{"id":49998,"date":"2020-01-13T14:08:14","date_gmt":"2020-01-13T20:08:14","guid":{"rendered":"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/?p=49998"},"modified":"2020-01-13T14:08:56","modified_gmt":"2020-01-13T20:08:56","slug":"sergio-ramirez-mercado-el-nivel-y-la-plomada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/columnas\/sergio-ramirez-mercado-el-nivel-y-la-plomada\/","title":{"rendered":"Sergio Ram\u00edrez Mercado: El nivel y la plomada"},"content":{"rendered":"<p>Mi padre, el \u00fanico de entre sus hermanos que no quiso ser m\u00fasico y se decidi\u00f3 por la vida de comerciante, compr\u00f3 un terreno en el centro de Masatepe, que daba a la iglesia parroquial y al parque central, en mancomunidad con su amigo Cruz Mercado, y luego decidieron con una moneda tirada al aire qui\u00e9n de los dos se quedaba con la parte de la esquina. La gan\u00f3 mi padre.<\/p>\n<p>Fue construyendo la casa a retazos, con sus ganancias en el negocio de la compra de cosechas de granos a futuro, a lo que se dedic\u00f3 mientras lograba establecerse e instalar en aquella esquina que le hab\u00eda deparado la suerte su tienda de abarrotes. Fue lo primero que levant\u00f3, junto con el dormitorio matrimonial y un corredor, y luego el comedor y la sala de recibir visitas, y, con el tiempo, los dem\u00e1s dormitorios a medida que aumentaban los hijos. Por eso me recuerdo siempre entre alba\u00f1iles y carpinteros pendencieros y bromistas, que iban y ven\u00edan entre andamios y escaleras, la cal apilada en un corralito, la arena en montones que el viento llevaba a los ojos y la boca y se met\u00eda entre los dientes a la hora del almuerzo, rimeros de tejas, piedras de cantera, los ladrillos de mosaico que luego en el piso de la sala simular\u00edan una alfombra persa, costales de cemento Portland, el caj\u00f3n de la argamasa, reglas y ripios para el henchido de las paredes de taquezal, zapatas y alfajillas.<\/p>\n<p>Contemplaba los instrumentos de trabajo con pasi\u00f3n curiosa, unos que pod\u00edan encontrarse al paso, otros en los cajones de herramientas, o sobre el banco de carpintero castigado y carcomido como si hubiera pasado por el fuego, piochas, palas y picos, garlopas de mango torneado, cucharas triangulares para batir la argamasa, gubias y barrenas, martillos de oreja, el berbiqu\u00ed y su juego de brocas, el cepillo que aventaba en colochos las virutas, la garlopa como un zapato ortop\u00e9dico, la escofina dentada. Y hay dos que regresan a mi memoria con mayor insistencia porque representaban el orden del mundo: el nivel y la plomada.<\/p>\n<p>Cada vez que era requerido, el nivel aparec\u00eda de manera misteriosa en las manos del maestro de obras malhumorado, vestido de dril kaki y sombrero borsalino de ancha badana, el l\u00e1piz en la oreja y el metro plegable en el bolsillo de la camisa, adusto y distante entre los operarios que trabajaban en camisolas sin mangas, las gorras de beisboleros con roturas por las que asomaban mo\u00f1os de cabello, los zapatos sin cordones con las leng\u00fcetas de fuera, el olor a argamasa mezclado en su piel con el rezumo de alcohol y el sudor viejo.<\/p>\n<p>El nivel era una pieza rectangular de madera que conservaba el brillo del barniz a pesar de los rigores de su uso, al medio la burbuja encapsulada que parpadeaba como un ojo atento y preocupado de que la exactitud del eje entre las dos muescas marcadas en la hilada de piedras no se descalabrara.<\/p>\n<p>El nivel atestiguaba el nivel, y la redundancia no sobra. Era el custodio de lo justo y de lo exacto igual que el fiel de la balanza que pesaba las mercanc\u00edas en la tienda de mi padre, y preven\u00eda las cat\u00e1strofes y los derrumbes porque el equilibrio era la ley natural que nadie podr\u00eda violentar, cuando rematadas las paredes el techo de tejas asentado en las soleras de cedro reci\u00e9n labradas por el escoplo, descendiera desde la cumbrera de dos aguas hacia los aleros en un oleaje tranquilo.<\/p>\n<p>Si el orden horizontal del mundo lo custodiaba el ojo imperturbable del nivel, el orden vertical correspond\u00eda a la plomada. El alba\u00f1il lo llevaba en el bolsillo trasero y semejaba m\u00e1s bien un trompo con la cuerda enrollada, solo que este era de fierro, y la cuerda serv\u00eda para colgarlo junto a la pared a\u00fan desnuda del repello, de modo que separado apenas unos mil\u00edmetros de la superficie probara que la correspondencia era exacta y que la pared a plomo jam\u00e1s se desplomar\u00eda sobre nuestras cabezas.<\/p>\n<p>Masatepe, enero 2020.<br \/>\nwww.sergioramirez.com<br \/>\nwww.facebook.com\/escritorsergioramirez<br \/>\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/sergioramirezm?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by sergioramirezm<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><br \/>\nhttps:\/\/instagram.com\/sergioramirezmercado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi padre, el \u00fanico de entre sus hermanos que no quiso ser m\u00fasico y se decidi\u00f3 por la vida de comerciante, compr\u00f3 un terreno en el centro de Masatepe, que daba a la iglesia parroquial y al parque central, en mancomunidad con su amigo Cruz Mercado, y luego decidieron con una moneda tirada al aire [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":12,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[2288],"class_list":["post-49998","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-columnas","tag-sergio-ramirez-mercado"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49998","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=49998"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49998\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":49999,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49998\/revisions\/49999"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49998"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=49998"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=49998"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}