{"id":50497,"date":"2009-04-05T13:41:11","date_gmt":"2009-04-05T19:41:11","guid":{"rendered":"http:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/?p=50497"},"modified":"2020-03-10T13:43:34","modified_gmt":"2020-03-10T19:43:34","slug":"bluefields-mestizo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/reportajes\/bluefields-mestizo\/","title":{"rendered":"Bluefields mestizo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">La tierra del palo de mayo es la tierra de vaqueros chontale\u00f1os que escuchan rancheras en lugar de reggae y comen nacatamales en lugar de rond\u00f3n. Bluefields, el coraz\u00f3n negro del pa\u00eds, es cada d\u00eda m\u00e1s un territorio de mestizos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Amalia Morales\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Dos hombres con botas de hule debajo del pantal\u00f3n y camisas abiertas anudadas en la barriga, salen por las puertas batientes de una cantina. Afuera no hay caballos amarrados. M\u00e1s que caminar se mecen y balbucean frases que ni se entienden ni se escuchan. Por encima de sus voces anestesiadas por el ron, se impone el berrinche del buki mayor, Marco Antonio Sol\u00eds, el mexicano que siempre le canta a la cabanga.<\/p>\n<p>La canci\u00f3n, la cantina y la pareja de campesinos embebidos hasta los talones no tendr\u00eda nada de particular si estuviera ubicada en cualquier caser\u00edo monta\u00f1oso de Jinotega o en cualquier pueblo ganadero de Chontales, donde esta atm\u00f3sfera es natural, pero la pareja, la canci\u00f3n de despecho que suena al fondo y la cantina, est\u00e1n a cuadra y media del parque central de Bluefields, la cabecera departamental de la Regi\u00f3n Aut\u00f3noma del Atl\u00e1ntico Sur (RAAS), la capital de los creoles del pa\u00eds y del palo de mayo; la ciudad negra que en las \u00faltimas d\u00e9cadas ha visto c\u00f3mo, por efectos del avance irrefrenable de la frontera agr\u00edcola, su paisaje ha cambiado tanto que ahora al lado de las comparsas se hacen desfiles h\u00edpicos y lo mismo se venden nacatamales o tortilla con cuajada que rond\u00f3n y sopa de mariscos. Bluefields, dicen los blufiele\u00f1os, se ha \u201cchontale\u00f1izado\u201d.<\/p>\n<p>Esta llegada masiva de chontale\u00f1os a Bluefields, que realmente incluye a gente de todo el pa\u00eds, arranc\u00f3 en la \u00e9poca del presidente Jos\u00e9 Santos Zelaya, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Seg\u00fan el historiador Johnny Hodgson, actual secretario pol\u00edtico regional del FSLN, fue entonces cuando \u201cvino una gran cantidad de mestizos\u201d a la bah\u00eda blufile\u00f1a. La mayor\u00eda eran de Granada y Le\u00f3n, detalla Hodgson, quien mueve sus largos brazos como dos ramas de coco bamboleadas por el viento. Detalla que tras lograr la reincorporaci\u00f3n de la Mosquitia a Nicaragua, Zelaya, reparti\u00f3 el 10 por ciento del territorio de la Costa Caribe como una manera de recompensar a sus seguidores que participaron en la expedici\u00f3n militar que hab\u00eda culminado con \u00e9xito.<\/p>\n<p>Pero muchos de esos beneficiados s\u00f3lo volvieron la cara hacia ese suelo remoto del pa\u00eds, habitado por ind\u00edgenas y afrodescendientes, cuando se habl\u00f3 de la posibilidad de construir un canal interoce\u00e1nico.<\/p>\n<p>Esa primera oleada de mestizos arrib\u00f3 de la mano de Rigoberto Cabezas y Juan Pablo Reyes quienes llegaron para desempe\u00f1ar cargos de confianza. El uno fue inspector general de la Costa y el otro gobernador-intendente. A partir de ah\u00ed, la nomenclatura de apellidos en la que dominaban los Gordon, Dixon, Omier y Hodgson empez\u00f3 a revolverse en una suerte de spanglish con los Reyes, Cabezas, Mart\u00ednez y Lacayo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Bajando por la calle del parque, abajo de la cantina que dejaron los dos borrachos, se llega a la discoteca Cimas, un edificio de tres plantas. En el primer piso funcionan varias tiendas durante el d\u00eda, y en los restantes \u2013los dos de arriba\u2013 queda el