{"id":35999,"date":"2017-07-09T13:38:03","date_gmt":"2017-07-09T19:38:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=35999"},"modified":"2017-07-09T13:38:39","modified_gmt":"2017-07-09T19:38:39","slug":"35999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/columnas\/35999\/","title":{"rendered":"Personajes que ni envejecen ni mueren"},"content":{"rendered":"<p>Nunca me pierdo las tiras c\u00f3micas en los peri\u00f3dicos, costumbre de toda la vida. Antes de empezar a leer libros de letra corrida, me fascin\u00e9 con las revistas de historietas donde los personajes eran obra de la mano de un dibujante, y lo que dec\u00edan aparec\u00eda escrito dentro de globitos.<\/p>\n<p>Y no solo eso. Adem\u00e1s de las historietas c\u00f3micas, provengo de las narraciones dramatizadas en la radio y del cine. Todos ellas son maneras de contar y as\u00ed aprend\u00ed a apreciarlas. La palabra, mi instrumento de expresi\u00f3n, se ver\u00eda excitada por esos otros instrumentos que aparentemente le son ajenos: la imagen fija, pero cambiante, de los dibujos de los comics; la imagen en movimiento del cine, y la voz sin imagen de la radio.<\/p>\n<p>Cuando a un escritor se le pregunta por los primeros libros que ley\u00f3, generalmente comienza citando Sandok\u00e1n, de Emilio Salgari, o La isla del tesoro, de Stevenson. Pero yo no le\u00ed esos libros de ni\u00f1o, sino que los o\u00ed, interpretados por las voces del Cuadro Dram\u00e1tico de Radio Mundial.<\/p>\n<p>Las revistas de historietas eran para m\u00ed como para Don Quijote los libros de caballer\u00eda, y cuando en el d\u00eda no me alcanzaba para leer las que me prestaban, o alquilaba en los peque\u00f1os negocios donde se exhib\u00edan en cuerdas, sostenidas por prensadores de ropa, me las llevaba a la cama.<\/p>\n<p>Los personajes, vestidos de manera estrafalaria, porque sus atuendos eran circenses, ten\u00edan s\u00faperpoderes como Amad\u00eds de Gaula o Belian\u00eds de Grecia, y una doble identidad bajo la m\u00e1scara, como en las novelas decimon\u00f3nicas. El Capit\u00e1n Marvel, Superm\u00e1n, La Mujer Maravilla, El Fantasma, Linterna Verde, Mandrake el Mago. Y todos ten\u00edan un compa\u00f1ero, o escudero, su Sancho Panza.<\/p>\n<p>En este cat\u00e1logo de superh\u00e9roes, el principal era para m\u00ed el Capit\u00e1n Marvel, una historieta que ven\u00eda de Argentina. Vest\u00eda enteramente de rojo con un rayo en el pecho, y una capa bordada de domador de leones. El humilde voceador de peri\u00f3dicos, que se apoyaba en una muleta al caminar, se transformaba prestamente en el Capit\u00e1n Marvel al pronunciar el nombre del mago Shazam, un anciano que le hab\u00eda otorgado sus poderes sobrenaturales como un acto de consagraci\u00f3n m\u00edstica, para defender el bien y la justicia.<\/p>\n<p>El misterio de la doble identidad, como en las novelas de Dumas, estaba de por medio. El ni\u00f1o tullido, capaz de convertirse en h\u00e9roe poderoso. El Fantasma, el duende que camina, enfundado en su sobretodo y de lentes oscuros, cuando no de antifaz y traje ce\u00f1ido, due\u00f1o del anillo de la calavera heredado generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n de Fantasmas, con el que marcaba la quijada de sus enemigos en duelos a pu\u00f1etazos.<\/p>\n<p>Pero hay algo m\u00e1s en las historietas que se aparta de las reglas del espacio temporal de las narraciones escritas, donde los personajes de los relatos tienen siempre una vida finita. Nacen, crecen, envejecen, mueren, porque siguen la l\u00f3gica de la vida a la que la invenci\u00f3n busca imitar.<\/p>\n<p>En las historietas c\u00f3micas, en cambio, los personajes son inmortales. No envejecen nunca, ni mueren, porque la saga de sus aventuras y por tanto de sus vidas, se vuelve infinita, ya que pertenecen a una secuencia inacabable que no deja de repetirse. Mueren los dibujantes y guionistas, pero ser\u00e1n repuestos por otros que representar\u00e1n a sus personajes con las mismas edades de siempre, en un ambiente siempre contempor\u00e1neo, como los antiguos pintores representaban las escenas de la pasi\u00f3n de Cristo en las ciudades donde ellos mismos viv\u00edan, con los castillos medievales de fondo.<\/p>\n<p>Y cuando en un museo admiro el retablo de un altar, donde cuadro tras cuadro se cuenta una historia b\u00edblica y el texto de lo que dicen los santos y profetas sale en cintas de su boca, no dejo de pensar en las historietas de mi infancia y de mi vida.<\/p>\n<p>Masatepe, julio 2017<br \/>\nwww.sergioramirez.com<br \/>\nwww.facebook.com\/escritorsergioramirez<br \/>\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/sergioramirezm?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by sergioramirezm<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><br \/>\nhttps:\/\/instagram.com\/sergioramirezmercado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca me pierdo las tiras c\u00f3micas en los peri\u00f3dicos, costumbre de toda la vida. 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