{"id":39641,"date":"2008-09-21T14:47:46","date_gmt":"2008-09-21T20:47:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=39641"},"modified":"2021-07-07T14:20:52","modified_gmt":"2021-07-07T20:20:52","slug":"querida-esthercita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/querida-esthercita\/","title":{"rendered":"Querida Esthercita"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Ella era una joven acomodada, \u00e9l era su profesor de Gram\u00e1tica y Literatura. Sin mucho cortejo, se enamoraron y en contra de la voluntad del padre de ella, se casaron. Vivieron juntos ocho a\u00f1os hasta que la guerra de 1912 los separ\u00f3 para siempre.<br \/>\nHoy, solo queda la historia de aquel amor, algunas fotograf\u00edas y una carta, la \u00faltima de tantas, donde el general Benjam\u00edn Zeled\u00f3n se despide y reitera el amor por su amada Esther<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Dora Luz Romero Mej\u00eda<\/strong><br \/>\n<strong>Fotos de Archivo y Cortes\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>El 14 de octubre de 1912 fue un d\u00eda funesto para Esther Ram\u00edrez. Eran tiempos de guerra. Los liberales peleaban en contra de los soldados norteamericanos \u2014quienes estaban aliados con los conservadores\u2014 por la libertad e integridad territorial de Nicaragua. Ese d\u00eda, ese 4 de octubre, Esther, quien se refugiaba junto a sus cuatro hijos en la casa de su hermana Josefa desde que la guerra inici\u00f3, escuch\u00f3 unas palabras que ven\u00edan de la calle: \u00ab\u00a1Han ahorcado a Zeled\u00f3n y arrastran su cad\u00e1ver en una carreta!\u00bb. Qued\u00f3 helada, inm\u00f3vil y por primera vez en la vida, Manuela, la se\u00f1ora que le ayudaba con el cuido de los peque\u00f1os, la vio llorar.<\/p>\n<p><strong>Lea tambi\u00e9n: <a href=\"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/reportaje\/amorcita-linda\/\">Amorcita linda<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Su esposo, su compa\u00f1ero, su confidente, el general Benjam\u00edn Zeled\u00f3n, con quien hab\u00eda compartido ocho a\u00f1os de su vida, hab\u00eda sido masacrado en la batalla final, en El Coyotepe. Atado de pies y manos fue arrastrado por las secas y polvosas calles de Masaya.<\/p>\n<p>Quebrantada y triste, en el cuarto de la casa de su hermana, Ram\u00edrez cerr\u00f3 la puerta, se hinc\u00f3, tom\u00f3 su rosario y casi en silencio rez\u00f3: \u00abPadre nuestro que est\u00e1s en el cielo&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>En sus manos quedaba la carta, la \u00faltima carta que Zeled\u00f3n le escribi\u00f3 y donde proclamaba su amor por ella, por sus hijos, pero sobre todo por su patria. Una carta que a\u00f1os m\u00e1s tarde ser\u00eda una reliquia.<\/p>\n<p>A partir de ese instante, la historia de amor con quien hab\u00eda sido su profesor de gram\u00e1tica y con quien luego se cas\u00f3 en contra de la voluntad de su padre, era as\u00ed, a secas, solo un recuerdo. Su cuento de amor, que parec\u00eda de aquellos al estilo Romeo y Julieta, se convirti\u00f3 en una pel\u00edcula mental a la que le dio <em>play<\/em>, una y otra vez, a lo largo de su existencia.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39644\" aria-describedby=\"caption-attachment-39644\" style=\"width: 400px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-3.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39644\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-3.jpg\" alt=\"Magazine\/La Prensa\/Cortes\u00eda\/Centro de Historia Militar.\" width=\"400\" height=\"734\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-3.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-3.jpg 164w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-3.jpg 558w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-3.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39644\" class=\"wp-caption-text\">\u00abCuando \u00e9l (Zeled\u00f3n) llegaba a la casa de mi abuela (Ram\u00edrez) le exig\u00edan que llegara a dar la clase, de chaquet\u00f3n largo; o sea, seg\u00fan la moda masculina de la \u00e9poca\u00bb, afirma Gloria Guardia, nieta de Zeled\u00f3n y Ram\u00edrez.