{"id":45812,"date":"2018-11-11T16:16:44","date_gmt":"2018-11-11T16:16:44","guid":{"rendered":"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/?p=45812"},"modified":"2021-04-10T16:32:52","modified_gmt":"2021-04-10T22:32:52","slug":"el-rey-del-volcan-casita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/el-rey-del-volcan-casita\/","title":{"rendered":"El rey del volc\u00e1n Casita"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">Un hombre y su familia viven en la cumbre del fat\u00eddico Casita y siembran la tierra en el centro del cr\u00e1ter del volc\u00e1n que cobr\u00f3 la vida de 2,500 personas hace 20 a\u00f1os. Esta es la curiosa historia de Juan Laguna<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por Amalia del Cid<\/strong><\/p>\n<p>Aqu\u00ed en la cima del volc\u00e1n Casita, al filo de un abismo que acaba Dios sabe d\u00f3nde, Juan Laguna parece ser el rey del mundo. Como si el vasto territorio que se extiende desde sus pies hasta el horizonte de alguna forma le perteneciera.<\/p>\n<p>Entrecierra los ojos y se\u00f1ala con el \u00edndice algo que al inicio solo \u00e9l mira: un peque\u00f1o claro que apenas se distingue entre los \u00e1rboles de una remota colina. Por ah\u00ed pastan sus vacas, dice. Y hasta ese claro va a buscarlas a veces, cuando caminando sin rumbo se alejan m\u00e1s de la cuenta. Cada ma\u00f1ana las deja irse solas, ladera abajo, libres como \u00e9l, y a menudo las encuentra desquebrajadas al fondo de alg\u00fan barranco.<\/p>\n<p>Pasa que en el Casita el terreno \u201ces flojo\u201d y traicionero. Si alguien \u201cse arrima\u201d demasiado al borde de un precipicio, la tierra puede, de pronto, ceder. Las vacas son pesadas y los barrancos profundos; \u201cse caen los animales desde diez o 15 metros de altura\u201d, cuenta Juan Laguna, como si el ganado en ca\u00edda libre fuera la cosa m\u00e1s natural del mundo.<\/p>\n<p>Lo es cuando se vive en la cumbre de un volc\u00e1n. Y la familia de Juan lleva veinte a\u00f1os habitando la cima del Casita. Antes vivieron casi dos d\u00e9cadas dentro del propio cr\u00e1ter del coloso, pero una gran inundaci\u00f3n los hizo escapar en plena noche, cuesta arriba. Ahora siembran ma\u00edz y frijoles en el centro de la hoyada del volc\u00e1n, una tierra que por ser de nadie es de Juan Laguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<figure id=\"attachment_45842\" aria-describedby=\"caption-attachment-45842\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-45842\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-14-e1541954277415.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"480\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-45842\" class=\"wp-caption-text\">Chinandega, Nicaragua. 29\/10\/2018. Historia de don Juan Laguna y su esposa Mar\u00eda Padilla, quienes vivieron dentro del cr\u00e1ter del volc\u00e1n Casita, pero despu\u00e9s de la tragedia del hurac\u00e1n Mitch hace 20 a\u00f1os decidieron vivir a la orilla del cr\u00e1ter. Don Juan y su esposa criaron a todos sus hijos en la punta de este volc\u00e1n y son la \u00fanica familia campesina que vive en la zona junto a los militares del Ej\u00e9rcito y los CPF que cuidan las antenas de las repetidoras de TV nacional. Oscar Navarrete\/ LA PRENSA.<\/figcaption><\/figure>\n<p>El camino hacia la cima del Casita es una invitaci\u00f3n a no subir. Se trata de una inacabable trocha cubierta de piedras enormes, redondas unas y puntiagudas otras, como las del lecho de un r\u00edo. A veces la trocha se abre paso penosamente entre el bosque y la maleza. A veces culebrea en \u00e1ngulos imposibles, con paredones de tierra a un lado y barrancos al otro.