{"id":47079,"date":"2008-03-09T16:13:47","date_gmt":"2008-03-09T16:13:47","guid":{"rendered":"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/?p=47079"},"modified":"2021-07-05T21:13:59","modified_gmt":"2021-07-06T03:13:59","slug":"el-chaman-de-la-montana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/perfil\/el-chaman-de-la-montana\/","title":{"rendered":"Nando Gadea, el cham\u00e1n de la monta\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">En el cerro m\u00e1s inclinado de Jinotega, bajo una enorme cruz, se forj\u00f3 el mito del m\u00e1s famoso cham\u00e1n que ha tenido Nicaragua. Nando Gadea fue un arcano campesino que curaba males con cortezas, plantas y escupitajos<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Octavio Enr\u00edquez<\/strong><br \/>\n<strong>Fotos de Carlos Laguna<\/strong><\/p>\n<p>Agradable, no creo. El viejo de camisa y pantal\u00f3n azul no se ba\u00f1aba todos los d\u00edas. No usaba zapatos y cuando m\u00e1s se pon\u00eda caites. Aquel 1978 escupi\u00f3 su mano ante la mirada de la pareja que lo visitaba. Embadurn\u00f3 la saliva en las palmas, restreg\u00f3 r\u00e1pidamente, y antes que el l\u00edquido espeso se secara se lo unt\u00f3 en la cabeza a Aurora Garc\u00eda.<\/p>\n<p>Garc\u00eda lleg\u00f3 hasta donde el viejo en busca de una cura para la migra\u00f1a que la atormentaba. Nadie hab\u00eda podido curarla. Para estar ah\u00ed antes debi\u00f3 subir con su esposo el empinado cerro de La Cruz, en la norte\u00f1a ciudad de Jinotega, a 160 kil\u00f3metros de la capital.<\/p>\n<p>A ese campesino desali\u00f1ado lo buscaban decenas, centenares, miles. Antonio Garc\u00eda, habitante de Jinotega, era joven en esa \u00e9poca y dice que era frecuente encontrar en los alrededores del cementerio a docenas de buses aparcados que tra\u00edan curiosos o \u00abpacientes\u00bb de pa\u00edses de Centroam\u00e9rica, Canad\u00e1, Estados Unidos, Colombia o de departamentos rec\u00f3nditos del pa\u00eds.<\/p>\n<p>El campesino los trataba a todos por igual: les ped\u00eda a sus pacientes que le dieran el dinero que quisieran en pago por la consulta y era vulgar hasta la m\u00e9dula. En especial con las mujeres.<\/p>\n<p>Un hijo de \u00e9l recuerda que su dicho favorito dirigido a las mujeres era: \u00abVos lo que quer\u00e9s es una cogidita (sexo), ven\u00ed para ac\u00e1, ya te curo\u00bb. Pero todo era una broma, porque \u00abmi pap\u00e1 era un se\u00f1or correcto\u00bb.<\/p>\n<p>Aurora Garc\u00eda ten\u00eda 36 a\u00f1os cuando subi\u00f3 al cerro a buscar al gut-U de la monta\u00f1a. Debi\u00f3 aguantar las bromas soeces de Nando, el nombre pegajoso y seco con que la gente bautiz\u00f3 a este campesino.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPuedo entrar para estar con mi esposa? \u2014pregunt\u00f3 esa vez Dar\u00edo Garc\u00eda Montenegro, marido de Aurora.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY a vos qu\u00e9 te han dicho? \u00bfQue me gustan los hombres? A m\u00ed me gustan las mujeres \u2014brome\u00f3. Bernardino Gadea, su nombre de pila, viv\u00eda en una casa pobre en el valle Ocotalillo, tres kil\u00f3metros bajando la colina del otro lado de la cruz que se avista desde la helada ciudad de Jinotega. El camino hasta all\u00ed es pedregoso. El cansancio ahoga a quien se atreva a hacer un recorrido buscando las huellas del hombre al que unos llamaban brujo y otros curandero o cham\u00e1n. Nando ten\u00eda su consultorio como los m\u00e9dicos. Se ubicaba cerca de una pila de donde se abastec\u00eda de agua toda su familia.