{"id":36696,"date":"2017-08-14T11:37:54","date_gmt":"2017-08-14T17:37:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=36696"},"modified":"2018-10-01T02:38:16","modified_gmt":"2018-10-01T02:38:16","slug":"francisca-ramirez-la-hija-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/francisca-ramirez-la-hija-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"Francisca Ram\u00edrez: la hija de la tierra"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Esta es la historia de la mujer que ha movilizado a miles de campesinos contra la concesi\u00f3n canalera que el Gobierno entreg\u00f3 a un empresario chino. Su nombre es Francisca Ram\u00edrez y todo lo hace por la tierra<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Amalia del Cid<\/strong><\/p>\n<p>Cuando escucha el canto de las ranas, Francisca Ram\u00edrez se siente triste. En el silencio de su finca, aquel \u201cbru bru\u201d le recuerda que est\u00e1 sola. O mejor dicho que se encuentra lejos de su madre. Incluso ahora, en plena tarde y rodeada de gente, la estremece un poco el esc\u00e1ndalo que viene del campo: un \u201cbru bru\u201d sostenido, que llena todo el aire y parece surgir de los cuatro puntos cardinales.<\/p>\n<p>\u201cUy, qu\u00e9 feo\u201d, se dice a s\u00ed misma, aunque esta vez no se halla en su finca El Milagro, sino en la tina de una camioneta, viajando hacia La Fonseca, la colonia donde ha vivido desde que naci\u00f3, hace 40 a\u00f1os y diez meses, el 10 de octubre de 1976 a las 10:00 de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>La tierra est\u00e1 h\u00fameda, el aire fresco. Cae esa llovizna t\u00edpica del Caribe, que a ratos se convierte en chubasco y baja por los rojos caminos alimentando las quebradas y desbordando los r\u00edos.<\/p>\n<p>\u201cSi el r\u00edo est\u00e1 crecido no vamos a poder pasar\u201d, advierte do\u00f1a Chica. Acaba de estar cerca de once horas de pie entre los lodazales de un puerto de monta\u00f1a, a quince kil\u00f3metros de La Fonseca, pesando y comprando sacos de quiquisque llevados a lomo de bestia, por campesinos de comunidades lejanas, pero se siente de buen \u00e1nimo para esperar, si fuera necesario, que baje el nivel del Punta Gorda.<\/p>\n<p>La \u00faltima gran crecida del r\u00edo ocurri\u00f3 en octubre de 2016 y hubo que \u201cvelarlo\u201d hasta el amanecer, recuerda. Esta tarde, sin embargo, no ha llovido suficiente para que el agua sobrepase la altura del puente y el veh\u00edculo lo ha atravesado sin problemas.<\/p>\n<p>Cerca de La Fonseca el concierto de las ranas a\u00fan es intenso. \u201cMe encanta ir a la finca y el primer d\u00eda estoy alegre, pero como nunca me he separado de mi mam\u00e1 lo triste es cuando pasan dos d\u00edas, tres d\u00edas y ya oooigo que las ranas comienzan: \u2018bru, bru\u2019. Me afliiiige\u201d, cuenta la campesina.<\/p>\n<p>Por el camino vio en el suelo el p\u00e1lido cuerpo de una serpiente, pero no se inmut\u00f3. En estas tierras, las v\u00edboras son tan comunes como las ranas y la gente se cura las mordidas con ra\u00edces que crecen \u201chacia donde sale el sol\u201d. En estas tierras el bosque siempre es verde y llueve casi todo el a\u00f1o; los caminos no est\u00e1n pavimentados, a duras penas hay se\u00f1al de celular, en la televisi\u00f3n por cable solo se sintonizan doce canales y no llegan los peri\u00f3dicos. Estas tierras son \u201cel para\u00edso\u201d, suspira do\u00f1a Chica, aspirando el aire cargado de humedad.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed Francisca Ram\u00edrez es todo lo feliz que puede ser. Tiene cerca a su gente y posee su propia tierra, arcillosa y f\u00e9rtil, algo que para ella vale m\u00e1s que la vida, por eso ha dicho que est\u00e1 dispuesta a morir para defenderla.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<figure id=\"attachment_36724\" aria-describedby=\"caption-attachment-36724\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-26.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-36724 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-26.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143947\/272-MAG-CHICA-26.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143947\/272-MAG-CHICA-26.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143947\/272-MAG-CHICA-26.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143947\/272-MAG-CHICA-26.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-36724\" class=\"wp-caption-text\"><em>Do\u00f1a Chica con su madre, do\u00f1a Alejandra Guti\u00e9rrez. Aprendi\u00f3 a hacer tortillas a los 6 a\u00f1os de edad. Era un esc\u00e1ndalo, recuerda. Todo el pueblo se daba cuenta cuando ella se pon\u00eda a palmear.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>La vida en La Fonseca despierta antes de las 5:00 de la ma\u00f1ana, cuando el cielo eternamente nublado comienza a pintarse de azul y en la selva estalla el aullido de los monos congo, aun antes de que canten los primeros gallos. Una a una, como siguiendo una especie de estudiada comparsa, se van encendiendo las luces de las casas del pueblo. Un pueblo de 1,882 habitantes por donde se dice pasar\u00e1 el prometido Gran Canal Interoce\u00e1nico de Nicaragua.<\/p>\n<p>La vivienda de Francisca Ram\u00edrez se halla en lo que se puede considerar el centro de La Fonseca, al costado izquierdo de la \u00fanica iglesia cat\u00f3lica del pueblo, sobre la calle central cubierta de piedritas sueltas que parte en dos al caser\u00edo. Es una estructura de techo bajo y concreto sin pintar y por dentro parece m\u00e1s bodega que casa, con sacos de quiquisque apilados en el suelo.