{"id":42231,"date":"2018-06-08T17:45:27","date_gmt":"2018-06-08T23:45:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.magazine.com.ni\/?p=42231"},"modified":"2018-09-29T22:51:17","modified_gmt":"2018-09-29T22:51:17","slug":"alejandro-davila-bolanos-el-doctor-de-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/alejandro-davila-bolanos-el-doctor-de-los-pobres\/","title":{"rendered":"Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os, el \u00abdoctor de los pobres\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os muri\u00f3 minutos despu\u00e9s de operar a su \u00faltimo paciente. Se opuso abiertamente al r\u00e9gimen de los Somoza y por ello pag\u00f3 con su vida. Esta es su historia, m\u00e1s all\u00e1 de su c\u00e9lebre nombre<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Amalia del Cid<\/strong><\/p>\n<p>Pasaron dos noches antes de que Merceditas Rodr\u00edguez pudiera llegar hasta el sitio donde mataron a su esposo. Llev\u00f3 consigo a un vecino para que le ayudara a levantar el cuerpo, pero solo encontraron cenizas. La Guardia Nacional se hab\u00eda encargado de quemar los restos de sus v\u00edctimas y del doctor Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os solo quedaban los zapatos, un l\u00e1piz y sus anteojos.<\/p>\n<p>Alguien tom\u00f3 los zapatos y los arroj\u00f3 sobre un c\u00famulo de cenizas a fin de indicarle a la viuda que esos eran los restos de su esposo. Ella los reconoci\u00f3 de inmediato. Eran los zapatos caf\u00e9s, viejos y muy feos, que hab\u00eda comprado para \u00e9l algunos meses antes, cuando el m\u00e9dico guardaba prisi\u00f3n por oponerse p\u00fablicamente al r\u00e9gimen de los Somoza.<\/p>\n<p>Entonces se hinc\u00f3 y recogi\u00f3 las cenizas, las de su doctor y las de otras personas que fueron quemadas junto con \u00e9l, frente al hospital de Estel\u00ed. Las guard\u00f3 revueltas, en una r\u00fastica caja hecha con tablitas encontradas aqu\u00ed y all\u00e1, y todav\u00eda las conserva porque espera que un d\u00eda sus propias cenizas se unan a las de \u00e9l.<\/p>\n<p>Han pasado casi cuatro d\u00e9cadas desde entonces y Merceditas est\u00e1 cerca de cumplir 90 a\u00f1os; pero recuerda aquel abril con esa claridad que tienen las memorias dolorosas. A su esposo lo sacaron del quir\u00f3fano cuando estaba operando a un joven herido, durante la insurrecci\u00f3n de Estel\u00ed, en 1979. Lo fusilaron a una cuadra de su casa y en plena calle la Guardia hizo una hoguera con su cuerpo.<\/p>\n<p>Merceditas cuenta la historia con los ojos tristes, pero la voz firme. Y sentada a su lado su hija Karelia se seca las l\u00e1grimas. La viuda de Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os nunca volvi\u00f3 a casarse y cuando habla de su marido todav\u00eda lo llama el Doctor, pronunciando esas dos palabras como si acariciara cada letra.<\/p>\n<p>Algunos recuerdan a D\u00e1vila Bola\u00f1os como intelectual intr\u00e9pido y gran conocedor del n\u00e1huatl, orgulloso de sus ra\u00edces chorotegas. Otros como m\u00e1rtir de la revoluci\u00f3n popular de 1979, torturado, m\u00e1s de setenta veces encarcelado y finalmente asesinado. Y hay quienes solamente han escuchado su nombre porque as\u00ed se llama el Hospital Militar de Managua, bautizado en su honor. Para Merceditas, en cambio, el asunto es mucho m\u00e1s sencillo. \u201cEra un hombre bello\u201d, dice, llev\u00e1ndose una mano al pecho.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que lo vio ella estaba prepar\u00e1ndose para ir a visitar a su mam\u00e1, quien viv\u00eda en otra zona de la ciudad de Estel\u00ed, y \u00e9l sal\u00eda de casa acompa\u00f1ado por un joven periodista que m\u00e1s tarde morir\u00eda arrojado desde un avi\u00f3n de la guardia somocista.<\/p>\n<p>\u2014Mama \u2014le dijo \u00e9l, que as\u00ed la llamaba\u2014. Ya vengo. Voy a ir donde los muchachos.<\/p>\n<p>Por eso cuando m\u00e1s tarde le contaron que la Guardia hab\u00eda rodeado la zona del hospital y desde la casa de su madre vio elevarse lejanas columnas de humo, ella no se preocup\u00f3 demasiado. Cre\u00eda que su esposo estaba en el campamento de los guerrilleros del Frente Sandinista.<\/p>\n<figure id=\"attachment_42361\" aria-describedby=\"caption-attachment-42361\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DAVILABOLA\u00d1OS-12.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-42361 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DAVILABOLA\u00d1OS-12.