<\/p>\n<p>A esa vivienda llegaba una marabunta de hombres quej\u00e1ndose de maleficios, de mujeres que sufr\u00edan del h\u00edgado o cualquier dolencia en otra parte del cuerpo; all\u00ed llegaban locos y desahuciados y tambi\u00e9n mor\u00edan los m\u00e1s enfermos, los que, pese a las mulas que muchos campesinos pon\u00edan a la orilla del cerro, no aguantaban la subida. Las cruces en el cerro marcan el lugar donde cayeron quienes murieron en el intento.<\/p>\n<p>\u00abHay muchas cruces all\u00ed\u00bb, asegura Antonio Garc\u00eda, quien conoci\u00f3 a Nando hasta su muerte en 1996, cuando chamanes de todo el pa\u00eds llegaron a Jinotega para despedir a este personaje.<\/p>\n<p>Nando es quiz\u00e1s uno de los pocos que ha sido profeta en su tierra. Antes de las camisetas del Che Guevara ya hab\u00eda serigrafiadas con la imagen de Nando. Y eran los a\u00f1os 70 del siglo pasado. Los bares se llamaban como \u00e9l y las mulas, en la parte baja de la monta\u00f1a, eran sin\u00f3nimo de trabajo para los campesinos desempleados. Este cham\u00e1n se hizo despu\u00e9s una superestrella, y hasta se volvi\u00f3 un punto de referencia para identificar a la ciudad, seg\u00fan Garc\u00eda.<\/p>\n<p>La fama, eso s\u00ed, le cost\u00f3 mucho. Su esposa asegura que lo mandaron a matar tres veces. Lo quisieron echar preso, porque los m\u00e9dicos no resist\u00edan sus consultorios vac\u00edos. Y si no lo hicieron fue porque la gente se opuso a la denuncia con un argumento pr\u00e1ctico: con Nando hab\u00eda empleo y los hoteles siempre estaban llenos.<\/p>\n<p>Antonio Garc\u00eda sostiene que en estos conflictos sus aliados de siempre fueron militares del r\u00e9gimen de Somoza. Ellos lo mandaban a cuidar para que nadie le hiciera da\u00f1o al bajar del cerro con sacos copados de dinero que un abogado de su confianza depositaba en un banco, porque no entend\u00eda nada de administrar plata.<\/p>\n<p>Hay quienes aseguran que atendi\u00f3 al propio dictador Somoza Debayle. Dar\u00edo Garc\u00eda Montenegro, el marido de la mujer curada de migra\u00f1a, asegura que el curandero hasta se ufanaba de que un helic\u00f3ptero baj\u00f3 en la monta\u00f1a, su cerro, para llegarlo a buscar y trasladarlo a Managua.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sufri\u00f3 supuestos hechizos. Le mandaban comida envenenada que nunca regal\u00f3 a terceras personas y que prefer\u00eda enterrar para no causar da\u00f1o. Pero no se escap\u00f3 a los m\u00e1s fuertes ataques. Estuvo en cama v\u00edctima de una brujer\u00eda que le desfigur\u00f3 en parte el rostro, dice Mar\u00eda del Tr\u00e1nsito Castro, esposa de Nando. Ella tiene 109 a\u00f1os, una mirada de \u00e1ngel y un rostro expresivo lleno de arrugas.<\/p>\n<p>\u00abYo comparo las fiestas del Cristo Negro de El Sauce con las romer\u00edas de Nando, pero el Cristo Negro era una sola vez al a\u00f1o, el 15 de enero o segundo domingo de enero y Nando era diario. No le bajaba la cuota de ocho a diez mil personas. Hab\u00eda gente que no ten\u00eda capacidad y lo idolatraba, lo segu\u00eda en las calles de Jinotega. Gozaba de la pleites\u00eda de la Guardia, del general Iv\u00e1n Alegrette, quien para verlo bajaba en un caballo blanco\u00bb, dice Antonio Garc\u00eda en su casa.<\/p>\n<figure id=\"attachment_47081\" aria-describedby=\"caption-attachment-47081\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-10.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-47081\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-10.jpg\" alt=\"Fotos Carlos Laguna\" width=\"700\" height=\"471\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-10.