<\/p>\n<p>La mujer que ha movilizado a miles de campesinos de La Fonseca y sus comunidades en marchas para la derogaci\u00f3n de la Ley 840 y que en los \u00faltimos tres a\u00f1os se ha convertido en el rostro m\u00e1s conocido de la lucha anticanal, mide cerca de un metro cincuenta y calza zapatos n\u00famero cinco. Su casa tambi\u00e9n es peque\u00f1a, y mira de frente a la casa de su madre, donde do\u00f1a Chica vivi\u00f3 su ni\u00f1ez.<\/p>\n<p>A esa, la casa de su infancia, llega a tomar caf\u00e9 casi todas las ma\u00f1anas, antes de irse a trabajar a los sembrad\u00edos de su finca o al puerto de monta\u00f1a. Pasa directo a la cocina y se detiene un segundo en la puerta para hacer una ligera reverencia, junta las palmas de las manos, pidiendo la bendici\u00f3n de su mam\u00e1. \u201cSantito\u201d, saluda, y su voz aguda contrasta con los duros rasgos de su rostro. \u201cQue Dios te bendiga\u201d, responde do\u00f1a Alejandra, que est\u00e1 palmeando tortillas para el desayuno.<\/p>\n<p>Desde que son madre e hija se han separado muy pocas veces. La que mejor recuerda do\u00f1a Chica, por ser la m\u00e1s dolorosa, es la de los a\u00f1os ochenta, cuando su mam\u00e1 estuvo presa cuatro meses, acusada de apoyar a la contrarrevoluci\u00f3n. No puede contar el episodio sin derramar algunas l\u00e1grimas. \u201c\u00c9ramos cinco hermanos. Dej\u00f3 un ni\u00f1o de ocho d\u00edas de crianza cuando la llegaron a traer, a medianoche\u201d.<\/p>\n<p>Para entonces Francisca ten\u00eda nueve a\u00f1os y como hija mayor no solo trabajaba para llevar comida a la casa, tambi\u00e9n ayudaba en la crianza de sus hermanos, pues su padre abandon\u00f3 a la familia en plena guerra. \u201cPasamos llorando toda la madrugada y a las 5:00 de la ma\u00f1ana me fui a buscar a mi mam\u00e1\u201d, recuerda. \u201cLa ten\u00edan amarrada a un palo de mango, toda la noche hab\u00eda pasado ah\u00ed. Yo lloraba, era mi mam\u00e1 y yo no quer\u00eda verla ah\u00ed. A las 8:00 la soltaron y la montaron en un IFA. Cuatro meses&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Do\u00f1a Alejandra no recuerda el detalle del \u00e1rbol, pero s\u00ed que estuvo de pie toda la madrugada, junto con otras treinta personas. Todav\u00eda tiene marcas de las esposas en las mu\u00f1ecas, como recordatorio de su paso por la c\u00e1rcel. Aunque nunca estuvo involucrada ni con los sandinistas ni con la contra, por ambos bandos fue perseguida, asegura.<br \/>\nLa Fonseca, colonia del municipio de Nueva Guinea, en el Caribe Sur de Nicaragua, no era un buen sitio para pasar los a\u00f1os de la guerra. Esta zona fue escenario de enfrentamientos entre los \u201ccachorros\u201d del Ej\u00e9rcito Popular Sandinista y miembros de la contrarrevoluci\u00f3n, de modo que la mayor parte de las memorias de infancia de do\u00f1a Chica est\u00e1n llenas de sangre y de horror.<\/p>\n<p>\u201cSe escuchaban combates cada una o dos horas\u201d, recuerda. Y en cada ocasi\u00f3n corr\u00edan todos a ocultarse debajo de la cama o al refugio que do\u00f1a Alejandra mand\u00f3 a excavar bajo las tablas de la casa, entonces de tambo. \u201cMi mam\u00e1 dio a hacer un gran huec\u00f3n como de diez varas cuadradas adentro de la tierra. Apenas o\u00edamos los primeros balazos nos \u00edbamos a esconder al refugio, que como aqu\u00ed ha sido de lluvias se llenaba de agua y lodo. Ah\u00ed dorm\u00edamos\u201d. M\u00e1s tarde ve\u00edan los cuerpos, cad\u00e1veres de muchachos contras y sandinistas, cubriendo el terreno de La Fonseca.<\/p>\n<p>A do\u00f1a Chica no le gusta ni considerar la idea de otra guerra civil. Ha encabezado a miles de hombres y mujeres en protestas contra el Gobierno y no duda cuando dice que, si fuera necesario, dar\u00eda la vida a cambio de esa tierra que la Ley 840 est\u00e1 entregando a un cierto empresario chino Wang Jing, en nombre de la promesa de un canal interoce\u00e1nico. Sin embargo, aclara, ella est\u00e1 luchando para vivir.<\/p>\n<p>\u201cYo pienso que el pueblo ser\u00eda cobarde si vuelve a caer en el error de una guerra. Te deja marcada para toda la vida, ni me gusta acordarme. Me afecta mucho recordar y me da coraje cuando la gente piensa que la guerra es la \u00fanica salida\u201d, dice muy seria. Lo peor de todo, agrega, es que \u201cla gente que piensa eso no est\u00e1 pensando poner los muertos\u201d.<\/p>\n<p>Hace no mucho le respondi\u00f3 mal a un se\u00f1or que se atrevi\u00f3 a afirmar: \u201cSi nunca hay muertos, esta batalla no la van a ganar\u201d. Entonces, replic\u00f3 do\u00f1a Chica, \u201ccuando usted vaya a las marchas, que usted sea el primer muerto. Yo estoy luchando para vivir en mis tierras, lo que quiero es vivir, si quisiera morir hubiera dejado que los chinos pasaran por encima de nosotros\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Desde que comenz\u00f3 su lucha contra la Ley 840, Francisca Ram\u00edrez ha ganado tanta popularidad que ya no puede comer en paz cuando viaja a Managua y entra a buscar almuerzo a alg\u00fan supermercado, pues la gente se acerca para tomarse fotos con ella. Tampoco puede caminar por el mercado Oriental con la tranquilidad de antes, pero aqu\u00ed en La Fonseca es la misma de toda la vida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de desayunar con su madre, los mi\u00e9rcoles y los jueves va a los puertos de monta\u00f1a, el m\u00e1s cercano a 15 kil\u00f3metros de distancia y hora y media de camino. Los preparativos comienzan pasadas las 5:00 de la ma\u00f1ana, cuando su esposo Migdonio L\u00f3pez, ocho a\u00f1os mayor que ella, se encarama en la tina de la camionetita de la familia para acomodar los productos de la pulper\u00eda m\u00f3vil: desde alambre de p\u00faas hasta toallas sanitarias, desde az\u00facar y caf\u00e9 hasta paletas de caramelo y carne de pollo, que en La Fonseca es tan codiciada como la gallina de patio en las ciudades.