{"id":39654,"date":"2008-10-05T11:46:16","date_gmt":"2008-10-05T17:46:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=39654"},"modified":"2021-06-26T17:52:00","modified_gmt":"2021-06-26T23:52:00","slug":"revolucion-en-solentiname","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/revolucion-en-solentiname\/","title":{"rendered":"Revoluci\u00f3n en Solentiname"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Hace 42 a\u00f1os, un cura barbudo y desgarbado que usaba boina y cotona y escrib\u00eda poes\u00edas lleg\u00f3 a Solentiname, un poblado de agricultores muy pobres situado al fondo del lago Cocibolca, a fundar una comunidad contemplativa. La llegada del sacerdote sin sotana produjo una revoluci\u00f3n cultural en el olvidado archipi\u00e9lago. D\u00e9cadas m\u00e1s tarde, el caser\u00edo es c\u00e9lebre dentro y fuera del pa\u00eds por sus livianas artesan\u00edas y por la pintura primitivista<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Amalia Morales<\/strong><br \/>\n<strong>Fotos de Orlando Valenzuela<\/strong><\/p>\n<p>A media ma\u00f1ana, cuando el agua plateada del lago Cocibolca es un espejo que ciega y el calor un virus que infecta la piel, como un pica pica que no se cura ni a la sombra del \u00e1rbol m\u00e1s frondoso, Lidia Castillo, de 37 a\u00f1os, se refugia con el mismo encanto que lo har\u00eda una ni\u00f1a en su casa de mu\u00f1ecas, en el taller de artesan\u00eda que ha montado en el extremo derecho de su casa en Mancarr\u00f3n, la m\u00e1s grande y la m\u00e1s poblada de las 38 islas de Solentiname, en el departamento de R\u00edo San Juan.<\/p>\n<p>El taller de Lidia parece una jugueter\u00eda de peces, tortugas y mariposas. Colgando del techo se ven las figuritas de animales marinos organizados en m\u00f3viles. Los mece a su antojo el aire que se cuela por la malla que hace las veces de ventana. Tambi\u00e9n hay ristras de peces de colores verdes, rosados, rojos y amarillos, adentro y encima de la vitrina que Lidia ha colocado en el taller para exhibir y vender el fruto de ese trabajo que empez\u00f3 hoy a eso de las diez, luego que regres\u00f3 de ba\u00f1arse en la playa, adonde van a asearse la mayor\u00eda de los poco m\u00e1s de mil pobladores del paradis\u00edaco archipi\u00e9lago, que se descubre al final del Cocibolca, casi al voltear para el r\u00edo San Juan.<\/p>\n<p>En esta jornada trabajan con ella los dem\u00e1s miembros de su familia: su esposo y dos hijos. El marido y el hijo menor est\u00e1n en el patio cortando y tallando la madera, mientras Lidia se dedica a pintar y dibujar, junto a la mayor, Daniela, de 14 a\u00f1os, quien tambi\u00e9n decora y dibuja con esmero un paisaje, en realidad una reproducci\u00f3n diminuta de Solentiname, sobre la concha de una peque\u00f1a tortuga de balsa.<\/p>\n<p>Est\u00e1n sentadas una al lado de la otra, en una de las 22 casas que hay en El Refugio, el pueblito de<br \/>\nSolentiname que se construy\u00f3 en los a\u00f1os ochenta con financiamiento italiano y que conserva el nombre del primer asentamiento humano que hubo all\u00ed.<\/p>\n<p>Lidia, que se pone gafas para dibujar, vigila los delicados trazos de Daniela, quien parece un clon de su madre con 20 a\u00f1os menos: morena, bajita, bastante m\u00e1s delgada, y con un pelo negro crespo rebelde que se agarra en una mo\u00f1a firme encima de la nuca. \u00abElla quiere dedicarse a esto tambi\u00e9n. Yo la dejo y la apoyo, solo la voy corrigiendo\u00bb, dice Lidia con una sonrisa de orgullo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39655\" aria-describedby=\"caption-attachment-39655\" style=\"width: 350px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-4.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39655\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-4.jpg\" alt=\"Foto: Orlando Valenzuela\" width=\"350\" height=\"513\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141635\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-4.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141635\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-4.jpg 205w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141635\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-4.jpg 699w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141635\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-4.