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135145\/282-MAG-DAVILABOLA%C3%91OS-12.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135145\/282-MAG-DAVILABOLA%C3%91OS-12.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135145\/282-MAG-DAVILABOLA%C3%91OS-12.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135145\/282-MAG-DAVILABOLA%C3%91OS-12.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-42361\" class=\"wp-caption-text\"><em>Karelia D\u00e1vila Rodr\u00edguez, hija del doctor D\u00e1vila Bola\u00f1os, y su madre, do\u00f1a Merceditas. Foto\/ Oscar Navarrete<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La vida de Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os termin\u00f3 en Estel\u00ed, pero comenz\u00f3 en Masaya, el 9 de septiembre de 1922, exactamente dos cuadras y media al sur del parque central de la ciudad, en la calle real de Monimb\u00f3. Su padre, Alejandro D\u00e1vila Blandino, era tenedor de libros y gran rat\u00f3n de biblioteca y su madre, Isabel Bola\u00f1os, era maestra y pianista reconocida.<\/p>\n<p>De su pap\u00e1 hered\u00f3 el gusto por la lectura y de su madre, probablemente, la vocaci\u00f3n de maestro. Dos caracter\u00edsticas que lo convertir\u00edan en el hombre que los Somoza llegaron a considerar \u201cel mayor conspirador y agitador pol\u00edtico de Estel\u00ed\u201d, seg\u00fan su hija Anabel D\u00e1vila Rodr\u00edguez, hoy de 61 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ya de chavalo se le conoc\u00eda como intr\u00e9pido y a Anabel le han contado que sol\u00eda atravesar nadando la laguna de Masaya \u201chasta que unos pescadores que lo vieron le pusieron queja\u201d a su pap\u00e1. Pero algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde su fama de muchacho audaz lleg\u00f3 a los peri\u00f3dicos nacionales, cuando reci\u00e9n salido de la carrera de Medicina, a la edad de 24 a\u00f1os, practic\u00f3 una cirug\u00eda a coraz\u00f3n abierto, apremiado por la urgencia del caso.<\/p>\n<p>\u201cJoven cirujano de Masaya ejecut\u00f3 antier audaz operaci\u00f3n en el coraz\u00f3n de un paciente. Tom\u00f3 el coraz\u00f3n palpitante con una mano, mientras con la otra traz\u00f3 tres suturas\u201d, reza el encabezado de una entusiasta nota period\u00edstica que Anabel conserva en sus archivos, aunque no recuerda de cu\u00e1l diario la extrajo.<\/p>\n<p>Resulta que un ciudadano masaya de nombre Jos\u00e9 Mar\u00eda Cano hab\u00eda sido mortalmente apu\u00f1alado en el valle de la Quebrada Honda y trasladado al hospital con el pulm\u00f3n derecho dividido y una herida de pulgada y media en el lado derecho del coraz\u00f3n. Al doctor D\u00e1vila, egresado de la Universidad Central de Nicaragua en febrero de 1946, le toc\u00f3 atender al paciente y despu\u00e9s de estudiar r\u00e1pidamente su caso, sutur\u00f3 el pulm\u00f3n herido y tom\u00f3 el coraz\u00f3n en la mano.<\/p>\n<p>Veinticuatro horas m\u00e1s tarde la recuperaci\u00f3n del paciente iba viento en popa y todos felicitaban al autor de la haza\u00f1a. \u201cLa operaci\u00f3n m\u00e1s sensacional y audaz que se haya practicado en Masaya, y tal vez la primera que se ha efectuado en Nicaragua, se realiz\u00f3 en el hospital San Antonio de esta ciudad por la ya mano h\u00e1bil y diestra del joven cirujano Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os\u201d, escribi\u00f3 el corresponsal de Masaya en el reporte que Anabel guarda celosamente.<\/p>\n<p>Sin embargo, su talento como cirujano no fue lo que puso al m\u00e9dico en la mira de los Somoza, sino sus actividades en contra del r\u00e9gimen y a favor de la clase obrera. Desde chavalo ten\u00eda ideales socialistas y de universitario particip\u00f3 \u201cen las hist\u00f3ricas jornadas estudiantiles del a\u00f1o 44, que hicieron temblar al fundador de la dinast\u00eda\u201d somocista, dice la breve biograf\u00eda publicada en el sitio web del Hospital Militar Escuela Dr. Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os, fundado en agosto de 1979, cuatro meses despu\u00e9s de la muerte del m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Cuando Merceditas Rodr\u00edguez lo conoci\u00f3, ya sab\u00eda de sus actividades sindicalistas y era de conocimiento p\u00fablico que el joven hab\u00eda estado varias veces preso por ser un opositor.