{"id":34467,"date":"2015-07-12T10:59:32","date_gmt":"2015-07-12T16:59:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=34467"},"modified":"2018-10-01T16:49:25","modified_gmt":"2018-10-01T16:49:25","slug":"alguien-tiene-que-hacerlo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/alguien-tiene-que-hacerlo-2\/","title":{"rendered":"Alguien tiene que hacerlo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Matar, enterrar un cad\u00e1ver, recoger la basura de otros. Magazine acompa\u00f1\u00f3 a cuatro personajes en su faena diaria. Trabajos curiosos, dif\u00edciles o sucios, pero alguien tiene que hacerlos<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Tammy Zoad Mendoza<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>A TODO CHANCHO LE LLEGA SU D\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p>Algo huele mal. Y no es solamente el esti\u00e9rcol que flota en aguas estancadas, se trata del olor a un mal presentimiento. El cami\u00f3n se detiene y se parquea de retroceso para que su puerta trasera empalme con el port\u00f3n de un pasillo. Un hombre embotado, de jeans y camisola sube y empieza el forcejeo.<\/p>\n<p>Gru\u00f1idos. M\u00e1s gru\u00f1idos. Chillidos. Sale el primer cerdo a empujones. Sale el segundo. Siguen en fila india por el pasillo hasta los corrales donde los esperan otros marranos.<\/p>\n<p>En Procersa, uno de los mataderos autorizados por el Ministerio de Salud (Minsa) y el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) para el acopio y sacrificio del ganado porcino en Managua, hay 30 corrales. Cada uno con capacidad para 35 cerdos. Cuando est\u00e1 lleno esto es un chanchadal.<\/p>\n<p>Ahora huele peor. Ser\u00e1 de miedo o por hartarse tanto, pero los cerdos reci\u00e9n llegados ya empezaron a evacuar. Los que no est\u00e1n comiendo o cagando, se recuestan unos con otros y se mecen hasta quedar echados. Se quedan quietos, cierran los ojitos redondos y oscuros, encogen el rabo como un resorte apretado. Los que antes cagaban ahora comen, los que com\u00edan ahora cagan.<\/p>\n<p>El \u00faltimo viaje de sus vidas los ha tra\u00eddo hasta aqu\u00ed, al kil\u00f3metro 23 Carretera Panamericana, en Tipitapa. Los esperan al menos 20 hombres que no se inmutan en medio la atm\u00f3sfera cargada de meados y caca. Los obreros que se encargan de lavar los corrales reciben a los cerdos, les dan agua y los alimentan hasta en lo que ser\u00eda el pabell\u00f3n de la muerte. Las moscas son sus acompa\u00f1antes hasta el final. No ser\u00eda exagerado decir que hay al menos 50 moscas por cada cerdo. Si hay muchos cerdos, hay much\u00edsimas m\u00e1s moscas. Por eso hay tambi\u00e9n un hombre que se pasea por el lugar con una mochila para fumigar. Mientras \u00e9l avanza como en c\u00e1mara lenta regando veneno con esa suerte de mochila verde, las moscas vuelan hist\u00e9ricas haciendo remolinos que bien envuelven una cabeza. Si las dejaran a sus anchas, los cerdos volar\u00edan cargados por estos molestos insectos.<\/p>\n<p>Un grupo de hombres est\u00e1 tendido en fila sobre una baranda. Botas de hule, jeans, gabachas y gorras. Chateando, conversando, escuchando bachata a todo volumen y riendo. Son los trabajadores de la sala de sacrificio. Para ser las dos de la tarde de un viernes se ven relajados. Ya vendr\u00e1 la hora de trabajar duro. Cuando reciben la orden de empezar la matanza es porque al menos cien chanchos est\u00e1n en la lista de la muerte de ese d\u00eda. Cien. As\u00ed que mientras se completa la tanda, \u00a1que suene otra bachata!<\/p>\n<p>A medida que se llenan los corrales, un par de chavalos va empujando a los primeros cerdos por un galillo. Los cerdos parecen presentir que no van por buen camino. Se detienen. Se plantan, tercos, decididos a no avanzar. Dos jalones de orejas y una palmada en el costado. Siguen la marcha.<\/p>\n<p>Gru\u00f1idos. Gru\u00f1idos fort\u00edsimos. Chillidos. Por un momento parece que todos los cerdos se hubiesen puesto de acuerdo para protestar. Chillan. Chillan. Chillan. Es como esa escena de la pel\u00edcula Hannibal, del ic\u00f3nico psic\u00f3pata, en que Lecter ofrece a una manada de jabal\u00edes hambrientos una de sus v\u00edctimas vivas. Aquellas bestias gru\u00f1en y chillan enloquecidas por comer. Aqu\u00ed parecen pedir un poco de tiempo para comer m\u00e1s. Chillidos.