{"id":39869,"date":"2018-01-15T11:47:57","date_gmt":"2018-01-15T17:47:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=39869"},"modified":"2020-08-05T16:27:13","modified_gmt":"2020-08-05T22:27:13","slug":"los-pajareros-de-malacatoya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/los-pajareros-de-malacatoya\/","title":{"rendered":"Los pajareros de Malacatoya"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">En los campos de arroz, se libran batallas entre humanos y p\u00e1jaros. De d\u00eda y de noche los pajareros hacen estallar p\u00f3lvora para espantar a los invasores, en una tarea indeseable, pero necesaria<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Amalia del Cid<\/strong><\/p>\n<p>Los campos arroceros de Malacatoya se extienden hasta donde la vista alcanza; solo interrumpidos, a lo lejos, por el paisaje monta\u00f1oso de los pueblos vecinos. No hay \u00e1rboles. No hay casas. Solo arroz. Kil\u00f3metros y kil\u00f3metros de campo verde que a ciertas horas brilla por la reverberaci\u00f3n del sol en los espejos de agua. Al inexperto ojo de un forastero esta podr\u00eda parecerle una tierra tranquila, donde jam\u00e1s pasa nada; pero los lugare\u00f1os saben que eso no es cierto, que bajo esta aparente calma acecha un emplumado peligro que puede llevar a los agricultores a perder casi toda su producci\u00f3n en unas pocas horas: los p\u00e1jaros.<\/p>\n<p>De d\u00eda el viento corre sobre los campos anegados y hace temblar la yerba seca que bordea los caminos. De noche el viento amaina y crece el silencio. Solo se escucha el canto mon\u00f3tono de las ranas en los charcos y de vez en cuando el esc\u00e1ndalo de un cohete de p\u00f3lvora que se eleva sobre el arrozal y estalla en el cielo en una nube de chispas.<\/p>\n<p>Los cohetes son arrojados por pajareros. Muchachos que velan los arrozales, aguzando el o\u00eddo para percibir por encima del bullicio de las ranas, el aleteo de los p\u00e1jaros que llegan a comerse la semilla reci\u00e9n sembrada. A ratos se sientan sobre la yerba seca y miran las estrellas, tantas estrellas que se dir\u00eda solo son superadas en n\u00famero por los zancudos que vuelan en hordas a lo largo y ancho del campo. Despu\u00e9s hacen una nueva ronda, alumbrando el suelo lodoso porque \u201cno vaya a ser una culebra\u201d, y si oyen ruidos en el agua, queman otro cohete para espantar a los invasores. As\u00ed hasta el amanecer.<\/p>\n<p>Nadie crece so\u00f1ando con un ser un pajarero, pero la tarea existe desde que los humanos siembran arroz y los p\u00e1jaros se lo comen.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39947\" aria-describedby=\"caption-attachment-39947\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-12.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39947 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-12.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141402\/277-MAG-PAJAREROS-12.jpg 640w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141402\/277-MAG-PAJAREROS-12.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141402\/277-MAG-PAJAREROS-12.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39947\" class=\"wp-caption-text\"><em>Luis Gerardo Mallorqu\u00edn y Roberto Castillo, ambos de 17 a\u00f1os, queman un \u00abcuete\u00bb en la soledad del arrozal. Foto\/ Oscar Navarrete<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El arroz prospera en condiciones extremas: suelos arcillosos y agua en cantidades que ahogar\u00edan a otras plantas; pero la verdad es que su cultivo exige amor y, sobre todo, dinero. Para ser precisos, unos 1,500 d\u00f3lares por manzana sembrada. Antes de empezar a sembrar los productores echan herbicida, llenan de agua el campo, trituran el terreno con tractores, nivelan el suelo y ponen la semilla a pregerminar durante 24 horas, para que luego los campesinos la siembren \u201cal voleo\u201d, por etapas y con el fango hasta las rodillas, cuenta don Nazario Mora, asesor t\u00e9cnico que trabaja en el sector arrocero desde hace 38 a\u00f1os.