<\/p>\n<p>Cargar la camioneta toma cerca de una hora. Al llegar al puerto de monta\u00f1a do\u00f1a Chica y don Migdonio descargar\u00e1n todo y con suprema paciencia lo acomodar\u00e1n en un tramo, sobre tablas y piedras, despu\u00e9s de sacar a rastrillazos el lodo, tarea in\u00fatil, pues la llovizna siempre se encarga de producir m\u00e1s. En estas diligencias colaboran Marbelly, de 31 a\u00f1os, hermana de Francisca Ram\u00edrez, y el matrimonio L\u00f3pez Bravo, pero nada se hace si no lo autoriza do\u00f1a Chica, que se mueve como una capitana diciendo esto va aqu\u00ed y aquello all\u00e1, libreta y calculadora en mano, anotando cu\u00e1nto pesan los sacos de quiquisque de los campesinos.<\/p>\n<p>A mediod\u00eda el puerto de monta\u00f1a bulle como un hormiguero. Hay al menos cincuenta bestias en el terreno, a varios kil\u00f3metros del caser\u00edo m\u00e1s cercano, y los campesinos desmontan su carga. Dos o cuatro sacos por cada macho, orejuda mezcla de burro con yegua que reina en las comunidades de La Fonseca como los burritos en Nueva Segovia.<\/p>\n<p>Jengibre, pl\u00e1tano, queso y, sobre todo, quiquisque. Los sacos se bajan de los machos y su contenido se derrama sobre el suelo, a fin de reorganizar los tub\u00e9rculos por tama\u00f1o, en las categor\u00edas de \u201cprimera\u201d y \u201csegunda\u201d. El quiquisque m\u00e1s grande se empaca en Nueva Guinea para su exportaci\u00f3n; el de segunda viaja a los mercados del pa\u00eds. Los campesinos trabajan hombro con hombro, en silencio, llen\u00e1ndose de lodo hasta el pelo, apretando los labios cuando alzan los sacos para colgarlos del gancho de la pesa.<\/p>\n<p>\u2014\u00a192 libras de primera! \u00a160 de segunda! \u2014grita Migdonio, que ha estado pesando quiquisque toda la ma\u00f1ana y seguir\u00e1 haci\u00e9ndolo por el resto de la tarde. Y entre despachar un helado, negociar el precio de un rollo de alambre y sacarse del delantal el vuelto para el muchacho que compr\u00f3 una bolsa de pan, do\u00f1a Chica se las arregla para llevar el registro de las libras, las categor\u00edas y los proveedores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_36718\" aria-describedby=\"caption-attachment-36718\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-20.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-36718 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-20.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143953\/272-MAG-CHICA-20.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143953\/272-MAG-CHICA-20.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143953\/272-MAG-CHICA-20.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143953\/272-MAG-CHICA-20.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-36718\" class=\"wp-caption-text\"><em>Tres campesinos pesando quiquisque en el puerto de monta\u00f1a. Cornelio Espinoza, Migdonio L\u00f3pez y Jairo L\u00f3pez, todos participan en las marchas contra la Ley 840. \/ Foto: Oscar Navarrete.\u00a0<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>De vez en cuando se acerca a la orilla del puerto, para atisbar el camino. Desde \u00e9l sube la mayor\u00eda de los campesinos, con paso lento, siguiendo de cerca a los machos, que marchan en hilera. Salen de sus comunidades antes del amanecer para estar en el puerto cerca del mediod\u00eda y vender la producci\u00f3n de la semana. Son los mismos campesinos que asisten a las marchas contra la Ley 840. La Fonseca es, de hecho, la colonia de Nueva Guinea que \u201cm\u00e1s gente pone\u201d en las protestas. Casi todos tienen algo que perder.<\/p>\n<p>Uno de ellos es Cornelio Espinoza, hombre de mediana edad que representa a la comunidad de Aguas Fr\u00edas ante el Consejo Nacional para la Defensa de la Tierra, Lago y Soberan\u00eda, la organizaci\u00f3n de campesinos creada para exigir la derogaci\u00f3n de la Ley del Canal. Cada comunidad tiene un l\u00edder, as\u00ed como cada colonia del municipio de Nueva Guinea. Do\u00f1a Chica ha sido la coordinadora general del Consejo y es la l\u00edder de La Fonseca, pero aqu\u00ed en el puerto de monta\u00f1a es esa comerciante que todos conocen.<\/p>\n<p>Cornelio suele venderle su cosecha y hoy trajo cuatro \u201ccarguitas\u201d, es decir cuatro bestias, cada una con dos sacos. Apenas tiene tiempo para hablar, pues est\u00e1 ocupado clasificando quiquisque. \u201cLlevamos cuatro a\u00f1os de lucha y vamos a seguir hasta que haya un cambio. Con esos productos que vendemos nos movemos, vamos a las reuniones y a las marchas\u201d, explica. \u201cElla es una campesina luchadora. Nos informa todo lo que est\u00e1 pasando, lo que vamos a hacer\u201d, agrega, refiri\u00e9ndose a do\u00f1a Chica.<\/p>\n<p>En el caso de Cornelio, posee cincuenta manzanas de tierra en Aguas Fr\u00edas, a hora y media de camino del puerto de monta\u00f1a. Jairo L\u00f3pez, el l\u00edder de la comunidad Nuevo Delirio, tiene 81 manzanas, una parte de ellas heredada de su padre, y su esposa Eneida Bravo, de 32 a\u00f1os, cuenta con 30 manzanas.<\/p>\n<p>En estas tierras, pobladas reci\u00e9n en los a\u00f1os setenta, tener una parcela es lo com\u00fan. La mayor\u00eda de los campesinos tiene 20, 30 o hasta 100 manzanas, y eso no los convierte en grandes productores. Tampoco a los que poseen un poco m\u00e1s, como do\u00f1a Chica. De ni\u00f1a no ten\u00eda ni la mitad de una manzana, pero tras a\u00f1os de trabajo en el campo, en los mercados y en los puertos de monta\u00f1a logr\u00f3 comprar una finca de 110, El Milagro, donde siembra yuca, quiquisque, ma\u00edz y frijoles; y otra de 70, que todav\u00eda no ha \u201cpuesto a trabajar\u201d porque est\u00e1 gastando mucho dinero y tiempo en las protestas, explica.