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En medio de geranios y jazmines floreci\u00f3 el amor de Benjam\u00edn Zeled\u00f3n y Esther Ram\u00edrez. El patio de la casa de los Ram\u00edrez en Le\u00f3n era un para\u00edso cargado de bellos arbustos y olorosas rosas.<\/p>\n<p>Ese era el sitio donde las tres hermanas Ram\u00edrez Jerez \u2014Esther, Josefa y Luisita\u2014, hijas de don Ger\u00f3nimo, un hacendado y m\u00e9dico estudiado en Par\u00eds y su esposa Esther del Pilar, recib\u00edan clases de Gram\u00e1tica y Literatura con ese joven profesor de cabello negro y encrespado, Benjam\u00edn Zeled\u00f3n. \u00abLlegaba cuatro veces por semana a dar clases mientras estudiaba Leyes en la universidad\u00bb, cuenta Gloria Guardia, nieta de ambos y quien se ha dedicado a recopilar su historia.<\/p>\n<p>\u00c9l, quien en ese entonces tendr\u00eda unos 23 a\u00f1os, aprovechaba cualquier momento en el que las dos hermanas menores de Esther \u2014Josefa y Luisita\u2014 hicieran un descanso, para tomar la mano de esa muchacha de cabello casta\u00f1o, ojos grandes y labios delgados. Un d\u00eda pod\u00eda enamorarla susurr\u00e1ndole al o\u00eddo alg\u00fan poema de Adolfo B\u00e9cquer, al d\u00eda siguiente le robaba los versos al poeta Jos\u00e9 Zorrilla o bien solo deb\u00eda sujetarla fuerte para que ella cayera derretida ante sus encantos de hombre seductor.<\/p>\n<p>Como sol\u00eda ser costumbre en aquella \u00e9poca, don Ger\u00f3nimo ya hab\u00eda elegido pretendiente para Esther, as\u00ed como lo hab\u00eda hecho con sus otras dos hijas. El pretendiente era un muchacho de su mismo c\u00edrculo social y adem\u00e1s estaba emparentado con ella, pero sus descendientes jam\u00e1s supieron su nombre, ni qui\u00e9n era, porque como dice la nieta de esta pareja, \u00abella habr\u00eda interpretado esa pregunta como una gran indiscreci\u00f3n de mi parte\u00bb.<\/p>\n<p>De todas formas, en aquel tiempo, cuando los c\u00f3digos y las reglas de comportamientos deb\u00edan ser acatados fielmente, cualquiera que no fuera el elegido por el padre de Esther ser\u00eda un impostor y ella habr\u00eda cometido una desobediencia imperdonable para este hombre que era, seg\u00fan los escritos hist\u00f3ricos, inflexible.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed Esther decidi\u00f3 darle rienda suelta al amor que sent\u00eda por su profesor. A sus 18 a\u00f1os Esthercita, como la llamaba Zeled\u00f3n, decidi\u00f3 casarse. A las 6:00 de la ma\u00f1ana del 10 de mayo de 1904 en la iglesia La Merced en Le\u00f3n, Zeled\u00f3n, de 25 a\u00f1os, y Ram\u00edrez, de 18, unieron sus vidas. No hubo invitados, m\u00e1s que el novio, la novia y la madre de la novia, quien despu\u00e9s ser\u00eda reprochada por tal acto.<\/p>\n<p>Su boda con Zeled\u00f3n le cost\u00f3 la relaci\u00f3n con su padre, quien desde ese momento la consider\u00f3 muerta. \u00abSe le rezar\u00e1 el novenario de misas y se abrir\u00e1 en el sal\u00f3n el libro de p\u00e9sames\u00bb, dijo inmutable mientras com\u00eda en la mesa junto a su familia. Gesto al que ella respondi\u00f3 diciendo que \u00aba un padre no se le juzga jam\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La pareja se traslad\u00f3 a vivir al barrio San Sebasti\u00e1n en la capital y procre\u00f3 cuatro hijos \u2014Benjam\u00edn Francisco, Victoria, Marco Aurelio y Olga Mar\u00eda\u2014. Aunque Esther era considerada muerta para su padre, a\u00f1os m\u00e1s tarde lleg\u00f3 la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39642\" aria-describedby=\"caption-attachment-39642\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-4.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39642\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-4.jpg\" alt=\"Magazine\/La Prensa\/Cortes\u00eda\/Centro de Historia Militar.\" width=\"700\" height=\"563\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141641\/Querida-Esthercita-4.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141641\/Querida-Esthercita-4.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141641\/Querida-Esthercita-4.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39642\" class=\"wp-caption-text\">Esta fotograf\u00eda fue tomada en diciembre de 1908, cuando Benjam\u00edn Zeled\u00f3n se desempe\u00f1aba como ministro de Nicaragua en Guatemala. Aparece junto a otros miembros de la Oficina Internacional Centroamericana.