<\/p>\n<p>A este m\u00e9todo de sembrado se le conoce como \u201cfangueo\u201d y es el m\u00e1s utilizado en Nicaragua. La gente carga miles de semillas en sacos y las va arrojando a pu\u00f1ados sobre el lodazal, de modo que quedan expuestas, como servidas en bandeja para los p\u00e1jaros que se alimentan de ellas. \u201cDos millones 700 mil semillas por manzana\u201d, calcula Roberto Caldera, ingeniero agr\u00f3nomo y arrocero de toda la vida. Una cena nada despreciable para la zarceta.<\/p>\n<p>Se trata de un patito pinto y esponjado, con cara de p\u00edcaro, que vuela desde las tierras de Canad\u00e1 para dar dolores de cabeza en los arrozales del sur. Cuando su ruta migratoria las trae a Nicaragua, una buena parte de las viajeras se asienta en las playuelas de Tisma, cerca del lago Cocibolca, y ah\u00ed pasan el d\u00eda sin molestar a nadie. Pero llega la noche y levantan vuelo para ir a calmar el hambre a los campos arroceros de su preferencia. A veces son pocas, a veces miles. Y los productores les temen, porque son \u201cbandidas\u201d, r\u00e1pidas e impredecibles.<\/p>\n<p>Los otros p\u00e1jaros aficionados a la semilla de arroz son el piche y el pato real, pero como ladrones gozan de menos prestigio que la zarceta. El piche da problemas en todas las zonas arroceras y al pato real se le ve m\u00e1s en los campos de Rivas y R\u00edo San Juan.<\/p>\n<p>La batalla nocturna del hombre contra el p\u00e1jaro comienza desde que se arroja la primera semilla y no cesa, sino hasta veinte d\u00edas despu\u00e9s de que germina la \u00faltima matita de arroz, cuando ya el terreno tiene aspecto de alfombra y las aves pierden el inter\u00e9s. Se pajarea de noche en noviembre, diciembre y los primeros d\u00edas de enero. En esos meses el campo est\u00e1 cubierto por l\u00e1minas de agua; el arroz tierno y las zarcetas contentas.<\/p>\n<p>\u201cLa zarceta no puede comer en seco, tiene que estar en agua. Es igualita a un patito, nada m\u00e1s que es diminuta y vuela que es una barbaridad. Ella se deja caer en la noche. Le agarra por cucharear y ah\u00ed lo anda arrancando el arroz, muy alegre, es da\u00f1ina\u201d, dice don Nazario, quien alguna vez, como la mayor\u00eda de los empleados de las fincas, tuvo que pajarear. Habla de los p\u00e1jaros con una mezcla de pesar, preocupaci\u00f3n y ternura. Por mucho da\u00f1o que hagan, no puede malquerer a unos patitos tan esponjosos.<\/p>\n<p>Anta\u00f1o era com\u00fan que los agricultores les pusieran veneno y \u201cdaba pesar las mortandades de p\u00e1jaros\u201d, recuerda. Pero ocurr\u00eda que, envenenados y todo, los lugare\u00f1os se los com\u00edan. Solo les sacaban las v\u00edsceras y a la paila. As\u00ed que hace unos a\u00f1os los productores acordaron decirle adi\u00f3s a ese m\u00e9todo y quedarse con el artesanal pajareo, cuya \u00fanica agresi\u00f3n hacia las aves es no dejarlas comer en paz.<\/p>\n<p>El pajareo nocturno se suspende en enero y alrededor de dos meses m\u00e1s tarde, en marzo, inicia el pajareo diurno y vespertino. Entonces el enemigo ya no es la zarceta, sino el diminuto pajarito arrocero que vuela en grandes bandadas y baja a tierra con un caracter\u00edstico sonido \u201ccomo de avi\u00f3n\u201d, por el que la gente los llama \u201cretumbo\u201d, cuenta don Roberto Caldera. \u201cEl arrocero sube, da vuelta como helic\u00f3ptero y vuelve a caer al plant\u00edo. Caen como 150 mil y pelan el arroz, porque es un p\u00e1jaro fachento, se lo come trillado\u201d, describe entre risas.