<\/p>\n<p>Pasadas las cuatro de la tarde los hombres que estaban colgados de las barandas empiezan a descolgarse. Se van a buscar sus guantes, sus cascos, sus cuchillos. A las 4:30 de la tarde empiezan de nuevo los gru\u00f1idos. El hedor se agita con los cerdos.<\/p>\n<p>Se abre una compuerta. El primer cerdito avanza a empujones. Se cierra la compuerta. En la sala de sacrificio lo espera Alexander Hern\u00e1ndez, lo ve desde arriba y aguarda a que el puerco se acomode en el rect\u00e1ngulo. \u00a1Pum! Un solo toque y el puerco cae inconsciente. 110 voltios que le entran por la cabeza y le sacuden los pies. En dos segundos est\u00e1 en el suelo. Es Alexander quien lo amarra de las patas traseras y lo cuelga de una polea que avanza en rieles a\u00e9reos. Es \u00e9l mismo quien hace el corte maestro. \u00a1Zas! Un jinc\u00f3n certero que apenas se desliza por el cuello del animal y abre una cascada roja que cae en una tina que se va llenando de sangre. \u00a1Siguienteee!<\/p>\n<p>Un toque, dos toques, tres toques. Tres cerditos. 110 o 120 voltios, dependiendo el tama\u00f1o del animal es la descarga de \u201cel aturdidor\u201d, una especie de bast\u00f3n blanco con una punta a un extremo y un cable por el que pasa corriente que desmaya al animal.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de seis cerdos, Alexander est\u00e1 a chorros de sudor. Jadea. Se escurre las gotas de la frente con el antebrazo. Aqu\u00ed dentro hay mucho vapor y diez personas en un cuarto sin una sola ventana, la puertecita por donde entran los cerdos y el port\u00f3n por donde salen todos. Los cerdos que cuelgan son descargados en una escaldadora, un pileta met\u00e1lica con agua a 155 grados Fahrenheit. Con ayuda de palancas, dos hombres pasan al cerdo a una m\u00e1quina peladora. Tres vueltas y el chancho queda pelado. Otra vez de cabeza, un trabajador se encarga de amarrar y cortar el recto del animal. A\u00fan muertos pueden seguir evacuando.<\/p>\n<p>Es hora de eviscerar. Abrir el pecho de un solo tajo, meter un brazo y con el otro deslizar una cuchilla por el interior. Las v\u00edsceras se desprenden de un gajo y el tipo que es un profesional las toma y las tira en una tina. Ahora toca pelar lo que queda y decapitar. Patas, lomo, limpiar bien el cuerpo. \u00a1Zas! Adi\u00f3s cabeza. Todas terminan ensartadas en dos barras donde inspectores del Minsa y el Marena se cercioran que el animal est\u00e1 sano y que su carne es apta para consumo. Mientras, el cuerpo avanza colgado hasta el port\u00f3n de salida donde lo espera su due\u00f1o.<\/p>\n<p>Alexander sigue abriendo y cerrando la compuerta. Sigue aturdiendo a los cerdos, colg\u00e1ndolos, degoll\u00e1ndolos. \u201cEs un trabajo normal. Trato de hacerlo r\u00e1pido\u201d, dice y sigue en su faena. No le gusta hablar. Dice que no hay mucho que decir de su trabajo. \u201c\u00a1Siguienteee!\u201d<\/p>\n<p>El cobro por matar a un cerdo aqu\u00ed son 100 c\u00f3rdobas, la matanza es de unos 100 animales diario. La faena puede terminar a las ocho de la noche y a partir de esa hora los cerdos salen por partes. Se va el cuerpo, otros llegan a comprar cabezas a 120 o 240 c\u00f3rdobas y un balde de sangre puede costar 20 pesos. Las v\u00edsceras las venden para abono. Del cerdo nada se desperdicia, todo se come.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34470\" aria-describedby=\"caption-attachment-34470\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Procersa-matadero..jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-34470 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Procersa-matadero..jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"899\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145842\/Procersa-matadero..jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145842\/Procersa-matadero..jpg 234w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145842\/Procersa-matadero..jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34470\" class=\"wp-caption-text\">Diez hombres trabajan en el cuarto de sacrificio y otros diez se encargan del mantenimiento de los cerdos en los corrales. Procersa es un matadero autorizado por el Minsa y Magfor para el acopio y sacrificio del ganado porcino en Managua.