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Luego que Esther Ram\u00edrez rezara de rodillas el rosario al enterarse de que su esposo hab\u00eda muerto en la guerra en contra de los norteamericanos, su boca no volvi\u00f3 a pronunciar \u2014por a\u00f1os\u2014 su nombre. Pas\u00f3 a\u00f1os sin que lo nombrara, a\u00f1os sin llorar en p\u00fablico, a\u00f1os sin recordarlo en voz alta&#8230; La \u00faltima carta que hab\u00eda recibido de su esposo se convirti\u00f3 en una reliquia que guardaba junto a las fotograf\u00edas y resto de escritos en un sitio sagrado y al que nadie ten\u00eda acceso. \u00abMi abuela era una mujer supremamente discreta&#8230; El tema de ella, de su drama y de sus circunstancias, no lo comentaba ni siquiera en familia: eso, seg\u00fan su manera de ser, era de mala educaci\u00f3n, de muy mal gusto. Ella era una persona celosa al extremo de su privacidad\u00bb, comenta Guardia, quien tuvo que \u00abrogarle\u00bb para que contara la historia y as\u00ed escribir su obra, <em>La Carta<\/em>.<\/p>\n<p>La vez que Esther narr\u00f3 su romance con Zeled\u00f3n a su nieta, hab\u00edan pasado ya 51 a\u00f1os de la muerte del general. Esther ya se hab\u00eda casado y enviudado del mexicano Alfonso Trillanes, con quien hab\u00eda tenido dos hijos. Despu\u00e9s de la muerte de su segundo esposo, se traslad\u00f3 a vivir con su hija menor, Olga Mar\u00eda y su esposo Carlos Guardia. Vivi\u00f3 en Venezuela, Panam\u00e1 y Estados Unidos.<\/p>\n<p>Para contar su historia, necesit\u00f3 de tres sesiones, recuerda Gloria Guardia, todas por la tarde, y la \u00fanica exigencia fue que \u00abno la interrumpiera para hacerle preguntas\u00bb. Era 1963 y sentadas en la sala de su casa en Panam\u00e1, sac\u00f3 del ba\u00fal los recuerdos que guardaba frescos. Guardia ley\u00f3 la \u00faltima carta que su abuelo escribi\u00f3 para su abuela, mir\u00f3 las fotograf\u00edas. Una sola vez. \u00abNo llor\u00f3. No era su estilo. Y una vez que concluy\u00f3 el relato, nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a hablar de este tema\u00bb, asegura.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os hab\u00edan pasado y ese, al que esper\u00f3 que regresara del exilio en 1909 \u2014tras la ca\u00edda de Jos\u00e9 Madrid\u2014, el que hab\u00eda sido juez, ministro de Estado, embajador, general, el que era cari\u00f1oso con sus hijas y austero y exigente con sus hijos, era una imagen en blanco y negro.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39643\" aria-describedby=\"caption-attachment-39643\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-4..jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39643\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-4..jpg\" alt=\"Magazine\/La Prensa\/Cortes\u00eda\/Centro de Historia Militar.\" width=\"700\" height=\"486\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-4..jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-4..jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141640\/Querida-Esthercita-4..jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39643\" class=\"wp-caption-text\">Estado Mayor del general Benjam\u00edn Zeled\u00f3n en noviembre de 1910. Zeled\u00f3n es el segundo de izquierda en la fila superior.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Antes de partir hacia la guerra de 1912 le dio un beso a su amada Esther. Zeled\u00f3n se despidi\u00f3 de sus cuatro hijos. Bes\u00f3 a la menor de ellas: Olga Mar\u00eda, quien a\u00fan lactaba. Eran los \u00faltimos d\u00edas del mes de julio, y Esther junto a sus hijos tuvo que refugiarse en la casa de su hermana Josefa, casada con el c\u00f3nsul de Alemania, Herr Pentzke. En ese cuarto, donde su hermana y su esposo guardaban la cerveza que importaban, recibi\u00f3 m\u00e1s de doce cartas donde Benjam\u00edn Zeled\u00f3n le contaba su situaci\u00f3n y le repet\u00eda con insistencia el amor que sent\u00eda por ella y sus hijos.