{"id":49085,"date":"2004-11-07T15:45:28","date_gmt":"2004-11-07T21:45:28","guid":{"rendered":"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/?p=49085"},"modified":"2023-12-13T19:11:59","modified_gmt":"2023-12-14T01:11:59","slug":"memorias-de-la-tortuga-morada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/memorias-de-la-tortuga-morada\/","title":{"rendered":"Memorias de La Tortuga Morada"},"content":{"rendered":"\n<p>Agosto de 1968. Cuatro meses antes que el hombre pisara la Luna, un nuevo local en el que se escucha rock a decibeles exagerados y se baila solo irrumpe en el coraz\u00f3n de Managua. Es f\u00e1cil dar con el sitio. Se camina tres cuadras al oeste del Teatro Gonz\u00e1lez, cerca de la Cafeter\u00eda La India, donde siempre est\u00e1 congregada la intelectualidad capitalina. Su r\u00f3tulo es inconfundible: corona la puerta una tortuga morada que hace honor al nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Adentro, el ambiente no se parece al de ning\u00fan bailadero de moda de entonces. No suenan los boleros rom\u00e1nticos del Club 113, y tampoco se nota el <em>glamour<\/em> del Adlon Club al que van hombres y mujeres con laca en el pelo a escuchar el saxo de Charlie Robb y su grupo.<\/p>\n\n\n\n<p>En La Tortuga Morada todo es diferente. Las paredes son negras y est\u00e1n tapizadas con afiches del guitarrista Jimi Hendrix, Los Beatles y r\u00f3tulos que apelan a \u00abPaz y Amor\u00bb (el lema con el que los <em>hippies <\/em>en San Francisco y Londres se opon\u00edan a la guerra de Estados Unidos contra Vietnam), que se ven fosforescentes con las luces negras.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un olor penetrante a pachul\u00ed, que se impone sobre el humo de cualquier otra hierba quemada. Encima de la barra hay una pantalla de cine en la que se proyectan pel\u00edculas mudas o diapositivas con figuras geom\u00e9tricas. Entona muy bien con el resto de la decoraci\u00f3n el mural de trazos extravagantes pintado por uno de los visitantes. Con los destellos luminosos el cuadro har\u00e1 diluir las fronteras que hay entre el piso y la pared. Los inodoros empapelados con los rostros de inmortales estrellas de Hollywood, Humphrey Bogart y Marilyn Monroe, acent\u00faan el estilo estramb\u00f3tico del lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente se sacude con ruidosas canciones en ingl\u00e9s y sonido est\u00e9reo. El meneo de los cuerpos es a veces salvaje, pero el ojo captura movimientos intermitentes y en c\u00e1mara lenta. Es la discoteca del momento. La cueva de los rockeros incipientes de Managua.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lea tambi\u00e9n: <a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/periscopio\/hippies-la-epoca-loca\/\">Hippies de la \u00e9poca loca<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La gente llega por la m\u00fasica y el efecto \u00f3ptico de las luces. El ruido en esta discoteca que solo abri\u00f3 dos a\u00f1os, pero llegar\u00eda a convertirse en un s\u00edmbolo de la capital preterremoto, comienza a las siete u ocho de la noche, pero igual puede empezar a cualquier hora dentro de esa caja negra. El tiempo da igual. Al principio llega gente bastante arreglada, pero poco a poco se la toma una fauna humana que fuma marihuana, que practica el sexo libre y que, sobre todo, es pionera en escuchar y cantar rock en el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"710\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg\" alt=\"La portada de disco que Los Rockets grabaron en Costa Rica en 1969\" class=\"wp-image-49088\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg 720w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg 300w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg 24w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg 48w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/tortuga_morada2.jpg 96w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">La portada de disco que Los Rockets grabaron en Costa Rica en 1969 como m\u00fasica de planta de La Tortuga. ARCHIVO<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Ya se dijo, al comienzo, por la novedad todo mundo quer\u00eda ir a La Tortuga Morada. Hastiada, tal vez, de la modorra de los clubes vecinos pas\u00f3 por ah\u00ed la primera dama de la Rep\u00fablica, do\u00f1a Hope Portocarrero. El mismo