<\/p>\n<p>Como muchos otros campesinos de La Fonseca, Jairo L\u00f3pez la conoce desde que ambos eran ni\u00f1os, pues do\u00f1a Chica empez\u00f3 a trabajar a los ocho a\u00f1os de edad \u2014anotando en un cuaderno la carga de camiones que trasladaban frijol\u2014 y a los doce ya compraba queso, quiquisque, ma\u00edz, jengibre y frijoles para venderlos en Managua. Al inicio manejaba \u201cpoquita carga\u201d, veinte o treinta sacos; a los 15 a\u00f1os ya pod\u00eda con \u201cuna camionada\u201d y despu\u00e9s \u201cllevaba hasta mil sacos\u201d. \u201cMe encant\u00f3 el negocio y 20 a\u00f1os dur\u00e9 llevando mercader\u00eda al Oriental y al Mayoreo\u201d, cuenta la l\u00edder campesina, que esta tarde anda por el puerto comiendo pejibaye con cuajada seca, uno de sus manjares favoritos, aunque lo que prefiere del pejibaye es el \u201ccoquito\u201d.<\/p>\n<p>\u201cHemos combinado bien el trabajo y la lucha. Vamos a las reuniones todos los l\u00edderes de La Fonseca. Ella es nuestra voz, pero ella no decide sola, para eso son las reuniones\u201d, sostiene Jairo.<\/p>\n<p>A su juicio, el que Francisca Ram\u00edrez haya sido popular entre su gente desde mucho antes de convertirse en el rostro de la lucha anticanal la hace \u201cuna persona honesta y confiable\u201d a los ojos del campesinado. Y aqu\u00ed Jairo debe parar de hablar, porque ha llegado una nueva carga de quiquisque.<\/p>\n<p>Al final del d\u00eda, don Migdonio y \u00e9l habr\u00e1n clasificado y pesado 70 sacos de este tub\u00e9rculo, pero do\u00f1a Chica dir\u00e1 que no fue una buena jornada, que normalmente se compra cuatro veces m\u00e1s. \u201cMa\u00f1ana es d\u00eda de comercio, va a ser mejor\u201d, se consolar\u00e1. \u201cDios los jueves los hace buen d\u00eda. Siempre hace sol, ya cuando est\u00e1s por llegar a la casa se viene la lluvia\u201d.<\/p>\n<p>Trabajar la tierra implica un estilo de vida. Lo normal es despertarse a las 5:00 de la ma\u00f1ana y a las 3:00 es temprano. Lo usual es dormirse a las 8:00 de la noche y a las 10:00 es tarde. Los puertos de monta\u00f1a son el coraz\u00f3n del comercio y los jueves el pueblo de La Fonseca queda vac\u00edo, porque su gente se traslada a los sitios donde venden y compran. \u201cEsto es por lo que estamos luchando, por esta vida\u201d, afirma Jairo, entre un saco de quiquisque y otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>A Francisca Ram\u00edrez no le gustaba asistir a reuniones y no iba ni a las que se realizaban en el colegio de sus cuatro hijos; pero algo le dijo que deb\u00eda participar en esa donde se hablar\u00eda del famoso canal interoce\u00e1nico y de la Ley 840, aprobada por la Asamblea Nacional en junio de 2013, en un plazo de apenas 72 horas y sin haberla sometido a consulta nacional.<\/p>\n<p>Llegaron como tres personas, recuerda. Y ella, que hasta entonces hab\u00eda visto con buenos ojos el progreso que podr\u00eda acarrear la construcci\u00f3n de un canal, no pudo dormir esa noche. El amanecer la encontr\u00f3 leyendo esa ley que entrega una concesi\u00f3n de cien a\u00f1os a un empresario chino: 278 kil\u00f3metros que ser\u00edan expropiados a los campesinos.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente hab\u00eda una boda, se casaba una sobrina de don Migdonio, y en la recepci\u00f3n do\u00f1a Chica empez\u00f3 a comentar lo que sab\u00eda de la ley. Empezaron a agruparse los campesinos y a comentar: \u201cF\u00edjese que a m\u00ed los chinos me llegaron a medir la finca\u201d. \u201cY ah\u00ed comenzamos a hacer la pelota\u201d, cuenta.<\/p>\n<p>Al inicio \u201clo de la ley fue risible\u201d, la gente del Consejo del Poder Ciudadano (CPC) de La Fonseca, la llamaba \u201cla ley de la Chica\u201d, asegura Marbelly, hermana de Francisca Ram\u00edrez. \u201cDec\u00edan que yo la hab\u00eda inventado para hablar mal de Daniel (Ortega Saavedra), que la ley yo la hab\u00eda hecho, cuando comenzamos las primeras marchas\u201d, se r\u00ede do\u00f1a Chica.<\/p>\n<p>C\u00f3mo lleg\u00f3 a convertirse en la voz de miles de campesinos es algo que ni ella entiende. Quiz\u00e1s fue porque su colonia, La Fonseca, ha sido la mejor organizada, sugiere. Tal vez porque ella nunca ha aceptado \u201cni cien c\u00f3rdobas\u201d de los campesinos que est\u00e1n bajo su liderazgo, se\u00f1ala. A lo mejor porque ella, de puro enojo, puede expresarse bien ante las c\u00e1maras y los micr\u00f3fonos de los medios de comunicaci\u00f3n, o acaso porque ha sido la l\u00edder anticanal m\u00e1s perseguida por el Gobierno.<\/p>\n<p>El 30 de noviembre de 2016 parec\u00eda como si en el pueblo \u201chab\u00edan agarrado al narco m\u00e1s buscado\u201d, cuenta su hermana Marbelly. Estaba previsto que al d\u00eda siguiente Francisca Ram\u00edrez se reuniera en Managua con Luis Almagro, secretario de la Organizaci\u00f3n de Estados Americanos (OEA), para exponerle la represi\u00f3n que sufren los campesinos, y en La Fonseca \u201cno hab\u00eda lugar donde no hubiera polic\u00eda\u201d. El objetivo era que \u201cella no pudiera llegar a la reuni\u00f3n\u201d, sostiene la joven.<\/p>\n<figure id=\"attachment_36725\" aria-describedby=\"caption-attachment-36725\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-27.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-36725 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-27.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143946\/272-MAG-CHICA-27.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143946\/272-MAG-CHICA-27.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143946\/272-MAG-CHICA-27.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143946\/272-MAG-CHICA-27.