{"id":43446,"date":"2018-09-12T15:53:40","date_gmt":"2018-09-12T21:53:40","guid":{"rendered":"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/?p=43446"},"modified":"2020-10-17T12:31:05","modified_gmt":"2020-10-17T18:31:05","slug":"el-mundo-de-george-orwell","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/el-mundo-de-george-orwell\/","title":{"rendered":"El mundo de George Orwell"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Silencioso, pesimista y visionario, George Orwell fue\u00a0un \u201canimal pol\u00edtico\u201d y un hombre de contradicciones.<br \/>\nEl autor de <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em> y <em>1984<\/em> muri\u00f3 joven, convertido en uno de los m\u00e1s aclamados escritores<br \/>\ndel siglo XX. Esta es su vida, \u201cmiserable y a veces interesante\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Amalia del Cid<\/strong><\/p>\n<p>George Orwell escribi\u00f3 <em>1984<\/em> con la muerte pis\u00e1ndole los talones. Llevaba casi diez a\u00f1os enfermo de tuberculosis cuando se mud\u00f3 a la isla escocesa de Jura en busca de aire puro y, sobre todo, de un lugar campestre que le permitiera aislarse de las distracciones de la ciudad, incluida la gente. Lo que menos ten\u00eda era tiempo. Siempre hab\u00eda sido escandalosamente flaco, pero en los \u00faltimos meses su aspecto se asemejaba cada vez m\u00e1s al de \u201cuna naranja chupada\u201d.<\/p>\n<p>Aquel invierno, el de 1946, fue el peor del siglo y en Jura hac\u00eda tanto fr\u00edo que \u201csi te alejabas seis pulgadas de la chimenea, te congelabas\u201d, se\u00f1ala el diario espa\u00f1ol <em>El Pa\u00eds<\/em>. En esas circunstancias, Orwell se entreg\u00f3 con pasi\u00f3n obsesiva al manuscrito de la que ser\u00eda su \u00faltima y m\u00e1s celebrada novela. Su obra maestra. M\u00e1s famosa incluso que <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em>, una s\u00e1tira caricaturesca sobre revolucionarios devenidos en dictadores y todo aquello que juraron destruir.<\/p>\n<p>Los d\u00edas se le iban en escribir en su habitaci\u00f3n, pescar langostas para completar los almuerzos y compartir atardeceres con su \u00fanico hijo, Richard, entonces de tres a\u00f1os. Y estaba tan metido en la \u201chorrible y agotadora lucha\u201d por terminar su libro, que descuid\u00f3 por completo su salud. Las cosas empeoraron cuando a mediados de 1947 naufrag\u00f3 con su hijo y dos sobrinos en las heladas aguas de la isla. Se salv\u00f3 de morir ahogado, pero su tuberculosis se agrav\u00f3 y despu\u00e9s de eso la cosa fue cuesta abajo.<\/p>\n<p>Sin embargo, contra todo pron\u00f3stico, en Jura termin\u00f3 <em>1984<\/em> y se meti\u00f3 a la cama para transcribir la novela en su vieja m\u00e1quina. Era la historia de terror sobre una sociedad dist\u00f3pica futurista donde reina el totalitarismo y todos los miembros del Partido deben amar al Gran Hermano, que los vigila a trav\u00e9s de c\u00e1maras y pantallas incluso dentro de sus propias casas. La Polic\u00eda del Pensamiento se ocupa de apagar cualquier \u201cidea peligrosa\u201d y la neolengua se ha encargado de destruir las palabras para que esas ideas ni siquiera puedan ser expresadas. El Ministerio del Amor se dedica a la tortura y el de la Paz, a la guerra.<\/p>\n<p>Orwell termin\u00f3 de transcribirla en noviembre de 1948, cuando le quedaba poco m\u00e1s de un a\u00f1o de vida, y aunque no qued\u00f3 complacido con el resultado, al menos no estaba \u201cabsolutamente insatisfecho\u201d. \u201cPienso que es una buena idea, pero la ejecuci\u00f3n habr\u00eda estado mejor si no la hubiera escrito bajo la influencia de la tuberculosis\u201d, le dijo a su agente.