{"id":37902,"date":"2006-07-30T16:01:09","date_gmt":"2006-07-30T22:01:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=37902"},"modified":"2020-08-17T14:34:59","modified_gmt":"2020-08-17T20:34:59","slug":"ninos-de-la-oscuridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/ninos-de-la-oscuridad\/","title":{"rendered":"Ni\u00f1os de la oscuridad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Una extra\u00f1a enfermedad ha condenado a cuatro ni\u00f1os de una remota aldea del Caribe nicarag\u00fcense a vivir en la oscuridad. Son casos raros en el mundo de la medicina y sus expectativas de vida son cortas. En su comunidad les llaman los \u201cpiel podrida\u201d, aunque otros prefieren decirles solamente \u201cni\u00f1os de la noche\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Octavio Enr\u00edquez<\/strong><br \/>\n<strong>Fotos de Orlando Valenzuela<\/strong><\/p>\n<p>Los hijos de Solano Paterson G\u00f3mez con Andrea P\u00e9rez Thomson, una joven miskita de 28 a\u00f1os, son cinco. Una sana, con la piel bonita, negra, como casi todos en la Costa Caribe, y con una sonrisa de modelo de pasta de dientes. Sus hermanos tienen sin embargo un karma distinto. Elisa, de 9 a\u00f1os, es ciega, la piel la tiene rugosa, aunque no pueda verla, y tiene un aspecto de quemaduras en algunas partes de su cuerpo. Igual la tiene Marlon, de 5 a\u00f1os; Niesel, de 3, y Saint Clair, un lindo beb\u00e9 de un mes de nacido que tiene ya ronchas en la piel y llora solitario cada vez que escucha un ruido desde la hamaca donde descansa. \u00abAs\u00ed comienzan, despu\u00e9s no pueden resistir el sol\u00bb, explica una vecina. As\u00ed comenzaron todos. Un mes sanos, dos, seis a lo sumo y despu\u00e9s viene la peste.<\/p>\n<p>Los Paterson tienen una enfermedad muy rara en el mundo. El sol los mata literalmente, porque no hay una cura. El mal es gen\u00e9tico y, seg\u00fan el doctor Jorge Isaac Neira, director del Hospital Dermatol\u00f3gico Nacional, un caso como el de estos ni\u00f1os de Rosita ocurre en Estados Unidos cada mill\u00f3n de habitantes. Se llama xerodermia pigmentosa y en Nicaragua en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os llevan contados ocho historias de ni\u00f1os afectados y ninguno de ellos se sabe las condiciones en las que est\u00e1. Son de comunidades lejanas y es dif\u00edcil el seguimiento, confiesa este m\u00e9dico en su cl\u00ednica, lejos ya de la oficina del hospital. Platica ante una computadora con escritorio lleno de carpetas con fotos de ni\u00f1os afectados por otras enfermedades en la piel.<\/p>\n<p><strong>Lea adem\u00e1s: <a href=\"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/reportaje\/los-ninos-la-hamaca\/\">Los ni\u00f1os de la hamaca<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Antes de hablar con Neira, un doctor hab\u00eda dicho que estos ni\u00f1os eran monstruos, pero cuando lo dijo se retract\u00f3 de inmediato. A un ni\u00f1o no se le puede decir as\u00ed. Sin embargo pronunci\u00f3 la palabra y la cambi\u00f3 por una frase menos dura: \u00abSon ni\u00f1os infelices, no juegan con otros ni\u00f1os y al cabo de unos a\u00f1os morir\u00e1n, porque nadie puede hacer nada por ellos. Son presos de la oscuridad y de la muerte\u00bb.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00abSi mi sangre era la mala, les dije yo, yo matar a todos mis hijos, matarme yo y a ella tambi\u00e9n\u00bb, dice el padre miskito se\u00f1alando a su esposa.<\/p>\n<\/blockquote>\n<figure id=\"attachment_37904\" aria-describedby=\"caption-attachment-37904\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Ni\u00f1os-de-la-Oscuridad4.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-37904 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Ni\u00f1os-de-la-Oscuridad4.jpg\" alt=\"Foto de Orlando Valenzuela\" width=\"700\" height=\"469\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143107\/Ni%C3%B1os-de-la-Oscuridad4.