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-36725\" class=\"wp-caption-text\"><em>Do\u00f1a Chica y su hermana Marbelly\/ Foto: Oscar Navarrete.\u00a0<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>El d\u00eda anterior, 29 de noviembre, una caravana campesina anticanal hab\u00eda intentado avanzar hacia la capital, pero fue reprimida con gases y balas, por lo que el Consejo decidi\u00f3 suspender la marcha del mi\u00e9rcoles 30 de noviembre. Esa noche, la del 30, do\u00f1a Chica escap\u00f3 por el monte desde el empalme de La Fonseca-Puerto Pr\u00edncipe hacia Nueva Guinea. La acompa\u00f1aban su esposo Migdonio y otros dos l\u00edderes del movimiento campesino.<\/p>\n<p>\u201cAndaba la Polic\u00eda en el pueblo. Y me tir\u00e9 un r\u00edo hond\u00edsimo, casi me ahogo. Nos pasamos el r\u00edo de La Sardina. Era de noche, una oscuraaaana. \u00cdbamos huyendo por veredas, unos graaaandes ceeerros, y en la noche yo me deslizaba y daba vueltas, me golpi\u00e9, me ca\u00ed como cien mil veces\u201d, relata Francisca Ram\u00edrez, moviendo los brazos para simular los giros que dio sobre el lodo.<\/p>\n<p>El grupo sali\u00f3 del monte justo en el patio trasero del hospital Jacinto Hern\u00e1ndez de Nueva Guinea, pero todo era oscuridad e incluso antes de intuir en qu\u00e9 lugar se encontraba, do\u00f1a Chica se fue en el sumidero donde a trav\u00e9s de un tubo desembocan las aguas residuales del centro. \u201cNo me asust\u00e9 tanto porque pens\u00e9 que era agua de un ca\u00f1ito, hasta que sentimos el tufo del agua\u201d, cuenta.<\/p>\n<p>Don Migdonio corri\u00f3 a sacarla de la pila y se apur\u00f3 a echarle agua limpia, pero el da\u00f1o ya estaba hecho. Durante la siguiente semana, Francisca Ram\u00edrez sufri\u00f3 v\u00f3mitos y apenas prob\u00f3 bocado. \u201cSe puso flaca\u201d, dice su hermana. Ya estaba enferma cuando se reuni\u00f3 con Almagro, la noche en que el pa\u00eds la vio rega\u00f1ar en vivo a los medios de comunicaci\u00f3n del Gobierno: \u201cHoy vemos este mont\u00f3n de medios que nunca los viamos visto (\u2026). Est\u00e1n queriendo demostrar que hay democracia\u201d.<\/p>\n<p>Estaba \u201carrecha\u201d, admite. \u201cEstaba enojada porque quer\u00edan vender la imagen de que hab\u00eda libertad de expresi\u00f3n, cuando nosotros hab\u00edamos sido vapuleados por la Polic\u00eda no una vez sino 85 veces, las marchas que llev\u00e1bamos para entonces\u201d.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, estaba fresco el recuerdo de su odisea para llegar a Managua. Despu\u00e9s de ser rescatada del sumidero del hospital se cambi\u00f3 la ropa en la casa de unos amigos y cerca de las 9:00 de la noche sali\u00f3 a escondidas para tomar un bus hacia la capital, disfrazada con un gorro y una bufanda. Tres veces cambiaron de autob\u00fas para evadir los retenes policiales, afirma. A la tercera tuvo la suerte de que el conductor resultara ser un joven que hab\u00eda trabajado cuatro a\u00f1os con ella. La hizo subir por la puerta de atr\u00e1s y se encarg\u00f3 de ocultarla. \u201cNo, \u00a1aqu\u00ed nadie se ha montado!\u201d, aseguraba el chofer cada vez que la Polic\u00eda se asomaba preguntando por la Chica Ram\u00edrez.<\/p>\n<p>Y cuando a la noche siguiente se supo que la l\u00edder campesina hab\u00eda logrado reunirse con el secretario de la OEA, en La Fonseca hubo quienes dijeron \u201cesa maldita vieja es una gran bruja, c\u00f3mo habr\u00e1 pasado\u201d, asegura Marbelly.<br \/>\nNaturalmente, no todo es miel sobre hojuelas en la colonia m\u00e1s activa del movimiento anticanal. Por la casa de do\u00f1a Chica, la de su madre y la de su hermana, nadie pasa echando abate para los zancudos, ni llegan las brigadas m\u00e9dicas a vacunar a los ni\u00f1os. Esto se debe a que es de sobra conocido que ninguna de ellas aprueba las actividades estatales o privadas que requieren recopilaci\u00f3n de datos sobre las familias del pueblo y las comunidades.<\/p>\n<p>La gente de La Fonseca vive alerta, vigilante, desconfiada. En el pueblo no todos apoyan la lucha contra la Ley 840, reconoce do\u00f1a Alejandra Guti\u00e9rrez, mam\u00e1 de Francisca Ram\u00edrez. \u201cPero son la minor\u00eda\u201d, personas que alguna vez tuvieron tierra, la vendieron y ahora \u201cviven posando\u201d o que consiguieron alg\u00fan \u201ccarguito\u201d en instituciones estatales. Por otro lado est\u00e1n las que eligieron mantener en secreto su postura respecto a la concesi\u00f3n canalera, las que apoyan abiertamente el movimiento y las que prefieren hacerlo \u201ccon bajo perfil\u201d. Ya se sabe qui\u00e9n es qui\u00e9n, pero cuando llega un forastero y busca informaci\u00f3n, probablemente vea c\u00f3mo los lugare\u00f1os le miran con recelo y le preguntan: \u201c\u00bfPara qu\u00e9 quer\u00e9s saber mi nombre? \u00bfVos and\u00e1s con Wang Jing?\u201d \u201cChino\u201d es casi una mala palabra en este lugar.<\/p>\n<p>Sin embargo, con todo y este clima de desconfianza, aqu\u00ed do\u00f1a Chica se siente segura. Cuando vuelven de El Milagro o de los puertos de monta\u00f1a, ella y su esposo van haciendo estaciones para dar avent\u00f3n a los campesinos que encuentran en el camino o para vender az\u00facar y pollo libreado a los conocidos que los llaman a gritos desde las puertas de sus viviendas en los caser\u00edos.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Chica salta del veh\u00edculo, baja la pesa y despacha siete libras de pechuga. En absoluto parece alguien que viene de una jornada de trabajo de 12 horas. No tiene miedo de su gente, afirma. Pero s\u00ed teme que algo pueda pasarle cuando viaja a Managua a facturar productos. Podr\u00eda suceder, por ejemplo, que la maten y se diga que se trat\u00f3 de un asalto, se\u00f1ala.