<\/p>\n<p>Al final de ese camino escabroso se encuentra la casa que habitan Juan Laguna y su esposa Mar\u00eda Padilla. Una estructura de techo bajo y madera cortada en el mismo volc\u00e1n, donde abundan los pinares. Por las rendijas de las tablas se cuela el fr\u00edo de la madrugada y a las 5:00 Juan y Mar\u00eda ya est\u00e1n en pie; \u00e9l buscando le\u00f1a para encender el fog\u00f3n; ella en la cocina para preparar el caf\u00e9.<\/p>\n<p>No hay mucho m\u00e1s qu\u00e9 hacer, aparte de trabajar. Por supuesto, no cuentan con luz el\u00e9ctrica y tampoco con agua potable. Se ba\u00f1an en el ojo de agua que brota de una gran roca en la ladera del cr\u00e1ter o van al pozo cavado en el fondo de la hoyada, adonde Juan lleva las vacas cuando es verano y el ganado no encuentra agua en las charcas de siempre.<\/p>\n<p>A sus treinta a\u00f1os decidi\u00f3 que har\u00eda de la hoyada su hogar. Por entonces era campisto y cuidaba el ganado de la familia Callejas, que posee tierras en la ladera del Casita, cuenta. Pero cuando al estallar la insurrecci\u00f3n sandinista sus patrones se marcharon al exilio, huyendo de la situaci\u00f3n pol\u00edtica del pa\u00eds, \u00e9l se fue a construir un rancho en el cr\u00e1ter, pues lo hab\u00eda conocido mientras arreaba vacas y el terreno le hab\u00eda gustado para sembrar y vivir.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45830\" aria-describedby=\"caption-attachment-45830\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-2-e1541954293844.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-45830 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-2-e1541954293844.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"467\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45830\" class=\"wp-caption-text\">Casi todo lo que consumen es producido por ellos mismos. Do\u00f1a Mar\u00eda Padilla, de 64 a\u00f1os, limpia los frijoles que cosecharon en la hoyada; detr\u00e1s de ella est\u00e1n los bidones que llenan en el ojo de agua del cr\u00e1ter y echado en el suelo se encuentra Tonky, el compa\u00f1ero de cacer\u00eda de Juan Laguna.\u00a0 Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p>Si aquellas tierras le pertenec\u00edan al Estado, cuando sus antiguos patrones regresaran al pa\u00eds no podr\u00edan sacarlo de la hoyada, reflexion\u00f3. Ah\u00ed mismo cort\u00f3 algunos \u00e1rboles para levantar horcones y paredes; se mud\u00f3 al cr\u00e1ter con Mar\u00eda y juntos criaron seis hijos, tres hombres y tres mujeres, que empezaron a bajar del volc\u00e1n cuando tuvieron edad para asistir a clases.<\/p>\n<p>En la hoyada la vida transcurr\u00eda lentamente y en total aislamiento. El rancho estaba rodeado por unas 33 manzanas de bosque y dirigiendo la vista hacia cualquier parte, no pod\u00eda mirarse demasiado lejos. Desde la casa de los Laguna Padilla solo se apreciaban el cielo abierto y las enormes laderas rocosas del cr\u00e1ter, pobladas por una densa vegetaci\u00f3n. Nada m\u00e1s. Era como vivir dentro de un gran domo.<\/p>\n<p>A pesar de todo, ah\u00ed Mar\u00eda se aburr\u00eda menos. Sus hijas estaban peque\u00f1as, viv\u00edan con ella y ten\u00eda con quienes platicar, recuerda. En esos a\u00f1os, dice, sol\u00eda lavar la ropa de los soldados acuartelados en la cima del volc\u00e1n y luego la colgaba en las afueras del rancho, lo que en medio de la guerra los convert\u00eda en un blanco militar.<\/p>\n<p>Pero nada de eso los anim\u00f3 a salir del cr\u00e1ter. Y, como Juan Laguna predijo, ning\u00fan ser humano los pudo sacar. Lo hizo el hurac\u00e1n Mitch.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45838\" aria-describedby=\"caption-attachment-45838\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-10-e1541954317508.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-45838 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-10-e1541954317508.