bar y la pista de baile que abre todas las noches. La m\u00fasica que programa el DJ en Cimas es quiz\u00e1s la mejor prueba del gusto multi\u00e9tnico que impera en Bluefields: baladas rom\u00e1nticas en espa\u00f1ol, bachatas de Ventura, merengues de Juan Luis Guerra, salsa en todos los tonos, hasta lo m\u00e1s caliente de la soca y el calipso, y las novedades del reggae y el reggaet\u00f3n. Ana Mart\u00ednez, blufile\u00f1a de 34 a\u00f1os, visita el Cimas de vez en cuando. Ana es parte de una generaci\u00f3n de blufile\u00f1os con or\u00edgenes en el Pac\u00edfico. Su mam\u00e1 es de Juigalpa, Chontales, y su pap\u00e1 de Estel\u00ed.<\/p>\n<p>Los dos se conocieron en la capital de la RAAS el d\u00eda que su pap\u00e1 baj\u00f3 de uno de los barcos que capitaneaba y vio a su mam\u00e1 que hab\u00eda llegado a esa ciudad costera en compa\u00f1\u00eda de su hermano mayor, que administraba una reconocida funeraria.<\/p>\n<p>Ana, de tez clara, cara redonda, pelo largo y ondulado, dice que se ha criado entre el pan de coco y la g\u00fcirila, entre el pat\u00ed y la rosquilla, entre la yuca y la tortilla.<\/p>\n<p>Ana, que es madre de tres hijos, se cas\u00f3 y divorci\u00f3 con otro mestizo, pero dice que no tiene prejuicios en enamorarse de hombres de otros grupos \u00e9tnicos. \u201cHe tenido novios criollos y tengo una hermana que es casada con un criollo\u201d, dice Ana, quien a la hora de bailar tiene acentuado en sus caderas ese cadencioso estilo coste\u00f1o. Ella, definitivamente, se identifica m\u00e1s con una soca que con una ranchera.<\/p>\n<p>\u201cNo s\u00f3lo a Cimas tambi\u00e9n voy a Four Brothers\u201d, dice Ana refiri\u00e9ndose al popular rancho de baile con piso de tambo y paredes de tablas que se localiza en el barrio Punta Fr\u00eda, uno de los cuatro que congregan a la poblaci\u00f3n creol ede Bluefields.<\/p>\n<p>Los otros tres son Beholden, Old Bank y Pointen. En ellos, la mayor\u00eda de los que circulan son pobladores afro que profesan la religi\u00f3n morava.<br \/>\nSe ve uno que otro mestizo, pero \u00e9stos se concentran m\u00e1s en la zona central de Bluefields, o en barrios como el Pancas\u00e1n y Santa Rosa, donde tambi\u00e9n convive un peque\u00f1o grupo de pobladores ramas.<\/p>\n<p>Herminson Gordon, de 62 a\u00f1os, ha vivido siempre en Beholden. Gordon, quien tiene brazos largos de su \u00e9poca de carpintero, dice que en el centro de Bluefields todav\u00eda sobreviven algunas casas de madera que \u00e9l ayud\u00f3 a construir. Ahora, este hombre de pelo crespo y hondos ojos, procura no salir del barrio. Por las tardes, se le ve en la acera de la calle principal, al lado de una mesa en la que recae su sobrevivencia y la de su esposa. Los mayores compradores de Gordon son los alumnos de la escuela Dinamarca, el \u00fanico colegio completamente biling\u00fce de Bluefields. Gordon trabaja junto a su esposa y no tiene comentarios que hacer sobre la presencia creciente de mestizos en la ciudad. Despu\u00e9s de todo, \u00e9l sale muy poco del barrio.<\/p>\n<p>No existe un dato exacto de cu\u00e1ntos creoles viven en Bluefields, pero Johnny Hodgson estima que el 85 por ciento de los creoles de la RAAS, que en total son cerca de 50,000, se concentran en la cabecera regional. Sin embargo, el n\u00famero de mestizos es de lejos, mucho mayor: son unos 300,000 en toda la regi\u00f3n. La mayor\u00eda est\u00e1n esparcidos en otros municipios y comunidades. Hay asentamientos importantes de mestizos en Punta Gorda, en el sector de Laguna de Perlas, en la Desembocadura del R\u00edo Grande de Matagalpa, el municipio que est\u00e1 m\u00e1s al norte de la RAAS.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la ola de Zelaya, a comienzos de siglo XX, se registraron importantes desplazamientos hacia la RAAS, en las d\u00e9cadas de los setenta, ochenta y noventa.