<\/p>\n<p>R\u00ede pero sabe que se trata de un asunto serio. Recuerda que en los a\u00f1os ochenta un productor conocido sembr\u00f3 140 manzanas de arroz y perdi\u00f3 cincuenta en un solo d\u00eda, cuando una invasi\u00f3n de arroceros lo tom\u00f3 desprevenido en plena cosecha. Y \u00e9l tambi\u00e9n ha sufrido ataques de p\u00e1jaros. Una noche, hace muchas lunas, sus pajareros descuidaron el plant\u00edo y las zarcetas se cenaron casi 10 manzanas de semillas en solo unas horas, asegura.<\/p>\n<p>\u201cTodito se lo comieron\u201d, cuenta. Por la ma\u00f1ana el campo estaba sospechosamente lleno de plumas y don Roberto envi\u00f3 al mandador a averiguar qu\u00e9 hab\u00eda sucedido. \u201cSe le comieron todo el arroz\u201d, le inform\u00f3 al volver. \u201cIdeay, \u00bfy los pajareros?\u201d, pregunt\u00f3 \u00e9l. \u201cSe fueron temprano o se durmieron\u201d, dijo el mandador. El da\u00f1o estaba hecho y hubo que volver a sembrar: dos millones 700 mil semillas por manzana.<\/p>\n<p>La tarea de pajarero es indeseable, pero nadie niega que es imprescindible. En septiembre vuelve a pajarearse de noche, ahora bajo la lluvia. \u201cEs que en julio y agosto se siembra de nuevo, pero hay menos p\u00e1jaros\u201d, se\u00f1ala don Nazario. \u201cYa en septiembre, cuando los brotes est\u00e1n chiquitos, cuando estamos con arrocito peque\u00f1o, la zarceta regresa y se deja venir justo a los arrozales\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39941\" aria-describedby=\"caption-attachment-39941\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-2.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-39941 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-2.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141408\/277-MAG-PAJAREROS-2.jpg 640w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141408\/277-MAG-PAJAREROS-2.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141408\/277-MAG-PAJAREROS-2.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39941\" class=\"wp-caption-text\"><em>Don Nazario Mora, conocido como Chayito, ha trabajado en el campo arrocero desde que era un chavalo. Ahora es asesor t\u00e9cnico, pero alguna vez tambi\u00e9n tuvo que pajarear. Le gustaba espantar patos en noches estrelladas o con luna, a pesar de que en esas circunstancias los p\u00e1jaros \u201cse alborotan m\u00e1s\u201d. Foto\/ Oscar Navarrete<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Es un trabajo sencillo, \u201cnada m\u00e1s hay que aguantarlo\u201d, considera Yasser Olivas, de 25 a\u00f1os, quien fue pajarero pero ascendi\u00f3 de rango en la finca Santa Rosa y ahora est\u00e1 a cargo de supervisar las tareas cotidianas de otros peones. Tambi\u00e9n es un trabajo aburrido, pero los pajareros prefieren que as\u00ed sea, pues lo \u00fanico que lo puede volver interesante es una alta presencia de p\u00e1jaros.<\/p>\n<p>Los espantapatos llegan a las fincas arroceras poco antes de las 6:00 de la tarde, porque aunque la regla es que los ladrones de semillas aparezcan acerc\u00e1ndose a las 8:00, nunca se sabe.<\/p>\n<p>Ya entrada la noche, mientras esperan a que una bandada de aves corte el aire nocturno o chapotee en las terrazas de arroz, los pajareros re\u00fanen palitos y tallos secos y los utilizan para hacer peque\u00f1as fogatas, que a su vez sirven para espantar los zancudos y preparar los tizones con que encienden las mechas de los cohetes de p\u00f3lvora. Se sientan sobre sacos de manila y hierven caf\u00e9 en tarros que sacan de la mochila. Despu\u00e9s miran videos en el tel\u00e9fono celular o escuchan interminables listas musicales de reguet\u00f3n o de Jos\u00e9 Luis Perales. Van a platicar un ratito con los colegas que vigilan otras \u00e1reas del arrozal o se entretienen observando las constelaciones de estrellas y las se\u00f1alan con el dedo cuando las ven alzarse en el horizonte.