{"id":35637,"date":"2010-09-05T14:59:12","date_gmt":"2010-09-05T20:59:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=35637"},"modified":"2019-05-08T16:48:11","modified_gmt":"2019-05-08T16:48:11","slug":"busco-a-mi-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/busco-a-mi-familia\/","title":{"rendered":"Busco a mi familia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan Harvin Ayala, Karina Lara y Manuel Tijerino? De ni\u00f1os, ellos fueron separados de sus familiares. A\u00f1os m\u00e1s tarde, emprendieron la b\u00fasqueda de sus ra\u00edces hasta encontrar ese v\u00ednculo que los conecta con su verdadera identidad y que les da el sosiego de saber qui\u00e9nes son y de d\u00f3nde vienen<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Dora Luz Romero y Ram\u00f3n Villarreal<\/strong><\/p>\n<p>Un d\u00eda Harvin Ayala, un se\u00f1or blanco y de ojos claros, mir\u00f3 a su alrededor y tuvo la sensaci\u00f3n que estaba solo en el mundo. Aquella soledad lo envolvi\u00f3 como un torbellino y no pudo contener las l\u00e1grimas. Ten\u00eda un trabajo. Ten\u00eda a su esposa y tambi\u00e9n a sus hijos, pero en su coraz\u00f3n sab\u00eda que le hac\u00eda falta algo. \u00bfQu\u00e9 le hab\u00eda pasado?<\/p>\n<p>All\u00e1 arriba, sobre una colina empinada en la comarca Las Brisas del municipio de Rancho Grande, en Matagalpa, hab\u00eda una casita de madera donde viv\u00edan los Villafranca. Padre, madre e hijos. Harvin Ayala era uno de los cuatro peque\u00f1itos que viv\u00edan en esa casa. En ese entonces lo llamaban Jos\u00e9, Jos\u00e9 Villafranca. \u00c9se hab\u00eda sido el nombre que sus padres decidieron darle.<\/p>\n<p>Los Villafranca eran una familia como cualquier otra. Ten\u00edan d\u00edas buenos y otros no tanto. Su pap\u00e1, don Hip\u00f3lito, sembraba caf\u00e9 y ten\u00eda algunas cabezas de ganado. Su mam\u00e1, do\u00f1a Mar\u00eda Luisa Castillo, era la encargada de la cocina y de la crianza de los hijos. Eran dos ni\u00f1as y dos ni\u00f1os: Luc\u00eda, Jos\u00e9 (Harvin), Gladys y Luis.<\/p>\n<p>Para esos a\u00f1os, m\u00e1s o menos para la d\u00e9cada de los 70, en Las Brisas viv\u00eda muy poca gente. Era un lugar silencioso y rodeado de naturaleza. Este sitio queda a unos quince kil\u00f3metros antes de llegar a Waslala.<br \/>\nNo eran una familia perfecta, reconoce Harvin. Su pap\u00e1 maltrataba a su mam\u00e1 y ella de cuando en cuando desaparec\u00eda de la casa y regresaba d\u00edas, semanas, hasta meses m\u00e1s tarde, sin que hubiera rastro de ella.<\/p>\n<p>Pero la vida de los Villafranca cambi\u00f3 de rumbo cuando Harvin ten\u00eda unos siete a\u00f1os. Su madre, en uno de esos viajes sin rumbo, se llev\u00f3 a sus dos hermanitas: Luc\u00eda y Gladys. Las chiquitas nunca volvieron. A\u00f1os despu\u00e9s, la vida tambi\u00e9n le quit\u00f3 a su padre y a su hermanito. Y pronto se vio solo, sin familia. Era como si una nube de desgracias le persiguiera.<\/p>\n<p>El d\u00eda que Harvin Ayala irrumpi\u00f3 en llanto sab\u00eda exactamente qu\u00e9 era lo que le faltaba. \u00c9l necesitaba conocer su pasado. Necesitaba conocer su historia, saber de su familia, \u00e9sa donde se hab\u00eda criado los primeros a\u00f1os de su vida.<\/p>\n<p>Hab\u00edan pasado d\u00e9cadas desde que era un ni\u00f1o, pero \u00e9l a\u00fan sent\u00eda ese vac\u00edo de sus v\u00ednculos de sangre.