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39655\" class=\"wp-caption-text\">Daniela reproduce el para\u00edso de Solentiname en la tortuga de balsa que est\u00e1 dibujando.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Lidia es una de los m\u00e1s de 20 artesanos de balsa de Mancarr\u00f3n, que en estos d\u00edas, junto a los artesanos de San Fernando, la isla vecina, fabrican artesan\u00eda para una expoventa que tendr\u00e1n en un centro comercial de Managua.<\/p>\n<p>Desde hace m\u00e1s de 15 a\u00f1os Lidia se dedica a este oficio que aprendi\u00f3 de sus padres, hermanos y vecinos que trabajan haciendo lo mismo en los corredores y los patios de sus casas.<\/p>\n<p>Y desde hace cuatro d\u00e9cadas, gracias a la visita providencial de un cura barbudo que lleg\u00f3 buscando soledad a este archipi\u00e9lago, los campesinos de esas 38 islas empezaron a usar los machetes para algo m\u00e1s que para arrancar los matorrales de la tierra.<\/p>\n<p>El \u00e1rbol de balso, una madera que crec\u00eda en todos los rincones de las islas y en cualquier vereda del r\u00edo San Juan, que es suave y tan maleable para el machete como lo es la plastilina para los dedos, se transform\u00f3 en la materia prima de las figuras que materializaron la imaginaci\u00f3n de los primeros artesanos de Solentiname.<\/p>\n<p>Este salto de agricultores a artesanos de balsa, al que Lidia pertenece, ocurri\u00f3 a finales de los a\u00f1os sesenta, y se revel\u00f3 en el archipi\u00e9lago al mismo tiempo que el otro gran basti\u00f3n cultural: la pintura primitivista.<\/p>\n<p>El primer pintor de Solentiname que se recuerda fue Eduardo Arana, un campesino de la isla que en 1968, cuando el mundo se convulsionaba en otras latitudes, se deten\u00eda a contemplar por las tardes, durante horas y a veces a escondidas, los trazos que daba al lienzo el hoy c\u00e9lebre pintor R\u00f3ger P\u00e9rez de la Rocha. Con 18 a\u00f1os, P\u00e9rez, era entonces solo un proyecto de pintor que hab\u00eda desembarcado en Mancarr\u00f3n con las mu\u00f1ecas vendadas por haberse cortado los pulsos en Managua, a causa de una profunda crisis existencial, dice \u00e9l.<\/p>\n<p>El pintor que durante su estancia en las islas se pegar\u00eda un tiro en una pierna derecha, sin graves consecuencias, lleg\u00f3 a Solentiname de la mano del cura y <a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/reportaje\/ernesto-cardenal-todo-esta-pendiente\/\">poeta Ernesto Cardenal<\/a>, quien accedi\u00f3 a la petici\u00f3n de su amigo, el escultor y director de la Escuela de Bellas Artes, Rodrigo Pe\u00f1alba, quien se preocup\u00f3 por el joven talento.<\/p>\n<p>Cardenal, que ser\u00eda el descubridor del arte entre aquellos campesinos, hab\u00eda atracado en Mancarr\u00f3n apenas dos a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de atravesar un maltrecho muelle de piedras y de abrirse paso entre la tupida maleza, el cura trapense se estableci\u00f3 en una hamaca en Solentiname con el firme prop\u00f3sito de fundar una comunidad contemplativa, a la que se integraran hombres c\u00e9libes dispuestos a soportar la soledad y la pobreza. Estaba lejos de imaginar que su b\u00fasqueda de soledad se ver\u00eda inundada por la precariedad y la alegr\u00eda de una comunidad abandonada.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39659\" aria-describedby=\"caption-attachment-39659\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-5.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39659\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-5.jpg\" alt=\"Foto: Orlando Valenzuela\" width=\"700\" height=\"483\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141627\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-5.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141627\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-5.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141627\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-5.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39659\" class=\"wp-caption-text\">En Solentiname, marido y mujer trabajan a la par en la elaboraci\u00f3n de artesan\u00edas que luego venden en otras partes del pa\u00eds.