<\/p>\n<p>La novela, destinada a convertirse en uno de esos cl\u00e1sicos siempre actuales, fue publicada el 8 junio de 1949. Y el 21 de enero de 1950 mor\u00eda George Orwell, a la edad de 46 a\u00f1os, vencido finalmente por la enfermedad que pesc\u00f3 en 1937, mientras se recuperaba del balazo recibido en el cuello durante la Guerra Civil espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Porque George Orwell \u2014\u00bfo deber\u00edamos decir Eric Blair?\u2014 tambi\u00e9n fue soldado. Y periodista. Adem\u00e1s de indigente voluntario, librero, profesor, polic\u00eda, izquierdista anticomunista, delator y un pesimista irremediable. Sus partidarios lo consideran nada menos que un genio y sus detractores, que en su mayor\u00eda no le perdonan los ataques al comunismo sovi\u00e9tico, lo tachan de mediocre, derechoso, homof\u00f3bico, antisemita y, por supuesto, instrumento de la CIA.<\/p>\n<p>Esta es su vida. Y algunos de sus mil mandados.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Eric Arthur Blair siempre fue un ni\u00f1o enfermizo, que padec\u00eda de bronquios defectuosos y algo que la gente en esos d\u00edas llamaba \u201ctos estomacal\u201d. Naci\u00f3 el 25 de junio de 1903 en un bungal\u00f3 de Motihari, India, en circunstancias bastante ordinarias, seg\u00fan su bi\u00f3grafa Julia Routledge. La familia se encontraba ah\u00ed porque su padre, el brit\u00e1nico Richard Blair, hab\u00eda sido destinado a la vigilancia del comercio de opio con China.<\/p>\n<p>Pronto su madre, Ida Blair, decidi\u00f3 regresar a Inglaterra con \u00e9l y su hermana Mabel, cinco a\u00f1os mayor. Asisti\u00f3 primero a una escuela parroquial y luego, por recomendaci\u00f3n, consigui\u00f3 una beca para ingresar a la prestigiosa San Cyprian, que en aquellos tiempos era una de las escuelas preparatorias de mayor renombre en el pa\u00eds. \u201cUn colegio caro y esnob que se hallaba en v\u00edas de ser m\u00e1s esnob todav\u00eda\u201d. Ah\u00ed, a los ocho a\u00f1os de edad, empez\u00f3 su odio por las autoridades, algo que dej\u00f3 muy claro en su ensayo \u201cAy, qu\u00e9 alegr\u00edas aquellas\u201d.<\/p>\n<p>Apenas dos semanas despu\u00e9s de su llegada al internado, comenz\u00f3 a orinarse en la cama, algo considerado entonces \u201cun delito repugnante\u201d que se curaba con unos buenos azotes. Noche tras noche rezaba con un fervor reci\u00e9n descubierto: \u201cPor favor, Dios m\u00edo, no permitas que moje la cama. Por favor Dios m\u00edo, no permitas que moje la cama\u201d. Pero sus oraciones no surt\u00edan efecto. Acab\u00f3 orin\u00e1ndose de nuevo y otra vez, hasta que lo llevaron a la oficina del director, donde recibi\u00f3 dos palizas. La primera por mojar la cama y la segunda porque dijo que la primera no le hab\u00eda dolido.<\/p>\n<p>Fue entonces, escribi\u00f3 ya en 1948, que descubri\u00f3 la lecci\u00f3n m\u00e1s duradera de su primera adolescencia: se hallaba en un mundo donde no le era posible ser bueno. \u201cLa vida era m\u00e1s terrible y yo, m\u00e1s perverso de lo que hab\u00eda imaginado\u201d, relat\u00f3.<\/p>\n<p>Odiaba a sus \u201cbenefactores\u201d (el director del colegio y su esposa) y se odiaba a s\u00ed mismo por odiarlos. Y de tanto recibir \u201cazotes, reproches, humillaciones\u201d y amenazas de que iba a terminar convirti\u00e9ndose en \u201cel chico de los recados\u201d, acab\u00f3 teniendo a lo largo de su adolescencia \u201cla profunda convicci\u00f3n de que no serv\u00eda para nada\u201d y echaba a perder su \u201cescas\u00edsimo talento\u201d.<\/p>\n<p>Ese sentimiento de fracaso, adquirido o no en aquel colegio esnob, jam\u00e1s lo abandon\u00f3, aseguran sus amigos y sus bi\u00f3grafos.