<\/p>\n<p>En el pa\u00eds existen centenares de casos de familias que pierden el contacto por a\u00f1os y a\u00f1os. Las causas van desde los desastres naturales, las guerras, la migraci\u00f3n hasta los problemas familiares. Algunos logran reencontrarse con sus seres queridos despu\u00e9s de much\u00edsimos a\u00f1os de separaci\u00f3n, otros no corren la misma suerte.<\/p>\n<p>Esta vez, en Magazine les contamos tres casos de personas que emprendieron una b\u00fasqueda incansable hasta encontrar a sus seres queridos, y as\u00ed conocer qui\u00e9nes son y de d\u00f3nde vienen.<\/p>\n<figure id=\"attachment_35642\" aria-describedby=\"caption-attachment-35642\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Claudia-Villafranca-y-su-hermano-Harvin-Ayala.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-35642 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Claudia-Villafranca-y-su-hermano-Harvin-Ayala.jpg\" alt=\"Fotos Bismarck Picado y Germ\u00e1n Miranda\" width=\"700\" height=\"489\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144639\/Claudia-Villafranca-y-su-hermano-Harvin-Ayala.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144639\/Claudia-Villafranca-y-su-hermano-Harvin-Ayala.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144639\/Claudia-Villafranca-y-su-hermano-Harvin-Ayala.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-35642\" class=\"wp-caption-text\">En junio del a\u00f1o pasada Harvin Ayala se reencontr\u00f3 con su hermana Claudia Luc\u00eda Villafranca, con quien hab\u00eda perdido el contacto hac\u00eda 33 a\u00f1os.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La escena conmov\u00eda a cualquiera. En el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino do\u00f1a Olga Corea esperaba ansiosamente a su hijo Manuel Tijerino, a quien no hab\u00eda visto por m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os. Llevaba una pancarta donde se le\u00eda: \u201cManuel Tijerino. Dios te bendiga\u201d. Ese d\u00eda, le acompa\u00f1aban sus familiares.<\/p>\n<p>El avi\u00f3n ven\u00eda desde Panam\u00e1 y cada hombre que sal\u00eda por la puerta del aeropuerto ten\u00eda la cara del hijo de do\u00f1a Olga. \u201cYo creo que es \u00e9l\u201d, le dec\u00eda uno de sus familiares se\u00f1alando a un se\u00f1or. Mientras otro contestaba: \u201cNo. Es ese otro\u201d.<\/p>\n<p>Ni do\u00f1a Olga ni sus familiares sab\u00edan c\u00f3mo luc\u00eda Manuel Tijerino. Pero la imagen que llevaba grabada en su mente ese d\u00eda era la de aquel ni\u00f1ito gordito, moreno que vio por \u00faltima vez cuando ten\u00eda cinco a\u00f1os.<br \/>\nDe pronto un se\u00f1or moreno, alto, recio y con un mech\u00f3n de canas levant\u00f3 la mano. \u201cEs \u00e9l. Es \u00e9l\u201d, se escuchaban los gritos. Los familiares comenzaron a saltar y era tanta la emoci\u00f3n que les fue imposible contener las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u201cAh\u00ed estaba. Era \u00e9l. Alto, recio&#8230; \u00c9se era mi hijo\u201d, relata do\u00f1a Olga con la voz entrecortada.<\/p>\n<p>Cincuenta a\u00f1os antes de esa escena, la historia era otra. Para los a\u00f1os cuarenta do\u00f1a Olga hab\u00eda viajado a Panam\u00e1 por amor. Se hab\u00eda ido siguiendo a Francisco Tijerino, un muchacho que conoci\u00f3 en el barrio Oriental donde viv\u00eda, pero que trabajaba en las bananeras en Panam\u00e1.<\/p>\n<p>Pronto sali\u00f3 embarazada y los meses pasaron volando. Ah\u00ed, en el Hospital de Almirante naci\u00f3 su primer hijo con Tijerino, a quien llam\u00f3 Manuel.