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Lo \u00fanico vivo que hay ahora en la casa solitaria de Ernesto Cardenal en Mancarr\u00f3n son dos huevos de escorpi\u00f3n que est\u00e1n arrullados debajo de la almohada encima de la cama del poeta, y que descubre con cierto asombro Mar\u00eda Guevara, de 58 a\u00f1os, una de las l\u00edderes del clan de los Guevara-Silva, los hermanos de Solentiname de reconocida trayectoria sandinista que pusieron un m\u00e1rtir en la etapa de la insurrecci\u00f3n, Donald Guevara, y al \u00fanico diputado sandinista que ha habido en el departamento, Alejandro Guevara, fallecido en un accidente en 1993.<\/p>\n<p>La casa de Cardenal en la isla parece hecha para un asceta, alguien sin distracciones que vive dedicado a la meditaci\u00f3n. Su mobiliario es elemental. La cama es de n\u00edspero, la misma madera con que est\u00e1 construida la casa entera y el resto de los muebles. Al lado del lecho hay una mesa de noche en la que no asoma ni una veladora, y a los pies un modesto librero, armado con tablas y ladrillos, en el que reposan media docena de libros, entre los t\u00edtulos est\u00e1 un diccionario enciclop\u00e9dico de Grijalbo con prefacio de Jorge Luis Borges, un Nuevo Testamento de salmos y proverbios y el poemario<em> Cazadora de sue\u00f1os<\/em> de Zulema Moret, y tres m\u00e1s en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>Frente a la cama se ve el escritorio rectangular y amplio como el de un cart\u00f3grafo, con un cenicero de piedra de San Juan de Limay y con dos l\u00e1mparas dirigidas, seguramente para iluminar las lecturas que tendr\u00e1 Cardenal por las noches en Solentiname, adonde llega a veces como un fantasma que se vuelve de carne y hueso cuando platica con los muchachos de El Refugio interesados en la poes\u00eda. Se re\u00fanen en la iglesia, donde ya no se celebran misas, pues no hacen falta, hoy la mayor\u00eda de la gente se ha hecho evang\u00e9lica en Solentiname. Los talleres con el poeta, los organiza la Asociaci\u00f3n para el Desarrollo de Solentiname (APDS), la ONG que cre\u00f3 en los ochenta y que sirvi\u00f3 para canalizar la ayuda que lleg\u00f3 en esos a\u00f1os, y que hoy administra unos cuantos bienes: la biblioteca, el museo, la iglesia, el hotel Mancarr\u00f3n \u2014desde hace unos a\u00f1os epicentro de una disputa que salpica al poeta\u2014, las tres caba\u00f1as para hu\u00e9spedes, las siete escuelas primarias y la secundaria, que funciona en la escuela de Mancarr\u00f3n, y que est\u00e1n distribuidas por las islas m\u00e1s habitadas del archipi\u00e9lago.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Guevara o Mari\u00edta, como le dicen de cari\u00f1o los que se le acercan, dice que cuando el poeta llega, pasa mucho tiempo en el corredor de la casa, leyendo, pero tambi\u00e9n contemplando el paisaje del lago que asoma con sus flecos plateados por los dos extremos de esa nariz de tierra que es la punta de Mancarr\u00f3n que compr\u00f3 hace m\u00e1s de 40 a\u00f1os, y que simplemente es fascinante. Tanto como la majestuosa ceiba de imponente sombra que se descubre al lado izquierdo de la casa, y que, definitivamente, le resta protagonismo a las flores de jalacate y las avispas sembradas alrededor en las que revolotean unos colibr\u00edes verdes y azulados.<\/p>\n<p>\u00ab\u00c9l viene aqu\u00ed para estar en paz\u00bb, dice como una sentencia Mari\u00edta, la amiga del poeta.<\/p>\n<p>Seguramente en la b\u00fasqueda de paz pens\u00f3 Ernesto Cardenal la primera vez que oy\u00f3 hablar de Solentiname.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39660\" aria-describedby=\"caption-attachment-39660\" style=\"width: 500px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-7g.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-39660\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-7g.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"488\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141626\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7g.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141626\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7g.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141626\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7g.jpg 24w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141626\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7g.jpg 48w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141626\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7g.