<\/p>\n<p>\u201cOrwell nunca esper\u00f3 tener \u00e9xito. De hecho, se pas\u00f3 la vida dando por sentado su fracaso. Asc\u00e9tico y frugal, siempre se las ingeniaba para elegir la peor opci\u00f3n para su salud y comodidad. Viv\u00eda en casas destartaladas y h\u00famedas, donde escrib\u00eda encerrado en heladas habitaciones, fumando constantemente, a pesar de una grave lesi\u00f3n pulmonar, que le llevar\u00eda a la muerte\u201d, detalla el periodista espa\u00f1ol Jos\u00e9 de Segovia en su art\u00edculo \u201cGeorge Orwell: El derecho a la disidencia\u201d.<\/p>\n<p>De acuerdo con De Segovia, el autor de <em>1984<\/em> y <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em>, dos de los libros m\u00e1s aclamados, impresos, citados y versionados en la historia moderna, \u201cllevaba el fracaso como una especie de condecoraci\u00f3n\u201d y \u201csol\u00eda hablar orgulloso de que su mejor libro \u2014seg\u00fan Orwell, <em>Homenaje a Catalu\u00f1a<\/em>, sobre la Guerra Civil espa\u00f1ola\u2014 no hab\u00eda llegado a vender ni mil ejemplares\u201d.<\/p>\n<p>Al salir de San Cyprian, consigui\u00f3 becas para Wellington y Eton, donde seg\u00fan \u00e9l fue \u201crelativamente feliz\u201d debido a que los estudiantes ten\u00edan m\u00e1s independencia. Acab\u00f3 sus estudios sin pena ni gloria y luego George, para entonces simplemente Eric Blair, se hizo polic\u00eda, a falta de algo mejor que hacer y ante la imposibilidad de obtener una beca universitaria, pues para entonces su familia estaba en bancarrota.<\/p>\n<p>En 1922 se uni\u00f3 a la Polic\u00eda Imperial en Birmania y ah\u00ed se acrecent\u00f3 su desprecio hacia la autoridad, pese a que \u00e9l mismo la representaba. O quiz\u00e1s por eso.<\/p>\n<p>En secreto estaba \u201ca favor de los birmanos y en contra de sus opresores, los brit\u00e1nicos\u201d, asegura en su ensayo \u201cMatar a un elefante\u201d. \u201cEn cuanto al trabajo que desempe\u00f1aba, lo odiaba con m\u00e1s amargura que posiblemente la sabr\u00e9 expresar con claridad. En un momento como ese, uno ve muy de cerca el trabajo sucio del imperio. Los desdichados prisioneros que se hacinaban en las apestosas jaulas de las c\u00e1rceles, las caras grises y acobardadas de los presos con largas condenas, las nalgas destrozadas de quienes hab\u00edan sido azotados con ca\u00f1as de bamb\u00fa, todo ello me causaba una opresi\u00f3n redoblada por un intolerable sentimiento de culpa\u201d, admiti\u00f3. Sin embargo, sostuvo, \u201cyo era joven, carec\u00eda de una educaci\u00f3n apropiada y hab\u00eda tenido que resolver mis problemas en el completo silencio que se impone sobre cada ingl\u00e9s en Oriente\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed que pronto se vio atrapado entre dos distintas clases de odio. Por un lado, odiaba al imperio brit\u00e1nico a cuyo servicio trabajaba y, por el otro, estaba lleno de ira contra esos birmanos de \u201crostro aceitunado\u201d que le sal\u00edan al paso en la calle por el puro placer de insultarlo. Los monjes budistas eran \u201clos peores\u201d y no parec\u00edan tener m\u00e1s nada que hacer, aparte de plantarse en las esquinas \u201ca mofarse de los europeos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cinco a\u00f1os dur\u00f3 la agon\u00eda de ser un oficial al servicio del imperio. Luego Eric Blair decidi\u00f3 transformarse, en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos, en un pordiosero, y de la experiencia sali\u00f3 convertido en un escritor, bajo el seud\u00f3nimo literario de George Orwell. De 1928 a 1929 vagabunde\u00f3 entre dos ciudades, m\u00e1s pobre que una rata, viviendo en carne propia la miseria humana.