<\/p>\n<p>En los seis a\u00f1os que permaneci\u00f3 en Panam\u00e1 nacieron cinco hijas m\u00e1s: Dora, Maritza, Elieth, Idania y Marlen. Pero en ese tiempo do\u00f1a Olga ya ten\u00eda muchos problemas con el padre de sus hijos. Tanto as\u00ed que un d\u00eda de tantos \u00e9l se fue a Costa Rica dej\u00e1ndola con su media docena de reto\u00f1os. \u201cYo ya hab\u00eda pensado venirme para Nicaragua porque \u00e9l me daba mala vida\u201d, explica ella.<\/p>\n<p>Pero antes de decidir su partida, un d\u00eda se apareci\u00f3 su suegra dici\u00e9ndole que le prestara a su hijo Manuel para viajar a Costa Rica. A los meses, a su regreso para Nicaragua, le avis\u00f3 a su suegra que pasar\u00eda llevando a su hijo. As\u00ed fue. \u201cMi suegra lleg\u00f3 al hotel en Costa Rica donde nos dieron para dormir y me dijo que el ni\u00f1o estaba enfermo y que \u00e9l (Francisco Tijerino) estaba preso\u201d, recuerda. Do\u00f1a Olga no ten\u00eda alternativa. Siendo repatriada no pod\u00eda quedarse en el pa\u00eds vecino peleando por su hijo, as\u00ed que le toc\u00f3 partir hacia Nicaragua con el resto de sus hijas.<\/p>\n<p>Los primeros a\u00f1os sin su hijo fueron los m\u00e1s dif\u00edciles, relata. Sus d\u00edas transcurr\u00edan entre la desesperaci\u00f3n y el llanto. Ped\u00eda ayuda en los peri\u00f3dicos, en las radios, pero nunca supo m\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p>Mientras ella lo buscaba, el peque\u00f1o crec\u00eda al lado de su abuela. Los a\u00f1os pasaban y Manuel siempre sinti\u00f3 esa necesidad de saber de su madre y hermanas.<\/p>\n<p>Estaba convencido de que alg\u00fan d\u00eda nos encontrar\u00eda, relata una de sus hermanas. Cuentan que vino a Nicaragua durante la \u00e9poca de la guerra, regres\u00f3 para despu\u00e9s del terremoto de 1972, pero siempre sin buenas noticias.<\/p>\n<p>El tel\u00e9fono de la casa de do\u00f1a Olga repic\u00f3 varias veces. Era abril del a\u00f1o 2008.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAl\u00f3? \u00bfAqu\u00ed vive do\u00f1a Olga Mar\u00eda Corea?<\/p>\n<p>Era la voz de una mujer.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUsted tiene un hermano que se llama Manuel Tijerino? \u2013pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Marlen, la hija menor de do\u00f1a Olga, hab\u00eda recibido la llamada. Sinti\u00f3 que su coraz\u00f3n se hab\u00eda volteado como un calcet\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. El vive en Panam\u00e1 \u2013respondi\u00f3 confundida.<\/p>\n<p>La mujer que llamaba era la esposa de un amigo de Manuel Tijerino. Por tel\u00e9fono le dijo que \u00e9l siempre hablaba de la urgencia de conocer a su madre y hermanas que viv\u00edan en Nicaragua. Esa amiga, hab\u00eda buscado en la gu\u00eda tel\u00e9fonica el nombre de do\u00f1a Olga para ver si pod\u00eda dar un poco de esperanza a ese hombre que se hab\u00eda criado lejos de la mujer que le dio la vida. \u201cAhora \u00e9l me dice que est\u00e1 feliz. Dice que siempre supo que nos iba a encontrar\u201d, cuenta la madre con una gran sonrisa en el rostro.<\/p>\n<figure id=\"attachment_35643\" aria-describedby=\"caption-attachment-35643\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Manuel-Tijerino.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-35643 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Manuel-Tijerino.jpg\" alt=\"Fotos Bismarck Picado y Germ\u00e1n Miranda\" width=\"700\" height=\"463\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144638\/Manuel-Tijerino.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144638\/Manuel-Tijerino.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144638\/Manuel-Tijerino.