<\/p>\n<p>\u201cPor aqu\u00ed sale una que se parece a esa de las Siete Cabritas, pero m\u00e1s grande\u201d, dice Luis Gerardo Mallorqu\u00edn, de 17 a\u00f1os, apuntando hacia el noroeste. Esta noche est\u00e1 pajareando con su amigo Roberto Castillo, igual de 17 a\u00f1os. Es la primera vez que realizan esta tarea y no traen comida ni caf\u00e9 ni tarros a la finca, porque cuando lo hicieron cay\u00f3 una lluvia anacr\u00f3nica y ahora se resisten a volver a intentarlo.<\/p>\n<p>Ambos viven en Malacatoya y cada d\u00eda recorren en bicicleta los 18 kil\u00f3metros que separan al pueblo de la finca. A los 12 a\u00f1os comenzaron a trabajar por las tardes y las noches, realizando tareas menores en campos y trillos arroceros, cuentan. Solo as\u00ed pod\u00edan conseguir dinero para cubrir sus propios gastos y uno que otro gusto de fin de semana. En su debut como pajareros recibieron el salario promedio que pagan los productores: 250 c\u00f3rdobas por turno.<\/p>\n<p>Algunos pajareros son peones fijos enviados a espantar aves cuando es necesario, pero muchos solo consiguen trabajo por temporada y cuando acaba la \u00e9poca del pajareo se quedan en el aire. \u201cSi sos chavalo y no sab\u00e9s machetear, vas para la casa. Al terminar el p\u00e1jaro, ellos se van\u201d, se\u00f1ala Yasser.<\/p>\n<p>Hay personas que se burlan del pajareo \u201cporque es un trabajo sencillo\u201d y dicen: \u201cmir\u00e1, este chavalo es pajarero, como que uno no sabe hacer nada m\u00e1s\u201d, lamenta. Sin embargo, ser un espantap\u00e1jaros humano no es una tarea exenta de riesgos y penurias. Primero est\u00e1n las culebras, que abundan en los arrozales. Boas, castellanas y corales. Despu\u00e9s los zancudos y el fr\u00edo, que nunca fallan en la madrugada. Y a eso debe sumarse el peligro de la p\u00f3lvora. \u201cA veces el \u2018cuete\u2019 no sale normal. A veces no lo has soltado y explota. En Tepal\u00f3n, de Malacatoya para el fondo, hay varios mancos. Chavalos. Es que chavalo uno es inexperto y descuidado, hay m\u00e1s accidentes\u201d, dice.<\/p>\n<p>Si el pajarero se acuesta en el suelo, puede que por encima le pase una serpiente (como le sucedi\u00f3 a Yasser); si camina, puede que la pise, pero de todas formas tiene que caminar. No debe dormirse ni retirarse antes de tiempo, incluso si la madrugada est\u00e1 m\u00e1s tranquila que un velorio, su deber es permanecer alerta hasta las 5:00 de la ma\u00f1ana, quemando uno a uno los 12, 24 o 36 \u201ccuetes\u201d que los jefes le entregan antes de cada turno.<\/p>\n<p>En algunas fincas cada pajarero cuida alrededor de 50 manzanas; en otras les asignan 20 o 25. Es bastante terreno y al final de una vigilia agitada terminan caminando varios kil\u00f3metros, asegura Yasser.<\/p>\n<p>A cambio de los malos ratos, reciben un firmamento digno de mejores noches. \u201cCuando uno anda aqu\u00ed, todo es estrellado, dan ganas de andar. Es linda la noche cuando se ven los mantos de estrellas, uno se motiva\u201d, relata don Nazario. Pero pasa algo extra\u00f1o: \u201cel p\u00e1jaro tambi\u00e9n es bandido y se alborota. Y viera qu\u00e9 terrible cuando hay luna, c\u00f3mo se pone el pajarero\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39942\" aria-describedby=\"caption-attachment-39942\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-5.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-39942 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-5.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141407\/277-MAG-PAJAREROS-5.jpg 640w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141407\/277-MAG-PAJAREROS-5.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141407\/277-MAG-PAJAREROS-5.