<\/p>\n<p>\u201cHay otra sensaci\u00f3n que constituye un gran consuelo en la pobreza. Creo que cualquiera que haya pasado apuros econ\u00f3micos la habr\u00e1 experimentado. Es una sensaci\u00f3n de alivio, casi placentera, al saber que por fin est\u00e1s sin blanca (dinero). Has hablado tantas veces de la posibilidad de acabar en el arroyo\u2026 y resulta que ya est\u00e1s en \u00e9l y puedes soportarlo. Eso te quita muchas preocupaciones\u201d, explic\u00f3 despu\u00e9s en su libro de debutante, <em>Sin blanca en Par\u00eds y Londres<\/em>, publicado en 1933.<\/p>\n<p>Para que sus padres no se incomodaran al ver el nombre de su hijo en un relato sobre c\u00f3mo es vivir sin un centavo partido por la mitad, durmiendo en hostales infestados por cucarachas y apestando a sudor y a migajas de pan, Blair se busc\u00f3 otro. Primero consider\u00f3 llamarse Kenneth Miles y H. Lewis Allways; pero triunf\u00f3 el nombre m\u00e1s ingl\u00e9s que pudo hallar. Eligi\u00f3 George porque as\u00ed se llama el santo patrono de Inglaterra y Orwell en honor al inmenso r\u00edo hom\u00f3nimo, en el condado de Suffolk.<\/p>\n<p>En sus meses de pordiosero descubri\u00f3 que en los albergues siempre hab\u00eda un \u201cpero\u201d y que cuando no se dorm\u00eda sobre el suelo desnudo o sobre tablas de madera, y por el contrario se contaba con un catre y un colch\u00f3n de paja, entonces el problema era el fr\u00edo congelante. En cuanto al olor no hab\u00eda diferencias, siempre apestaba a sudor y a excremento humano. Como periodista, su fuerte no fue la investigaci\u00f3n dura, a \u00e9l le gustaba experimentar y contar la vida de la gente com\u00fan.<\/p>\n<p>Tras su aventura como vagabundo, volvi\u00f3 a la Inglaterra rural y ah\u00ed ejerci\u00f3 como docente. Para entonces se iba consolidando en \u00e9l una cierta inclinaci\u00f3n hacia el socialismo, que luego se reafirmar\u00eda durante la Guerra Civil de Espa\u00f1a, y en 1936 y 1937 public\u00f3 libros sobre la clase obrera inglesa y la explotaci\u00f3n; lo que no impidi\u00f3 que tambi\u00e9n colaborara con numerosos ensayos en diferentes diarios.<\/p>\n<p>Uno de los m\u00e1s conocidos es ese donde cuenta las memorias de sus d\u00edas como empleado de una biblioteca de pr\u00e9stamo: \u201cRecuerdos de un librero\u201d. Este ensayo deja ver otras caracter\u00edsticas de Orwell: observador agudo y silencioso. Clasific\u00f3 en grupos a los visitantes de la librer\u00eda, de manera que pod\u00eda reconocer al primer vistazo a los esnobs y a los clientes que llegaban solo para sentir que estaban gastando dinero en algo, aunque luego no compraran ni un solo libro de los muchos que encargaban.<\/p>\n<p>Orwell lleg\u00f3 incluso a calcular cu\u00e1ntas p\u00e1ginas hab\u00eda le\u00eddo un cliente que durante un a\u00f1o se llev\u00f3 cuatro o cinco novelas detectivescas por semana. \u201cLas p\u00e1ginas que le\u00eda en un a\u00f1o cubrir\u00edan una superficie de cerca de media hect\u00e1rea\u201d, se dijo, asombrado porque aquel hombre parec\u00eda almacenar en la cabeza aquel \u201ctorrente de basura\u201d.<\/p>\n<p>En ese lugar no aprendi\u00f3 a odiar, pero s\u00ed perdi\u00f3 temporalmente todo su amor por los libros. \u201cUn librero tiene que mentir como un bellaco cuando habla de libros, lo cual le produce un evidente desagrado\u201d, explic\u00f3. \u201cCuando comenc\u00e9 a trabajar en la librer\u00eda dej\u00e9 de comprar libros. Vistos en masa, cinco mil, diez mil de golpe, se me antojaban aburridos e incluso nauseabundos (\u2026). El olor dulz\u00f3n del papel deteriorado ha dejado de parecerme atractivo. Lo relaciono muy estrechamente con los clientes paranoicos y los moscardones muertos\u201d<\/p>\n<p>Aunque su estancia en el colegio que tanto odi\u00f3 y sus vivencias como polic\u00eda en Birmania le ense\u00f1aron a detestar a la autoridad, lo que realmente lo dej\u00f3 marcado y lo prepar\u00f3 para escribir <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em> y <em>1984<\/em> fue su experiencia en la Guerra Civil de Espa\u00f1a, donde particip\u00f3 como brigadista internacional y de paso adquiri\u00f3 la enfermedad que termin\u00f3 mat\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>\u201cEn alg\u00fan momento del oto\u00f1o de 1936, Orwell se decidi\u00f3 a ir a Espa\u00f1a, y todo indica que esta decisi\u00f3n result\u00f3 principalmente de su deseo de ir a luchar por unos ideales y no para escribir un libro\u201d, escribi\u00f3 en 1981 el periodista Andr\u00e9s Ortega, en una publicaci\u00f3n de <em>El Pa\u00eds<\/em>.