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39660\" class=\"wp-caption-text\">El poeta Ernesto Cardenal, en sus mejores tiempos, ante su m\u00e1quina de escribir.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En el libro <em>Las \u00ednsulas extra\u00f1as<\/em>, el segundo tomo de sus memorias, Cardenal escribe que su hermano \u00abPopo\u00bb le describi\u00f3 unas islas muy bellas, habitadas, con buen clima y tierras fecundas. \u00abInmediatamente sent\u00ed que all\u00ed ten\u00eda que ser, y nadie me sac\u00f3 de eso\u00bb, escribe Cardenal en sus memorias y confiesa que inicialmente hab\u00eda pensado en fundar su comunidad en el r\u00edo San Juan, un lugar que amaba.<\/p>\n<p>\u00abSolentiname estaba fuera de las rutas del progreso, y fuera de las rutas del transporte, y fuera de la historia, y hubiera estado fuera de la geograf\u00eda si esto hubiera sido posible\u00bb, reflexiona Cardenal.<\/p>\n<p>Otro episodio que Cardenal refiere y que refleja el olvido de Solentiname es que por esa \u00e9poca, los a\u00f1os sesenta, hab\u00eda un concurso en un programa de radio que daba un premio por responder la siguiente adivinanza: \u00ab&#8230;diga usted \u00bfd\u00f3nde queda el archipi\u00e9lago de Solentiname?\u00bb.<\/p>\n<p>Cardenal se instal\u00f3 en Mancarr\u00f3n, luego de comprarle la finca Pueblo Viejo (poco m\u00e1s de 90 manzanas) a Julio Centeno, el padre del actual fiscal del pa\u00eds que se llama igual.<\/p>\n<p>No muy contento al principio, porque hab\u00eda un zancudero que no dejaba dormir y gente bastante cerca, el poeta y sus dos acompa\u00f1antes, agradecieron luego el haber ido a parar a una isla con vecinos alrededor.<\/p>\n<p>De esos primeros a\u00f1os en Solentiname, Cardenal recuerda que la vida era muy dura para la poblaci\u00f3n. San Carlos, hasta donde la gente iba para abastecerse de productos esenciales como jab\u00f3n y az\u00facar, quedaba a casi un d\u00eda de viaje en los botes de remo que inmortalizaron los primeros primitivistas. Hoy, en una lancha r\u00e1pida con un motor fuera de borda, est\u00e1 a media hora, aunque el transporte p\u00fablico sigue siendo lento y escaso.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39656\" aria-describedby=\"caption-attachment-39656\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-7gf.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39656\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-7gf.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"497\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141633\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7gf.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141633\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7gf.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141633\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-7gf.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39656\" class=\"wp-caption-text\">Una escena de lo que era el muelle de San Carlos, en los a\u00f1os sesenta, situado a media hora del archipi\u00e9lago.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>William Agudelo, uno de los dos acompa\u00f1antes colombianos que arrimaron con Cardenal a Solentiname en esa \u00e9poca \u2014el otro fue Carlos Alberto Restrepo, que luego se fue por razones de salud\u2014, recuerda que al principio el cura, que les impuso como uniforme de la comunidad la cotona, el blue jeans y las botas de hule, trataba de vivir apartado.<\/p>\n<p>Con la comunidad se mezclaba durante la misa en la iglesia derruida que encontraron al llegar y que ellos remozaron con los consejos de un primo de Cardenal, el arquitecto Eduardo Chamorro Coronel. La gente viajaba en sus botes de remo desde las islas vecinas para escuchar al cura que usaba boina, despu\u00e9s de la eucarist\u00eda, y que no los rega\u00f1aba como lo hac\u00eda el padre Chac\u00f3n, que ven\u00eda de Chontales con su Biblia y se iba con las manos cargadas de gallinas.<\/p>\n<p>Agudelo, de 66 a\u00f1os, un escritor en ciernes que hab\u00eda trabado amistad con Cardenal en el Seminario de La Ceja en Colombia, recuerda que en esos primeros a\u00f1os en Solentiname, casi todos los proyectos agr\u00edcolas que intentaron sacar adelante y en los que involucraron a los muchachos del archipi\u00e9lago, fracasaron.