Anastasio Somoza hizo fila alguna vez para entrar al alocado lugar. \u00abEl b\u00e1rbaro del portero no lo reconoci\u00f3 y lo retuvo como dos minutos. Cuando vimos que era &#8216;el Hombre&#8217;, lo dejamos pasar y el portero se gan\u00f3 su rega\u00f1ada\u00bb, dice Roberto Rappaccioli, uno de los due\u00f1os de la discoteca, 36 a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>No cualquiera pon\u00eda sus pies en esta discoteca de estilo pop. Para entrar hab\u00eda que mostrar una tarjeta de membres\u00eda que costaba cinco d\u00f3lares al a\u00f1o. Hubo gente, como Nardo Parrales, que imantada por el pachul\u00ed se salt\u00f3 esta barrera social. \u00abLe ca\u00ed bien al portero y me dej\u00f3 pasar\u00bb, dice. Luego le cay\u00f3 bien a los due\u00f1os. A \u00e9l le gust\u00f3 tanto el ambiente de la discoteca que se volvi\u00f3 parte de la decoraci\u00f3n pese a que no tocaba, no cantaba, pero eso s\u00ed, era un gran conversador. A sus 54 a\u00f1os lo sigue siendo. Hoy no se habla de La Tortuga sin evocar a un <em>hippie<\/em> como \u00e9l que usaba cotonas al estilo Mao sin cuello y el pelo muy por debajo de los hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de la tarjeta, se pagaba un <em>cover<\/em> por cada vez que se entraba. Eran 60 u 80 c\u00f3rdobas, que en la Managua de hoy equivaldr\u00eda a unos 400, pero el due\u00f1o desmiente el cobro. En definitiva, de ser una discoteca para chicos bien, se fue poblando de una gente rara hasta transformarla en un santuario <em>hippie<\/em>. Juli\u00e1n Gonz\u00e1lez, quien en esos a\u00f1os estudiaba sociolog\u00eda con pelo largo, como muchos de su generaci\u00f3n, encontr\u00f3 en esa <em>boite<\/em> algunas manifestaciones de la rebeld\u00eda que invad\u00eda a los j\u00f3venes en otras partes del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esos d\u00edas, Gonz\u00e1lez hall\u00f3 un trabajo en una agencia publicitaria que lo constri\u00f1\u00f3 a la corbata y las camisas almidonadas que cambiaba los fines de semana por ropa m\u00e1s holgada, blusas estampadas y sandalias. Esta mutaci\u00f3n del saco a la cotona y del zapato mocas\u00edn a la sandalia o al pie descalzo, Miguel Bola\u00f1os la denomina \u00ab<em>hippie<\/em> de fin de semana\u00bb, esp\u00e9cimen muy frecuente en La Tortuga.<\/p>\n\n\n\n<p>Los aires de pachul\u00ed tambi\u00e9n envolvieron a los poetas de la \u00e9poca. Beltr\u00e1n Morales, Carlos Alem\u00e1n Ocampo y Mario Cajina, entre otros, de la bohemia vespertina de la Cafeter\u00eda la India se trasladaban a la adrenalina nocturna de La Tortuga, en la que alcanzaban unas 100 personas apretadas. Los hombres de letras se instalaron de tal forma que instituyeron los martes como el d\u00eda de los \u00abpuetas\u00bb e intelectuales. \u00abLleve sus p\u00f3emas (as\u00ed, con tilde) sin miedo\u00bb, reza una cartelera que se pegaba en la entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los amantes de las letras era muy popular el escritor alem\u00e1n Herman Hesse, autor de <em>Siddharta<\/em> y el <em>Lobo Estepario<\/em>, obras que apelan a la b\u00fasqueda individual y al existencialismo de moda en esos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>En una ocasi\u00f3n, los poetas le jugaron una broma a do\u00f1a Hope Portocarrero. \u00abNefertitis los poetas te saludamos\u00bb, le dijeron. Ella agradecida pens\u00f3 que era un piropo, pero, en realidad, la comparaban porque estaba tan flaca que parec\u00eda una momia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos de lo que m\u00e1s se acuerdan al pensar en La Tortuga era del rock que sonaba. Bola\u00f1os, periodista y abogado ahora, pero rockero y m\u00fasico de entonces, la considera tan simb\u00f3lica que un libro que escribi\u00f3 sobre los inicios del rock en el pa\u00eds lo titul\u00f3 <em>Los d\u00edas de La Tortuga Morada<\/em>. Ah\u00ed llegaba enlatado lo \u00faltimo del rock internacional, cuenta Bola\u00f1os. Los que viajaban a Estados Unidos tra\u00edan m\u00fasica que ayudaba a renovar el repertorio del <em>disc jockey<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer grupo que aterriz\u00f3 en ese clima psicod\u00e9lico fueron Los Rockets, una banda con influencia de Los Beatles que dirig\u00eda Ricardo Palma, quien fascinaba al p\u00fablico con sus solitarios de guitarra. De ese tiempo data el disco<em> Los