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143107\/Ni%C3%B1os-de-la-Oscuridad4.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143107\/Ni%C3%B1os-de-la-Oscuridad4.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-37904\" class=\"wp-caption-text\">Elisa Paterson da siempre la espalda ante las visitas, su enfermedad la apena. Solano y su esposa Andrea tienen cuatro hijos con problemas en la piel.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El peque\u00f1o miskito con las manos llenas de cal tiene los ojos negros como la noche, las botas de hule sucias como si nunca hubieran pasado trapo alguno por ellas y una camiseta serigrafiada de hoyos al borde del cuello, y de un color tan p\u00e1lido que llamarla gris es un piropo. Solano Paterson G\u00f3mez, de 35 a\u00f1os, deja una carretilla, se sienta en una tabla inclinada, agarra una piedra con la mano derecha y la aprieta a medida que conversa. A pocos cent\u00edmetros, un trozo de madera a\u00fan arde. La temperatura sofocante invita al sopor en la calera de Rosita, 480 kil\u00f3metros al norte de Managua, en el Caribe nicarag\u00fcense.<\/p>\n<p>El horno calienta en la vieja estructura con techo de zinc. Falta sacar la cal de la piedra y Paterson G\u00f3mez, el campesino de los ojos negros y la frente llena de arrugas, deja caer una frase que calienta m\u00e1s la calera. Cinco trabajadores con las espaldas mojadas de sudor acarrean pedazos de madera en unas carretillas. Todo es modorra a las 12:30 minutos del mediod\u00eda, despu\u00e9s de una jornada que inicia a las siete de la ma\u00f1ana y por la que obtienen 24 d\u00f3lares semanales pagados en moneda local. Nadie almuerza a la hora de la entrevista con Solano y \u00e9l solo persiste en la preocupaci\u00f3n que le ha machucado el cerebro desde hace nueve a\u00f1os, cuando naci\u00f3 su primera hija y se esperaba que todo fuera pura felicidad.<\/p>\n<p>\u2014Hace poco vinieron unos m\u00e9dicos venezolanos a ver a mis hijos y yo les pregunt\u00e9 si mis hijos estaban enfermos, porque mi sangre era mala&#8230; Ellos decir que no. Si mi sangre era la mala, les dije yo, yo matar a todos mis hijos, matarme yo y a ella tambi\u00e9n (esposa).<\/p>\n<p>Lo dice trabajosamente en espa\u00f1ol y lo refuerza en miskito, ayudado por un compa\u00f1ero de trabajo que hace las veces de traductor. Pero le creo. Los miskitos tienen fama de no ser mentirosos. De ser toscos, demasiado tercos, pero no mentirosos.<\/p>\n<p>Si era cierto entonces, \u00bfc\u00f3mo a alguien se le puede ocurrir matar a sus hijos? Los ojos de Solano Paterson sin embargo dicen mucho de sus razones. Se apagan r\u00e1pidamente. Calla segundos, aprieta la piedra como si pudiera estrangularla y dice: \u00abSoy pobre, tengo cuatro hijos enfermos y nadie puede ayudarme, yo fui varias veces a hospital y medicinas no hay\u00bb. No miente, la misma directora del Ministerio de Salud en la regi\u00f3n, Sonia Chang, dice que la medicina para tratar a estos ni\u00f1os no existe y el otro problema es la cobertura m\u00e9dica. Apenas un m\u00e9dico por cada 4,939 habitantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cuando son las cinco y media de la tarde, la casa de tambo de los Paterson en Divahil, una comunidad ubicada a cinco kil\u00f3metros de Rosita, est\u00e1 llena de humo. Y el holl\u00edn tizna el techo de paja del hogar de nueve pasos de largo y ancho. Hace insoportable la tarde, mientras se escuchan ruidos en un cuarto del lado, una peque\u00f1a pieza donde hay dos camas angostas cubiertas con s\u00e1banas baratas y donde la luz se filtra tenue.