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"467\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45838\" class=\"wp-caption-text\">Por la ma\u00f1ana preparan le\u00f1a para encender el fog\u00f3n y hacer el caf\u00e9. Luego la jornada se va sobre todo en trabajo de campo y quehaceres dom\u00e9sticos. No hay luz el\u00e9ctrica, ni agua potable. Cuentan con un celular y cargan la bater\u00eda en la empresa que tiene una antena en la cima del volc\u00e1n, pero a duras penas \u201cagarran se\u00f1al\u201d. Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Octubre de 1998 fue un mes tr\u00e1gico. El mes del Mitch, uno de los peores huracanes del siglo. Llovi\u00f3 tanto y tan sin parar que el 30 de octubre la ladera del Casita acab\u00f3 desmoron\u00e1ndose y un alud de lodo, palos y rocas sepult\u00f3 por completo a dos comunidades que se asentaban en las faldas del volc\u00e1n: la Rolando Rodr\u00edguez y El Porvenir. Unas 2,500 personas murieron en el desastre; pero all\u00e1 arriba, en la cima del coloso asesino, la familia de Juan Laguna se salv\u00f3.<\/p>\n<p>En la v\u00edspera del deslave, la noche del 29 de octubre, en la hoyada se hab\u00eda acumulado tanta agua que los catres y los peroles empezaron a flotar dentro del rancho. A eso de las 9:00 comprendieron que deb\u00edan huir cuanto antes y caminaron \u201cguindo arriba\u201d, a oscuras y bajo el aguacero, resbalando y tropez\u00e1ndose entre el lodo y los matorrales.<\/p>\n<p>Juan, Mar\u00eda, una hija y dos nietos conformaron el grupo que lleg\u00f3 remojado a la cumbre del volc\u00e1n. Los otros hijos ya viv\u00edan aparte o no se encontraban en casa. La familia subi\u00f3 buscando la base militar ubicada en la cima, desde donde los soldados vigilaban las antenas de comunicaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito. Ya conoc\u00edan a Juan, el extra\u00f1o vecino que reinaba en el cr\u00e1ter, por eso no les extra\u00f1\u00f3 verlo aparecer en el cuartel en busca de posada.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45840\" aria-describedby=\"caption-attachment-45840\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-12-e1541954332402.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-45840 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-12-e1541954332402.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"467\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45840\" class=\"wp-caption-text\">Este es el cr\u00e1ter o la hoyada del volc\u00e1n Casita. Al centro puede apreciarse una zona pelada, es la parcela de Juan Laguna. Ah\u00ed siembra ma\u00edz y frijoles para autoconsumo. En este cr\u00e1ter tambi\u00e9n tiene un pozo de quince varas de donde saca agua para ba\u00f1arse y, en \u00e9poca de verano, darles de beber a las vacas. Desde que la hoyada se inund\u00f3, en octubre de 1998, Juan no ha querido volver a vivir en ella. Cerro abajo, sin embargo, lo conocen como \u201cJuan Hoyada\u201d.\u00a0 Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p>Esa noche \u2014afirma el periodista chinandegano Benjam\u00edn Ch\u00e1vez\u2014, la hoyada del Casita se llen\u00f3 totalmente, luego de por lo menos una semana de lluvia torrencial. Y al d\u00eda siguiente, dice Juan, no se ve\u00edan ni las copas de los \u00e1rboles. Todo era un uniforme espejo de agua.<\/p>\n<p>En la inundaci\u00f3n se ahogaron cinco terneras de Juan y trece cerditos de Mar\u00eda. Pero ellos salieron justo a tiempo y a las 11:00 de la ma\u00f1ana del viernes 30 de octubre, la hora en que ocurri\u00f3 el deslave del Casita, se encontraban a salvo en la cima del volc\u00e1n. Oyeron un derrumbe en la ladera y m\u00e1s nada. Arriba no se escuch\u00f3 el estruendo como de helic\u00f3pteros y aviones que m\u00e1s tarde describieron los sobrevivientes de la tragedia.