<\/p>\n<p>La de los sesenta ocurri\u00f3 cuando los terratenientes del algod\u00f3n en Occidente, Le\u00f3n y Chinandega, presionaron al gobierno de Anastasio Somoza a que entregara tierra a los campesinos que ellos expulsaban con el monocultivo. Fue bajo esta l\u00f3gica que se cre\u00f3 Nueva Guinea, el asentamiento que m\u00e1s tarde se convertir\u00eda en departamento, y que se implant\u00f3 en pleno bosque, en suelos con vocaci\u00f3n forestal no agr\u00edcola, recuerda Hodgson.<\/p>\n<p>En los ochenta fue la revoluci\u00f3n, la guerra, la reforma agraria los factores que agregaron a otros miles de campesinos del<\/p>\n<p>Norte y del Pac\u00edfico a la geograf\u00eda coste\u00f1a. Y por \u00faltimo, en los noventa, la desmovilizaci\u00f3n de armados que promovi\u00f3 el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, sum\u00f3 otros miles de machetes a las tierras que hab\u00edan sido de los creoles, miskitos, ramas, gar\u00edfonas y mayangnas, los cinco pueblos aut\u00f3ctonos de esa regi\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_50674\" aria-describedby=\"caption-attachment-50674\" style=\"width: 720px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-200.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-50674\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-200.jpg\" alt=\"Bluefields mestizo\" width=\"720\" height=\"482\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-200.jpg 720w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-50674\" class=\"wp-caption-text\">Un campesino traslada sus bueyes hasta Bluefields en peque\u00f1as embarcaciones.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En busca de fortuna, Mar\u00eda Domitila Z\u00fa\u00f1iga se instal\u00f3 en Bluefields hace 18 a\u00f1os. No la desplaz\u00f3 la guerra. Tampoco la b\u00fasqueda de un pedazo de tierra. Domitila, originaria de Masaya, lleg\u00f3 a esa ciudad con una canasta de melones, tomates y pi\u00f1as. Ven\u00eda de Corn Island, la isla de aguas colores turquesa que est\u00e1 a tres horas en lancha de Bluefields. Fue a parar a la peque\u00f1a isla con sus paisanas. Pero se cans\u00f3 de pagar tanto por el traslado de los productos perecederos que casi siempre llegaban a punto de malearse.<\/p>\n<p>Domitila hab\u00eda trabajado en los mercados Oriental y San Miguel de Managua y dice que se aventur\u00f3 en la Costa porque le hab\u00edan dicho que se ganaba bien. Y no le mintieron. En los casi 20 a\u00f1os asegura que no se puede quejar. \u201cTengo una casa en el sector de la Laguna de Apoyo, y voy casi siempre una vez al mes\u201d, agrega mientras despacha cuatro melones por 120 c\u00f3rdobas a un se\u00f1or creole que titube\u00f3 un par de veces antes de decidirse a llevar la costosa fruta.<\/p>\n<p>Frente a Domitila nadie se queja, pero es notorio que hay malestar entre algunos coste\u00f1os por la presencia de tantas masayas al frente del negocio de frutas y verduras.<\/p>\n<p>\u201cYo lo que digo es que todos somos nicarag\u00fcenses y todos tenemos derecho\u201d, dice Silvio Lacayo, un mestizo nacido en El Bluff hace 65 a\u00f1os.<\/p>\n<p>No s\u00e9 sabe exactamente cu\u00e1ndo, pero desde hace alg\u00fan tiempo, el cumplea\u00f1os de Bluefields se celebra con una comparsa de bailantes, que se viste con ropas multicolores y que al ritmo del agitado palo de mayo se mueve por las principales calles de la ciudad. Por las mismas avenidas tambi\u00e9n avanza un desfile h\u00edpico. Los que montan a caballo como en Juigalpa o en Acoyapa, van con sus sombreros, botas de ca\u00f1a alta de cuero y puntudas, espuelas con estrellas, monturas de cuero. Casi todos son mestizos. Es raro ver a un creole, pero se puede apreciar tambi\u00e9n que hay creoles en las cantinas donde se escuchan canciones de los Tigres del Norte o se baila al ritmo de Cumbia King.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cA m\u00ed me gustan los h\u00edpicos, pero no en Bluefields. Me gusta en los lugares donde el desfile se hace por tradici\u00f3n, no aqu\u00ed\u201d, dice Ana Mart\u00ednez. Sin embargo, historiadores, soci\u00f3logos de la regi\u00f3n creen que \u00e9ste es un efecto m\u00e1s de ese mestizaje inevitable que sobrevive en Bluefields, donde tambi\u00e9n se hacen apuestas de gallo y se celebran Pur\u00edsimas, una tradici\u00f3n que a\u00f1os atr\u00e1s tampoco se acostumbraba.