<\/p>\n<p>Las viviendas de los miskitos son de madera. Construidas en dos o tres semanas para que duren dos o tres a\u00f1os. Los tablones del suelo son colocados para que aguanten poco peso, a una altura de unos metros, para evitar que todo se vuelva lodo cuando las llenas del r\u00edo Bambana inundan la comunidad.<\/p>\n<p>En el cuarto de los Paterson las paredes fueron cerradas con bamb\u00fa para evitar que el sol se colara, pero los rayos son impertinentes y algo de luminosidad entra en el cuarto y da\u00f1a a\u00fan m\u00e1s a los hijos que est\u00e1n bajo una de las camas. En el lugar uno se ve las manos, se ve la cara y los ni\u00f1os lloran porque se sienten descubiertos por las visitas. Otros se ocultan. No es nada raro. Cada vez que llegan visitantes, o los ocultan all\u00ed o se cubren con s\u00e1banas, trapos, para que no les vean el rostro, las manos, las piernas, los brazos chamuscados. Y sobre todo el alma herida.<\/p>\n<p>Pero son ni\u00f1os, acota su madre, y cuenta enseguida que antes de que llegaran a visitarlos, hab\u00eda impuesto su autoridad ante una escapada del llor\u00f3n de Marlon, el m\u00e1s travieso de todos y de su hermano Niesel. Quer\u00edan, a pesar del sol, ir a cortar unas flores que es como juegan, cuenta su hermana Francisca, la \u00fanica que inexplicablemente es la sana de la casa, pese a ser la segunda hija de Solano Paterson.<\/p>\n<p>\u00abLos ni\u00f1os a veces quieren salir en la noche, ir adonde su abuelo a visitarlo, pero no los dejo salir. Prefiero tenerlos en mi casa. Mi hija mayor a veces quiere ir a ver al abuelo, pero no lo permito para evitar disgustos con la gente. Ellos llegan, pero el abuelo no tiene acercamiento mucho. En realidad quieren ir a jugar con otros ni\u00f1os, para relacionarse con ellos\u00bb, cuenta la madre.<\/p>\n<p>Cuando no pueden visitar al pariente juegan otras cosas. No veo juguetes en ninguna parte de la casa. Y su madre cuenta que agarran un machete y hacen pedazos unos guineos cuadrados que completan el arroz y los frijoles de la comida. Los pedazos est\u00e1n regados en los tablones de la casa, pero no logro imaginarme en qu\u00e9 consiste el juego. He visto en las calles de Managua a ni\u00f1os jugando con monedas, pero jam\u00e1s a ni\u00f1os jugando con pedazos de pl\u00e1tano.<\/p>\n<p>Me quedan las dudas. Ninguno de ellos quiere ense\u00f1arme en qu\u00e9 consiste su diversi\u00f3n. Se quedan callados y me ven como se puede ver a un extra\u00f1o impertinente. Pasan de largo, vuelven bajo la cama, a pesar de la invitaci\u00f3n que le hace su madre a que est\u00e9n presentes. Los tablones se ven h\u00famedos como si se hubiesen orinado o botado un vaso con agua. As\u00ed que estar sobre esas tablas debe ser desagradable, cuando menos asqueroso. \u00bfQu\u00e9 sienten estos ni\u00f1os? Ninguno me responde. Me acerco y lloran, una actitud que se repite cada vez que llegan extra\u00f1os.<\/p>\n<p>Los Paterson juegan generalmente entre varones. Y por eso la ni\u00f1a ciega, de 9 a\u00f1os, limpia la vivienda como suelen hacerlo los miskitos: avanza arrodillada en el piso de tablones con un trapo h\u00famedo que hace las veces de lampazo, mientras su mam\u00e1 cocina y los otros chig\u00fcines se dedican a sus juegos.<\/p>\n<p>No es el caso ahorita. Mam\u00e1 acaba de llegar del r\u00edo Bambana. Abraza a sus hijos. Para llegar all\u00ed ha pasado por muchas de las 43 casas de la comunidad, habitada desde el siglo pasado por la descendencia de Walter Fenly y Lucinda Brack, dos habitantes de Rosita que se mudaron a la monta\u00f1a agreste, en la que empezaron a cultivar hortalizas y granos b\u00e1sicos con el \u00fanico impedimento que cada vez que tocaban tierra aparec\u00edan vasijas quebradas. Fue a do\u00f1a Lucinda a quien se le ocurri\u00f3 el nombre con el que bautizaron al lugar. As\u00ed naci\u00f3 Divahil, o \u00abcosas quebradas\u00bb traducido al espa\u00f1ol y desde aquel momento la descendencia ha proliferado y ahora son 378 habitantes que pescan y trabajan en la ciudad, a la que se llega despu\u00e9s de cinco kil\u00f3metros caminados entre monte y despu\u00e9s de pasar un puente colgante, donde se bambolea todo. Antes la gente se pasaba el r\u00edo, grande y sucio en esta \u00e9poca de lluvia, usando unos cayucos que todav\u00eda est\u00e1n anclados a la orilla, a unos 30 metros de donde las mujeres lavan, donde estaba Andrea P\u00e9rez Thomson, con su ombligo mojado, lavando antes de encontrarse de nuevo con sus hijos.