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-10.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-47081\" class=\"wp-caption-text\">Estos son los Gadea, los descendientes directos del cham\u00e1n del cerro La Cruz, en Jinotega. El hijo del curandero, Porfirio, luce un bigot\u00f3n amarillo en la imagen.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Tiene 80 a\u00f1os. Como quien dice muchos. Es alto, la voz cavernosa y en ese cuarto de madera, peque\u00f1o, piso de tierra, es el rey. Andr\u00e9s Gadea, una gorra de los Dolphins en la cabeza, es sobrino del famoso cham\u00e1n y su consultorio est\u00e1 junto al cementerio, un lugar de protecci\u00f3n, seg\u00fan la creencia \u2014\u00bfqui\u00e9n se atreve a perturbar la paz de los muertos?\u2014 pero tambi\u00e9n una de las propiedades que un d\u00eda perteneci\u00f3 a Bernardino Gadea.<\/p>\n<p>La historia de los familiares es la de los que pelean por la herencia de la clientela del famoso pariente y por las propiedades que este, en medio de su ignorancia, logr\u00f3 comprar.<\/p>\n<p>Est\u00e1 oscuro en la oficina, si se le puede llamar as\u00ed a ese cuarto con madera vieja, cubierto por hojas de zinc antiguas y sarrosas. Nadie se atreve a entrar. Para esperar est\u00e1n las bancas de afuera. Ya saldr\u00e1 el hombre a invitar o se oir\u00e1 su voz cavernosa.<\/p>\n<p>Se oye la voz cantada de una se\u00f1ora cont\u00e1ndole de un dolor de vientre. Hace fr\u00edo. Jinotega es as\u00ed y hay quienes dicen que antes la temperatura era mucho m\u00e1s baja, en esos tiempos de muchos \u00e1rboles, r\u00edos, muchos animales y ojos de agua cristalinos.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s la escucha. Le da una receta. Ella aprovecha y le habla de un ni\u00f1o que tiene mal. \u00c9l asegura que sac\u00e1ndole las tripas a la gallina y poni\u00e9ndola a cocer, el agua puede curar un problema que un beb\u00e9 tiene con su mollera.<\/p>\n<p>Llega despu\u00e9s un viejo. Enfermo del est\u00f3mago. Le cuenta su problema. Aquel escucha. Es el padre oyendo la confesi\u00f3n. Zeus viendo a los mortales hacer estupideces en la tierra. El hombre saca una foto, aquel hombre barbado, con canas, viejo, que eructa cada cuatro segundos y ofrece disculpas. Ense\u00f1a la imagen y dice: \u00abEste es\u00bb. Este es un joven que est\u00e1 en el centro de la foto, entre dos primos, no tiene camisa, es fuerte y tiene un pa\u00f1uelo rojo en la cabeza. Ese es su hijo, que tiene tres mujeres ahorita que le enredan la vida.<\/p>\n<p>Y \u00e9l, este manso y pobre hombre quiere que su hijo se quede con la madre de sus nietos. Que deje a las otras dos. Andr\u00e9s Gadea dice un convincente \u00abentiendo\u00bb y se mete al espacio m\u00e1s reducido de su consultorio, donde tiene cortezas de \u00e1rboles de todo tipo que golpean la nariz con su olor a naturaleza.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s viene el cobro. \u00abSon 60 c\u00f3rdobas, amigo\u00bb, y aquel le dice que no anda tanto, llama un chavalo que le carga algunas cosas \u2014un ni\u00f1o con el cabello rapado al que se nota que tuvo problemas de piojos en la cabeza\u2014 y el abuelo se revisa las bolsas.<\/p>\n<p>\u00abDejelo en lo que pueda\u00bb, concede Andr\u00e9s. Nando, todos lo dicen, en vida ped\u00eda lo que la gente pudiera. El paciente eructa, se toca una bolsa y cuenta con paciencia: uno, dos, tres&#8230; 20 c\u00f3rdobas. Manos viejas contando plata. Saca de la otra bolsa 20 c\u00f3rdobas m\u00e1s y por \u00faltimo, al fin, toca otro lado del pantal\u00f3n y all\u00ed est\u00e1n los cinco c\u00f3rdobas m\u00e1s que puede darle.