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u201cFamilia Lacayo-Ortiz\u201d. La peque\u00f1a placa negra se lee sobre una puerta verde, al lado de un casino en el barrio Central de Bluefields. Es la casa de Silvio Lacayo, una de las pocas casas de madera y de dos plantas que todav\u00eda se ven en Bluefields, donde la mayor\u00eda de las viviendas se construyen de concreto, con ventanales ahumados y colores pasteles, a la hechura de las nuevas urbanizaciones de Managua. La explicaci\u00f3n del uso del cemento como material principal en las construcciones es hist\u00f3rica y sencilla: empez\u00f3 a usarse despu\u00e9s del paso del hurac\u00e1n Juana, en octubre de 1988.<\/p>\n<p>La casa de Lacayo, quien se cas\u00f3 con una mujer de Juigalpa y procre\u00f3 cuatro hijos, es un peque\u00f1o ejemplo de c\u00f3mo viven muchas familias en Bluefields. Se desayunan huevos con tortillas o pan de coco, se almuerza pescado o sopa de mariscos y se come pat\u00ed.<\/p>\n<p>Lacayo, dice que al principio su esposa no conoc\u00eda las comidas de la zona, pero que ahora es una experta en la gastronom\u00eda caribe\u00f1a.<\/p>\n<p>Y como en el resto de Bluefields, a la casa de Lacayo no dejan de llegar pobladores de otras partes del pa\u00eds. Hace menos de dos meses que vive con ellos una sobrina de su esposa, que es originaria de La Libertad, Chontales. Solangie Gonz\u00e1lez, de 17 a\u00f1os, dice que se instal\u00f3 en Bluefields por estudios. Lleva mes y medio estudiando comunicaci\u00f3n social. \u201cA mi mam\u00e1 le daba horror que me fuera a Managua y a m\u00ed tambi\u00e9n. Entonces mi prima la convenci\u00f3 de que me viniera para ac\u00e1\u201d, dice la muchacha de ojos caf\u00e9 claros.<\/p>\n<p>En Bluefields, Solangie se mueve como pez en el agua. \u201cMe gusta como es la gente aqu\u00ed\u201d, dice Solangie mientras posa para una fotograf\u00eda y besa la frente de Pastora Joseph, una mujer negra de casi 80 a\u00f1os que vive en Pointeen, y que no sabe que Solange es la \u00faltima de un contingente de mestizos que cada d\u00eda se afianza m\u00e1s en Bluefields.<\/p>\n<figure id=\"attachment_50673\" aria-describedby=\"caption-attachment-50673\" style=\"width: 720px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-199.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-50673\" src=\"https:\/\/gep90.laprensa.com.ni\/magazine\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-199.jpg\" alt=\"Bluefields mestizo\" width=\"720\" height=\"482\" srcset=\"https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-199.jpg 720w, https:\/\/d1xxa24wwackpg.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/magazine133-tripa-199.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-50673\" class=\"wp-caption-text\">Mujeres de Masaya se han tomado el comercio de frutas y verduras en la ciudad m\u00e1s negra del pa\u00eds.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tierra del palo de mayo es la tierra de vaqueros chontale\u00f1os que escuchan rancheras en lugar de reggae y comen nacatamales en lugar de rond\u00f3n. Bluefields, el coraz\u00f3n negro del pa\u00eds, es cada d\u00eda m\u00e1s un territorio de mestizos.<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":50672,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-50497","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reportajes"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/50497","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=50497"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/50497\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":50677,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/50497\/revisions\/50677"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media\/50672"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=50497"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=50497"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=50497"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}