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>TRABAJO SUCIO<\/strong><\/p>\n<p>La campana suena tres veces y la gente sale de sus casas. Daniel Quintanilla es quien la hace sonar y el que saluda desde arriba, sonriendo y estirando su bigote, lleva puestas sus gafas oscuras estilo aviador. Saluda agitando la mano como un maraj\u00e1 desde su elefante. Si fuera el caso, este ser\u00eda un elefante blanco, con pintas de colores, un elefante de metal.<\/p>\n<p>Daniel es el conductor de un tren de aseo desde hace doce a\u00f1os.<\/p>\n<p>Domingo Garc\u00eda, su compa\u00f1ero, lleva quince de sus 36 a\u00f1os como operario en un cami\u00f3n recolector de basura. Moreno, bajito y redondo. Chirizo, de bigote ralo, manos \u00e1speras y curtidas por el trabajo. Domingo descansa s\u00f3lo el d\u00eda que lleva su nombre. El resto de la semana se levanta a las tres de la madrugada, se ba\u00f1a, se alista y desayuna. A las cuatro y media sale de su casa en Ciudad Sandino en busca del primer bus que lo lleve al Plantel Los Cocos, en San Judas. Si no hay inconvenientes mec\u00e1nicos y la cuadrilla est\u00e1 lista, a las seis de la ma\u00f1ana salen en el cami\u00f3n blanco a la zona que toca seg\u00fan el d\u00eda. Los lunes el trabajo empieza al este de la capital, en las Am\u00e9ricas 3. Los martes van hacia el oeste, a Batahola. Todas las semanas hacen un recorrido en cruz por la capital. Del norte al sur, del este al oeste. 15 a\u00f1os recogiendo los desperdicios de unos y de otros.<\/p>\n<p>La campana suena tres veces m\u00e1s. El cami\u00f3n entra r\u00e1pido y sale lento por los callejones. Los cuatro hombres de gabachas celestes y jeans ra\u00eddos cuelgan de la parte trasera, luego se tiran del cami\u00f3n como \u00e1giles gatos y empiezan a cargar los recipientes de basura. No usan guantes, dicen que les estorban. Las gafas y m\u00e1scaras de seguridad tampoco se las ponen, se sofocan. Van agarrando y acomodando la basura a mano pelada. Desde la cabina, Daniel opera la m\u00e1quina. La fiera de metal abre y cierra sus fauces para engullir comida descompuesta, un zapato viejo, fotos, los restos de todo lo que ya nadie quiere. Daniel toca otra vez la campana y los ni\u00f1os se asoman euf\u00f3ricos a saludarlo desde los portales. \u00c9l siempre devuelve el saludo y sigue tocando la campa\u00f1a.<\/p>\n<p>El olor es fuerte. Es como si licuara comida fermentada, frutas podridas y papel higi\u00e9nico usado con un poco de agua. Una mezcla \u00e1cida, pero es m\u00e1s \u00e1cido y penetrante el vaho que sale del cami\u00f3n a mediod\u00eda en punto, cuando va cargado de desperdicios y el sol los cocina al vapor. Durante el invierno la cosa no mejora. La cantidad de agua y la humedad provocan la descomposici\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida. Lo peor es cuando la gente empaca y esconde cad\u00e1veres de animales peque\u00f1os. Hediondez sobre ruedas.<\/p>\n<p>\u201cNo es que uno no sienta el mal olor, pero lo vas tolerando. Siempre hiede, nunca lo vas a sentir como un olor agradable, pero aprend\u00e9s a trabajar con eso\u201d, comenta Domingo Garc\u00eda, colgado desde el cami\u00f3n. Dice que la nariz no es la que m\u00e1s sufre en este trabajo, son los pulmones y los brazos, \u201cse resienten\u201d. \u201cHe visto como salen compa\u00f1eros con enfermedades respiratorias, con problemas en sus m\u00fasculos. Uno se cansa y con los a\u00f1os el cuerpo ya no es el mismo. De tanto recibir contaminaci\u00f3n te vas da\u00f1ando por dentro\u201d, asegura.<\/p>\n<p>M\u00e1s que el hedor, a Domingo le afecta el peso de algunos bultos que le toca cargar. Bolsas, sacos, baldes con tierra, piedras o qui\u00e9n sabe qu\u00e9 cosas que pesan tanto como un muerto. Sin percatarse de qu\u00e9 hay dentro, sujeta los recipientes con ambas manos y los alza de un impulso. Heridas con vidrios o metales, dolores en los brazos e inflamaci\u00f3n son algunas de las cosas que aquejan a Domingo. Eso y las alergias que le dan en invierno cuando accidentalmente los jugos podridos que acumula el cami\u00f3n lo salpican. Picaz\u00f3n, enrojecimientos, ronchas. Va de reposo con tratamientos hasta que se recupera.