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-35643\" class=\"wp-caption-text\">Manuel Tijerino fue separado de su familia a los cinco a\u00f1os. M\u00e1s de cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s logr\u00f3 reencontrar a su mam\u00e1 y hermanas.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Los seres humanos \u2013explica la psic\u00f3loga Martha Lorena Taboada\u2013 \u201ctenemos la necesidad de encontrar nuestros v\u00ednculos familiares para poder integrar nuestra historia, madurar y crecer integralmente\u201d. Es la posibilidad, asegura, de llenar ese \u201cvac\u00edo con algo real\u201d.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que Harvin Ayala vio a sus hermanas lo recuerda como si fuera ayer. \u00c9l ten\u00eda unos siete a\u00f1os. Su pap\u00e1 hab\u00eda peleado con su mam\u00e1 y ella molesta, sali\u00f3 junto a las dos peque\u00f1itas. Llevaba poca ropa en una bolsa pl\u00e1stica, recuerda. Sus siluetas poco a poco desaparecieron en medio de la vegetaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pensaron que volver\u00eda en unos d\u00edas, a lo sumo semanas, como lo hac\u00eda siempre, pero no. Esta vez fue diferente. Tard\u00f3 ocho meses en regresar y lo hizo sola.<\/p>\n<p>Don Hip\u00f3lito pregunt\u00f3 d\u00f3nde estaban las ni\u00f1as y ella no supo contestar. \u201cEsa vez mi pap\u00e1 la arrastr\u00f3. La golpe\u00f3. Eso hizo que ella hiciera viaje m\u00e1s r\u00e1pido\u201d.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Mar\u00eda Luisa sali\u00f3 una vez m\u00e1s de su casa, esta vez acompa\u00f1ada por sus dos hijos. \u201cNos hab\u00eda convencido que nos fu\u00e9ramos con ella\u201d, recuerda Harvin, quien tiene presente que eso ocurri\u00f3 una tarde de invierno.<\/p>\n<p>Deambularon por unos seis meses hasta que por insistencia de ellos volvieron a casa. \u201cEsa escena nunca se me va a olvidar. Cuando mi pap\u00e1 nos vio, sali\u00f3 corriendo a recibirnos. Corr\u00eda como un chavalo\u201d, dice. D\u00edas despu\u00e9s su mam\u00e1 volvi\u00f3 a irse y Harvin y su hermanito quedaron con su pap\u00e1.<\/p>\n<p>La vida parec\u00eda bastante normal. Don Hip\u00f3lito cuidaba de ellos y hasta cocinaba. De vez en cuando llegaba alguna que otra mujer que hac\u00eda funciones de madre, pero \u201cno tardaban mucho tiempo, tal vez por el mal genio de \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p>Pero hubo una que s\u00ed aguant\u00f3. Una mujer que vivi\u00f3 por unos tres meses en la casa de los Villafranca, pero su paso por ah\u00ed cambi\u00f3 la vida de Harvin.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, don Hip\u00f3lito regresaba de trabajar en el campo. La cena est\u00e1 lista, les dijo la mujer y pronto los apresur\u00f3 para que se fueran a comer a sus dormitorios. Los ni\u00f1os obedecieron y ella se qued\u00f3 en el comedor con don Hip\u00f3lito.<\/p>\n<p>De pronto, se escuch\u00f3 un fuerte ruido. Como si algo hubiera ca\u00eddo sobre el tambo. Harvin baj\u00f3 la escaleras corriendo. La escena era aterradora. Su padre ba\u00f1ado de sangre a orillas del comedor. \u201cCorr\u00ed y agarr\u00e9 un guacal con agua para lavarlo. En eso se apareci\u00f3 la mujer con un machete y me dijo que lo dejara que a m\u00ed tambi\u00e9n me iba a matar\u201d, relata. Mientras hablaba, el hermanito menor baj\u00f3 del cuarto y la mujer corri\u00f3 tras \u00e9l. \u201c\u00c9l ten\u00eda como tres a\u00f1os, era chiquito\u201d, dice. El peque\u00f1ito corr\u00eda despavorido, pero cuando la mujer lo alcanz\u00f3 no tuvo compasi\u00f3n y lo mat\u00f3 a machetazos. \u201cYo