<\/p>\n<p>Desde hace un tiempo ya no es la coordinadora del Consejo de los campesinos. Don Medardo Mairena la relev\u00f3 en ese cargo, pues los estatutos mandan que solo se puede ser coordinador durante seis meses, con la opci\u00f3n de reelegirse por otros seis meses. No obstante, contin\u00faa siendo una autoridad en el movimiento y en la misi\u00f3n de controlar a los miles de hombres que asisten a las protestas le ayuda el hecho de ser mujer porque \u201chay m\u00e1s respeto\u201d, asegura.<\/p>\n<p>M\u00e1s de una vez las cosas han estado a punto de convertirse en una masacre. \u201cFeo valorar, pero es como cuando uno tiene un ganadal acorralado, que est\u00e1 desesperado\u201d, admite do\u00f1a Chica. \u201cEs duro, cuando nos balearon aqu\u00ed en El Zapote (en noviembre de 2016) yo me arrimaba a muchos hombres que lloraban de arrechos y me dec\u00edan: \u2018D\u00e9eeejennos, vamos a meternos, nos van a matar, \u00a1pero debemos matar nosotros tambi\u00e9n!\u2019 Y yo les dec\u00eda: \u2018No, muchachos, no es as\u00ed, no es esa la meta, no es la meta que nos maten a nosotros, ser\u00edamos irresponsables. Miren, recuerden que ellos andan con armas, nosotros no andamos armados\u201d.<\/p>\n<p>Pero hubo hombres que se fueron a buscar escopetas, dispuestos a matar y a morir. \u201cY en una de tantas, \u00a1se zaf\u00f3 la gente!\u201d. Desesperada, la dirigente vio a un se\u00f1or que andaba un meg\u00e1fono y le grit\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00a1Pr\u00e9eeesteme, Chepiiiito!<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del meg\u00e1fono de Chepito, declar\u00f3 con voz firme: \u201cHasta aqu\u00ed llega la responsabilidad de nosotros como Consejo, cualquier decisi\u00f3n que tomen ustedes va en responsabilidad de ustedes, porque nosotros no estamos de acuerdo\u201d.<\/p>\n<p>\u201cF\u00edjese que la gente como que se par\u00f3. Y ya volvimos al redil\u201d, cuenta. En esa misma ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de que la Polic\u00eda hiriera con bala de plomo a Pedro Jos\u00e9 Guzm\u00e1n (una bala que seg\u00fan Francisca Ram\u00edrez iba dirigida a ella, que se encontraba frente al anciano), un grupo de campesinos captur\u00f3 a un oficial, con claras intenciones de \u201cdesbaratarlo\u201d. \u201cPobrecito ese polic\u00eda\u201d, dice do\u00f1a Chica, y sonr\u00ede divertida. \u201cCon ese polic\u00eda se quer\u00edan pagar todo. Yo les dije: \u2018No muchachos, pobrecito ese hombrecito\u2019. Le quitaron la pistola, le sacaron los tiros. Ah\u00ed lo tuvimos, hasta que logr\u00e9 que lo dejaran ir. Es barbaridad un hombre arrecho, Dios me libre. Si uno les diera un poquito de amplitud, uuuuuuuh, ya hubiera cualquier cantidad de muertos\u201d.<\/p>\n<p>Pese a todo, agrega, \u201cyo veo que el hombre es m\u00e1s bravo, pero es m\u00e1s miedoso\u201d. Recuerda, por ejemplo, que el 23 y el 24 de diciembre de 2014, cuando la Polic\u00eda reprimi\u00f3 a campesinos que protestaban en El Tule (R\u00edo San Juan) y en Tola (Rivas) y apres\u00f3 a decenas de ellos, \u201ctoditos los hombres se fueron a huir\u201d. \u201cSe perdieeeron. Y yo me vine con mi marido, arreeecha, porque dec\u00edan que hab\u00eda muertos. Llegu\u00e9 a la casa, llegaba gente y me dec\u00eda: \u2018V\u00e1monos a huir, no se puede quedar aqu\u00ed usted\u2019. \u2018No me voy a ir, irme es como darles el gusto\u2019. El 25 le dije a mi marido: \u2018V\u00e1monos a la Guinea, a ver qu\u00e9 va a pasar y v\u00e1monos por la calle central y pasemos por la Polic\u00eda, a ver qu\u00e9 va a pasar, es que no nos vamos a correr\u201d.<\/p>\n<p>Entonces do\u00f1a Chica, que en esa \u00e9poca todav\u00eda no era conocida nacionalmente como l\u00edder anticanal, se fue de La Fonseca a Nueva Guinea, acompa\u00f1ada por don Migdonio. Y en un alarde de atrevimiento se pase\u00f3 frente a la estaci\u00f3n de la Polic\u00eda. Despu\u00e9s comenz\u00f3 a llamar a su gente: \u201cAndo en la Guinea y no nos hicieron nada\u201d. \u201cY ya comenzaron a salir los hombres \u2014afirma\u2014 pero hasta que yo saqu\u00e9 la cara\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Francisca Ram\u00edrez casi nunca r\u00ede a carcajadas y si lo hace le termina doliendo la cabeza. Ser\u00e1 tal vez porque cuando era ni\u00f1a no tuvo muchos motivos para re\u00edr, dice, tratando de explicarse a s\u00ed misma por qu\u00e9 para ella es tan dif\u00edcil algo tan natural en la especie humana. Esa peculiar caracter\u00edstica, sumada a sus facciones fuertes, le confiere una expresi\u00f3n severa; pero la verdad es que do\u00f1a Chica solo se pone realmente seria cuando est\u00e1 muy ocupada trabajando o cuando habla sobre esa concesi\u00f3n que amenaza su tierra, se construya o no el canal interoce\u00e1nico de Wang Jing.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 hasta tercer grado de primaria, pero se sabe de cabo a rabo la Ley 840 y la recita al dedillo, con una mezcla de rabia y preocupaci\u00f3n. Ahora tambi\u00e9n conoce la Constituci\u00f3n Pol\u00edtica, para defender, entre otras cosas, su derecho a la protesta. En los \u00faltimos cuatro a\u00f1os ha aprendido todo lo que sabe sobre leyes y, adem\u00e1s, empez\u00f3 a utilizar la aplicaci\u00f3n de mensajer\u00eda WhatsApp a fin de mantenerse en comunicaci\u00f3n con los otros l\u00edderes del movimiento. Su hija Francis, hoy de once a\u00f1os, fue quien le ense\u00f1\u00f3 c\u00f3mo usarla.<\/p>\n<figure id=\"attachment_36700\" aria-describedby=\"caption-attachment-36700\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-36700 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-2.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07144012\/272-MAG-CHICA-2.