<\/p>\n<p>\u00abNo se preocupe\u00bb, vuelve a repetir el curandero. Han bastado unos minutos y el consultorio est\u00e1 lleno. All\u00ed est\u00e1 una mujer, una rubia con olor a alcohol, ojos claros, hermosa. Quiere saber qu\u00e9 embrujo le han puesto a ella; que una rival de amores le lleg\u00f3 a regar la casa con algo as\u00ed como jab\u00f3n l\u00edquido y ella no sabe. \u00ab\u00a1Por Dios! Don Andr\u00e9s, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 eso?\u00bb, pregunta.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Don Andr\u00e9s, \u00bfa\u00fan le quedan hijos a Nando? \u2014No. No. Esos son charlatanes. No saben nada. Yo estuve con \u00e9l much\u00edsimos a\u00f1os, yo le busqu\u00e9 las hierbas, esto se estudia, no es para cualquier ignorante. Qu\u00e9 va a saber usted, por ejemplo, para qu\u00e9 es esta corteza. No. \u00bfVerdad que no? Esto es con libros, es con sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>Don Andr\u00e9s se molest\u00f3 porque la persona que le hace competencia es uno de los hijos de Nando: Porfirio, el heredero del cham\u00e1n al menos en lo f\u00edsico: con bigotes amarillos y alborotados, mientras el resto del pelo lo tiene canoso. No es ning\u00fan tinte. As\u00ed son ellos, asegura.<\/p>\n<p>Pero para llegar a \u00e9l hay que subir la monta\u00f1a. La cruz desde la parte de abajo se ve como una meta dif\u00edcil de al menos tres horas si el ejercicio no es costumbre.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo se desean en ese momento las mulas y los caballos de anta\u00f1o! El sudor se pega en la piel, m\u00e1s r\u00e1pido. El sol est\u00e1 en su pin\u00e1culo. Hay a cada momento un camino que lleva a otro, pero no se ve ninguna persona que pudiera aclarar las dudas. El \u00fanico, un campesino con unas mulas que viene hacia abajo, da la direcci\u00f3n: \u00abEl hijo de Nando vive all\u00e1, tiene que llegar a la cruz y despu\u00e9s caminar. Est\u00e1 cerca\u00bb.<\/p>\n<p>Ese cerca ser\u00edan unos tres kil\u00f3metros entre piedra, purita piedra. Pero a medida que se camina en este territorio se ven algunas de las cruces de las que hablaba Antonio Garc\u00eda, el hombre que conoci\u00f3 a Nando y el hijo de una de las mujeres que en Jinotega es recordada como la que tuvo el mayor jard\u00edn bot\u00e1nico de la ciudad. A la casa de Garc\u00eda llegaban de todo el pa\u00eds y su madre buscaba plantas en distintos lugares. Se alimentaban rec\u00edprocamente.<\/p>\n<p>Por este territorio sub\u00eda la gente. Hab\u00eda m\u00e1s \u00e1rboles que hac\u00edan menos pesado el recorrido. Ahora el hijo de Nando baja los martes y los viernes. D\u00edas de consulta. En esos d\u00edas se encuentra a un flujo, entre 200 y 300 personas supuestamente, que llegan buscando cura de alguna enfermedad.<\/p>\n<p>De repente en medio de la nada, en el mismo camino del cerro, aparece un hombre. Viene de Estel\u00ed. Es una gacela. Camina r\u00e1pido, piernas largas, y se\u00f1ala, bajando del cerro de La Cruz, un sitio que no se alcanza a ver. All\u00ed vive Porfirio y \u00e9l lo viene a buscar, despu\u00e9s de horas y horas de viaje.<\/p>\n<p>Un d\u00eda cuando era un joven flaco, Nando lo llen\u00f3 de saliva y evit\u00f3 que se volviera loco, seg\u00fan el paciente, que en esa \u00e9poca sal\u00eda corriendo sin motivo alguno.