<\/p>\n<p>El 4 de octubre de ese a\u00f1o tempranito, un soldado golpeaba el port\u00f3n de la casa de Josefa. Era un mensaje de Zeled\u00f3n. Una carta para su esposa. La tom\u00f3 en sus manos y vio un sobre sucio y ajado. Sentada en una silla de mimbre abri\u00f3 la carta cuyo contenido ten\u00eda sabor a muerte. \u00abHijita\u00bb, dec\u00eda el inicio de aquel texto. Le segu\u00eda: \u00abEl destino cruel parece haber pactado con Chamorro (Emiliano) y dem\u00e1s traidores para arrastrarme a un seguro desastre con los valientes que me quedan. Carecemos de todo: v\u00edveres, armas y municiones y rodeados de bocas de fuego como estamos, y 2,000 hombres listos al asalto, ser\u00eda locura esperar otra cosa que la muerte, porque yo y los que me siguen, de coraz\u00f3n, no entendemos de pactos, y menos a\u00fan de rendiciones\u00bb.<\/p>\n<p>Hizo una pausa. No pudo continuar con la lectura. Aunque el orgullo y la inmutabilidad eran dos de sus caracter\u00edsticas, sus ojos estaban a punto de estallar en l\u00e1grimas. Record\u00f3 los olores, sabores y gestos de su esposo, aquel con el que \u2014hasta ese d\u00eda\u2014 hab\u00eda compartido ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>Continu\u00f3 la lectura en el cuarto oscuro, cuyo \u00fanico espacio de luz era sobre la mesa en la que se apoyaba. En el escrito, Zeled\u00f3n le comentaba que Emiliano Chamorro hab\u00eda mandado a don Ger\u00f3nimo \u2014padre de Esther\u2014 para convencerlo de que estaba perdido y que su \u00fanica salida era rendirse. \u00abTu pap\u00e1 agot\u00f3 los razonamientos que su cari\u00f1o y su claro talento le sugirieron. Me habl\u00f3 del deber que tengo de conservar mi vida para proteger la tuya y la de nuestros hijitos, esos pedazos de mi coraz\u00f3n para quienes quiero legar una Nicaragua libre y soberana. Pero no pudimos entendernos porque mientras que \u00e9l pensaba en la familia, yo pensaba en la Patria, es decir, la madre de todos los nicarag\u00fcenses. Y como \u00e9l insistiera, le dije al despedirnos que, desde que lanc\u00e9 mi grito de rebeli\u00f3n contra los invasores y contra quienes los trajeron, no pens\u00e9 m\u00e1s en mi familia, s\u00f3lo pens\u00e9 en mi causa y mi bandera, porque es deber de todos luchar hasta la muerte por la libertad y la soberan\u00eda de su pa\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>Aquellas palabras fueron como una bofetada en la cara para Esther, quien apenas cumpl\u00eda 25 a\u00f1os. Su esposo estaba dispuesto a sacrificarla a ella y a sus hijos por la soberan\u00eda de su pa\u00eds. \u00abHombres como Benjam\u00edn no deben casarse, ni tener familia jam\u00e1s\u00bb, \u00abSi s\u00f3lo hubiera podido retener a mi marido en mis brazos\u00bb&#8230; eran los pensamientos que atravesaban por su mente, seg\u00fan el libro <em>La Carta<\/em> de Gloria Guardia. \u00abNo creo que do\u00f1a Esther le guardara rencor, pero tal vez resentimiento. Aunque debo aclarar que ella, dada su educaci\u00f3n, era una persona muy poco comunicativa o expresiva\u00bb, explica Guardia.<\/p>\n<p>Mientras le\u00eda la carta, su memoria recorr\u00eda aquellos momentos tan v\u00edvidos al lado de su esposo. Como cuando \u00e9l era su profesor, cuando le susurraba los versos de B\u00e9cquer o cuando la sujetaba pegadita a \u00e9l.<\/p>\n<p>La carta le parec\u00eda eterna. Esther hac\u00eda pausas de cuando en cuando. Amamantaba a su hija menor, mientras ve\u00eda que los mayorcitos estuvieran bien. No quer\u00eda llegar a ese final, de que estaba segura, le causar\u00eda profunda tristeza. \u00ab&#8230;si muero&#8230; no llores, no te aflijas porque en esp\u00edritu te acompa\u00f1ar\u00e9 siempre y porque mis buenos y leales amigos en lo particular, y el Partido Liberal, en general, quedan all\u00ed para ayudarlos y protegerlos como yo lo har\u00eda si pudiera. Si en estos momentos no tuviera esa consoladora esperanza, morir\u00eda desesperado, porque si la patria tiene derecho a mi vida, mi esposa y mis hu\u00e9rfanos hijitos tienen pleno derecho a la protecci\u00f3n de ella. Y como, rechazada la oferta de Chamorro no queda otro camino que arreglar el asunto por medio de las armas, dejo al destino la terminaci\u00f3n de esta carta que escribo con el alma mand\u00e1ndote con ella, para ti y nuestros angelitos, todo el amor de que es capaz quien, por amor a su patria, est\u00e1 dispuesto a sacrificarse y a sacrificarte a ti y a nuestros inocentes hijos\u00bb.