<\/p>\n<p>Para evitar o detectar enfermedades a tiempo, cada seis meses los trabajadores se someten a un chequeo m\u00e9dico integral, los vacunan y les dan tratamiento seg\u00fan el caso. Un compa\u00f1ero del \u00e1rea de lavado perdi\u00f3 un ojo a causa de una infecci\u00f3n por agua sucia. Muchos de los males los padecen cuando se van. Hernias, artritis, infecciones, ataques de bacterias. Por eso su familia, una esposa y cuatro hijos, est\u00e1n deseando el d\u00eda que pueda renunciar para poner un negocio. Pero \u00e9l quiere completar sus cotizaciones para tener asegurada su jubilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los cuatro operarios van otra vez colgados dos a cada lado del cami\u00f3n, unos recogen los sacos de la derecha y otros los de la izquierda. Recogen, vac\u00edan en el cami\u00f3n y con rapidez y destreza seleccionan pl\u00e1stico, vidrio y metales y los depositan en los sacos que cuelgan en los costados del cami\u00f3n. Entrar y salir. Cargar y vaciar. Seleccionar y seleccionar. Desde las seis y media de la ma\u00f1ana hasta pasado el mediod\u00eda recorren hasta tres barrios.<\/p>\n<p>La gente reconoce la campana y deja los sacos erguidos en el borde de la calle, otros se desparraman como cansados de esperar. Cuando los indigentes abren las bolsas buscando qu\u00e9 comer, o los recolectores independientes revuelven todo en busca de material reciclable, o los perros rompen las bolsas en busca de los restos que olfatearon, a ellos les toca recoger el reguero. Pero la gente siempre se molesta si quedan residuos en la calle o cuando el cami\u00f3n, por un asunto mec\u00e1nico, exprime la basura y deja un charco o un rastro de agua sucia y maloliente a su paso.<\/p>\n<p>De tanto saltar del cami\u00f3n, correr, cargar, vaciar, seleccionar, guardar y volver a colgarse del cami\u00f3n el cuerpo se cansa. Hacen pausas cortas para tomar agua. A mediod\u00eda el hambre aprieta. Si todav\u00eda queda mucho trabajo, se detienen en una sombra, sacan sus ali\u00f1os de comida y se sientan un ratito para comer y recuperar fuerzas. A veces la gente les regala agua helada o algo para merendar. Ellos lo agradecen.<\/p>\n<p>La campana vuelve a sonar. Domingo agarra lo sacos con destreza, los tira, se vac\u00edan, los avienta y flotan hasta caer una o dos casas adelante. Agarra otro, y otro, y as\u00ed. Hace rato se quit\u00f3 la gabacha porque hace mucho calor, sobre el pantal\u00f3n se puso un delantal oscuro para ensuciarse menos. La gorra evita que se queme la cara, pero la lleva empapada de sudor. Al final de la jornada ese uniforme queda en el \u00e1rea de lavado. Ellos se untan de pie a cabeza con un l\u00edquido desinfectante, una mezcla de jab\u00f3n y gel que los deja tan limpios como llegaron. \u00c9l se viste con su ropa la ma\u00f1ana y vuelve a Ciudad Sandino, all\u00e1 lo esperan su esposa y sus cuatro hijos.<\/p>\n<p>Son 65 camiones recolectores de basura que conforman la flota de la Alcald\u00eda de Managua para realizar esta tarea. Domingo Garc\u00eda tiene 15 a\u00f1os como operario en estos camiones y gana alrededor de cinco mil c\u00f3rdobas mensuales por este trabajo, y lo complementa con las ganancias repartidas de la venta de material seleccionado para reciclaje.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34469\" aria-describedby=\"caption-attachment-34469\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Daniel-Quintanilla.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-34469 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Daniel-Quintanilla.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"418\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145843\/Daniel-Quintanilla.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145843\/Daniel-Quintanilla.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145843\/Daniel-Quintanilla.jpg 500w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145843\/Daniel-Quintanilla.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34469\" class=\"wp-caption-text\">Daniel Quintanilla es el conductor de la cuadrilla 43 de recolecci\u00f3n de basura en la capital.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0\u201cEL CHUCKY\u201d TAMBI\u00c9N LLORA<\/strong><\/p>\n<p>Todos los d\u00edas entran procesiones con gente de negro riguroso o de blanco luto. Tambi\u00e9n desfila toda la paleta de colores propia para despedir a alguien sin llamar la atenci\u00f3n, de crema hasta el gris. Desde lujosos carros f\u00fanebres y cortejos multitudinarios, hasta humildes f\u00e9retros que entran a cuestas de cuatro cristianos, seguidos de unos cuantos deudos que van arrastrando los pasos.