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39942\" class=\"wp-caption-text\"><em>El \u201ccuete pajarero\u201d que Yasser Olivas muestra en la foto es ligeramente inferior al \u201ccuete de fiesta\u201d, pero es m\u00e1s econ\u00f3mico. Una gruesa (doce docenas) cuesta 480 c\u00f3rdobas y en una temporada de pajareo, en una finca de 200 manzanas, se gastan al menos 20 gruesas. Foto\/ Oscar Navarrete<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Existen incontables m\u00e9todos de pajareo. El m\u00e1s popular es el de los \u201ccuetes\u201d de p\u00f3lvora, que se compran en Masaya y Tipitapa a 480 c\u00f3rdobas por gruesa (doce docenas). Sin embargo, recientemente est\u00e1 ganando terreno el mortero porque su onda sonora \u201ces m\u00e1s expansiva\u201d, apunta Roberto Caldera. Ya se ha comprobado que los espantap\u00e1jaros y las pitoretas no funcionan; tampoco las pistolas de gas que se elaboran con tanques de cocina y se programan para emitir un estallido cada cierto tiempo. \u201cEs que llega un momento en que los p\u00e1jaros se familiarizan\u201d, explica el agr\u00f3nomo.<\/p>\n<p>Otros productores colocan bolsas de pl\u00e1stico con la esperanza de que cuando el viento las agite el ruido espante a los piches y las zarcetas. Y en otros pa\u00edses usan grandes espejos para refractar la luz del sol y usarla como arma contra las aves. Cada quien elige el m\u00e9todo que considera m\u00e1s conveniente, aunque no siempre se obtienen buenos resultados.<\/p>\n<p>Roberto todav\u00eda se carcajea cuando cuenta este episodio: Vinieron unos mexicanos a sembrar arroz en El Timal y al notar que \u00e9l llevaba treinta gruesas de cohetes en su camioneta, le dijeron: \u201cUsted est\u00e1 loco, nosotros cuidamos con espejos\u201d. \u201cBueno \u2014les respondi\u00f3\u2014. Ustedes tienen su costumbre y nosotros la nuestra, despu\u00e9s me cuentan\u201d. Se fueron los mexicanos a sembrar y a los d\u00edas le preguntaron por tel\u00e9fono: \u201cDon Roberto, \u00bfd\u00f3nde compra p\u00f3lvora? No aguantamos los p\u00e1jaros\u201d. Entonces \u00e9l les recomend\u00f3: \u201cPongan el espejo para que se pinte la p\u00e1jara y el p\u00e1jaro se ponga bonito\u201d. Lo que sucedi\u00f3 en este caso, asegura, es que aquellos productores no conoc\u00edan bien \u201cel tipo de siembra de aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>La siembra de fangueo en una zona de paso de aves migratorias, como Malacatoya, es un llamado a cenar y los patos no son invitados remilgosos. Mucho menos los p\u00e1jaros arroceros que aparecen en tiempo de floraci\u00f3n y ponen en riesgo toda la cosecha. Por eso son tan necesarios los pajareros, los asustapatos, los espantap\u00e1jaros humanos.<\/p>\n<p>Y entonces un cohete de p\u00f3lvora explotando en medio de la nada es una se\u00f1al. Cuando se eleva por unos segundos sobre el arrozal y los zancudos, apagando el canto de las ranas y encendiendo el cielo nocturno, est\u00e1 diciendo que, de alguna manera, todo va bien.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39952\" aria-describedby=\"caption-attachment-39952\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-17.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39952 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-PAJAREROS-17.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141357\/277-MAG-PAJAREROS-17.jpg 640w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141357\/277-MAG-PAJAREROS-17.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141357\/277-MAG-PAJAREROS-17.