escuchaba que \u00e9l lloraba y lloraba, pero despu\u00e9s no lo escuch\u00e9 m\u00e1s\u201d, cuenta con la voz entrecortada. Harvin Ayala hab\u00eda quedado solo. Su madre se hab\u00eda ido, sus hermanas estaban perdidas y ahora su padre y su hermano muertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Pero, \u00bfes posible mantener el amor filial o fraternal despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de separaci\u00f3n? La psic\u00f3loga asegura que es posible. \u201cEl amor es un sentimiento que se alimenta, por lo tanto a pesar de la ausencia puede mantenerse durante a\u00f1os\u201d, dice.<\/p>\n<p>Eso bien lo sabe Karina Vanessa Lara, de 24 a\u00f1os, que sin siquiera conocer a su padre, le amaba.<\/p>\n<p>Frente al monitor de una computadora en un cyber caf\u00e9 en Bel\u00e9n, Rivas, esta muchachita buscaba a su pap\u00e1. Entr\u00f3 a la p\u00e1gina web del Consejo Supremo Electoral y en el Padr\u00f3n Electoral tecle\u00f3: V-i-c-t-o-r L-a-r-a.<\/p>\n<p>En la pantalla, aparecieron m\u00e1s de diez V\u00edctor Lara. Adem\u00e1s del nombre se pod\u00eda ver de qu\u00e9 departamento eran originarios, su n\u00famero de c\u00e9dula y el lugar donde les toca votar en \u00e9poca de elecciones.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que Karina Vanessa Lara sab\u00eda de su padre es que se llamaba V\u00edctor Lara y que era originario de R\u00edo San Juan. Nunca vio fotograf\u00edas, tampoco escuchaba pl\u00e1ticas sobre \u00e9l en su casa. Lo \u00fanico que o\u00eda, cuando insistente le preguntaba y preguntaba a su mam\u00e1, era que \u201cera un borracho y que se hab\u00edan separado porque \u00e9l no le daba nada\u201d. Nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, en el cyber, s\u00f3lo dos de los V\u00edctor Lara que encontr\u00f3 eran originarios de R\u00edo San Juan. Ten\u00edan el mismo nombre: V\u00edctor Manuel Lara Mart\u00ednez, pero sus fechas de nacimiento eran diferentes. La de uno dec\u00eda: 1958, la del otro: 1984. \u201cMi papa y mi hermano\u201d, pens\u00f3 la jovencita.<\/p>\n<p>La ni\u00f1ez de Karina transcurri\u00f3 al lado de su madre, Dolores Hern\u00e1ndez y de su padrastro. Todo parec\u00eda ir sobre rieles hasta que fue su promoci\u00f3n de sexto grado. Ese d\u00eda \u2013relata Karina\u2013 fue la primera vez que sinti\u00f3 verdadera ausencia de su padre. \u201cTodas mis amigas iban acompa\u00f1adas con su pap\u00e1\u201d, cuenta esta jovencita que esperaba al menos que su padrastro, a quien tambi\u00e9n llama pap\u00e1, llegara de Costa Rica a su promoci\u00f3n, como le hab\u00eda prometido. La misma decepci\u00f3n se llev\u00f3 en su graduaci\u00f3n de secundaria.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de eso, hubo algo m\u00e1s que llev\u00f3 a Karina a buscar a su padre biol\u00f3gico. A sus 16 a\u00f1os, cuando le tocaba sacar su c\u00e9dula de identidad, le pidi\u00f3 a su padrastro que le diera su apellido. \u00c9l no dijo que s\u00ed. Tampoco que no. Pero desde ese d\u00eda Karina supo que al encontrar a su verdadero padre tendr\u00eda ese apellido que tanto anhelaba.<\/p>\n<p>Antes de llegar a ese cyber a buscar informaci\u00f3n de su padre, hab\u00eda enviado varios correos a un programa de televisi\u00f3n para que le ayudaran a buscarlo. Pero pasaron dos a\u00f1os y nunca recibi\u00f3 respuesta.<\/p>\n<p>Karina anot\u00f3 en un papelito toda la informaci\u00f3n que aparec\u00eda en el sitio web del Consejo Supremo Electoral.