<\/p>\n<p>\u00c9l ahora est\u00e1 agradecido. Ahora quiere que Porfirio le ayude con un dolor en las piernas. Pero si le duelen, no parece. Llegar\u00e1 por lo menos media hora antes al punto y all\u00ed se le ver\u00e1 a la par de este hombre que para todo dice \u00abcorrecto, mijo, correcto\u00bb y que tiene varias vacas, unos terneros, un mont\u00f3n de chavalos jugando en el patio y un sinn\u00famero de cortezas, polvos naturales para curar a hombres desesperados, mujeres en desgracia, enfermos de todo tipo, como aseguraban que hac\u00eda su padre.<\/p>\n<p>All\u00ed llegar\u00e1n hombres buscando la felicidad. El orgasmo duradero, el olvido de una mujer, y desahuciados en enfermedad tambi\u00e9n. El hombre que lleg\u00f3 de Estel\u00ed sale r\u00e1pido. Su consulta dur\u00f3 poco tiempo frente a este flaco, padre de ocho hijos con una misma mujer.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 responden ustedes a la gente que los critica, que los llaman charlatanes?<\/p>\n<p>\u2014No mijito. Con hechos se prueban. Usted, yo lo mando a donde el doctor, a usted le duele la barriga, \u00e9l no me le va hallar nada. Si es pura sugesti\u00f3n. Hechiceros existen. Son muchos aqu\u00ed. Ellos practicando. Ahorita hay locos, bastantes locos, porque usan la g\u00fcija, los estudiantes llaman, pero no pueden retirar. Ellos miran todo. Aqu\u00ed vienen chapincitos, me ha tocado curar llagas, de todo, por donde me busque me halla, correcto mijo \u2014dice seguro.<\/p>\n<p>Se levanta, muestra en una pana un polvo fino. Dice que sirve para lograr que alguien deje de beber alcohol. Se mezcla con agua, o se le da en la comida y se convertir\u00e1 en un abstemio.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed tengo para curar locos. Por donde me busquen, me hallan. A m\u00ed me busca la gente para hacer bien. Yo no hago cosas malas. No soy brujo, soy curandero. Si puedo le ayudo a mi doctor, le ayudo. Las hierbas funcionan. Usted las tiene que cortar a donde sale el sol. Si la corta en otro lado, va para atr\u00e1s \u2014agarra otra pana. Dice que es c\u00e1scara molida en polvo.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-47079 gallery-columns-3 gallery-size-full'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/perfil\/el-chaman-de-la-montana\/attachment\/untitled-12-3\/'><img decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"423\" src=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Untitled-12.jpg\" class=\"attachment-full size-full\" alt=\"Fotos de Carlos Laguna\" aria-describedby=\"gallery-1-47090\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Untitled-12.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Untitled-12.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-47090'>\n\t\t\t\tAndr\u00e9s Gadea, sobrino de Nando, le ofrece consulta a la gente como este se\u00f1or que lleg\u00f3 a pedirle ayuda para desenredar los amores de sus hijos. \n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/perfil\/el-chaman-de-la-montana\/attachment\/magazine105-tripa-11\/'><img decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"638\" src=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-11.jpg\" class=\"attachment-full size-full\" alt=\"Fotos de Carlos Laguna\" aria-describedby=\"gallery-1-47087\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-11.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-11.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-47087'>\n\t\t\t\tMar\u00eda del Tr\u00e1nsito Castro tiene 109 a\u00f1os y es la m\u00e1s vieja del valle de Ocotalillo, donde vive su familia. Ese lugar queda como a tres kil\u00f3metros, bajando del cerro La Cruz. \n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/perfil\/el-chaman-de-la-montana\/attachment\/magazine105-tripa-12\/'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"482\" src=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-12.jpg\" class=\"attachment-full size-full\" alt=\"Fotos de Carlos Laguna\" aria-describedby=\"gallery-1-47088\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-12.