Rockets<\/em> en<em> La Tortuga Morada<\/em>, que grabaron en Costa Rica y del que Palma nunca supo la cantidad de copias que se vendieron. \u00abLo que me interesaba era tocar\u00bb, y eso hac\u00eda cada fin de semana dentro de aquellas paredes negras en las que el p\u00fablico variopinto traqueteaba. M\u00e1s tarde Los Rockets abandonar\u00edan La Tortuga y fundar\u00edan su propio espacio, The Happening, situado en el barrio Santo Domingo que no dio mucha bola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>A casi cuatro d\u00e9cadas de distancia, los que iban a La Tortuga no recuerdan en qu\u00e9 momento se convirti\u00f3 en un templo <em>hippie<\/em>. Por el ambiente y la m\u00fasica, y a\u00fan por la personalidad de Rappaccioli, reconocido seguidor del movimiento en aquellos a\u00f1os, algunos creen fue desde sus inicios. Personajes como Parrales, fan\u00e1tico del pensamiento <em>hippie<\/em>, predominaron en la geograf\u00eda de La Tortuga, que no tard\u00f3 en ser blanco de cr\u00edticas del diario <em>Novedades<\/em>, que controlaba el dictador Somoza.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprovech\u00e1ndose del esp\u00edritu mojigato de la sociedad, el diario arremeti\u00f3 con constante propaganda negativa contra la disco. Pero esto solo acrecent\u00f3 su fama. Los pap\u00e1s prohib\u00edan, pero todos los hijos se las ingeniaban para llegar al escandaloso sitio, en el que dec\u00edan se fumaba marihuana, se celebraba el sexo sin tapujos y hasta se practicaban ritos sat\u00e1nicos. Pero abiertamente nada de eso pasaba, aseguran los de esa generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAdentro nunca se fum\u00f3\u00bb, defiende Rappaccioli y dice que en una ocasi\u00f3n tuvo que pedirle a unos marinos peruanos que estaban fumando abiertamente que abandonaran el lugar. Gonz\u00e1lez razona que tal vez no se fumaba abiertamente, pero que en todo caso era un punto de contacto para conseguirla. Claudia Ashby, sin traumas sobre el tema, dice que ella, que iba con su pelota de amigos estudiantes de Bellas Artes, hizo un \u00abviaje\u00bb de LSD (\u00e1cido lis\u00e9rgico dietilamida) con una amiga en el ba\u00f1o. El pensamiento m\u00e1s compartido es el de Palma: \u00abNo era necesario ir a La Tortuga para fumar marihuana\u00bb. Otros estimulantes comunes en aquella selva humana era el <em>sunshine<\/em>, tra\u00eddo por unos \u00abamigos gringos\u00bb y la benzedrina, con los que se pod\u00eda ver a la gente derriti\u00e9ndose o el mundo de colores alocados.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema del sexo tiene m\u00e1s consenso que el de las drogas. Todos dicen que ah\u00ed nunca hubo org\u00edas como hablaba <em>Novedades<\/em>. Mucho menos desnudos. Lo m\u00e1s atrevido era aventarse a la pista a bailar solo. \u00abUna vez me dijeron que si era cierto que los meseros andan desnudos repartiendo churros de marihuana, \u00a1cosa tan absurda!\u00bb. Rappaccioli responsabiliza de esos chismes a los periodistas del diario oficialista.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa mala fama trajo sus consecuencias: un par de redadas y el acecho constante de la Guardia, que preve\u00eda conspiraciones secretas que nunca ocurrieron, as\u00ed como un intento frustrado de incendio de un fan\u00e1tico religioso. En una de esas redadas se llevaron a Palma, quien no olvida los gritos de un guardia \u00abCuadrita\u00bb: \u00abPor lo menos Palma se pone calzoncillos\u00bb, el resto andaba en cueros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Le tambi\u00e9n: <a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/reportaje\/los-locos-anos-60\/\">Los locos a\u00f1os 60<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Tortuga solo cerraba los lunes. Sus mejores d\u00edas eran los fines de semana. El bacanal terminaba a la una o dos de la madrugada, m\u00e1ximo. A esa hora la gente arrancaba a pie hacia su casa. La mayor\u00eda viv\u00eda cerca. Ashby, quien viv\u00eda en el barrio Santo Domingo, se iba caminando. Una parada religiosa para rebajar la borrachera era la carne asada que estaba frente al Gran Hotel. \u00abNos sent\u00e1bamos en la acera a comer carne asada con gallito pinto y despu\u00e9s cada quien se iba caminando a su casa, nadie te hac\u00eda nada. Managua era muy sana\u00bb, describe con una gran sonrisa y mucha nostalgia Ashby, de 55 a\u00f1os, quien todav\u00eda se considera <em>hippie<\/em> y trabaja para una empresa farmac\u00e9utica.