{"id":58175,"date":"2021-05-02T01:22:00","date_gmt":"2021-05-02T07:22:00","guid":{"rendered":"https:\/\/magazine.laprensanic.com\/?p=58175"},"modified":"2023-12-27T01:23:47","modified_gmt":"2023-12-27T07:23:47","slug":"la-biblioteca-que-he-dejado-atras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.laprensanic.com\/magazine\/prosa-profana\/la-biblioteca-que-he-dejado-atras\/","title":{"rendered":"La biblioteca que he dejado atr\u00e1s"},"content":{"rendered":"\n<p>La biblioteca que he dejado atr\u00e1s en Nicaragua es como una casa dentro de otra casa, construida a lo largo de muchos a\u00f1os, desde que mi afici\u00f3n impenitente por la lectura me llev\u00f3 a juntar libros. Un ladrillo tras otro ladrillo, muros de libros que reclaman cada vez m\u00e1s estantes, provenientes de mis correr\u00edas por librer\u00edas de muchas ciudades del mundo; librer\u00edas como catedrales, otras peque\u00f1as y acogedoras donde reina siempre el silencio, librer\u00edas de viejo en buhardillas que huelen a papel de tantos a\u00f1os y donde no falta tampoco el aroma a vejez de la naftalina.<\/p>\n\n\n\n<p>El exilio hace extra\u00f1ar muchas cosas, pero entre las que me hacen faltan est\u00e1n mis libros. Ahora no s\u00e9 cu\u00e1ntos son. Creo que nunca lo he sabido. Alguien me ha preguntado alguna vez, al visitarme dentro de aquel refugio, si he alcanzado a leerlos todos, una pregunta de gran candidez, porque algo as\u00ed es imposible. Leerse todos los libros coleccionados a lo lago de la vida ser\u00eda un acto borgiano que puede llevar a la locura.<\/p>\n\n\n\n<p>Los libros est\u00e1n all\u00ed, con sus lomos atrayentes, para darme ese privilegio de la escogencia de qu\u00e9 leer, y en qu\u00e9 momento leer. Libros a los que se vuelve con la avidez de la primera vez que lo tuvimos entre manos, que algo nos ense\u00f1aron y dejaron una huella en nosotros; o libros que nos deslumbraron alguna vez, y al sacarlos otra vez del estante y empezar de nuevo a leerlos, despu\u00e9s de a\u00f1os, nos decepcionan, quiz\u00e1s porque cada lectura tenga su momento propicio, que luego se pierde para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre tendremos m\u00e1s libros de los que nos alcanza la vida para leerlos, y a ese caudal estar\u00e1n entrando siempre nuevos t\u00edtulos, como a trav\u00e9s de una compuerta siempre abierta; los que compramos cuando viajamos, los que nos llegan por correo, los que nos regalan los amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la biblioteca propia se va formando por libros solos, o por lotes entra\u00f1ables. Jos\u00e9 Coronel Urtecho empez\u00f3 a enviarme desde su hacienda Las Brisas, en cajas de cart\u00f3n de embalar jab\u00f3n y aceite de cocinar, sus libros de historia, como una herencia que me dejaba por adelantado. Mes tras mes, y all\u00ed estaban las cajas en mi casa, una o dos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Comedia Humana de Balzac, en la edici\u00f3n que tengo en mi biblioteca, est\u00e1 formada por treinta tomos en cuarto mayor, con tapas de cart\u00f3n. Es una edici\u00f3n muy vieja, que compr\u00e9 una vez en una librer\u00eda de Clermont-Ferrand en Francia, porque su precio me pareci\u00f3 irresistible, unos cien euros. La compr\u00e9 sin fijarme en las consecuencias, porque, una vez en mis manos, \u00bfqu\u00e9 hac\u00eda para enviarla a Nicaragua? Un amigo me ayud\u00f3 a cargar los libros hasta la oficina m\u00e1s cercana de correo, el empleado los meti\u00f3 en sacas, y por un precio asombrosamente bajo tambi\u00e9n, fueron enviados por correo mar\u00edtimo y llegaron sanos y salvos; y all\u00ed est\u00e1n, sus tapas amarillo hueso visibles en uno de los estantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacerse de una biblioteca que se convierte en un verdadero bosque frondoso, toma tiempo, o toma toda una vida. Yo he vivido dentro de ese bosque, y s\u00f3lo yo puedo orientarme dentro de \u00e9l, s\u00f3lo yo s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 cada libro, y puedo ir directamente a buscarlo. En alguna ocasi\u00f3n alguien me convenci\u00f3 de que deber\u00eda contratar a un bibliotec\u00f3logo que me los clasificara, y result\u00f3 en un verdadero desastre. Cuando regres\u00e9 de un viaje me hall\u00e9 con el trabajo cumplido de manera muy profesional, cada libro con su etiqueta de clasificaci\u00f3n, y un fichero de varias gavetas en una esquina.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero fue como si el orden establecido por aquella mano experta hubiera trastornado mi mundo, y me encontr\u00e9 perdido en mi bosque. Ya no sab\u00eda d\u00f3nde estaba cada libro al que yo pod\u00eda ir directamente, dentro del caos organizado en que todos viv\u00edan en paz y armon\u00eda, y me sent\u00ed extranjero en mi propio mundo. De manera que deshice el trabajo de clasificaci\u00f3n, y volv\u00ed a colocarlos de la manera en que antes los ten\u00eda, para llegar hasta ellos sin m\u00e1s gu\u00eda que mi memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora todo est\u00e1 en silencio en ese bosque. Imagino los estantes de libros en la penumbra, quietos, en el recinto cerrado, esperando la mano que los devuelva a la vida, la m\u00eda, que he vivido entre ellos, dichoso de su compa\u00f1\u00eda. Exiliados tambi\u00e9n ellos, en su propia soledad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El exilio hace extra\u00f1ar muchas cosas, pero entre las que me hacen faltan est\u00e1n mis libros. Ahora no s\u00e9 cu\u00e1ntos son. Creo que nunca lo he sabido. 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