<\/p>\n<p>Corri\u00f3 rumbo a su casa en busca de su mam\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014Mama: \u00bfMi pap\u00e1 se llama V\u00edctor Manuel Lara Mart\u00ednez? \u2013le pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Su mam\u00e1 se asust\u00f3, recuerda, y le pregunt\u00f3 d\u00f3nde hab\u00eda conseguido ese dato.<\/p>\n<p>A pesar de tener m\u00e1s informaci\u00f3n sobre su progenitor, Karina no avanzaba hasta que un d\u00eda pudo hablar directamente con las personas del programa televisivo, aqu\u00e9l al que hab\u00eda mandado infinidad de correos.<\/p>\n<p>A los d\u00edas viaj\u00f3 a Managua, porque le dijeron que quer\u00edan m\u00e1s datos sobre su padre. Ella, ansiosa lleg\u00f3 al programa, sin saber que la sorpresa ser\u00eda para ella. En el estudio se encontraba su padre. Al verlo, le dio un fuerte abrazo y llor\u00f3 de tanta emoci\u00f3n.<\/p>\n<p>El a\u00f1o pasado, Karina se gradu\u00f3 como licenciada en Administraci\u00f3n de Empresas en la Universidad Polit\u00e9cnica de Nicaragua (Upoli-Rivas). Por primera vez, pudo subir a una graduaci\u00f3n del brazo de su padre.<\/p>\n<figure id=\"attachment_35644\" aria-describedby=\"caption-attachment-35644\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Karina-Vanessa-Lara-y-su-padre-V\u00edctor-Lara.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-35644 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Karina-Vanessa-Lara-y-su-padre-V\u00edctor-Lara.jpg\" alt=\"Fotos Bismarck Picado y Germ\u00e1n Miranda\" width=\"700\" height=\"525\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144637\/Karina-Vanessa-Lara-y-su-padre-V%C3%ADctor-Lara.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144637\/Karina-Vanessa-Lara-y-su-padre-V%C3%ADctor-Lara.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/07144637\/Karina-Vanessa-Lara-y-su-padre-V%C3%ADctor-Lara.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-35644\" class=\"wp-caption-text\">El a\u00f1o pasado Karina Vanessa cumpli\u00f3 uno de sus sue\u00f1os, ir a su graduaci\u00f3n de Administraci\u00f3n de Empresas del brazo de su padre, V\u00edctor Lara.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>A Harvin Ayala lo adopt\u00f3 una prima hermana. Al saber que el peque\u00f1o de unos diez a\u00f1os quedaba desamparado, sus familiares paternos llegaron a la comarca donde viv\u00eda y se lo llevaron a Matagalpa. Ah\u00ed le cambiaron el nombre de Jos\u00e9 Villafranca por Harvin Ayala. A\u00f1os m\u00e1s tarde se trasladaron a Juigalpa, donde vive actualmente.<\/p>\n<p>\u201cYo siempre ten\u00eda esa necesidad de buscar a mi familia. Cuando yo me iba a casar me sent\u00eda mal como Harvin Ayala, sent\u00eda que no era yo\u201d, asegura.<\/p>\n<p>Y es que precisamente, la familia, explica la psic\u00f3loga Martha Lorena Taboada, representa el origen de una persona y \u201cconocer de d\u00f3nde venimos es una parte importante de nuestra propia identidad, de lo que somos, por eso es tan importante conocer nuestras ra\u00edces\u201d.<\/p>\n<p>Los familiares de Harvin no quer\u00edan que investigara e insist\u00edan que ellos eran su \u00fanica familia. Pero Harvin Ayala no aguant\u00f3 m\u00e1s y a los 18 a\u00f1os fue buscar su pasado a Matagalpa. Sab\u00eda que sus hermanas hab\u00edan sido entregadas en el Hogar Guadalupe de Matagalpa, pero las monjitas no le daban informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se cas\u00f3 varias veces, tuvo hijos, y vivi\u00f3 en Estados Unidos por unos a\u00f1os, pero nunca pudo dejar de sentir que hab\u00eda algo en \u00e9l que faltaba.