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07144012\/272-MAG-CHICA-2.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07144012\/272-MAG-CHICA-2.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07144012\/272-MAG-CHICA-2.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-36700\" class=\"wp-caption-text\"><em>La casa de Francisca Ram\u00edrez a las 5:00 de la ma\u00f1ana, en La Fonseca, Nueva Guinea.\/ Foto: Oscar Navarrete.\u00a0 <\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Muchas veces es la ni\u00f1a quien busca las noticias para comunic\u00e1rselas a su mam\u00e1, que siempre anda apurada con los asuntos de la finca y de la venta. De esa forma la apoya, ya que no puede hacerlo en las marchas, como lo hacen sus hermanos mayores: Kevin Israel y Maynor, de 21 y 19 a\u00f1os. Cuando hay protestas, la peque\u00f1a Francis se la pasa monitoreando c\u00f3mo va todo, a trav\u00e9s de llamadas telef\u00f3nicas, siempre y cuando haya se\u00f1al. Es m\u00e1s duro para quien se queda en casa. A veces han pasado dos o tres d\u00edas sin saber c\u00f3mo est\u00e1 do\u00f1a Chica, lamenta su madre, do\u00f1a Alejandra.<\/p>\n<p>Sin embargo, apoya la lucha de su hija porque est\u00e1 convencida de que en La Fonseca no van a volver a dormir en paz mientras exista la concesi\u00f3n del canal. Francisca Ram\u00edrez opina lo mismo y afirma que los campesinos no van a ceder si la ley no es derogada: \u201cSi algunos morimos, otros quedar\u00e1n luchando\u201d, sostiene. Y suele animar a su gente, diciendo: \u201cHa sido burro amarrado contra tigre suelto, pero \u00a1no nos hemos dejado! Nos ha rasgu\u00f1ado el tigre, pero no nos ha comido\u201d.<\/p>\n<p>En medio de todo, tiene la convicci\u00f3n de que \u201cen Nicaragua no hay gente dispuesta a luchar, a poner la vida por Daniel Ortega\u201d. \u201cNi aun los mismos polic\u00edas, f\u00edjese\u201d. Lo que la hace estar tan segura de ello es el recuerdo de aquella tarde de octubre de 2015, cuando los campesinos lograron llegar a Managua, despu\u00e9s de superar retenes cada tres kil\u00f3metros, miguelitos y 56 horas de camino.<\/p>\n<p>Francisca Ram\u00edrez iba encabezando la caravana, en la misma camioneta roja que usa para trabajar, y lleg\u00f3 a La Garita de Tipitapa antes que todos. Se hab\u00eda quedado dormida hac\u00eda algunos kil\u00f3metros y cuando abri\u00f3 los ojos vio \u201ccomo 20 buses llenitos de antimotines\u201d y tambi\u00e9n a las personas de la contramarcha organizada por el Gobierno. Se baj\u00f3 del veh\u00edculo para hablar con el jefe de los uniformados.<\/p>\n<p>\u2014Mir\u00e1, muchacho \u2014le dijo\u2014 fijate que tenemos 56 horas de viaje, ya la gente viene indignada, viene con hambre, viene cansada y viene dispuesta a pasar. Venimos dispuestos a pasar, aunque tengamos que morir vamos a pasar.<br \/>\nFue entonces que do\u00f1a Chica volte\u00f3 hacia atr\u00e1s y mir\u00f3 \u201ccualquier miiiiiil de campesinos\u201d con los machetes alzados, brillando bajo el sol.<\/p>\n<p>\u2014Ah\u00ed vienen \u2014le dijo al polic\u00eda\u2014 y vienen por ustedes.<\/p>\n<p>\u201cEse d\u00eda corr\u00ediiian los antimotines, me ped\u00edan \u2018por favooor, se\u00f1oooora\u2019. Ya \u00e9ramos nosotros los que mand\u00e1bamos, la gente no hallaba por d\u00f3nde meterse a los buses, quer\u00edan que las ventanas fueran puertas y dejaban chinelas, sombrillas tiradas (\u2026). Regresamos satisfechos, porque logramos pasar y demostramos que Daniel Ortega es un violador de derechos\u201d, relata, sonriendo, la l\u00edder campesina.<\/p>\n<p>Pero esos machetes que alzaron los campesinos no eran solamente armas. Para ellos es una herramienta de trabajo y casi una extensi\u00f3n de su cuerpo. Sucede que en La Fonseca muchos hombres solo se quitan la \u201ccutacha\u201d cuando se ba\u00f1an y cuando duermen. Y si se van a dormir, la \u201ccutacha\u201d duerme con ellos, debajo de la cama, porque esta tierra roja est\u00e1 plagada de alacranes y aqu\u00ed las serpientes son tan comunes como las ranas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Sobre do\u00f1a Chica<\/h3>\n<figure id=\"attachment_36726\" aria-describedby=\"caption-attachment-36726\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-28.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-36726 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/272-MAG-CHICA-28.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143945\/272-MAG-CHICA-28.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143945\/272-MAG-CHICA-28.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143945\/272-MAG-CHICA-28.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/07143945\/272-MAG-CHICA-28.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-36726\" class=\"wp-caption-text\"><em>La familia de la l\u00edder campesina. De izquierda a derecha, don Migdonio, Francis, Francisca y Maynor. Abajo el peque\u00f1o Migdonito y la hija de Marbelly, hermana de do\u00f1a Chica.\/ Foto: Oscar Navarrete.\u00a0<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tiene cuatro hijos. Tres varones y una mujer. Kevin Israel, de 21 a\u00f1os; Maynor, de 19 a\u00f1os; Francis, de 11 a\u00f1os, y Migdonito, de 7 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ya es abuela. Tiene un nieto y una nieta, ninguno ha cumplido un a\u00f1o.<\/p>\n<p>No le gustan las labores de la casa, prefiere el trabajo de campo y, sobre todo, el negocio. Lo \u00fanico que le gusta hacer en casa es cocinar. Su comida favorita es el arroz \u201cbien voladito\u201d, con frijoles reci\u00e9n hechos, tortilla palmeada en casa y cuajada y crema de su propia finca. Todo lo come con chile.