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-37902 gallery-columns-3 gallery-size-thumbnail'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/ninos-de-la-oscuridad\/attachment\/solano-parteson-y-su-hijo\/'><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg\" class=\"attachment-thumbnail size-thumbnail\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-37905\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 150w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 600w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 24w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 48w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 96w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143106\/Solano-Parteson-y-su-Hijo.jpg 100w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-37905'>\n\t\t\t\tSolano Paterson y su hijo Marlon, a quien cubre para que no le d\u00e9 el sol.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/ninos-de-la-oscuridad\/attachment\/francisca-la-unica-hija-buena\/'><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg\" class=\"attachment-thumbnail size-thumbnail\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-37906\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 150w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 600w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 24w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 48w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 96w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143105\/Francisca-la-unica-Hija-Buena-.jpg 100w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-37906'>\n\t\t\t\tFrancisca, la \u00fanica hija sana de la familia Paterson.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En su hamaca en las primeras casas de la comunidad, Adriana Fenly muestra los dientes en tono amistoso. Tiene 100 a\u00f1os de edad y su risa parece la de un retrato tomado cuando ella era joven. Tan bien se conserva. La partera de Divahil es la hija de los fundadores de la aldea. Fenly trajo al mundo a todos los hijos de la comunidad, que son sus descendientes, incluyendo a los Paterson. El \u00fanico caso que ella conoce de ni\u00f1os enfermos de la piel.<\/p>\n<p>Para ella, como para la cultura miskita, el mal de los Paterson tiene una explicaci\u00f3n. El problema no es gen\u00e9tico, como explican los m\u00e9dicos, sino de una sirena que anda en el r\u00edo y pudre la piel de los ni\u00f1os. En esto tambi\u00e9n tiene que ver el diablo.<\/p>\n<p>Eso mismo cre\u00eda Solano Paterson. Fue al hospital en Rosita, una ciudad de pocas l\u00edneas telef\u00f3nicas, inaccesible para los celulares, con un sitio nom\u00e1s donde se puede revisar internet y sin bancos. En el centro hospitalario dice que le dieron terramicina y no le sirvi\u00f3 para mucho.<\/p>\n<p>Paterson puso a sus hijos entonces en manos de los curanderos de la zona. Los m\u00e9dicos que en el Caribe han sido capaces de obrar verdaderos milagros como curar en el pasado el mal de grisi siknis o histeria colectiva, gracias al que hombres y mujeres sal\u00edan corriendo como locos machete en mano. Con sus hijos no pudieron.