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39657\" aria-describedby=\"caption-attachment-39657\" style=\"width: 613px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentinamef-7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39657\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentinamef-7.jpg\" alt=\"\" width=\"613\" height=\"700\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141630\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentinamef-7.jpg 613w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141630\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentinamef-7.jpg 263w\" sizes=\"(max-width: 613px) 100vw, 613px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39657\" class=\"wp-caption-text\">En los a\u00f1os id\u00edlicos de Solentiname, Cardenal en la arena y su amigo y disc\u00edpulo William Agudelo.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En buena medida, durante esos primeros a\u00f1os, sobrevivieron con el dinero que Cardenal obten\u00eda mediante pr\u00e9stamos en los bancos y gracias al apoyo de amigos como los empresarios M\u00e1ntica y de parientes como Pedro Joaqu\u00edn Chamorro, director de La Prensa. En ese grupo de amigos, que eran m\u00e1s bien c\u00f3mplices de su empresa, tambi\u00e9n estaba el poeta Pablo Antonio Cuadra, quien se encargaba de La Prensa Literaria, desde cuyas p\u00e1ginas ayud\u00f3 a tejer el mito de Solentiname.<\/p>\n<p>En la primera etapa de su estancia fue clave para Cardenal la entra\u00f1able amistad que ten\u00eda con el poeta Jos\u00e9 Coronel Urtecho, quien viv\u00eda muy cerca de all\u00ed con su esposa Mar\u00eda Kautz, en la finca de Las Brisas, situada en una vertiente cercana al r\u00edo San Juan.<\/p>\n<p>A pesar de su car\u00e1cter hura\u00f1o, Cardenal no pudo evitar los mimos en la cocina de do\u00f1a Adelita, la esposa de don Rafael Arana, una mujer que le hab\u00eda pedido a Dios el milagro de mandar un cura a ese archipi\u00e9lago en el que ninguna autoridad reparaba, pues no hab\u00eda escuela, ni centro de salud, mucho menos una iglesia con cura.<\/p>\n<p>En pago por la s\u00faplica escuchada, do\u00f1a Adelita se ofreci\u00f3 a ser la cocinera del sacerdote. Cardenal solo la acept\u00f3 a cambio de un sueldo.<\/p>\n<p>Tampoco pudo evitar emplear como jornaleros a los muchachos de la comunidad que quer\u00edan trabajar con \u00e9l porque pagaba m\u00e1s que en las fincas vecinas. As\u00ed es como fueron llegando Alejandro Guevara, Elbis (as\u00ed lo escrib\u00eda \u00e9l) Chavarr\u00eda, Felipe Pe\u00f1a y Laureano Mairena, todos fallecidos ya en distintas circunstancias y con estatura de h\u00e9roes.<\/p>\n<p>Y por m\u00e1s que no le gustara, y que la soledad fuera el fin original de su viaje a ese sitio inh\u00f3spito que estaba lleno de p\u00e1jaros y culebras, Cardenal tampoco pudo evitar que el archipi\u00e9lago se invadiera de una fauna humana de todos los tama\u00f1os y pelambres, que comenz\u00f3 a llegar para conocer la comunidad del poeta que hab\u00eda traducido a Whitman.<\/p>\n<p>Uno de los primeros que desfil\u00f3 fue el poeta neoyorquino Donald Gardner: les cay\u00f3 como un espanto cuando estaban en plena meditaci\u00f3n durante la noche, recuerda Agudelo.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, lleg\u00f3 el grandul\u00f3n de Julio Cort\u00e1zar, quien seg\u00fan Agudelo, se aficion\u00f3 a los mojitos cubanos de Solentiname, los que nunca antes hab\u00eda probado en Cuba, a pesar de sus m\u00faltiples viajes, los vino a<br \/>\ndescubrir en ese para\u00edso remoto de Nicaragua.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39658\" aria-describedby=\"caption-attachment-39658\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-x.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-39658\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-x.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"471\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141629\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-x.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141629\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-x.