<\/p>\n<p>Para entonces Alejandro estaba radicado en Estel\u00ed, pues hab\u00eda sido trasladado al norte para cumplir su servicio social, y toda la ciudad hablaba del doctor D\u00e1vila. Los rumores viajaban hasta Managua, donde Merceditas estudiaba Secretariado y atend\u00eda una tienda de ropa a la que llegaban muchos estelianos con noticias del c\u00e9lebre doctorcito. Que el doctor D\u00e1vila hizo esto y lo otro, que \u201cse pelearon dos mujeres por \u00e9l\u201d, que \u201cla Amanda Torres y la Chayo Zeled\u00f3n se trompearon por \u00e9l en el parque\u201d, recuerda Merceditas, feliz de poder hablar de su Negro, como tambi\u00e9n lo llama.<\/p>\n<p>A ella, sin embargo, no le interesaba lo m\u00e1s m\u00ednimo lo que el famoso doctor D\u00e1vila hiciera o dejara de hacer. Lo hab\u00eda conocido un a\u00f1o antes de empezar a estudiar Secretariado, cuando ella \u201cjalaba\u201d por correspondencia con un muchacho esteliano que viv\u00eda en Texas, Estados Unidos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_42371\" aria-describedby=\"caption-attachment-42371\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-42371 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"1339\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135133\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135133\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg 202w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135133\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135133\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg 688w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135133\/282-MAG-DOCTOR-5.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-42371\" class=\"wp-caption-text\"><em>Merceditas y Alejandro cuando eran novios. La relaci\u00f3n empez\u00f3 bailando, cuando \u00e9l ped\u00eda permiso para llevarla de acompa\u00f1ante a las fiestas de Estel\u00ed. Foto\/ Cortes\u00eda <\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Se encontraron por casualidad en el parque de Estel\u00ed. \u00c9l pasaba caminando con uno de sus amigos y al verla exclam\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00a1Qu\u00e9 linda esa chavala!<br \/>\n\u2014Eh, ella jala con mi hermano \u2014se apur\u00f3 a informarle su amigo.<\/p>\n<p>Y Merceditas no dijo nada. Se fue a estudiar a Managua y no volvi\u00f3 a tener contacto con el doctor D\u00e1vila sino hasta unos dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando regres\u00f3 a Estel\u00ed para poner un sal\u00f3n de belleza. Para entonces ella ten\u00eda unos 19 a\u00f1os y \u00e9l 25. Ella ya hab\u00eda terminado su noviazgo a larga distancia; \u00e9l andaba de novio con una prima hermana de Merceditas, lo que no imped\u00eda que apareciera casualmente en los lugares que ella frecuentaba.<\/p>\n<p>\u201cSi iba donde el dentista, ah\u00ed estaba \u00e9l. Si caminaba por una calle, por ah\u00ed tambi\u00e9n pasaba \u00e9l\u201d, cuenta la viuda del doctor. Y se le ilumina la mirada al recordar aquellos tiempos. \u201cYo s\u00e9 que usted est\u00e1 jalando con mi prima\u201d, lo encaraba ella. Y \u00e9l le respond\u00eda: \u201cEso no importa. Vos a m\u00ed me gust\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>Finalmente Merceditas cedi\u00f3 y le dijo: \u201cMir\u00e1, yo no soy ninguna empleada, tengo mi casa para que me visit\u00e9s si quer\u00e9s\u201d. Y \u00e9l, ni corto ni perezoso, lleg\u00f3 a pedir permiso a su futura suegra para que la muchacha fuera su compa\u00f1era de baile en una fiesta del pueblo. \u201cAs\u00ed comenzamos, bailando\u201d, suspira la anciana. Y sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Durante cinco a\u00f1os Alejandro la visit\u00f3 todos los d\u00edas de la semana, menos uno. El d\u00eda que dedicaba a dar charlas a los obreros de la ciudad. Los hac\u00eda entrar uno por uno a su cl\u00ednica, aprovechando la hora en que la gente asist\u00eda a un cinema cercano; ah\u00ed les hablaba de pol\u00edtica, derechos laborales, econom\u00eda, marxismo y organizaci\u00f3n y luego los sacaba a la calle, uno por uno, para que se mezclaran con la multitud que ya sal\u00eda del cine.<\/p>\n<p>Tras el asesinato de su esposo, Merceditas decidi\u00f3 quedarse sola, pese a que ten\u00eda ocho hijos a su cargo y a que no le faltaron pretendientes.