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-12.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-47088'>\n\t\t\t\tEl m\u00e9dico Mauricio Altamirano cree en la medicina natural y tiene un cuadro de Nando en su consultorio. Aqu\u00ed est\u00e1 atendiendo a unos pacientes donde el curandero famoso estuvo d\u00edas antes de morir. \n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Nando comenz\u00f3 cuando era un ni\u00f1o. Con ocho a\u00f1os. Su esposa era conocida de la familia y sab\u00eda muy bien que aquel chavalo curaba con plantas a escondidas de su madre, que nunca le gust\u00f3 que anduviera metido en esto.<\/p>\n<p>\u00abFuimos siempre fiel el uno al otro. Jal\u00e9 con \u00e9l cinco a\u00f1os. A m\u00ed me gustaba de \u00e9l que siempre fue formal. Yo fui la primera y la \u00faltima novia de Nando. Yo solamente, desde que nos conocimos, y era mi marido. Era mi destino. Cuando nos \u00edbamos a casar su mam\u00e1 le escondi\u00f3 toda la ropa\u00bb, asegura la viejita en la casa de una amiga en Jinotega. All\u00ed llega siempre, se hospeda mientras hace las compras del mercado.<\/p>\n<p>Mar\u00eda del Tr\u00e1nsito Castro dice con orgullo que no hay en valles cercanos a Jinotega nadie m\u00e1s viejo. Tiene 109 a\u00f1os, un rostro lleno de arrugas.<\/p>\n<p>Se conocieron desde ni\u00f1os. Se gustaron cuando j\u00f3venes y luego ella se fue con \u00e9l, pese a la oposici\u00f3n de la suegra que hab\u00eda avistado a otra muchacha en otro valle para que se casara con su hijo. Incluso la madre intent\u00f3 apresarlo cuando joven, acus\u00e1ndolo de haberla golpeado, seg\u00fan Porfirio. \u00abMi padre era bueno, nunca le hizo nada\u00bb, dice.<\/p>\n<p>Por la madre supuestamente le pegaron el primer embrujo a Nando. Dej\u00f3 de hablar despu\u00e9s que una hermana le dio un l\u00edquido y un amigo de la pareja, el brujo Daniel Hern\u00e1ndez, lo cur\u00f3.<\/p>\n<p>\u00abLa condici\u00f3n era que nadie llorara con la medicina que le dio Daniel, porque si alguien lloraba se mor\u00eda. Cuando comience a arrojar (vomitar) no hagan mal gesto, porque no sale, y cuando arroj\u00f3 le dieron una cuarta de guaro y ech\u00f3 todo. Sali\u00f3 en carrera. Ten\u00eda un garrobo, y \u00e9l ya pudo hablar. Ten\u00eda entonces 33 a\u00f1os. Su misma hermana le dio esto para que no se casara\u00bb, recuerda ella.<\/p>\n<p>Con el episodio del garrobo empez\u00f3 la leyenda de Nando, que despu\u00e9s se reforzar\u00eda cuando cur\u00f3 supuestamente a la esposa de un mayor de la Fuerza A\u00e9rea en la \u00e9poca de Somoza, Mario Estrada. Despu\u00e9s llegaron las peregrinaciones, la nandoman\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo, no todos llegaban con buena intenci\u00f3n. Una vez un hombre llev\u00f3 or\u00edn de yegua y le minti\u00f3 dici\u00e9ndole que era el or\u00edn de su esposa enferma. Entonces \u00e9l respondi\u00f3: \u00ab\u00bfY tu mujer es una<br \/>\nyegua, entonces?\u00bb. Y el mentiroso sali\u00f3 corriendo. Quer\u00eda probarlo.