<\/p>\n<p>Viaj\u00f3 por toda Nicaragua en busca de sus hermanas. Llegaba a la casa de mujeres que llevaban el mismo nombre que ellas, pero al saber que hab\u00eda un error, volv\u00edan las l\u00e1grimas y la decepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tantos intentos y formas para buscar a sus hermanas, Harvin escribi\u00f3 al programa Margarita Te Voy a Contar. Ellos accedieron a hacer una especie de anuncio que ser\u00eda transmitido durante el programa y que lo ayudar\u00eda a buscar a sus hermanas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Granada, Claudia Luc\u00eda Villafranca, de 47 a\u00f1os, miraba el programa y cuando vio a ese se\u00f1or calvo, blanco y de ojos claros supo que era su hermano. \u201cYo lo reconoc\u00ed inmediatamente. Su carita no ha cambiado a pesar de los a\u00f1os. Yo dije que \u00e9se era mi hermano, me preguntaron que c\u00f3mo sab\u00eda y yo dije que hab\u00eda sentido ese llamado de la sangre\u201d, cuenta.<\/p>\n<p>Ambos fueron citados al programa en junio del a\u00f1o pasado y ah\u00ed, despu\u00e9s de 33 a\u00f1os sin verse, ocurrieron los abrazos, los besos y las l\u00e1grimas. \u201cYo la vi igualita. Siempre con su pava, chelita. \u00c9sa para m\u00ed fue una alegr\u00eda enorme. Fue encontrarme a m\u00ed mismo\u201d, explica Harvin. Para su hermana, Luc\u00eda, \u201cha sido lo m\u00e1s lindo que me ha pasado en la vida. Ahora me siento completa. Antes yo dec\u00eda que era un clon, no ten\u00eda ni pap\u00e1 ni mam\u00e1 ni hermanos y me sent\u00eda muy triste\u201d, relata. Luego supieron que su hermana Gladys hab\u00eda muerto siendo joven.<\/p>\n<p>Al darse un reencuentro \u2013asegura la psic\u00f3loga\u2013 se quita \u201cun sentimiento de incertidumbre de fantas\u00edas y dolor. Le da la posibilidad de vivir el presente. Llenar el vac\u00edo con algo real\u201d.<\/p>\n<p>La vida de Harvin y Luc\u00eda a\u00fan est\u00e1 llena de interrogantes. Se hacen preguntas de las que quisieran tener una respuesta. \u00bfPor qu\u00e9 su mam\u00e1 los abandon\u00f3? \u00bfPor qu\u00e9 les toc\u00f3 vivir una ni\u00f1ez tan tr\u00e1gica? \u00bfC\u00f3mo terminaron siendo lo que hoy son? En medio de una vida plagada de tristezas, vac\u00edos y carencias, ellos han encontrado un momento de sosiego y paz en sus vidas, saben que no est\u00e1n solos. Saben que se tienen el uno al otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fotos Bismarck Picado y Germ\u00e1n Miranda<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan Harvin Ayala, Karina Lara y Manuel Tijerino? De ni\u00f1os, ellos fueron separados de sus familiares. A\u00f1os m\u00e1s tarde, emprendieron la b\u00fasqueda de sus ra\u00edces hasta encontrar ese v\u00ednculo que los conecta con su verdadera identidad y que les da el sosiego de saber qui\u00e9nes son y de d\u00f3nde vienen<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":35647,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-35637","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35637","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=35637"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35637\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":47208,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35637\/revisions\/47208"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/35647"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35637"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=35637"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=35637"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}