<\/p>\n<p>\u201cD\u00f3nde iba a encontrar otro hombre como \u00e9l\u201d, explica. \u201cSi vuelve a nacer y vuelve a venir, me caso con \u00e9l otra vez\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Lo llamaban \u201cel doctor de los pobres\u201d porque nunca cobraba la consulta a pacientes que apenas ten\u00edan dinero para dar de comer a sus hijos. Llegaban los campesinos desde todas partes, con sus alforjas al hombro, y de repente en la casa del m\u00e9dico se escuchaba el cacarear de una gallina o sobre la mesa aparec\u00eda un pu\u00f1ado de naranjas. De esa manera mostraban agradecimiento.<\/p>\n<p>\u201cLa gente le llevaba una docena de huevitos de amor, mangos, una naranja, una cuajada\u201d, recuerda su hija Karelia, hoy de 56 a\u00f1os. \u201cA todos les daba algo de desayunar. Les serv\u00eda pinolillo. Y si llegaba el cartero, del plato de \u00e9l sacaba comida para darle\u201d.<\/p>\n<p>La casa estaba llena de sonidos. De d\u00eda se o\u00eda el bullicio de los j\u00f3venes que llegaban a recibir las charlas del maestro o a hacer las tareas escolares en la mesa del comedor porque el doctor les facilitaba los libros que sus pap\u00e1s no pod\u00edan costear. Y por la noche los ni\u00f1os se dorm\u00edan arrullados por el \u201cclic, clic\u201d de la m\u00e1quina donde su padre escrib\u00eda los textos que despu\u00e9s reproduc\u00eda en su mime\u00f3grafo.<\/p>\n<p>Sent\u00eda gran aprecio por su mime\u00f3grafo, pero lo pon\u00eda a disposici\u00f3n de la causa. Merceditas pasaba noches enteras sacando copias, con el vestido negro que usaba para manipular la tinta. En la casa se reproduc\u00edan \u201cmoscas, boletas, comunicados del Frente Sandinista, del Frente Estudiantil y de la Asociaci\u00f3n de Estudiantes de Secundaria\u201d, se\u00f1ala Karelia.<\/p>\n<p>Antes de que empezara la lucha armada, cuando se cre\u00eda que los Somoza pod\u00edan salir del poder por la v\u00eda pac\u00edfica y todav\u00eda se ten\u00eda fe en los tranques, los paros laborales y el di\u00e1logo, la vivienda del doctor D\u00e1vila se convirti\u00f3 en un \u201ccuadro quemado\u201d, afirma su hija. Ah\u00ed se concentraba la oposici\u00f3n del norte de Nicaragua: Estel\u00ed, Madriz y Nueva Segovia. Hab\u00eda movimiento todos los d\u00edas, como si hubiera sido una casa de partido.<\/p>\n<p>Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en un blanco. De perenne lo llegaban a sacar de su casa y se lo llevaban para interrogarlo. \u201cSolo lo sacaban, estuviera como estuviera. En chinelas, en calzoncillo. Una vez lo hicieron caminar en calzoncillo desde la casa hasta la c\u00e1rcel, unas 25 o treinta cuadras. En calzoncillo y pantuflas. Era el chivo expiatorio de los Somoza. Si se quemaba una casa, era \u00e9l. Si no hab\u00eda luz en Estel\u00ed, era \u00e9l que hab\u00eda mandado a cortar alg\u00fan cable\u201d, cuenta Karelia.<\/p>\n<figure id=\"attachment_42374\" aria-describedby=\"caption-attachment-42374\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-10.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-42374 size-medium\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-10-300x198.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"198\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135129\/282-MAG-DOCTOR-10.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135129\/282-MAG-DOCTOR-10.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135129\/282-MAG-DOCTOR-10.jpg 600w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135129\/282-MAG-DOCTOR-10.jpg 900w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-42374\" class=\"wp-caption-text\"><em>Alejandro y Merceditas tuvieron ocho hijos: cinco hombres y tres mujeres. Esta ni\u00f1a es Karelia. Foto\/ Cortes\u00eda<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Ella ingres\u00f3 a la guerrilla sandinista cuando apenas ten\u00eda 16 a\u00f1os y antes de eso estuvo organizada como estudiante. Se sub\u00eda a los techos de las casas y desde ah\u00ed \u201cpegaba cuatro gritos\u201d contra el gobierno. En 1977 lleg\u00f3 a tomarse el colegio de monjas donde estudiaba. En la toma participaron alumnos del colegio San Francisco y del colegio municipal, recuerda. Las monjas, escandalizadas, expulsaron del recinto a los muchachos y empezaron a llamar a los padres de las se\u00f1oritas para que se las llevaran. Llamaron a todos, menos uno: el doctor D\u00e1vila.