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, los Laguna Padilla ni siquiera se daban cuenta de lo que hab\u00eda ocurrido, hasta que esa tarde la noticia lleg\u00f3 desde la comunidad Santa Narcisa, ubicada m\u00e1s abajo, en la ladera del volc\u00e1n. As\u00ed se enteraron de que las parcelas de la Rolando y El Porvenir hab\u00edan desaparecido y en su lugar solo quedaba un cementerio.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45846\" aria-describedby=\"caption-attachment-45846\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-18-e1541954358681.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-45846 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-18-e1541954358681.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"467\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45846\" class=\"wp-caption-text\">Esto sol\u00eda ser una base militar, antes de que la familia Laguna Padilla dejara el cr\u00e1ter del volc\u00e1n para mudarse a la cima del Casita. Juan Laguna construy\u00f3 una casa de madera en el mismo terreno. Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u201cCuando los militares vieron la mortandad all\u00e1 abajo, les dio miedo y me dijeron: \u2018Qu\u00e9dese ah\u00ed\u2019\u201d, relata Juan, hoy de 67 a\u00f1os. Agarraron sus bultos y se marcharon cuanto antes. De modo que el amo y se\u00f1or del cr\u00e1ter tambi\u00e9n tom\u00f3 posesi\u00f3n de ese tierra y pronto construy\u00f3 otro rancho de madera.<\/p>\n<p>Actualmente sigue teniendo de vecino un cuartel del Ej\u00e9rcito, que est\u00e1 situado en un terreno un poco m\u00e1s alto, junto a las antenas de los canales del Gobierno. Los soldados llegan a buscar la leche de las vacas y a comprar paquetes de cigarros. Saludan con respeto cuando entran a la propiedad y piden permiso para usar el ojo de agua.<\/p>\n<p>\u201cNadie es due\u00f1o de este cerro, este cerro es del Estado\u201d, reconoce Juan Laguna. Pero \u201cantes en la hoyada mandaban los Callejas, ahora la mando yo\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45834\" aria-describedby=\"caption-attachment-45834\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-6-e1541954373991.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-45834 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-6-e1541954373991.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"534\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45834\" class=\"wp-caption-text\">El paisaje es impresionante en los dominios de Juan Laguna. Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>A veces Mar\u00eda Padilla se aburre de la rutina de moler ma\u00edz, palmear tortillas y limpiar frijoles, entonces sale de esa humeante cocina en la que solo ella manda y camina hacia los miradores del Casita para contemplar el paisaje. \u201cEs como un parque\u201d, piensa. Y se entretiene viendo los diminutos veh\u00edculos que all\u00e1 abajo, muy lejos, transitan el fino hilo de las carreteras. Siempre parecen llevar prisa.<\/p>\n<p>Desde su parque personal, a una altura de casi kil\u00f3metro y medio sobre el nivel del mar, Mar\u00eda ve las nubes de frente. Tambi\u00e9n aprecia las moles del San Crist\u00f3bal y El Chonco y, en contraste, la microsc\u00f3pica existencia de los seres humanos que van apurados hacia alg\u00fan lugar.<\/p>\n<p>Arriba el tiempo transcurre m\u00e1s lento y hay que llenarlo con tareas del campo o del hogar. Juan Laguna va todos los d\u00edas a la hoyada a ver el ma\u00edz y los frijoles que siembra para consumo casero. Y tres veces a la semana baja a las parcelas que tiene en la comunidad Santa Narcisa, donde cultiva granos para vender. Debe andar dos horas a caballo para llegar hasta ah\u00ed, as\u00ed que sale de casa antes que el sol aparezca en el horizonte. En esos viajes aprovecha para comprar las cosas que no produce: sal, jab\u00f3n, arroz, az\u00facar, aceite, caf\u00e9.