<\/p>\n<p>Al hogar de Paterson llevaron hierbas de todo tipo, pero nada ayud\u00f3 a que mejoraran sus chavalos. \u00abCuando naci\u00f3 mi primera hija yo estaba feliz, pero despu\u00e9s a los tres meses le sali\u00f3 la enfermedad, me da l\u00e1stima. Cuando miro a los otros ni\u00f1os me pongo triste. Si mis hijos estuvieran buenos, le ayudaran a su madre. Tiene esa enfermedad la mayor, pero es mi hija. La tengo que chinear\u00bb, dice el padre.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">Para la cultura miskita, el mal de los Paterson tiene una explicaci\u00f3n. El problema no es gen\u00e9tico, como explican los m\u00e9dicos, sino de una sirena que anda en el r\u00edo y pudre la piel de los ni\u00f1os.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Francisca, de 8 a\u00f1os, es la ni\u00f1a sana de la casa. Est\u00e1 flaquita, pero est\u00e1 bien de salud. Ella sabe muchas an\u00e9cdotas de sus hermanos. De c\u00f3mo el resto de ni\u00f1os los tratan. La mayor\u00eda de esas veces los insultos dan paso a una discusi\u00f3n, jam\u00e1s en pleito, porque ella no es violenta, y luce m\u00e1s bien un parecido con Lisa Simpson en lo terca para defender sus criterios. Para defenderlos a ellos.<\/p>\n<p>\u00abBul pis kira\u00bb, les dicen el resto de ni\u00f1os cuando los ven salir por pocos minutos. La traducci\u00f3n de las palabras en miskito es cruel: \u00abPiel pinta\u00bb, pero no tanto como la otra: \u00abTaia suknira\u00bb (piel podrida).<\/p>\n<p>Y los ni\u00f1os dejan el claroscuro del cuarto, salen y ya ven a su padre y su madre juntos. Es de tarde. La pareja se ve en un espejo. Sus ni\u00f1os son su presente, el presente de un amor que naci\u00f3 entre Solano Paterson y Andrea, una muchacha que \u00e9l conoci\u00f3 hace diez a\u00f1os cuando ella visitaba la comunidad en busca de un t\u00edo. Se enamoraron. Se vieron algo que no se puede explicar en los ojos y poco tiempo despu\u00e9s ya viv\u00edan juntos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs verdad que usted esconde a sus hijos cuando hay visitas? \u2014le pregunto a Andrea P\u00e9rez con ayuda de Leonor Paterson (no es pariente ninguno de ellos), la enfermera miskita que los ha atendido en los \u00faltimos a\u00f1os desde que una brigada del Ministerio de Salud, comandada por la doctora Sonia Chang, directora municipal, viaj\u00f3 hasta la comunidad de Divahil para confirmar que exist\u00edan estos ni\u00f1os enfermos.<\/p>\n<p>La madre dice que s\u00ed, que les pone s\u00e1banas, pero que tambi\u00e9n los ni\u00f1os tienen pena. Y se nota. Esconden la cara y la ni\u00f1a mayor cuando llegu\u00e9 daba la espalda a las visitas, cubri\u00e9ndose con una camisa los brazos. Como si alguien le dijera que de frente provocaba repulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 espera usted que pase en los pr\u00f3ximos a\u00f1os con sus hijos? \u2014le pregunto a Andrea, la madre.<br \/>\n\u2014Han venido m\u00e9dicos de otro lugar. Yo quiero que se mejoren, pero los m\u00e9dicos dicen que solo van a llevarse a ni\u00f1os afectados a otra parte para buscarles ayuda. Y eso no lo podemos permitir. Donde mueran nuestros hijos, all\u00ed moriremos nosotros (&#8230;) Uno de mis hijos dice que se va curar y despu\u00e9s me va dejar y se va ir donde su madrina, porque desea comer algo diferente. Aqu\u00ed comemos arroz y frijoles. Mi ni\u00f1o sue\u00f1a con comer carne.<\/p>\n<figure id=\"attachment_37907\" aria-describedby=\"caption-attachment-37907\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Miskitos-creen-en-emfermedad-.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-37907 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Miskitos-creen-en-emfermedad-.jpg\" alt=\"Foto de Orlando Valenzuela\" width=\"700\" height=\"469\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143104\/Miskitos-creen-en-emfermedad-.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143104\/Miskitos-creen-en-emfermedad-.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143104\/Miskitos-creen-en-emfermedad-.