<\/p>\n<p>Los ojos llorosos de Esther no aguantaron m\u00e1s y soltaron en un llanto que sal\u00eda desde sus adentros. El final de esa carta era un \u00abAdi\u00f3s&#8230; o hasta la vista\u00bb. Esa fue la despedida. Ese fue el adi\u00f3s. Ese fue el fin de la historia de Esther y Benjam\u00edn.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39645\" aria-describedby=\"caption-attachment-39645\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-5.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39645\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Querida-Esthercita-5.jpg\" alt=\"Magazine\/La Prensa\/Cortes\u00eda\" width=\"700\" height=\"666\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141638\/Querida-Esthercita-5.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141638\/Querida-Esthercita-5.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141638\/Querida-Esthercita-5.jpg 24w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141638\/Querida-Esthercita-5.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39645\" class=\"wp-caption-text\">Do\u00f1a Esther del Pilar rodeada de sus siete hijos. Entre ellos, Esther, quien a\u00f1os m\u00e1s tarde se casar\u00eda con Zeled\u00f3n.<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Datos hist\u00f3ricos<\/strong><\/p>\n<p>\u2014El anillo de platino que Benjam\u00edn Zeled\u00f3n le dio a Esther Ram\u00edrez el d\u00eda de su boda y que llevaba su nombre grabado en el interior fue el mismo que utiliz\u00f3 la hija menor de la pareja, Olga Mar\u00eda y posteriormente su nieta, Cristina Alfaro.<\/p>\n<p>Don Ger\u00f3nimo fue uno de los principales mecenas de Rub\u00e9n Dar\u00edo, quien vivi\u00f3 por un tiempo, antes de viajar a Chile en 1886, en casa de los Ram\u00edrez Jerez. \u00abComparti\u00f3 con sus hijos y recibi\u00f3 clases de franc\u00e9s de quien fuera el profesor de mi t\u00edo-abuelo: el coronel Louis A. Cousin. Era belga y cu\u00f1ado del general Jos\u00e9 Santos Zelaya\u00bb, asegura Guardia.<\/p>\n<p>\u2014De joven en una ocasi\u00f3n que Emiliano Chamorro visit\u00f3 la casa de los Ram\u00edrez y cuando se refiri\u00f3 a ella, do\u00f1a Esther sin saber qui\u00e9n era le dijo: \u00abAguarde, usted con los peones\u00bb, creyendo que era uno de los mozos de la casa de su padre. Don Ger\u00f3nimo de inmediato pidi\u00f3 que le ofreciera una disculpa.<\/p>\n<p>\u2014Despu\u00e9s de la muerte de Zeled\u00f3n, do\u00f1a Esther continu\u00f3 viviendo en la casa del barrio San Sebasti\u00e1n. Luego conoci\u00f3 al mexicano Alfonso Trillanes, con quien contrajo matrimonio el 15 de agosto de 1915. Con Trillanes tuvo dos hijos varones: Alfonso (1918) y Manuel (1922). Luego de enviudar de Trillanes, Esther pas\u00f3 a vivir con su hija Olga Zeled\u00f3n y su esposo Carlos Guardia.<\/p>\n<p>\u2014Esther Ram\u00edrez falleci\u00f3 de 79 a\u00f1os de edad, por problemas cardiovasculares, el 31 de julio de 1965 en Panam\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ella era una joven acomodada, \u00e9l era su profesor de Gram\u00e1tica y Literatura. Sin mucho cortejo, se enamoraron y en contra de la voluntad del padre de ella, se casaron. Vivieron juntos ocho a\u00f1os hasta que la guerra de 1912 los separ\u00f3 para siempre. Hoy, s\u00f3lo queda la historia de aquel amor, algunas fotograf\u00edas y una carta, la \u00faltima de tantas, donde el general Benjam\u00edn Zeled\u00f3n se despide y reitera el amor por su amada Esther<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":39646,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-39641","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39641","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39641"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39641\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54644,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39641\/revisions\/54644"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39646"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39641"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39641"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39641"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}