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39952\" class=\"wp-caption-text\"><em>Luis Gerardo Mallorqu\u00edn y Roberto Castillo, ambos de 17 a\u00f1os y de Malacatoya, Granada, van para segundo a\u00f1o de secundaria. Recientemente debutaron como pajareros nocturnos. Foto\/ Oscar Navarrete<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<h3><\/h3>\n<h3>Los m\u00e1s buscados<\/h3>\n<p>La zarceta o pato canadiense es el principal \u201cenemigo\u201d de los productores de arroz cuando es \u00e9poca de siembra. Este patito tiene h\u00e1bitos nocturnos y suele volar a los arrozales para andar \u201ccuchareando\u201d en los campos anegados, arrancando las matas para comerse las semillas. Antes los agricultores las envenenaban, pero ahora se han quedado solo con el pajareo. Sin embargo, actualmente la gente de las zonas arroceras las caza con redes colocadas en los campos sembrados y luego las venden a 20 c\u00f3rdobas por pareja, pues su carne es muy apreciada. Otros p\u00e1jaros que dan problemas durante la siembra son el piche y el pato real.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39957\" aria-describedby=\"caption-attachment-39957\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-P\u00c1JAROS-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39957 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-P\u00c1JAROS-1.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"360\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141353\/277-MAG-P%C3%81JAROS-1.jpg 640w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141353\/277-MAG-P%C3%81JAROS-1.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141353\/277-MAG-P%C3%81JAROS-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39957\" class=\"wp-caption-text\"><em>Zarceta o pato canadiense.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Cuando las matas de arroz empiezan a florecer, los productores comienzan a tenerle miedo al diminuto p\u00e1jaro arrocero, que vuela en gigantescas bandadas y ya ha demostrado que puede acabar con varias manzanas en una sentada.<\/p>\n<p>Es un p\u00e1jaro insistente, aunque el pajarero lo espante, siempre intenta volver a instalarse sobre el arrozal. Cuando hay un ataque de arroceros, ya no es posible recuperar la producci\u00f3n, pues se comen el grano cultivado.<br \/>\nOtras aves comedoras de arroz son el p\u00e1jaro congo y el p\u00e1jaro sargento. Los pajareros las espantan en \u00e9poca de cosecha, ah\u00ed por marzo y abril y en la cosecha de fin de a\u00f1o.<\/p>\n<figure id=\"attachment_39958\" aria-describedby=\"caption-attachment-39958\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-P\u00c1JAROS-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-39958 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/277-MAG-P\u00c1JAROS-2.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"430\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141352\/277-MAG-P%C3%81JAROS-2.jpg 640w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141352\/277-MAG-P%C3%81JAROS-2.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/07141352\/277-MAG-P%C3%81JAROS-2.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-39958\" class=\"wp-caption-text\"><em>P\u00e1jaro arrocero.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<h3><\/h3>\n<h3>Sin seguro<\/h3>\n<p>El pajareo es una pr\u00e1ctica extendida en todos los campos arroceros de Nicaragua. Se pajarea en Malacatoya (Granada), en S\u00e9baco (Matagalpa), en Jalapa (Nueva Segovia) y tambi\u00e9n en el sur del pa\u00eds. Sin embargo, los pajareros no cuentan con seguridad social.<\/p>\n<p>Ganan un salario promedio de 250 a 300 c\u00f3rdobas por cada d\u00eda o noche de pajareo y, cuando ocurre un accidente, es la finca la que asume los gastos y las responsabilidades.<\/p>\n<p>La tarea de pajarear no es grata, pero se acepta porque con ella viene la posibilidad de \u201cseguir accediendo a otras labores culturales\u201d en el campo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los campos de arroz se libran batallas entre humanos y p\u00e1jaros. 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