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-37907\" class=\"wp-caption-text\">Los miskitos creen que la enfermedad es producida por una sirena que se pasea en el r\u00edo Bambana y tambi\u00e9n por el Diablo.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os Paterson no tienen juguetes, jam\u00e1s los han tenido. El interior de la vivienda ser\u00eda un monumento a la soledad si no fuera por las melod\u00edas rancheras que animan a los visitantes y que salen de un radio viejo colgado de la pared. A los ni\u00f1os, a la se\u00f1ora Paterson, se le hace m\u00e1s de lo mismo: un poco de m\u00fasica entre tantas carencias, un capote por aqu\u00ed, los platos ac\u00e1, un candil sobre la repisa&#8230; un salario que no alcanza.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os salen un momento de debajo de la cama. Han hablado todos, menos ellos: los condenados. Ellos, quienes seg\u00fan los m\u00e9dicos, vivir\u00e1n 20 a\u00f1os a lo sumo si el tratamiento es de rey. Entonces aparece la ni\u00f1a ciega con cara de contil, como le dice su madre. Tiene algo en la mano. Los ojos idos, blancos. La ve otro de sus hermanos. Todos se notan inc\u00f3modos. Y uno tambi\u00e9n de hacerle esta entrevista.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 sent\u00eds con tu enfermedad, Elisa?<\/p>\n<p>(Su hermanito el menor llora a gritos, hay muchos curiosos. R\u00eden otros. Grandes pausas, silencio).<\/p>\n<p>\u2014Me siento mal (se calla. M\u00e1s lac\u00f3nica imposible, otra vez me siento inc\u00f3modo).<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo te va con tus amigos?<\/p>\n<p>\u2014No tengo amigos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hac\u00e9s cuando est\u00e1s solita?<\/p>\n<p>\u2014Yo limpio la casa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfJug\u00e1s con tus hermanos, juegan todos juntos?<\/p>\n<p>\u2014Jugamos con flores. Vamos a cortar flores y las traemos aqu\u00ed para jugar.<\/p>\n<p>(La madre dice que evita que salga ella porque no ve y se puede caer, el sol les provoca ardor en la piel y les acent\u00faa los granos).<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es el m\u00e1s divertido de todos tus hermanos?<\/p>\n<p>\u2014El m\u00e1s malo es Marlon. Juega con machete.<\/p>\n<p>Se oye la risa de otro familiar. Y luego se queda callada. Marlon \u2014cuenta el resto de los presentes\u2014, amarra a su pap\u00e1 a la hamaca cuando est\u00e1 dormido y Solano lo confirma. Cansado despu\u00e9s del d\u00eda de trabajo en la calera, de horas de sudor interminable, el hijo lo ajusticia de esa manera. Con ese estilo que en los ni\u00f1os suena a otra cosa. \u00bfA qu\u00e9?, me pregunto. La respuesta est\u00e1 all\u00ed mordi\u00e9ndose la cola: suena a ni\u00f1os; ni\u00f1os igual a travesuras.<\/p>\n<h4>Las claves m\u00e9dicas<\/h4>\n<p>El doctor Jorge Neira, director del Hospital Dermatol\u00f3gico, dice que \u00abla situaci\u00f3n de estos ni\u00f1os es como que te pusieras todos los d\u00edas a tostarte al sol, pero con una velocidad rapid\u00edsima, y a veces el da\u00f1o en 30 a\u00f1os lo hace en meses. El problema es gen\u00e9tico, no existe cura actualmente, es una transmisi\u00f3n hereditaria, algo inmediato\u00bb.<\/p>\n<p>Neira dice que han localizado a siete u ocho casos en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os. \u00abSe les ha prestado la ayuda posible, pero esta enfermedad necesita ayuda permanente por lo menos lo que dure la vida del paciente. Fundamentalmente son personas que no pueden exponerse ni levemente al sol. Todos estos casos individualmente son impactantes. Los padres no buscan ayuda y siguen teniendo hijos como el caso de Rosita. La complicaci\u00f3n m\u00e1s severa es el c\u00e1ncer de piel\u00bb.