<\/p>\n<p>A Francisco Javier Vado L\u00f3pez le ha tocado enterrar conocidos, amigos y parientes. \u201cEl golpe m\u00e1s grande fue hace tres a\u00f1os, cuando muri\u00f3 mi madre. Los muchachos me apoyaron, la enterramos aqu\u00ed mismo\u201d, cuenta Francisco, de 42 a\u00f1os, conocido como \u201cEl Chucky\u201d en el cementerio Oriental, el Perif\u00e9rico. Lleg\u00f3 como ayudante de construcci\u00f3n y se qued\u00f3 20 a\u00f1os. Es de los enterradores con m\u00e1s a\u00f1os de trabajar en esto. Limpia los terrenos, siembra plantas, las riega, limpia l\u00e1pidas. Tambi\u00e9n hace \u201ccordones\u201d, como se les conoce a los bordes de bloques que se levantan alrededor de una tumba y hasta b\u00f3vedas. Entierra y desentierra cad\u00e1veres. Seg\u00fan Marco Valdivia Mart\u00ednez, administrador del cementerio, aqu\u00ed hay aproximadamente 90 mil personas enterradas. Para llegar a esa cifra debi\u00f3 haber al menos cuatro entierros por d\u00eda desde 1959 hasta la fecha.<\/p>\n<p>Francisco es bajito, con la piel tostada por el sol y los brazos gruesos y venosos por el trabajo. Chirizo, bigot\u00f3n y de ojos zarcos. No sabe por qu\u00e9 le pusieron el siniestro mote de \u201cEl Chucky\u201d. Resulta parad\u00f3jico porque a diferencia del mu\u00f1eco pelirrojo que se divert\u00eda asesinando \u00e9l no ha matado ni a un gato, pero se gana la vida enterrando muertos ajenos.<\/p>\n<p>\u201cTodos los d\u00edas hay trabajo, pero no crea que uno se alegra del mal ajeno\u201d, aclara Francisco Vado. Si hay algo que le molesta a Francisco es que lo vean como buitre, como un animal de carro\u00f1a que est\u00e1 todo el tiempo detr\u00e1s del moribundo, rezando para que suelte el \u00faltimo suspiro y le deje hacer su trabajo. \u201cYo no le deseo la muerte a nadie, nunca. La gente se muere porque as\u00ed es la vida\u201d.<\/p>\n<p>Llega desde las ocho de la ma\u00f1ana al cementerio y a su ritmo empieza la ruta por las 16 manzanas que tiene el lugar. El d\u00eda que no lo contratan para cavar una fosa, se dedica a la limpieza y el cuido de 12 tumbas. Cuando hay entierros se dividen 600 pesos entre \u00e9l y \u201cEl Zancudo\u201d, su compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>M\u00e1s de 50 personas trabajan en mantenimiento de las tumbas o como alba\u00f1iles, adem\u00e1s de los contratistas que eligen a qui\u00e9n llamar cuando \u201ccae un muerto\u201d. Hay competencia y la demanda a veces es baja.<\/p>\n<p>Son 16 manzanas divididas en terrazas o bloques. Es una ciudadela de muertos por la que se pasean los vivos. Aqu\u00ed est\u00e1n personajes hist\u00f3ricos como Teresa Villatoro, la guerrillera salvadore\u00f1a que se uni\u00f3 al ej\u00e9rcito del General Augusto C. Sandino y se convirti\u00f3 en su amante, y hasta personajes contempor\u00e1neos como el universitario Evans Ponce, quien fue asesinado en mayo de 2011 por unos delincuentes que quer\u00edan robarle el celular cuando \u00e9l se dirig\u00eda a su universidad. \u201cAqu\u00ed est\u00e1n tambi\u00e9n los primeros m\u00e1rtires de la revoluci\u00f3n, yo enterr\u00e9 varios, todav\u00eda no me hab\u00eda ido al Servicio Militar\u201d, recuerda Vado. \u201cLa gente les dec\u00eda latas de sardina, porque eran cajas met\u00e1licas y ven\u00edan selladas. Dijeron que hab\u00edamos enterrado troncos de chag\u00fcite, pero esas pesaban como todo muerto\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>Deambular entre las tumbas es la parte m\u00e1s f\u00e1cil, lo dif\u00edcil empieza cuando hay que enterrar. Un d\u00eda antes, de preferencia, \u201cEl Chucky\u201d y \u201cEl Zancudo\u201d van hasta el terreno indicado con su carretilla, ah\u00ed va el balde, las palas, la piocha, barra y cuerdas. Limpian y luego empiezan. Bam, bam, bam. A dar golpes para suavizar el terreno y empezar a cavar. Palada tras palada se van hundiendo en la tierra hasta quedar en lo profundo del hueco que han cavado, 1.8 metros. Al d\u00eda siguiente, lo m\u00e1s pesado. Bajar la caja con el difunto en medio del drama de la familia doliente, los amigos que acompa\u00f1an y hasta los curiosos que estorban.