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de Londres el 22 de diciembre de 1936 y arrib\u00f3 a Barcelona cuatro d\u00edas despu\u00e9s. En el camino se detuvo en Par\u00eds para visitar al novelista estadounidense Henry Miller y este, que para nada estaba interesado en la guerra espa\u00f1ola, le dijo que lo que estaba a punto de hacer era \u201cuna idiotez\u201d.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 entonces a Barcelona, un d\u00eda despu\u00e9s de Navidad, y por la tarde ya estaba enrolado en la milicia del Partido Obrero de Unificaci\u00f3n Marxista (POUM), para combatir a las fuerzas de Franco. Sin embargo, lleg\u00f3 a pelear una guerra y sali\u00f3 convencido de que lo que hab\u00eda en Catalu\u00f1a era una revoluci\u00f3n de obreros que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica quer\u00eda ver aplastada, como condici\u00f3n para seguir proveyendo armamento al gobierno espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>\u201cLos comunistas, claro est\u00e1, niegan que el gobierno ruso haya ejercido cualquier presi\u00f3n directa. Pero esto, si fuera cierto, es pr\u00e1cticamente irrelevante, ya que puede considerarse que los partidos comunistas de todos los pa\u00edses est\u00e1n llevando a cabo pol\u00edticas rusas; y no cabe duda que el partido Comunista Espa\u00f1ol junto con los socialistas de derechas bajo su control y junto con la prensa comunista del mundo entero, ha aplicado toda su inmensa y creciente influencia en el bando de la contrarrevoluci\u00f3n\u201d, escribi\u00f3 en 1937, en su texto \u201cDescubriendo el pastel espa\u00f1ol\u201d.<\/p>\n<p>Y ese mismo a\u00f1o, cuando una periodista de <em>Left Review<\/em> le solicit\u00f3, por correo, que contestara un cuestionario para citarlo en el art\u00edculo \u201cLos escritores toman partido sobre la guerra espa\u00f1ola\u201d, le respondi\u00f3 iracundo: \u201c\u00bfQuiere hacer el favor de dejar de enviarme esta maldita basura? Es la segunda o tercera vez que lo recibo\u201d.<\/p>\n<p>\u201cYo estuve seis meses en Espa\u00f1a, la mayor parte del tiempo combatiendo, y no me voy a poner a escribir tonter\u00edas sobre la defensa de la democracia (\u2026). Adem\u00e1s, s\u00e9 lo que est\u00e1 ocurriendo y ha estado ocurriendo en el bando del gobierno desde hace meses; es decir, que est\u00e1n imponiendo el fascismo a los obreros espa\u00f1oles so pretexto de la resistencia al fascismo\u201d, dijo. Y a\u00fan continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cPor cierto, d\u00edgale a ese mariquita de Spencer amigo suyo que estoy preservando muestras de sus poemas heroicos sobre la guerra y que cuando llegue el momento en que se muera de verg\u00fcenza por haberlos escrito (\u2026) se los restregar\u00e9 con ganas por las narices\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Tras la guerra espa\u00f1ola se qued\u00f3 pensando en el totalitarismo, en c\u00f3mo puede mentirse para darle vuelta a \u201cla verdad\u201d y en la persecuci\u00f3n estalinista en Espa\u00f1a, de la que \u00e9l mismo fue v\u00edctima. \u201cLa guerra de Espa\u00f1a y otros acontecimientos ocurridos en 1936-1937 cambiaron las cosas, y desde entonces supe d\u00f3nde me encontraba. Cada l\u00ednea en serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democr\u00e1tico como yo lo entiendo\u201d, escribi\u00f3 en 1946.