Las cosas por su nombre: gordofobia  

Gordo. ¿Es un insulto? No, no lo es pero se usa como tal. En esta sociedad, se considera que los cuerpos gordos son insanos, desagradables y descuidados, es importante dejar claro que esto no es la realidad y lo único que hace es seguir fomentando el estigma.  

Está tan interiorizado el estándar que se nos ha impuesto como sociedad que cuando se ven cuerpos que se salen de esta norma, choca. Y esta situación está tan establecida que incluso muchas veces no nos damos ni cuenta de lo que está pasando y creemos que nos estamos preocupando por la salud de estas personas.  

¿Pero realmente es eso lo que nos preocupa? 

Seguramente alguna vez has visto a alguien que ha bajado de peso y has escuchado como le felicitan por su «logro». Pero, ¿has escuchado que alguien le pregunte si esa pérdida de peso corresponde a un cambio de hábitos o a algún suceso que ha sucedido en su vida o a alguna enfermedad? Yo, no.   

¿Has escuchado que alguien le pregunte a una persona que perdió peso cómo se siente tanto física como mentalmente? Yo, no.  

Así que volvamos a preguntarnos ¿realmente nos preocupa la salud de las personas o solamente queremos que calce dentro del estándar de belleza impuesto por la sociedad? Queda como reflexión.  

Si al final lo que genuinamente nos preocupa es la salud de las personas, podríamos hacerlo mejor, quizá podríamos enfocarnos en no discriminar por el peso y hablar más de otros indicadores de salud como la digestión, niveles de energía, calidad del sueño, salud mental entre otros.  

Si aún con todo lo que estamos hablando creés que el estar gordo es algo «malo» y es algo que no se puede «normalizar», quizá tenés un poquito de gordofobia.

Y es que claro, vivimos en una sociedad en la que es esto lo que promueve, nacemos en este contexto por lo que de alguna u otra forma todos tenemos un poco de gordofobia interiorizada (en diferentes grados). Hay que aceptarlo y partir de ahí porque podemos hacerlo mejor. Podemos crear una sociedad donde no exista esta discriminación, porque nadie se la merece.  

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