<\/p>\n<p>Sab\u00edan que \u00e9l les iba a decir: \u201cQu\u00e9 bueno, ah\u00ed d\u00e9jenla, est\u00e1 en su derecho\u201d. \u201c\u00c9l me dej\u00f3 ser\u201d, sostiene Karelia. \u201cHabr\u00eda sido hip\u00f3crita que \u00e9l, llamando a la gente a la lucha, le dijera a su hija: \u2018no, vos no\u2019. \u00c9l no me dijo absolutamente nada\u201d. Como todo padre, sufri\u00f3 preocup\u00e1ndose por los cuatro hijos que se le involucraron en la lucha armada: N\u00e9stor, Axel, Karelia y Arlon, que a los 14 a\u00f1os dej\u00f3 colgado su reloj en la puerta para informarles que se hab\u00eda unido a la guerrilla. Sin embargo, nunca los llam\u00f3 a quedarse en la seguridad de la casa.<\/p>\n<p>Era un hombre fiel a sus principios, con la cabeza todo el tiempo llena de proclamas y conspiraciones; pero mientras pudo mantuvo su hogar en armon\u00eda, con la \u00fanica regla de que por la noche se atrancaba la puerta y no se le abr\u00eda a nadie. Sin excepciones.<\/p>\n<p>Con el tiempo, cuando se hizo evidente que no hab\u00eda m\u00e1s camino que el del conflicto armado, el doctor D\u00e1vila se fue involucrando m\u00e1s y m\u00e1s con el Frente Sandinista. \u201cMi pap\u00e1 no militaba en el Frente. Jam\u00e1s pretendi\u00f3 ser un azuzador en contra de la paz y la tranquilidad, simplemente en las condiciones que le toc\u00f3 vivir, como a tanta gente, no tuvo otra opci\u00f3n que llegar a vincularse con el Frente Sandinista aunque su esp\u00edritu era bien pacifista\u201d, apunta Karelia.<\/p>\n<p>Su manera de apoyar la lucha era \u201ccontarles a los compa\u00f1eros que ten\u00edan cargos de dirigencia c\u00f3mo estaba la situaci\u00f3n desde el punto de vista de los civiles\u201d. \u201cPod\u00eda determinar por su experiencia en qu\u00e9 momento pod\u00eda ser adecuado accionar o no accionar. En qu\u00e9 momento pod\u00edan levantarse las masas, c\u00f3mo estaban organizados los obreros, qu\u00e9 pod\u00eda hacer la derecha\u201d, se\u00f1ala su hija, quien despu\u00e9s de dejar las armas estudi\u00f3 sociolog\u00eda.<\/p>\n<p>El doctor tambi\u00e9n daba asistencia m\u00e9dica a los guerrilleros que lo visitaban clandestinamente, tanto de la dirigencia como de cuadros intermedios; aportaba medicamentos y puso su finca, ubicada a quince kil\u00f3metros de Estel\u00ed, a disposici\u00f3n para que los combatientes instalaran un campamento, en 1977, menos de dos a\u00f1os antes de que lo asesinaran.<\/p>\n<p>Por otro lado, se\u00f1ala la excomandante guerrillera M\u00f3nica Baltodano, el m\u00e9dico fue \u201cun precursor\u201d. Antes de que existiera el Frente Sandinista y Carlos Fonseca Amador llegara a Estel\u00ed, el doctor D\u00e1vila ya ten\u00eda organizados a los obreros y hab\u00eda inculcado en ellos el socialismo y la conciencia de clase. Es decir, afirma Baltodano, hab\u00eda creado \u201cla base sobre la cual se estructuraron las primeras c\u00e9lulas del Frente Sandinista en los a\u00f1os sesenta\u201d en ese departamento.<\/p>\n<p>La primera parte del FSLN en Estel\u00ed estaba conformada sobre todo por obreros y todos ellos hab\u00edan pasado por las manos de Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os, sostiene la excomandante guerrillera, quien fue la responsable del Frente Sandinista en el departamento norte\u00f1o de 1975 a 1977.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el doctor era un conocido colaborador, dice Baltodano. Aparte de facilitar medicamentos y atenci\u00f3n m\u00e9dica, daba dinero para la causa y a su casa llegaba la dirigencia del Frente Sandinista.<br \/>\nPara ella, el m\u00e9dico \u201cera una persona extraordinaria y ejemplar\u201d y hablar con \u00e9l era hablar con \u201cun sabio\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Anabel est\u00e1 convencida de que ante el pelot\u00f3n de fusilamiento, su padre pens\u00f3 en Merceditas y sus hijos. Lo intuye porque en su texto \u201cEl Interrogatorio\u201d, el doctor D\u00e1vila narra que cuando lo estaban torturando a su mente acud\u00edan las im\u00e1genes de su esposa y sus ocho muchachos: cinco varones y tres mujeres.<\/p>\n<p>Es un escrito \u201chorrible\u201d, dice Anabel. \u201cLo le\u00ed una vez en mi vida. Es tan crudo, tan duro, que prefiero ni saber qu\u00e9 pas\u00f3\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_42367\" aria-describedby=\"caption-attachment-42367\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-42367 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-1.