<\/p>\n<p>A su paso por la guerra en Espa\u00f1a debemos sus tres obras m\u00e1s reconocidas: <em>Homenaje a Catalu\u00f1a<\/em>, <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em> y <em>1984<\/em>. Y por esa misma guerra sabemos a ciencia cierta cu\u00e1nto horror sent\u00eda Orwell por las ratas. Les ten\u00eda m\u00e1s miedo que a las balas.<\/p>\n<p>Pod\u00eda arriesgar la vida \u201cpor coger un saco de patatas ante los tiros del enemigo\u201d; pero una noche sac\u00f3 su fusil y arm\u00f3 un alboroto por dispararle a una rata que estaba molest\u00e1ndole. \u201cLos dos frentes se pusieron a disparar, la artiller\u00eda rugi\u00f3 y algunos destacamentos salieron a patrullar\u201d, asegura Andr\u00e9s Ortega.<\/p>\n<p>Al final no lo mataron las balas ni las ratas, pero s\u00ed la guerra. En Espa\u00f1a encontr\u00f3 las ideas por las que habr\u00eda de pasar a la historia como un visionario del totalitarismo y tambi\u00e9n hall\u00f3 la tuberculosis. En su tumba hay una breve leyenda: \u201cAqu\u00ed descansa Eric Arthur Blair\u201d, porque a George Orwell nadie puede enterrarlo.<\/p>\n<h3>La lista\u00a0negra<\/h3>\n<p>En una faceta contradictoria del escritor, desde 1940 fue recopilando nombres y hechos sobre escritores y artistas que en su opini\u00f3n estaban contra los intereses del Departamento de Investigaci\u00f3n de la Informaci\u00f3n (IRD, por sus siglas en ingl\u00e9s); es decir, aquellos que \u00e9l consideraba simpatizantes de causas comunistas. Y en mayo de 1949 envi\u00f3 una lista desde el hospital donde menos de un a\u00f1o despu\u00e9s morir\u00eda de tuberculosis. En la \u201clista negra\u201d aparec\u00edan personajes tan famosos como Charlie Chaplin y Katharine Hepburn.<\/p>\n<p>\u201cLa historia detr\u00e1s del env\u00edo de esa lista es larga y llena de incidentes sutiles. Orwell ten\u00eda una estrecha amistad con Celia Kirwan, una hermosa mujer de tendencias izquierdistas de la que estaba enamorado y que trabajaba desde hac\u00eda un tiempo en el IRD. En marzo de 1949 Celia lo visit\u00f3 en el hospital y le habl\u00f3 sobre las actividades del IRD, al que present\u00f3 como un importante instrumento de lucha contra la propaganda estalinista lanzada por el Cominform sovi\u00e9tico\u201d, se\u00f1ala Jos\u00e9 Miguel Oviedo en su texto \u201cLa lista negra de Orwell\u201d.<\/p>\n<p>\u201cSeguramente con la intenci\u00f3n de apoyar esa campa\u00f1a y, secretamente, ayudar a esa mujer de la que estaba enamorado, decidi\u00f3 preparar para ella la \u2018lista negra\u2019 sobre la base del cuaderno de apuntes que guardaba en casa. Orwell lo hizo sabiendo bien que la lista conten\u00eda informaci\u00f3n confidencial que pod\u00eda ser considerada \u2018calumniosa\u2019\u201d, considera Oviedo.<\/p>\n<h3>Curiosidades<\/h3>\n<p><strong>Creador de t\u00e9rminos<\/strong>. Igual que William Shakespeare, George Orwell cre\u00f3 t\u00e9rminos que acabaron siendo de uso habitual en lengua inglesa. Fue el primero en usar la expresi\u00f3n <em>cold war<\/em> (guerra fr\u00eda), para referirse a las relaciones entre Estados Unidos y los pa\u00edses del bloque sovi\u00e9tico; <em>doublethink<\/em> (doble pensamiento), para indicar la aceptaci\u00f3n al mismo tiempo de posturas que son contradictorias, y tambi\u00e9n la famosa expresi\u00f3n de <em>Big Brother<\/em> (Gran Hermano), que ahora se usa en contextos en los cuales un ente, generalmente el Estado, abusa de su poder y vigila todos los aspectos de la vida de los habitantes. Adem\u00e1s, la palabra \u201corweliano\u201d se utiliza para hacer referencia a cualquier universo totalitario.