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Roberto-Rappaccioli-.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"478\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Roberto-Rappaccioli-.jpg\" alt=\"Roberto Rappaccioli, ahora en su casa en Diriamb\" class=\"wp-image-49089\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Roberto-Rappaccioli-.jpg 720w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/Roberto-Rappaccioli-.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Roberto Rappaccioli, ahora en su casa en Diriamba con varios recuerdos de los a\u00f1os sesenta. ARCHIVO<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hippies eternos<\/h2>\n\n\n\n<p>El \u00e9xito de la discoteca fue tanto que los due\u00f1os abrieron otros locales con perfiles similares, en Le\u00f3n y Granada, proyectos que terminaron siendo una mala inversi\u00f3n. \u00abEl costo de los grupos en vivo era muy alto\u00bb, confiesa Rappaccioli. En Managua proliferaron copias malas de La Tortuga como el Sapo Triste, que si bien no lograron \u00e9xito y la originalidad de la pionera discoteca, dispersaron a la masa de melenudos que deliraban con el rock.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, por mala administraci\u00f3n, La Tortuga cerr\u00f3 en 1970. Los <em>hippies<\/em> que fumaban marihuana, pero beb\u00edan muy poco, no eran rentables. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde vino el terremoto que hizo polvo a Managua entera. Del emblem\u00e1tico lugar no queda nada, apenas una callejuela por la que hoy solo transitan los carros que van al Palacio de Correos.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/ARCHIVO-LP980.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"655\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/ARCHIVO-LP980.jpg\" alt=\"El r\u00f3tulo original de la discoteca La Tortuga Morada\" class=\"wp-image-49090\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/ARCHIVO-LP980.jpg 720w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/ARCHIVO-LP980.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">El r\u00f3tulo original de la discoteca, que ahora es verde como el vivero del propietario. ARCHIVO<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Muchos de los que se divert\u00edan en La Tortuga emigraron del pa\u00eds a Guatemala, Par\u00eds, Italia, Londres. Algunos no regresaron nunca. Otros volvieron con los a\u00f1os y siguieron rumbos distintos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy esa generaci\u00f3n navega por las aguas de los 50 y 60 a\u00f1os, y un poco m\u00e1s. Ya ninguno usa el pelo largo, ni los pantalones campanas, pero en sus palabras y en su forma de vida, palpita un <em>hippie<\/em> debajo de su piel. Rappaccioli, quien carga un arete en la oreja, vive a su libre albedr\u00edo en su casa en Diriamba rodeado de plantas y de objetos de los sesenta y setenta. Todav\u00eda conserva la puerta original de la discoteca. El fantasma de La Tortuga flota sosegado en ese entorno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es un s\u00edmbolo de la vieja Managua. Se fund\u00f3 a finales de los a\u00f1os sesenta. Fue el cuartel de los hippie y de la rebeld\u00eda de los j\u00f3venes en aquel entonces. El primer sitio en el que se oy\u00f3 una descarga de rock y que se prendi\u00f3 con luces negras. \u00bfPachuli, droga, sexo libre? Esta es su historia<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":49087,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[4794,4793],"class_list":["post-49085","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes","tag-tortuga-morada","tag-vieja-managua"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49085","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=49085"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49085\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":57596,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49085\/revisions\/57596"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/49087"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49085"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=49085"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=49085"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}