<\/p>\n<p>Casi nunca se enferma de gripe, pero sus hijos s\u00ed, y en esas ocasiones ella se desvela preparando cocimientos con yerba del dolor, hoja de naranja agria, canela, romero y manzanilla.<\/p>\n<p>No escucha m\u00fasica como pasatiempo, pero le gustan las rancheras, sobre todo las de Vicente Fern\u00e1ndez y las de Paquita la del Barrio. \u201cAlguien les ten\u00eda que decir eso a los hombres\u201d, bromea, refiri\u00e9ndose a canciones como Rata de dos patas. Si pudiera asistir a un concierto, definitivamente ser\u00eda uno de Paquita.<\/p>\n<p>Su vicio es el caf\u00e9. Se toma una taza nom\u00e1s se levanta y en d\u00edas intensos puede beberse m\u00e1s de cinco. No aprueba otros vicios, como el cigarro, el alcohol y las cartas. \u201cLos naipes son cosa del diablo\u201d, porque llevan a los hombres a apostar.<\/p>\n<p>No mira telenovelas, ni pel\u00edculas. Solo las noticias. Su programa favorito es Esta Noche, de Carlos Fernando Chamorro.<\/p>\n<p>Posee ochenta cabezas de ganado, entre ellas veinte vacas paridas. No le gusta matarlas. Todas sus reses tienen nombre, las han bautizado los orde\u00f1adores: la Cola Blanca, la Mantequilla, la Crema, la \u00d1u\u00f1ita, la Cucaracha, la hija de Cucaracha. Una vez en su finca mataron a una vaquilla y despu\u00e9s las vacas no dejaban de llorar, asegura. Por eso los 31 de diciembre, cuando su familia por tradici\u00f3n se come una res, prefieren comprarla. \u201cEs una vaca extra\u00f1a\u201d, r\u00ede. \u00bfY sus chanchos se los come? \u201cLos chanchos, pobrecitos\u201d. Le dan pesar, pero se los come rico, bromea. \u00bfHa matado gallinas? \u201cS\u00ed. No tengo problema con las pobres gallinas, son la patas de la fiesta\u201d.<\/p>\n<p>La familia de do\u00f1a Chica gana unos 25,000 c\u00f3rdobas a la semana, entre todos sus miembros, afirma ella. Adem\u00e1s, tiene invertido cerca de tres millones de c\u00f3rdobas en su finca El Milagro. Eso les explica a quienes llegan a ofrecerle cargos pol\u00edticos, para hacerles entender que su tierra vale m\u00e1s que todo.<\/p>\n<h3>Don Migdonio<\/h3>\n<p>Donde est\u00e1 Francisca Ram\u00edrez est\u00e1 su esposo Migdonio L\u00f3pez, pero a la sombra. Llevan juntos 22 a\u00f1os. Se conocieron trabajando, cuando \u00e9l sacaba cargamento de quiquisque de La Esperancita a La Fonseca, y ella le compraba. \u201cSiempre nos ve\u00edamos, \u00e9l ten\u00eda un cami\u00f3n y yo le daba carga, \u00e9l me hac\u00eda los viajes para llevar el producto a las empacadoras de la Guinea\u201d, recuerda do\u00f1a Chica. As\u00ed que todo comenz\u00f3 con quiquisque y con un: \u201cVamos a almorzar\u201d.<\/p>\n<p>Don Migdonio nunca se ha sentido mal porque todo el protagonismo lo tiene su compa\u00f1era. Al contrario, dice ella, \u201cha sido un pilar fundamental\u201d. Yo nunca hab\u00eda andado en lucha y me hicieron llorar cuando comenzaron a decir que me daban dinero. Llor\u00e9 de c\u00f3lera. Migdonio me dijo que llorara y despu\u00e9s me dijo: \u2018Eso es lo que quieren, que te retir\u00e9s. No, tenemos que seguir la lucha\u2019\u201d.<\/p>\n<p>Por otro lado, don Migdonio se meti\u00f3 a la contrarrevoluci\u00f3n a los 12 a\u00f1os de edad y sabe de luchas. Cuando, al inicio de las protestas campesinas, do\u00f1a Chica se quejaba diciendo: \u201cAndamos cien luchando, desvelados y hay mil que est\u00e1n durmiendo en su casa tranquilos. Me da coraje porque esa gente que queda es la que tiene dinero y esta lucha somos los m\u00e1s pobres los que la hacemos\u201d. \u00c9l le respond\u00eda: \u201cFran&#8230; \u00bfsab\u00e9s cu\u00e1ntos and\u00e1bamos en la guerra? And\u00e1bamos diez mil hombres luchando por Nicaragua, y hab\u00eda otros millones, unos fuera de Nicaragua y otros escondidos. As\u00ed son las luchas, no es todo el pueblo, es parte del pueblo, pero peor que no ande nadie\u201d.<\/p>\n<p>No se han casado. \u201cA veces le digo \u2018vamos a casarnos\u2019 \u2014dice do\u00f1a Chica\u2014, pero nunca tenemos tiempo\u201d.<\/p>\n<h3>Los abuelos de Francisca<\/h3>\n<p>La familia de Francisca Ram\u00edrez lleg\u00f3 a La Fonseca, entonces Colonia Somoza, poco despu\u00e9s de la erupci\u00f3n del Cerro Negro, en 1971, y del terremoto de 1972. Sus bisabuelos, quienes se encargaron de la crianza de su madre, do\u00f1a Alejandra Guti\u00e9rrez, se montaron en un cami\u00f3n, junto con los desplazados de Le\u00f3n y de Managua, para ir en busca de tierras.<\/p>\n<p>La sangre de do\u00f1a Chica viene de Matagalpa. Su madre y sus bisabuelos viv\u00edan \u201cposando\u201d, trabajando tierra ajena y recibiendo en pago ma\u00edz y mill\u00f3n, en alg\u00fan punto entre Calabaza y Puertas Viejas, por eso vieron la nueva tierra como una gran oportunidad.<\/p>\n<p>Cuando llegaron a La Fonseca estaba casi despoblada, solo hab\u00eda \u201cmucha hormiga negra, de esas que cuando pican se siente como un balazo\u201d, recuerda do\u00f1a Alejandra, quien en ese tiempo era una adolescente. \u201cLos varones llegaron a La Fonseca a hacer champitas, enramadas, y se fueron a traer a las familias\u201d, que esperaban en Nueva Guinea.<\/p>\n<p>Su abuelo recibi\u00f3 tierra, 50 manzanas entregadas por el gobierno de los Somoza, pero se las quitaron con la promesa de reubicarlo en otro lado, cosa que nunca sucedi\u00f3. Tambi\u00e9n en La Fonseca vivieron \u201cposando\u201d y as\u00ed creci\u00f3 Francisca Ram\u00edrez, por eso decidi\u00f3 trabajar duro a fin de conseguir su propia tierra y que sus hijos no pasaran por lo mismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta es la historia de la mujer que ha movilizado a miles de campesinos contra la concesi\u00f3n canalera que el Gobierno entreg\u00f3 a un empresario chino. 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