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135137\/282-MAG-DOCTOR-1.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135137\/282-MAG-DOCTOR-1.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135137\/282-MAG-DOCTOR-1.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135137\/282-MAG-DOCTOR-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-42367\" class=\"wp-caption-text\"><em>Anabel D\u00e1vila Rodr\u00edguez administra el Museo Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os, en Masaya. Ah\u00ed se exhiben la cer\u00e1mica ind\u00edgena que el m\u00e9dico coleccionaba en su casa de Estel\u00ed. Foto\/ Oscar Navarrete<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Ah\u00ed Alejandro relata con lujo de detalles todas las vejaciones a las que fue sometido entre el 6 de septiembre y el 12 de diciembre de 1978, durante la m\u00e1s dif\u00edcil de las carceleadas que sufri\u00f3 a lo largo de su vida como opositor. Estuvo 97 d\u00edas preso. En prisi\u00f3n pas\u00f3 su cumplea\u00f1os n\u00famero 56 y en prisi\u00f3n segu\u00eda cuando muri\u00f3 su madre, do\u00f1a Isabel. Primero lo acusaban de haber ayudado a organizar el paro nacional (cosa que \u00e9l no neg\u00f3) y despu\u00e9s lo cre\u00edan la malvada y comunista mente maestra tras la primera insurrecci\u00f3n popular de Estel\u00ed, ocurrida a las 5:40 de la ma\u00f1ana del 10 de septiembre de ese a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ya, hijueputa, ten\u00e9s que decirme todo lo que sep\u00e1s de c\u00f3mo organizaste a esos bandidos sandinistas!\u201d, lo amenazaban los guardias y como \u00e9l, que nada sab\u00eda de armas ni de guerra, se quedaba callado, lo pateaban en el pecho, la cara, el abdomen; lo llamaban \u201ccoch\u00f3n\u201d y suger\u00edan que hab\u00eda que \u201cmeterle un palo en el culo\u201d; lo obligaban a ponerse en cuclillas y lo montaban diciendo \u201c\u00a1arre, caballito!\u201d; le mostraban pistolas y granadas de fragmentaci\u00f3n y le dec\u00edan que su vida hab\u00eda terminado: \u201cHoy te palmamos, hijueputa\u201d. \u201cPegu\u00e9mosle fuego, para lo que vale\u201d. \u201cSaqu\u00e9moslo a combatir con nosotros y ah\u00ed lo tiramos\u201d. \u201cEch\u00e9mosle muerto a un potrero y que los perros se encarguen de \u00e9l\u201d. \u201cHay que tirarlo del helic\u00f3ptero\u201d. \u201cHay que arrastrarlo de un jeep\u201d.<\/p>\n<p>Toda esa tortura psicol\u00f3gica y f\u00edsica no les bast\u00f3, lamenta Karelia. Ten\u00edan que matarlo y la oportunidad se present\u00f3 el nefasto 12 de abril de 1979, cuando Estel\u00ed, en plena insurrecci\u00f3n, era una ciudad desolada y la mayor\u00eda de los m\u00e9dicos la hab\u00edan abandonado. El doctor D\u00e1vila se qued\u00f3 a prestar sus servicios, como hab\u00eda hecho cuando estaba en la c\u00e1rcel y reci\u00e9n estallaba la guerra.<\/p>\n<p>En esa ocasi\u00f3n estuvo atendiendo durante unas horas a los guardias heridos (mientras llegaba un helic\u00f3ptero con sus m\u00e9dicos y sus medicinas), fiel a su juramento hipocr\u00e1tico, sin hacer distinciones. Y ahora permanec\u00eda en la ciudad para poner sus manos de cirujano al servicio de los muchachos del Frente Sandinista, mientras llegaba personal de la Cruz Roja.<\/p>\n<p>Estaba operando al joven Alejandro Valenzuela cuando la Guardia entr\u00f3 al quir\u00f3fano, dice Merceditas. Los soldados remataron al muchacho herido y se llevaron al doctor D\u00e1vila y a sus colegas Eduardo Selva, m\u00e9dico, y Clotilde Moreno, enfermera. Los fusilaron a los tres.<br \/>\nKarelia cree que su padre enfrent\u00f3 esos momentos \u201ccon una gran dignidad y sin oponer resistencia\u201d. Se lo imagina con los ojos cerrados, pensando en la \u201cMama\u201d, pidi\u00e9ndole en silencio que \u201csacara adelante\u201d a sus hijos.<\/p>\n<p>Alexis, de 22 a\u00f1os, estaba estudiando en M\u00e9xico. Xilonem resid\u00eda en Estados Unidos. Karelia se encontraba en una casa de seguridad en Honduras (fue Tom\u00e1s Borge quien le dio la noticia). Anabel viv\u00eda en Masaya y N\u00e9stor, Axel y Arlon participaban en la lucha armada. En Estel\u00ed solo quedaban Merceditas, el doctor y Allaim, el menor de los ocho hijos, entonces de 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cuando asesinaron al doctor D\u00e1vila, la \u201cMama\u201d se encontraba entregando un queso a su madre, lejos de imaginarse lo que estaba ocurriendo. Cuando a la ma\u00f1ana siguiente unas enfermeras vecinas le dijeron: \u201cMataron a tu marido\u201d, sinti\u00f3 una enorme desesperaci\u00f3n y le comenz\u00f3 una hemorragia menstrual que no par\u00f3 en varias semanas.