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45839\" aria-describedby=\"caption-attachment-45839\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-11-e1541954388927.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-45839 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-11-e1541954388927.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"534\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45839\" class=\"wp-caption-text\">Mar\u00eda palmea tortillas casi todos los d\u00edas. Ella misma nesquiza y muele el ma\u00edz, que viene de los siembros que tienen en el cr\u00e1ter en el volc\u00e1n. Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p>Por lo dem\u00e1s, todo lo que consumen es producido o cazado en el rancho y en el cr\u00e1ter. Tienen varias docenas de pollos y, hasta la \u00faltima cuenta, todav\u00eda pose\u00edan 34 reses. Tambi\u00e9n tienen caballos y un perro llamado Tonky, que ha resultado ser un buen cazador y avisa con grandes ladridos cuando advierte la presencia de un cusuco o un venado. Juan nunca deja la escopeta en casa cuando va a la hoyada, por si en alg\u00fan momento le sale \u201cun animal o un humano\u201d. \u201cSi me quieren agarrar una vaca, tengo que defender lo m\u00edo\u201d, explica.<\/p>\n<p>En casa todav\u00eda vive un hijo que ayuda con las tareas del campo. Mar\u00eda, de 64 a\u00f1os, es la que m\u00e1s permanece en la vivienda, barriendo, limpiando, orde\u00f1ando vacas y preparando cuajadas. A veces baja a la ladera del cr\u00e1ter para llenar varios bidones de agua que luego carga en su caballo y todas las tardes va a ba\u00f1arse al peque\u00f1o manantial. Como es de esperarse, casi no recibe visitas en la cima del volc\u00e1n y ella puede pasar hasta dos meses sin salir del Casita.<\/p>\n<figure id=\"attachment_45847\" aria-describedby=\"caption-attachment-45847\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-19-e1541954404190.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-45847 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/287-MAG-FOTORREPORTAJE-19-e1541954404190.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"534\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-45847\" class=\"wp-caption-text\">Juan Laguna arreando ganado en la pendiente del volc\u00e1n Casita. Dada la topograf\u00eda accidentada del terreno, a veces los animales se le caen en profundos barrancos y los destaza para venderlos en una finca cercana. Foto\/ Oscar Navarrete<\/figcaption><\/figure>\n<p>Ya son 37 a\u00f1os los que llevan en el volc\u00e1n y no le tienen miedo, a pesar de que el agua del manantial es tibia y los deslizamientos de tierra no han parado. Hace unas semanas, por ejemplo, se derrumb\u00f3 la capa superficial de una pared del cr\u00e1ter; pero a Juan y Mar\u00eda eso no les quita el sue\u00f1o. Han aprendido a moverse en el terreno \u201ctraicionero\u201d; saben que las piedras pueden deslizarse y que nunca se est\u00e1 del todo seguro a la orilla de un barranco.<\/p>\n<p>A pesar de esto, cada d\u00eda Juan Laguna sigue soltando a sus vacas para que vayan a pastar a la buena de Dios y cuando se le caen por los precipicios las destaza en el mismo lugar. Las reses peque\u00f1as para consumo propio y las grandes para vender la carne en la finca Argelia. Nada se pierde.<\/p>\n<p>A medida que avanza la tarde y los terneros atados en el patio muestran m\u00e1s hambre, crece la inquietud de Juan. Finalmente se amarra una espuela, una sola, al pie derecho y monta su caballo para ir a buscar al ganado. Hoy no muri\u00f3 ninguna vaca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un hombre y su familia viven en la cumbre del fat\u00eddico Casita y siembran la tierra en el centro del cr\u00e1ter del volc\u00e1n que cobr\u00f3 la vida de 2,500 personas hace 20 a\u00f1os. 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