<\/p>\n<p>Se les llama camposanto, pero tambi\u00e9n hacen de campos de batalla. El se\u00f1or que ten\u00eda esposa y amante, las viejitas que dejan herencia, el joven que andaba en pandillas, todos ellos traen dos bandos. \u201cLos dos les lloran, los dos reclaman al muerto, y otros que solo quieren hacer el da\u00f1o\u201d, dice Francisco Vado. Ha estado en medio de familias que se agarran a golpes con el f\u00e9retro al centro, gente que grita improperios al que desde la caja ya no le puede o\u00edr, y hasta ha tenido que esconderse tras las cruces cuando empieza la lluvia de piedras que cierra algunos entierros de exmiembros de pandillas. Lo m\u00e1s ir\u00f3nico de los \u00faltimos casos es cuando ya muertos quedan como vecinos en los lotes.<\/p>\n<p>Desde 1992 este cementerio est\u00e1 clausurado, pero las personas que compraron sus terrenos antes de esa fecha y pagan sus impuestos pueden seguir enterrando familiares seg\u00fan la capacidad del lugar. Por eso Vado sigue teniendo trabajo. M\u00e1s complicado que enterrar cad\u00e1veres es desenterrar los restos cuando el due\u00f1o usar\u00e1 de nuevo el espacio. \u201cYa solo hay huesitos y pelo cuando nosotros abrimos ah\u00ed\u201d, cuenta. En ninguna de las exhumaciones usa guantes o nasobuco. No cree que de aqu\u00ed le puedan venir enfermedades o males.<\/p>\n<p>\u201cLos males de uno vienen de afuera, de la gente viva\u201d, comenta, y para probarlo enumera las veces que ha encontrado gente robando tierra del cementerio. \u201cEsa la buscan para hacer maldades\u201d. Tambi\u00e9n le ha tocado lidiar con grupos de chavalos que se met\u00edan a fumar al lugar, \u201chasta ven\u00edan parejas de estudiantes, uniformados a jalar y a hacer cosas aqu\u00ed\u201d, cuenta. Hace rato que no vienen, se reforz\u00f3 la seguridad y vigilancia del cementerio. Aqu\u00ed los sustos los dan los vivos, \u201cel muerto, muerto est\u00e1\u201d, dice Vado.<\/p>\n<p>Si no hay mucho movimiento, ah\u00ed anda Francisco como alma en pena, de un lado a otro al final de la tarde revisando que sus clientes queden bien. Nunca se sabe cuando pueden venir los familiares a visitarlos y no es bueno que los encuentren descuidados. Hay d\u00edas en los que se pone triste al acordarse de sus muertos y de los ajenos.<\/p>\n<p>Hace dos a\u00f1os enterr\u00f3 a una se\u00f1ora que viv\u00eda con su hija y dos nietas, una de seis y una de nueve a\u00f1os. La ni\u00f1a menor le gritaba, le lloraba: \u201cNo se\u00f1or, no eche ah\u00ed a mi mamita, se\u00f1or por favor\u201d. Estaban bajando a la se\u00f1ora despacio, m\u00e1s despacito de lo com\u00fan, cuando la ni\u00f1a se tir\u00f3 al ata\u00fad en el hueco. \u201c\u00a1Mamita levantate, v\u00e1monos! Este se\u00f1or te quiere dejar aqu\u00ed, te quiere echar tierra. \u00a1Mamita levantate!\u201d, berreaba la ni\u00f1a. \u201cYo solo pod\u00eda llorar\u201d, alcanza a decir Francisco. A\u00fan llora.<\/p>\n<p>Gana 200 c\u00f3rdobas mensuales por cada tumba a la que le da mantenimiento. Si todos pagaran a tiempo tendr\u00eda 2,400 c\u00f3rdobas al mes m\u00e1s los los 300 c\u00f3rdobas que cobra por el trabajo de cavar una fosa de 1.8 meros de profundidad y medio metro de ancho. Lo contratan unas tres veces por semana, pero hay semanas que no hay nada.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34471\" aria-describedby=\"caption-attachment-34471\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Francisco-Vado-L\u00f3pez.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-34471 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Francisco-Vado-L\u00f3pez.jpg\" alt=\"Francisco Vado L\u00f3pez\" width=\"700\" height=\"467\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145841\/Francisco-Vado-L%C3%B3pez.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145841\/Francisco-Vado-L%C3%B3pez.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145841\/Francisco-Vado-L%C3%B3pez.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34471\" class=\"wp-caption-text\">Francisco no le teme a los muertos, es de los vivos de los que se cuida. En varias ocasiones, mientras le toca bajar a un muerto en la fosa, ha presenciado discusiones, enfrentamientos a golpes y hasta lluvia de piedras entre los asistentes al entierro.