<\/p>\n<p><strong>Propaganda<\/strong>. Trabaj\u00f3 como propagandista para el Servicio Oriental de la BBC durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1941 hasta 1943, realiz\u00f3 programas para llevar el punto de vista brit\u00e1nico a los oyentes de la India. En el trabajo estaba sometido a control y censura, y termin\u00f3 renunciando, aunque la paga era excelente. De ah\u00ed tom\u00f3 material para el lenguaje desfigurador del Gran Hermano.<\/p>\n<p><strong>Habitaci\u00f3n real<\/strong>. La habitaci\u00f3n 101 de <em>1984<\/em> est\u00e1 ubicada en el Ministerio del Amor y es utilizada como espacio de tortura para doblegar la voluntad de las v\u00edctimas. Esa habitaci\u00f3n era real. Orwell \u201cse bas\u00f3 en una sala de conferencias de la BBC donde no se castigaba a los asistentes con jaulas llenas de ratas hambrientas pero s\u00ed se celebraban largas y tediosas reuniones que martirizaban al periodista\u201d, se\u00f1ala el diario <em>El Ib\u00e9rico<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Supersticioso<\/strong>. Era muy supersticioso y cre\u00eda en la magia negra y en la posibilidad de que alguien pudiera echarle \u201cmal de ojo\u201d. En sus primeros d\u00edas en Eton, \u00e9l y un compa\u00f1ero crearon un mu\u00f1eco de vud\u00fa de jab\u00f3n representando un ni\u00f1o mayor que les intimidaba. Poco despu\u00e9s su v\u00edctima se romper\u00eda una pierna y morir\u00eda de c\u00e1ncer, algo que Orwell siempre atribuy\u00f3 al mu\u00f1eco y por lo que se sinti\u00f3 culpable el resto de su vida.<\/p>\n<p><strong>\u00bf1984?<\/strong> En un primer momento la obra <em>1984<\/em> fue ambientada en 1980, para pasar posteriormente a 1982 y finalmente a 1984. Orwell baraj\u00f3 varios nombres y opt\u00f3 por titularla \u201cThe Last Man in Europe\u201d, pero su editor, Fredric Warburg, le recomend\u00f3 uno m\u00e1s comercial: <em>1984<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Censurado<\/strong>. <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em> fue ampliamente rechazada antes de su publicaci\u00f3n. La novela, publicada en 1945, fue rechazada por hasta cuatro editoriales que se negaron a publicarla por posibles represalias del gobierno. El libro fue primeramente utilizado por los Estados Unidos como herramienta de denuncia del totalitarismo nazi y especialmente comunista, y fue parcialmente censurada en Inglaterra, dado que por entonces el pa\u00eds quer\u00eda mejorar las relaciones con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Fue hasta la d\u00e9cada de los 50, ya muerto el escritor, cuando el libro comenz\u00f3 a alcanzar m\u00e1s notoriedad y difusi\u00f3n mundial.<\/p>\n<p><strong>Amores<\/strong>. Orwell se cas\u00f3 dos veces. La primera en 1936, con Eileen O\u2019Shaughnessy, quien lo acompa\u00f1\u00f3 en Espa\u00f1a y con quien adopt\u00f3 a su \u00fanico hijo: Richard Blair. Eileen muri\u00f3 tras una cirug\u00eda en 1945. El escritor volvi\u00f3 a casarse en 1949, con Sonia Brownell, apenas tres meses antes de su muerte por tuberculosis.<\/p>\n<p><strong>En Nicaragua<\/strong>. En los a\u00f1os ochenta, el diario <em>La Prensa<\/em> incluy\u00f3 <em>Rebeli\u00f3n en la Granja<\/em> como parte de una edici\u00f3n. La novela caus\u00f3 un gran revuelo en Nicaragua, pues el Frente Sandinista ya mostraba signos de totalitarismo y porque la directiva del diario fue llamada ante los altos mandos del Gobierno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>George Orwell fue un \u201canimal pol\u00edtico\u201d y un hombre de contradicciones.<br \/>\nEl autor de Rebeli\u00f3n en la Granja y 1984 muri\u00f3 joven, convertido en uno de los m\u00e1s aclamados escritores<br \/>\ndel siglo XX. 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