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda intent\u00f3 acercarse al hospital, pero estaba rodeado de guardias. Pas\u00f3 la noche del 13 de abril acostada en el piso de una vecina somocista y por la ma\u00f1ana fue a buscar el cuerpo de su doctor. La casa hab\u00eda sido saqueada e incendiada y por instancias del periodista Roberto S\u00e1nchez Ram\u00edrez, el 1 de mayo Merceditas sali\u00f3 con Allaim y Anabel rumbo a Costa Rica, donde por un tiempo vivieron de la venta de nacatamales.<\/p>\n<p>00Hoy, que nuevamente ven acercarse a Nicaragua el fantasma de la guerra, en casa de Merceditas se preguntan qu\u00e9 har\u00eda el doctor. \u201cYo creo que se habr\u00eda sentido satisfecho con los programas sociales de Daniel Ortega, pero no le habr\u00edan gustado mucho algunas cosas, como el uso de la fuerza policial\u201d, considera Karelia. \u201c\u00c9l habr\u00eda estado de acuerdo con la protesta porque cre\u00eda que ten\u00eda que haber apertura democr\u00e1tica. \u00c9l habr\u00eda sabido analizar las fallas del modelo y as\u00ed como se las dec\u00eda a Somoza, se las habr\u00eda dicho a Daniel, de una manera muy educada\u201d.<\/p>\n<p>Al doctor Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os lo estremeci\u00f3 el horror de la guerra. Despu\u00e9s de salir de la prisi\u00f3n, cuatro meses antes de su muerte, escribi\u00f3 en su texto \u201cEl Interrogatorio\u201d:<\/p>\n<p>\u201cSembramos a nuestros hijos muertos en los mismos patios donde crecieron, al lado de nuestros hermanos muertos, junto a nuestros abuelos muertos. Debajo de los rosales los depositamos amorosamente y no pudimos derramar l\u00e1grimas porque el terror nos hab\u00eda dejado secos los ojos y no gritamos porque el dolor nos hab\u00eda arrancado la voz\u201d.<\/p>\n<p>Y en la c\u00e1rcel, cuando lo estaban torturando para que hablara de armas de las que nada sab\u00eda, pensaba en su Merceditas, la muchacha a la que conoci\u00f3 en un parque y llev\u00f3 a una fiesta, y jadeaba: \u201cMama, mama m\u00eda. Ay, amor m\u00edo. Ay, mi amor. Ay, amor\u201d.<\/p>\n<p>Los guardias, tambi\u00e9n jadeantes, ebrios de odio y violencia, repet\u00edan: \u201c\u00bfQui\u00e9n te dio las armas? \u00bfQui\u00e9n te dio las armas? \u00bfQui\u00e9n te dio las armas? Alisten el pelot\u00f3n para matarlo. Hay que matarlo. Matarlo, matarlo, matarlo&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Alejandro, el intelectual<\/h3>\n<figure id=\"attachment_42363\" aria-describedby=\"caption-attachment-42363\" style=\"width: 210px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DAVILABOLA\u00d1OS-16.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-42363 size-medium\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DAVILABOLA\u00d1OS-16-210x300.jpg\" alt=\"\" width=\"210\" height=\"300\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-42363\" class=\"wp-caption-text\"><em>Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os era un hombre serio en sus planteamientos, pero bromista entre sus amigos. Foto\/ Cortes\u00eda<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>As\u00ed como tienen recuerdos tristes sobre la persecuci\u00f3n y el asesinato de su padre, tambi\u00e9n atesoran momentos alegres que vivieron con \u00e9l, cuenta Anabel D\u00e1vila Rodr\u00edguez.<\/p>\n<p>\u201cNos llevaba los fines de semana a sus viajes investigativos y por muchos a\u00f1os viajamos a las monta\u00f1as del norte. Los caminos eran unas trochas peligrosas y mi pap\u00e1 era un formidable chofer, los abismos eran parte del paseo o las trochas llenas de sonso cuite, pero eso no nos imped\u00eda llegar hasta la poblaci\u00f3n rural. Mi pap\u00e1 se presentaba y r\u00e1pidamente su humanidad y carisma alejaban cualquier temor y los campesinos lo hac\u00edan pasar a sus humildes casas con su marimba de chavalos y nos mezcl\u00e1bamos con sus hijos mientras \u00e9l investigaba el nombre de sus \u00e1rboles y sus cualidades medicinales, el nombre de sus r\u00edos y de sus cerros\u201d, recuerda.<\/p>\n<p>El doctor D\u00e1vila Bola\u00f1os aprovechaba para exponer sus ideales progresistas mientras sus hijos com\u00edan jocotes, guapinol, moras y arrayanes.