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141629\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-x.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39658\" class=\"wp-caption-text\">Agudelo, el peludo que se ve en la esquina del bote, recuerda con nostalgia lo inocente que era la vida en el para\u00edso llamado Solentiname.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cardenal, que acogi\u00f3 el pensamiento de Thomas Merton, su amigo y gu\u00eda espiritual que alguna vez le dijo que la mejor regla era que no hab\u00eda reglas, se fue impregnando de la vida y las necesidades que ten\u00edan los habitantes del archipi\u00e9lago, al punto que crane\u00f3 soluciones para sacarlos de esa pobreza sempiterna.<\/p>\n<p>Primero le dieron pincel y el lienzo a Eduardo Arana, quien como una fotograf\u00eda surrealista hizo<br \/>\nel primer cuadro primitivista de Solentiname, y luego, descubrieron los guacales labrados de don<br \/>\nRafael, el marido de do\u00f1a Adelita, quien recog\u00eda animales y escenas de ese paisaje que ten\u00eda alrededor.<br \/>\nY fue a trav\u00e9s de Eufredito Arg\u00fcello, quien hac\u00eda figuras con la madera de balso, que hallaron la materia prima perfecta para la cantera de artesanos.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, que entre sus principios postula la defensa de los pobres y rechaza el capitalismo, aterriz\u00f3 en Solentiname en un momento en que la dictadura arreciaba su represi\u00f3n en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Poco a poco, y con la gu\u00eda de Cardenal, los solentiname\u00f1os empezaron a comentar los evangelios.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo nueve de Lucas, la Biblia dice: \u00abEntonces, Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que en Tu nombre echaba fuera esp\u00edritus malos y se lo prohibimos, porque no anda con nosotros. Pero Jes\u00fas<br \/>\nle dijo: No se lo proh\u00edban, porque el que no est\u00e1 contra nosotros est\u00e1 con nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Y Laureano Mairena \u2014uno de los que luego cay\u00f3 en combate\u2014 escucha ese evangelio durante la misa y comenta: \u00abYo creo que en realidad era un disc\u00edpulo de Jes\u00fas que andaba por all\u00ed desperdigado, y los otros disc\u00edpulos no sab\u00edan que \u00e9l tambi\u00e9n era disc\u00edpulo, pero Jes\u00fas s\u00ed lo sab\u00eda. Y porque era disc\u00edpulo de Jes\u00fas es que hac\u00eda milagros\u00bb.<\/p>\n<p>Antes que \u00e9l, intervienen Marcelino, Elbis, Felipe, William, Alejo y la mam\u00e1 de Alejo.<\/p>\n<p>Agudelo recuerda como una de las experiencias m\u00e1s bellas de esa \u00e9poca los comentarios del evangelio<br \/>\nde Solentiname, recogidos en tres gruesos tomos.<\/p>\n<p>Los evangelios, la pintura, la artesan\u00eda desembocaron en el Club Juvenil, una organizaci\u00f3n de j\u00f3venes que hac\u00eda fiestas en las que los tragos eran medidos y que se amenizaban con las guitarras de Elbis y<br \/>\nde Alejandro, a quienes les ense\u00f1\u00f3 a tocar William Agudelo.<\/p>\n<p>El gigante palo de mango que se alza a la entrada principal de la iglesia fue testigo de aquellos bacanales sanos e irrepetibles, que seg\u00fan Mari\u00edta, no volver\u00e1n a ocurrir nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p>De esa pacotilla de muchachos alegres, que rechazaban las tropel\u00edas del somocismo, salieron los 11<br \/>\nque aquel 13 de octubre de 1977 atacaron el cuartel de la Guardia Nacional en San Carlos. Ese d\u00eda<br \/>\nacab\u00f3 el tiempo de gracia, esa especie de encanto en que hab\u00eda vivido Solentiname entre 1966 y 1977.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El primer promontorio verde y tupido que se divisa viniendo de San Carlos es La Venada. Parece la \u00faltima, pero quiz\u00e1s es la primera de las 20 islas pobladas que tiene Solentiname. Entre sus charrales verdes saltan p\u00e1jaros amarillos y celestes y algunos chocoyos que huyen en bandadas que dibujan puntas de flecha en la b\u00f3veda celeste.<\/p>\n<p>Bajo el ramaje que cae sobre el agua como los flecos de un ni\u00f1o sobre la cara se esconden los monos congos, cuyos gritos furiosos, como se\u00f1al de protesta por la invasi\u00f3n humana, solo se escuchan cuando cesa el ruido mon\u00f3tono de los motores de los botes. Encima de algunos troncos y ramas gruesas se solazan un par de iguanas, que la gente de la zona llama lapos.