<\/p>\n<p>Dice que uno de los ni\u00f1os le dijo que no hab\u00eda podido ser nunca ni\u00f1o. Ser como los otros: jugar libre, libre como el viento. El m\u00e9dico dice que tres hermanas han sobrevivido a esta enfermedad en Jinotepe, pero ha sido un milagro. Una de ellas es enfermera, cuenta, y las otras dos han logrado ser tambi\u00e9n alguien en la vida.<\/p>\n<p>Entre las cosas que un enfermo de xerodermia pigmentosa necesita para tratarse bien son los protectores, no debe salir al sol, debe tratar las lesiones cancerosas. A los ni\u00f1os les quedan cicatrices. Los productos son caros. El m\u00e1s barato de los protectores solares, por ejemplo, anda como en 200 c\u00f3rdobas; el m\u00e1s caro anda en 500 y deben ponerse entre un frasco y frasco y medio en todo el cuerpo, asegura Neira.<\/p>\n<p>Actualmente no hay ning\u00fan centro que se dedique a cuidar a este tipo de ni\u00f1os y hasta ahora hay un m\u00e9dico norteamericano que busca ayuda en Estados Unidos, seg\u00fan el doctor Neira y Sonia Chang, directora del Minsa en Rosita. La directora asegura que el m\u00e9dico estadounidense est\u00e1 buscando ayuda para construir un centro en la comunidad donde los ni\u00f1os puedan estudiar sin peligro a que el sol los da\u00f1e.<\/p>\n<h4>Los otros<\/h4>\n<p>Los Paterson bien podr\u00edan ser personajes de pel\u00edcula como en Los Otros, de Alejandro Amen\u00e1bar, en la que Nicole Kidman cre\u00eda que sus hijos ten\u00edan esa enfermedad y por eso los manten\u00eda encerrados en una mansi\u00f3n con cortinas por todos lados, una historia de espantos con una de las mejores actrices de los \u00faltimos tiempos.<\/p>\n<h4>La carta<\/h4>\n<p>En abril del a\u00f1o pasado un doctor norteamericano visit\u00f3 la casa de los Paterson en la remota comunidad de Divahil. Conoci\u00f3 a los ni\u00f1os y qued\u00f3 impactado, seg\u00fan la doctora Sonia Chang, directora del Hospital de Rosita, lo que se puede ver en esta carta.<\/p>\n<p>\u00abDra. Sonia, espero que est\u00e9 mejor. Lo m\u00e1s importante sobre los tres ni\u00f1os de la familia miskita es que estoy seguro que los ni\u00f1os tienen una condici\u00f3n rara y gen\u00e9tica, que se llama xerodermia pigmentosa. Es una situaci\u00f3n grave, y sin buena disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abCada padre tiene un gen y seg\u00fan las reglas de probabilidad, hay veinticinco por ciento de probabilidad que cada ni\u00f1o tendr\u00e1 la condici\u00f3n. La madre est\u00e1 embarazada ahora, y es posible que ya tenga un ni\u00f1o m\u00e1s con la condici\u00f3n. Los ni\u00f1os que tienen esta enfermedad tienen que evitar el sol por todos los modos posibles, y en realidad necesitan vivir en la oscuridad. Adem\u00e1s, probablemente los ni\u00f1os son retardados mentalmente, y la ni\u00f1a de 9 a\u00f1os es ciega, y los dos otros (de 2 y 4 a\u00f1os de edad) probablemente son ciegos, o ser\u00e1n ciegos pronto. La ni\u00f1a de nueve a\u00f1os tiene carcinomas de c\u00e9lula basal en su cara, y necesita cirug\u00eda para remover los tumores.<\/p>\n<p>\u00abEs posible tratar carcinomas peque\u00f1as con una crema que se llama Aldara o &#8216;imiquimod&#8217;, pero el costo de esta medicina es mucho. Voy a tratar de obtener esta medicina para el uso del doctor Neira en Managua, y para el uso de ustedes en Rosita. Espero que sea posible obtener la medicina gratis a trav\u00e9s de la compa\u00f1\u00eda que la hace. Si puedo obtener la medicina, entonces le mandar\u00e9 la medicina tan pronto como sea posible. Tengo informaci\u00f3n e ideas de otros pacientes tambi\u00e9n, pero voy a escribirle otra vez pronto cuando puedo mandar fotograf\u00edas y los nombres de estos pacientes con la informaci\u00f3n. Si tiene usted preguntas, por favor escr\u00edbame y tratar\u00e9 de contestarle pronto. Hasta pronto.<\/p>\n<p>\u00abConrad L Brimhall, M.D. M\u00e9dico de Winsconsin, Estados Unidos\u00bb.