<\/p>\n<p>Lo del tratamiento a miembros de la familia Somoza lo recuerda Antonio Garc\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abDonde Nando concurr\u00edan \u2014se dice\u2014 el general Somoza Debayle, se dice Jos\u00e9 Somoza. Me consta que Emelina Debayle, la esposa del doctor Luis Manuel Debayle, siendo \u00e9l un m\u00e9dico famos\u00edsimo. La hermana de do\u00f1a Emelina ven\u00eda a la casa del doctor Pastor Baca para que las atendiera. A Nando lo cuidaban los comandantes. \u00c9l bajaba el dinero en zurrones, no sab\u00eda ni sumar, ni multiplicar, necesitaba de protectores en el pueblo. Ten\u00eda personas como Edmundo L\u00f3pez Pineda, Tino Bland\u00f3n y al mayor Jorge Jarqu\u00edn, eran en quienes confiaba y le hac\u00edan sus transacciones\u00bb, dice Garc\u00eda.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s en 1996 el cham\u00e1n muri\u00f3 del coraz\u00f3n. D\u00edas antes estuvo hospitalizado en la cl\u00ednica de los m\u00e9dicos Altamirano.<\/p>\n<p>El doctor Mauricio Altamirano, uno de los due\u00f1os de esa cl\u00ednica y admirador de Nando, mir\u00f3 c\u00f3mo la gente, a\u00fan postrado, llegaba a pedirle recetas y eso lo toleraba porque \u00e9l \u2014dice\u2014, cree en la medicina natural y porque las medicinas provienen precisamente de la naturaleza con unos cuantos qu\u00edmicos, por supuesto.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del \u00faltimo d\u00eda del cham\u00e1n, cuenta su hijo Porfirio, lo apur\u00f3 para despachar a una mujer. Al rato, le pidi\u00f3 una teja peque\u00f1a sin darle ninguna explicaci\u00f3n. Se la puso en la pierna que pronto luci\u00f3 morada. Lo traslad\u00f3 al pueblo, pero falleci\u00f3 en el camino. Ten\u00eda 104 a\u00f1os, de acuerdo con el m\u00e9dico.<\/p>\n<p>La muerte de Nando se difundi\u00f3 en todas las latitudes de Jinotega. Aurora Garc\u00eda, ahora de 66 a\u00f1os, lo supo. La escena del d\u00eda de su sanaci\u00f3n volvi\u00f3 a su mente: Nando escupi\u00e9ndose la mano, restregando el l\u00edquido sobre la cabeza de esta joven afligida por la migra\u00f1a. \u00bfY saben qu\u00e9? El marido dice, meci\u00e9ndose en su casa en Jinotega, que no le ha vuelto a doler la cabeza.<\/p>\n<figure id=\"attachment_47089\" aria-describedby=\"caption-attachment-47089\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-13.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-47089 size-full\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-13.jpg\" alt=\"Fotos de Carlos Laguna\" width=\"700\" height=\"486\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-13.jpg 700w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/magazine105-tripa-13.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-47089\" class=\"wp-caption-text\">Porfirio Gadea tiene en su casa el lugar para atender a la gente. Lleno de cortezas, polvos y una serie de secretos con los que cautiva al visitante.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el cerro m\u00e1s inclinado de Jinotega, bajo una enorme cruz, se forj\u00f3 el mito del m\u00e1s famoso cham\u00e1n que ha tenido Nicaragua. Nando Gadea fue un arcano campesino que curaba males con cortezas, plantas y escupitajos<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":47080,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-47079","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-perfil"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47079","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=47079"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47079\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54635,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47079\/revisions\/54635"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/47080"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=47079"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=47079"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=47079"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}