<\/p>\n<p>De lejos no son muy visibles el muelle ni las casas de colores olorosas de La Venada. Ya en el atracadero se ve la peque\u00f1a cuesta que lleva hasta la primera casa, la del pintor Rodolfo Obando, de 69 a\u00f1os, el patrono de una cepa de pintores que surgi\u00f3 en los a\u00f1os del evangelio y que se multiplica hasta hoy.<\/p>\n<p>Don Rodolfo fue uno de los primeros pintores naif de Solentiname. El d\u00eda que descubri\u00f3 que su trazo era firme se alegr\u00f3 y pens\u00f3 que dejar\u00eda de sembrar ma\u00edz y frijoles, aunque nunca abandon\u00f3 esa actividad del todo.<\/p>\n<p>Hasta hace poco, este hombre alto y enjuto, segu\u00eda pintando, pero el az\u00facar (diabetes) ha provocado estragos en su salud y en su visi\u00f3n. \u00abEspero recuperarme pronto para volver a pintar\u00bb, dice don Rodolfo, quien ha perpetuado la belleza del archipi\u00e9lago en casi todos los \u00e1ngulos posibles y en todos sus detalles.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39661\" aria-describedby=\"caption-attachment-39661\" style=\"width: 350px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-8..jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39661\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentiname-8..jpg\" alt=\"Foto: Orlando Valenzuela\" width=\"350\" height=\"528\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141625\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-8..jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141625\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-8..jpg 199w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141625\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-8..jpg 678w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141625\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentiname-8..jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39661\" class=\"wp-caption-text\">Don Rodolfo Obando, el carpintero m\u00e1s respetado del archipi\u00e9lago, trabaja en la isla San Fernando, tambi\u00e9n conocida como la Elbis Chavarr\u00eda.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Igual lo han hecho su esposa, que en este momento est\u00e1 en la playa, y cuatro de sus ocho hijos que heredaron de ellos el gusto por el pincel.<\/p>\n<p>Los cuadros de Obando y sus hijas Silvia, Clarisa, Marina y Yorlene se venden ah\u00ed mismo, tambi\u00e9n en la casataller de San Fernando, la isla vecina, donde los artesanos y pintores construyeron un espacio para exhibir y vender su arte. Con suerte, algunos de esos paisajes se ven enrollados en las mochilas de los turistas. Solo el a\u00f1o pasado llegaron al archipi\u00e9lago 700. La mayor\u00eda de ellos provenientes de Europa (Italia, Espa\u00f1a, Alemania y Francia), algunos de Costa Rica, el vecino pa\u00eds y los menos nacionales.<\/p>\n<p>Otros cuadros se venden en algunas galer\u00edas de Managua y Granada, aunque los pintores confiesan que en la actualidad los lazos con estas vitrinas de arte no est\u00e1n muy fortalecidos. Son m\u00e1s estrechos los convenios que ahora tienen los artesanos para exportar y vender sus piezas. Por ejemplo, los artesanos afiliados en la UPAS (Uni\u00f3n de Pintores y Artesanos de Solentiname) tienen ahora un contrato con un organismo holand\u00e9s que les compra 2,000 piezas al mes. Muchos, por su cuenta, se arreglan directamente con casas de artesan\u00eda de la capital como Mam\u00e1 Delfina o la Galer\u00eda C\u00f3dice. \u00abTenemos que mejorar esa parte\u00bb, reconoce Silvia Obando, que por estos d\u00edas est\u00e1 empezando una obra.<\/p>\n<p>En la familia de don Rodolfo la pintura es una cantera ilimitada. Adem\u00e1s de sus hijas, tiene una camada de nietos que tambi\u00e9n pinta. Julio Obando, de 21 a\u00f1os, y Heisell Madrigal, forman parte de la nueva generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Heisell, quien coge el pincel por las tardes y pinta frente a un paisaje que es una pintura en s\u00ed mismo, cambiando de tonalidades conforme va cayendo la tarde, dice que se diferencia de su madre y a\u00fan m\u00e1s de su abuelo, en los colores fuertes y en los detalles. Podr\u00e1n ser distintos, pero los cuadros de don Rodolfo y de Heisell tienen un rasgo en com\u00fan que cambi\u00f3 para siempre desde 1966, cuando Ernesto Cardenal desembarc\u00f3 en medio de una nube de zancudos de Mancarr\u00f3n: ya nadie podr\u00e1 olvidar d\u00f3nde es que queda Solentiname.