<\/p>\n<figure id=\"attachment_37908\" aria-describedby=\"caption-attachment-37908\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Andrea-Perez-.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-37908 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Andrea-Perez-.jpg\" alt=\"Foto de Orlando Valenzuela\" width=\"700\" height=\"518\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143103\/Andrea-Perez-.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143103\/Andrea-Perez-.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/07143103\/Andrea-Perez-.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-37908\" class=\"wp-caption-text\">Este es el cuarto donde los ni\u00f1os Paterson se esconden de las visitas y donde menos entra el sol en la casa. Aunque hay horas del d\u00eda en que la luz se filtra como en esta ocasi\u00f3n cuando est\u00e1n con su madre, Andrea P\u00e9rez.<\/figcaption><\/figure>\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini_box\" style=\"background: initial !important; border: initial !important; border-radius: initial !important; border-spacing: initial !important; border-collapse: initial !important; direction: ltr !important; flex-direction: initial !important; font-weight: initial !important; height: initial !important; letter-spacing: initial !important; min-width: initial !important; max-width: initial !important; min-height: initial !important; max-height: initial !important; margin: auto !important; outline: initial !important; padding: initial !important; position: absolute; table-layout: initial !important; text-align: initial !important; text-shadow: initial !important; width: initial !important; word-break: initial !important; word-spacing: initial !important; overflow-wrap: initial !important; box-sizing: initial !important; display: initial !important; color: inherit !important; font-size: 13px !important; font-family: X-LocaleSpecific, sans-serif, Tahoma, Helvetica !important; line-height: 13px !important; vertical-align: top !important; white-space: inherit !important; left: 382px; top: 8795px; opacity: 0.05;\">\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini_logo\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" title=\"Traducir texto seleccionado\"><\/div>\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini_sound\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" title=\"Escuchar\"><\/div>\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini_copy\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" title=\"Copiar texto al Portapapeles\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una extra\u00f1a enfermedad ha condenado a cuatro ni\u00f1os de una remota aldea del Caribe nicarag\u00fcense<br \/>\na vivir en la oscuridad. Son casos raros en el mundo de la medicina y sus expectativas de vida son cortas. En su comunidad les llaman los \u201cpiel podrida\u201d, aunque otros prefieren decirles solamente \u201cni\u00f1os de la noche\u201d<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":37903,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[491,26],"tags":[],"class_list":["post-37902","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cronica","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37902","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37902"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37902\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":51904,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37902\/revisions\/51904"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/37903"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37902"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37902"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37902"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}