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>DESPU\u00c9S DE UN GUSTAZO&#8230;<\/strong><\/p>\n<p>El veh\u00edculo blanco entra despacio y se acerca a la oficina que est\u00e1 en el centro. El vidrio de la ventana del conductor baja y luego de un momento sale una mano de la ventanilla, una mano con unas llaves que reciben otras manos desde el carro. El carro avanza despacio por el lugar. Cortinas azules cubren el parqueo junto a cada habitaci\u00f3n. Si est\u00e1n corridas, est\u00e1 ocupado. Si est\u00e1n descorridas, se agitan con el viento, como diciendo \u201cvenga, pase adelante\u201d. El carro blanco finalmente entra en un aparcamiento. Un trabajador del lugar avanza r\u00e1pido y jala la cortina azul. \u201cEst\u00e1 ocupado\u201d. Aqu\u00ed la funci\u00f3n empieza cuando se cierra el tel\u00f3n azul.<\/p>\n<p>Es la tarde de un lunes cualquiera. Aunque da igual si es la ma\u00f1ana de un martes, un domingo a mediod\u00eda, un jueves a medianoche. Las puertas siempre est\u00e1n abiertas, las llaves colgadas y las cortinas azules agit\u00e1ndose para invitar a las parejas que necesiten un cuarto privado donde tener intimidad. Se trabaja las 24 horas del d\u00eda, los siete d\u00edas a la semana. Solo el Viernes Santo cierra. El resto del a\u00f1o, el amor, la aventura y la lujuria se dan cita en las 41 habitaciones de este autohotel.<\/p>\n<p>Cuarenta y un cuartos. Por todos y cada uno ha pasado Ezequiel Narv\u00e1ez. No se ha acostado en estas camas ni se ha sentado en esas raras sillas negras, tampoco ha tomado un ba\u00f1o aqu\u00ed dentro, pero las conoce bien. Ezequiel no es de los hombres que llega aqu\u00ed con su pareja por un momento de placer, \u00e9l entra solo. Limpiar los cuartos de un motel es su faena diaria.<\/p>\n<p>Ezequiel tiene 28 a\u00f1os, igual que su esposa. Son padres de un ni\u00f1o de nueve a\u00f1os, uno de seis, otro de cuatro y un beb\u00e9 de ocho meses. \u00c9l era obrero de la construcci\u00f3n, pero desde hace dos a\u00f1os trabaja aqu\u00ed, limpiando los cuartos del autohotel. Es uno de los dos hombres del \u00e1rea de aseo. Seg\u00fan el encargado, el 98 por ciento del personal aqu\u00ed es masculino. \u201cPor la privacidad del cliente, por el respeto y el pudor&#8230; Pasaba que a veces un cliente les dec\u00eda cosas a ellas y es mejor evitar\u201d, comenta el administrador.<\/p>\n<p>Los del carro blanco pidieron una suite. Unos sof\u00e1s frente a un televisor, como para ponerse c\u00f3modos y entrar en calor. Una hamaca al fondo, por si se quieren mecer. Una silla&#8230; \u00bfsilla? S\u00ed, una silla negra que parece un cruce entre una ara\u00f1a negra y una m\u00e1quina para ejercitar abdomen y brazos. Pero aqu\u00ed se trata de ejercitar todo el cuerpo en diversas posiciones, seg\u00fan la pericia o la imaginaci\u00f3n de los visitantes. Sigamos. La reina de la habitaci\u00f3n es una cama queen vestida con un cubrecamas de un delicado color durazno y s\u00e1banas caf\u00e9s. A los pies de la cama dos toallas de blanco inmaculado dobladas y sobre ellas dos condones y dos caramelos de frutas. De frutas, no de menta, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9.<\/p>\n<p>Ezequiel es puntual. Viajar desde el centro de Masaya hasta el kil\u00f3metro 33 de la Carretera Masaya-Catarina le toma entre 15 y 20 minutos a pedaleo. Llega y se va en bicicleta, con su mochila a cuestas. Mientras los cuartos est\u00e1n ocupados, \u00e9l se encarga de tener lampazos limpios, escobas listas y suficiente desinfectante. No se despega los guantes.<\/p>\n<p>Se paga por tres horas y el precio var\u00eda seg\u00fan la habitaci\u00f3n. Los del carro blanco salen de la suite cuando se acaba su tiempo. R\u00e1pido, de un solo tir\u00f3n. Pero antes otra pareja sali\u00f3 a pie, y luego otra m\u00e1s parti\u00f3 en taxi. Diez minutos despu\u00e9s, a la se\u00f1al de un supervisor, Ezequiel entra en la suite. Botas de hule, jeans, camiseta y gabacha encima. Guantes de goma, escoba, lampazo, cepillo y balde. Una pichinga de desinfectante, una botella de cloro y ambientador en aerosol. A veces toca usar un destapa ca\u00f1os.