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39662\" aria-describedby=\"caption-attachment-39662\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentinfame-8.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39662\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Revoluci\u00f3n-en-Solentinfame-8.jpg\" alt=\"Foto: Orlando Valenzuela\" width=\"300\" height=\"456\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141623\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentinfame-8.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141623\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentinfame-8.jpg 198w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141623\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentinfame-8.jpg 674w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/07141623\/Revoluci%C3%B3n-en-Solentinfame-8.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39662\" class=\"wp-caption-text\">Heisell Madrigal reproduce con el pincel el paisaje que tiene de fondo, frente al cual la imaginaci\u00f3n sobra.<\/figcaption><\/figure>\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini_box\" style=\"background: initial !important; border: initial !important; border-radius: initial !important; border-spacing: initial !important; border-collapse: initial !important; direction: ltr !important; flex-direction: initial !important; font-weight: initial !important; height: initial !important; letter-spacing: initial !important; min-width: initial !important; max-width: initial !important; min-height: initial !important; max-height: initial !important; margin: auto !important; outline: initial !important; padding: initial !important; position: absolute; table-layout: initial !important; text-align: initial !important; text-shadow: initial !important; width: initial !important; word-break: initial !important; word-spacing: initial !important; overflow-wrap: initial !important; box-sizing: initial !important; display: initial !important; color: inherit !important; font-size: 13px !important; font-family: X-LocaleSpecific, sans-serif, Tahoma, Helvetica !important; line-height: 13px !important; vertical-align: top !important; white-space: inherit !important; left: 471px; top: 11177px; opacity: 0;\">\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini_logo\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" title=\"Traducir texto seleccionado\"><\/div>\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini_sound\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" title=\"Escuchar\"><\/div>\n<div id=\"s3gt_translate_tooltip_mini_copy\" class=\"s3gt_translate_tooltip_mini\" title=\"Copiar texto al Portapapeles\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace 42 a\u00f1os, un cura barbudo y desgarbado que usaba boina y cotona y escrib\u00eda poes\u00edas lleg\u00f3 a Solentiname, un poblado de agricultores muy pobres situado al fondo del lago Cocibolca, a fundar una comunidad contemplativa. La llegada del sacerdote sin sotana produjo una revoluci\u00f3n cultural en el olvidado archipi\u00e9lago. D\u00e9cadas m\u00e1s tarde, el caser\u00edo es, c\u00e9lebre dentro y fuera del pa\u00eds por sus livianas artesan\u00edas y por la pintura primitivista<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":39709,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-39654","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39654","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39654"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39654\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54467,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39654\/revisions\/54467"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39709"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39654"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39654"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39654"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}