{"id":39378,"date":"2017-12-11T14:06:39","date_gmt":"2017-12-11T20:06:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=39378"},"modified":"2018-09-14T11:30:43","modified_gmt":"2018-09-14T17:30:43","slug":"39378","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/columnas\/39378\/","title":{"rendered":"Alabanza del beisbol"},"content":{"rendered":"<p>El beisbol ha sido en mi vida una experiencia \u00edntima y aunque alguien alce las cejas en extra\u00f1eza, espiritual. Y filos\u00f3fica. No hablo desde la perspectiva del atleta, pues solo fui bueno para calentar banca, un maleta con toda sus letras, sino como espectador creyente en las c\u00e1balas insondables del juego, y entrometido en las vidas y en las haza\u00f1as de los jugadores en el terreno, que de ni\u00f1o se transfiguraban ante mis ojos al verlos con el uniforme puesto y dejaban de ser lo que eran, sastres, alba\u00f1iles, cortadores de ca\u00f1a, para convertirse en superh\u00e9roes con poderes sobrenaturales, como los de las historietas.<\/p>\n<p>Coleccionista de figuritas de beisboleros a ver qui\u00e9n llenaba primero el \u00e1lbum; apasionado de las transmisiones en onda corta de las series mundiales, Yankees contra Dodgers, en la voz de Bob Canell, y las de onda larga de la liga profesional en la voz de Sucre Frech, ambos locutores personajes m\u00e1gicos por lo que sus voces contaban creando im\u00e1genes de la nada; part\u00edcipe encandilado del rito del juego desde las grader\u00edas, la novena servidora calentando en el cuadro bajo el deslumbre blanco de las luces de las torres, la vista de los dugouts, siempre misteriosos como cuevas que eran; el primer hombre al bate, el pujido del \u00e1rbitro de negro cantando el primer strike, la pelota hacia las profundidades m\u00e1s all\u00e1 de la cerca de lat\u00f3n encendida con los colores de los anuncios comerciales.<\/p>\n<p>En 1947, a mis 5 a\u00f1os, la gente se agolpaba frente a la casa del vecino en Masatepe, quien hab\u00eda sacado su receptor de radio Philips a la acera, puesto a todo volumen sobre una silleta, y todo el mundo escuchaba con unci\u00f3n religiosa la transmisi\u00f3n desde Cartagena del juego entre Nicaragua y Colombia, d\u00e9cima Serie Mundial, para gritar en algarab\u00eda cuando met\u00edamos un hit, y quejarse en desconsuelo cuando nos met\u00edan una carrera.<\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente conoc\u00ed por primera vez el encanto de la multitud colmando las grader\u00edas, en la inauguraci\u00f3n del Estadio Nacional, s\u00e1bado 20 de noviembre de 1948, und\u00e9cima Serie Mundial, a la que asist\u00ed con mi padre y mis t\u00edos, un bus expreso atestado de fan\u00e1ticos en la oscuridad de la madrugada, las colas interminables, los asientos de sombra, el desfile, las bandas de m\u00fasica, los equipos, el viejo Somoza de gorra roja, barrig\u00f3n, lanzando la primera bola.<\/p>\n<p>Y los viajes nocturnos con mis t\u00edos Alberto y Carlos Jos\u00e9 para ver al B\u00f3er jugar contra el Cinco Estrellas en los partidos en que los jonrones de Marvin Throneberry hac\u00edan sonar las campanas de la iglesia del Carmen porque la bola atravesaba la calle y volaba hasta la torre; o la ma\u00f1ana de domingo en que fui con mis hermanos Lisandro y Rogelio a Masaya y vimos c\u00f3mo Felipe Montemayor la sacaba del estadio, hasta hacerla caer en la laguna.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n la magia de los estadios vac\u00edos que traslad\u00e9 a mi cuento Juego Perfecto, una historia sobre la esperanza y la derrota, porque el beisbol tambi\u00e9n es literatura por sus personajes tantas veces tr\u00e1gicos, como el de mi otro cuento, El Centerfielder, o cuando encarnan el olvido y la degradaci\u00f3n que siguen a la gloria, tal como lo puse en Aparici\u00f3n en la f\u00e1brica de ladrillos, donde el \u00e1ngel tutelar no es otro que Casey Stengel, el viejo m\u00e1nager cascarrabias de los Yankees de Nueva York.<\/p>\n<p>El beisbol resulta aburrido hasta la muerte para quien no entiende sus reglas, como cuando todo se resuelve en un duelo de picheo y parece que no est\u00e1 pasando nada, pero es una de las tantas veces en que el espectador instruido se convierte en estratega y a lo largo de los nueve innings est\u00e1 sustituyendo permanentemente al m\u00e1nager, aconsejando y dictando jugadas, porque a cada paso se abren posibilidades infinitas, senderos que se bifurcan y al bifurcarse se multiplican, profundidades insondables que hubieran encantado a Borges, a quien horrorizaba el futbol.<br \/>\nEn el beisbol, desde las grader\u00edas, uno puede seguir siendo un ni\u00f1o toda la vida.<\/p>\n<p>Masatepe, noviembre 2017.<br \/>\nwww.sergioramirez.com<br \/>\nwww.facebook.com\/escritorsergioramirez<br \/>\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/sergioramirezm?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by sergioramirezm<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El beisbol ha sido en mi vida una experiencia \u00edntima y aunque alguien alce las cejas en extra\u00f1eza, espiritual. 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