extincion\/","title":{"rendered":"Para\u00edso en extinci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Las visitas del doctor Jaime Incer, uno de los pocos sabios que en nuestro pa\u00eds han sido, son para m\u00ed todo un regalo espiritual. Conoce Nicaragua como nadie y sufre la devastaci\u00f3n ecol\u00f3gica en carne propia, de la que hace inventarios exhaustivos: r\u00edos que se convierten en cauces polvorientos, lagunas que agonizan con la contaminaci\u00f3n, fuentes de agua potable que se secan porque el manto fre\u00e1tico ya no tiene de d\u00f3nde dar m\u00e1s, selvas que van desapareciendo invadidas por colonos alentados por mafias, todo dicho en un tono de melanc\u00f3lica impotencia.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez ha venido a traerme un ejemplar de su libro Los volcanes de Nicaragua, editado por la Fundaci\u00f3n Uno, y la pl\u00e1tica nos va llevando al volc\u00e1n Masaya y a sus diversos cr\u00e1teres; al fraile aventurero Blas del Castillo, quien en tiempos de la Colonia hizo que lo bajaran por medio de una polea, metido en un canasto, hasta el fondo, donde se agitaba la lava incandescente, para tomar muestras, pues estaba convencido de que aquel magma no era sino oro puro.<\/p>\n<p>Y la historia de los dos ingenieros alemanes, Sch\u00f6nberg y Scharfenber, contratados en 1927 por el Gobierno para que idearan la manera de impedir que los gases del volc\u00e1n siguieran perjudicando a los cafetales de la sierra de Managua. Lo que se les ocurri\u00f3 fue construir un enorme embudo de hierro que montaron dentro del cr\u00e1ter del Santiago, conectado a una tuber\u00eda que deb\u00eda llevar los gases hacia una planta para industrializarlos. Hicieron dinamitar una de las paredes para ajustar el embudo, y entonces sobrevino una cat\u00e1strofe porque el piso se hundi\u00f3 debido a la explosi\u00f3n, arrastrando consigo embudo y tuber\u00edas, en un descomunal descalabro, hacia la boca del infierno.<\/p>\n<p>Aquel volc\u00e1n me concierne, le digo al doctor Incer. En Masatepe, en d\u00edas radiantes, me parec\u00eda tan cercano, con sus relieves tan n\u00edtidos, como si estuviera en el patio de mi propia casa. A medianoche, sol\u00eda escuchar desde mi cama sus retumbos sobrecogedores. Y antes de que mi padre cerrara su tienda, ya el pueblo en reposo, llegaban los cazadores de venados a comprar pilas para sus l\u00e1mparas de cabeza, y tiros 22 para los rifles Winchester, y tomaban entonces rumbo hacia las laderas en busca de sus presas. Masatepe quiere decir en n\u00e1huatl cerro de los venados.<\/p>\n<p>Sol\u00edamos hacer excursiones escolares por sus laderas de arena oscura, hasta alcanzar el cr\u00e1ter apagado del San Pedro, y aquella inmensa colada de lava que se divisaba desde arriba era como vasto paisaje lunar; y junto al volc\u00e1n, la laguna de Masaya, con sus aguas cristalinas, otro volc\u00e1n extinto, que era el balneario de Masatepe.<\/p>\n<p>El presidente Jos\u00e9 Mar\u00eda Moncada hab\u00eda hecho dinamitar la roca para abrir un camino que bajaba hasta la laguna al lado del abismo, y en uno de los promontorios mand\u00f3 colocar una placa en la que se le\u00eda: \u201cLo que vale la voluntad del hombre dirigida hacia el bien\u201d. En la costa erigi\u00f3 un chalet al que puso por nombre \u201cVenecia\u201d, desde donde despach\u00f3 los asuntos de Estado mientras dur\u00f3 la emergencia creada por el terremoto que destruy\u00f3 Managua en 1931.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que baj\u00e9 hacia el balneario hace algunos a\u00f1os, por aquel mismo camino pedregoso, la laguna de mi infancia se hallaba moribunda. Fue convertida en la cloaca de la ciudad de Masaya, al otro lado del cr\u00e1ter, y en vertedero de basura.<\/p>\n<p>Las casas veraniegas eran solo ruinas. Me acerqu\u00e9 a la costa, llena ahora de bre\u00f1ales secos, y el agua donde sol\u00edamos ba\u00f1arnos era ahora una nata espesa; las olas empujaban contra las piedras, entre espumarajos amarillos, toda clase de desechos, latas de refrescos, botellas, pedazos de cajas de cart\u00f3n, zapatos viejos, y los peces muertos flotaban panza arriba.<\/p>\n<p>Otro de los cr\u00edmenes sin castigo contra la naturaleza, que agobian tanto al doctor Incer. Es como si el empe\u00f1o com\u00fan fuera extinguir el para\u00edso. Nuestro para\u00edso.<\/p>\n<p>Masatepe, mayo 2017<br \/>\nwww.sergioramirez.com<br \/>\nwww.facebook.com\/escritorsergioramirez<br \/>\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/sergioramirezm?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by sergioramirezm<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><br \/>\nhttps:\/\/instagram.com\/sergioramirezmercado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es como si el empe\u00f1o com\u00fan fuera extinguir el para\u00edso. 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