<\/p>\n<p>Le llev\u00f3 d\u00e9cadas reunir la informaci\u00f3n para su formidable libro sobre medicina ind\u00edgena, as\u00ed que la familia pas\u00f3 muchos a\u00f1os yendo a investigaciones. A veces do\u00f1a Merceditas los acompa\u00f1aba y a veces solo los mandaba con un mont\u00f3n de comida empacada.<\/p>\n<p>Llegaron hasta el r\u00edo Coco, aprendiendo los nombres y la sabidur\u00eda de los ind\u00edgenas. El doctor estaba muy orgulloso de sus or\u00edgenes chorotegas, ten\u00eda conocimientos de arqueolog\u00eda y coleccionaba piezas de cer\u00e1mica antigua que ahora se exhiben en el Museo Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os, de Masaya.<\/p>\n<p>Su hija Anabel piensa que, sin propon\u00e9rselo, al quemarlo la Guardia Nacional le dio al m\u00e9dico un funeral al mejor estilo de un buen ind\u00edgena chorotega: la incineraci\u00f3n.<\/p>\n<h3>Sobre el doctor<\/h3>\n<figure id=\"attachment_42372\" aria-describedby=\"caption-attachment-42372\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-6.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-42372 size-full\" src=\"https:\/\/www.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/282-MAG-DOCTOR-6.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"572\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135131\/282-MAG-DOCTOR-6.jpg 900w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135131\/282-MAG-DOCTOR-6.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135131\/282-MAG-DOCTOR-6.jpg 768w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/07135131\/282-MAG-DOCTOR-6.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-42372\" class=\"wp-caption-text\"><em>Beso de celebraci\u00f3n entre Merceditas y Alejandro, cuando el doctor termin\u00f3 uno de sus libros. Foto\/ Cortes\u00eda<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>Era primo hermano de Enrique Bola\u00f1os Geyer. Su mam\u00e1 era hermana del pap\u00e1 del expresidente de Nicaragua. Sin embargo, no tuvieron una relaci\u00f3n muy cercana porque Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os pas\u00f3 la mayor parte de su vida en Estel\u00ed y no en Masaya, de donde son originarios los Bola\u00f1os.<br \/>\nLe gustaban el boxeo y la nataci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue encarcelado m\u00e1s de setenta veces por el r\u00e9gimen de los Somoza, de acuerdo con su texto \u00abEl Interrogatorio\u00bb.<\/p>\n<p>Su hija Anabel lo describe como \u201ccari\u00f1oso y protector\u201d, pero a la vez de un predominante \u201ccar\u00e1cter fuerte\u201d.<\/p>\n<p>Sufri\u00f3 su primer encarcelamiento antes de los 20 a\u00f1os de edad, pues participaba en un movimiento llamado Fuerza Obrera y luego en las jornadas universitarias realizadas en contra de Anastasio Somoza Garc\u00eda, padre de la dinast\u00eda.<\/p>\n<p>Entre sus obras est\u00e1n Medicina ind\u00edgena precolombina de Nicaragua, Dar\u00edo Rojo, Diccionario N\u00e1huatl, Mitolog\u00eda Nicarag\u00fcense, poemarios y la traducci\u00f3n de El G\u00fceg\u00fcense del n\u00e1huatl al espa\u00f1ol. Si la mayor parte de su obra no ha sido debidamente divulgada es porque \u00e9l mismo la imprim\u00eda en su mime\u00f3grafo y la distribu\u00eda gratuitamente, con escaso tiraje.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro D\u00e1vila Bola\u00f1os muri\u00f3 minutos despu\u00e9s de operar a su \u00faltimo paciente. Se opuso abiertamente al r\u00e9gimen de los Somoza y por ello pag\u00f3 con su vida. Esta es su historia, m\u00e1s all\u00e1 de su c\u00e9lebre nombre<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":42358,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[81,848],"class_list":["post-42231","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes","tag-nicaragua","tag-somoza"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42231","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=42231"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42231\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44407,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42231\/revisions\/44407"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/42358"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42231"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=42231"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=42231"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}