<\/p>\n<p>Abrir la puerta y sentir que el aire fr\u00edo que baja del aparato intenta disolver las corrientes de aire caliente que suben desde la cama. Abrir la puerta del ba\u00f1o y percibir el vapor que despide la ducha. Empezar a desnudar la cama y ver humedad por aqu\u00ed y por all\u00e1.<\/p>\n<p>\u201cLo normal es encontrar pues manchitas blancas, a veces sangre&#8230; usted sabe. Pero tambi\u00e9n se encuentran otras suciedades\u201d, cuenta Ezequiel. \u00c9l solo se encarga de recoger la cama, envolverlo todo en una bolsa y entregarlo en lavander\u00eda. Volver a vestir la cama, acomodar las almohadas, dejar las s\u00e1banas listas. Todo impecable, que den ganas de volverse a acostar. Doblar nuevas toallas, poner dos condones, y dos caramelos de frutas. Hay de lim\u00f3n y de fresa. En el respaldar y las paredes laterales a la cama hay amplios espejos tan n\u00edtidos que uno creer\u00eda que hay una extensi\u00f3n de la habitaci\u00f3n. Ezequiel se encarga de mantenerlos as\u00ed. Pero adem\u00e1s alguien pens\u00f3 que tener una vista de todos los \u00e1ngulos era lo ideal. As\u00ed que mientras los amantes de turno retozan en las camas, dos duplicados suyos los imitan desde el techo. Ser\u00eda como tener la vista de la cima estando acostado. No s\u00e9 c\u00f3mo har\u00e1 Ezequiel para limpiarlo, la ventaja es que ah\u00ed es dif\u00edcil que lleguen pringas sospechosas.<\/p>\n<p>En casa, su esposa se encarga de las labores dom\u00e9sticas y de cuidar a los ni\u00f1os, pero tambi\u00e9n estudia el quinto a\u00f1o de secundaria, en una escuela p\u00fablica como sus hijos mayores. \u00c9l no termin\u00f3 la secundaria y desde que viven juntos trabaja para mantener el hogar. Gana alrededor de cinco mil pesos por quitar s\u00e1banas llenas de sudor y semen, lavar inodoros y ba\u00f1os, y recoger el reguero que quede. Desde bikinis y calzoncillos, pasando por toda clase de divertidos o ex\u00f3ticos disfraces, hasta esposas, dildos y vibradores. \u201cLa ropa interior se desecha, los disfraces y aparatos los entrego en la administraci\u00f3n\u201d, aclara Ezequiel, mientras avanza por un pasillo con sus utensilios. Hay quienes regresan por las prendas olvidadas o por los artefactos. Lo m\u00e1s raro que ha encontrado fue un pl\u00e1tano. Nadie volvi\u00f3 por \u00e9l.<\/p>\n<p>Hay quienes se toman el tiempo de dejarle \u201crecuerdos\u201d. Desde condones usados tirados por aqu\u00ed o por all\u00e1, hasta condones inflados como globos adornando alg\u00fan rinc\u00f3n. \u00c9l supone que a veces hay accidentes y las camas quedan con sangre o con excremento. Pero tambi\u00e9n ha encontrado p\u00e9talos de rosas y habitaciones que conservan ricos perfumes cuando las parejas se van. Hay quienes incluso reservan habitaci\u00f3n y piden decoraci\u00f3n especial con flores y velas. Pero todos al final dejan desorden, grande o peque\u00f1o, y casi nadie recuerda dejar propina.<\/p>\n<p>Ezequiel era obrero de construcci\u00f3n, pero ganaba muy poco y a veces no hab\u00eda trabajo. Limpiando unas cinco habitaciones del autohotel por d\u00eda, seis d\u00edas a la semana, gana alrededor de cinco mil c\u00f3rdobas mensuales. No es un trabajo f\u00e1cil, pero es el trabajo con el mantiene a su familia desde hace dos a\u00f1os.<\/p>\n<figure id=\"attachment_34472\" aria-describedby=\"caption-attachment-34472\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Ezequiel-Narv\u00e1ez.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-34472 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Ezequiel-Narv\u00e1ez.jpg\" alt=\"Ezequiel Narv\u00e1ez\" width=\"700\" height=\"451\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145839\/Ezequiel-Narv%C3%A1ez.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145839\/Ezequiel-Narv%C3%A1ez.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/07145839\/Ezequiel-Narv%C3%A1ez.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-34472\" class=\"wp-caption-text\">Diez minutos despu\u00e9s que las parejas se van, Ezequiel Narv\u00e1ez entra en acci\u00f3n. Desnudar y volver a vestir camas, lavar ba\u00f1os, limpiar pisos. Esa es su faena diaria como trabajador de limpieza en un autohotel de Masaya.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Matar, enterrar un cad\u00e1ver, recoger la basura de otros. Magazine acompa\u00f1\u00f3 a cuatro personajes en su faena diaria. 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