Thelma Brenes: “Para nosotros como familiares es casi una tortura”
Thelma Brenes, de 40 años, siempre enfrenta el mismo problema cuando narra la historia de su padre. Es hija del coronel en retiro Carlos Brenes, condenado 15 años de prisión, bajo el cargo falso de “traidor a la patria” realizado por la dictadura de Daniel Ortega. Ninguno de sus interlocutores suele entender, por ejemplo, cómo […]
Thelma Brenes, de 40 años, siempre enfrenta el mismo problema cuando narra la historia de su padre. Es hija del coronel en retiro Carlos Brenes, condenado 15 años de prisión, bajo el cargo falso de “traidor a la patria” realizado por la dictadura de Daniel Ortega.
Ninguno de sus interlocutores suele entender, por ejemplo, cómo ella no puede llamar a la Penitenciaría para que le informen sobre e estado del militar, o contratar un abogado para buscar una solución. “Me toca explicar que Nicaragua está al estilo de Corea del Norte”, afirma.
Hace unos días, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reveló la condena que también impusieron a la esposa de su padre, Salvadora Martínez. De otro modo, no es exagerado pensar que no lo hubieran sabido.
“Esas sentencias son falsas, son de juguete”, insiste en esta conversación desde Holanda, en la cual habla de la relación del FSLN con su familia. El coronel en retiro era un crítico de la dirigencia del FSLN desde antes de la derrota electoral de 1990.
La dictadura lo apresó en agosto de 2018, cuatro meses después de las protestas en que miles de ciudadanos demandaron la renuncia de Ortega y Rosario Murillo en las calles. Fue excarcelado posteriormente. Pero ya no volvió a ser un hombre libre, como cuenta su hija. El jueves 14 de agosto de 2025, la Policía lo capturó nuevamente.
La ingeniera agropecuaria Thelma Brenes ha construido una trayectoria de trabajo con la cooperación internacional. Durante 2005 se graduó en la escuela agrícola Zamorano en Honduras, luego hizo una maestría en Chile. Posteriormente, logró un doctorado en el cual obtuvo un Magna Cum Laude en la Universidad Göttingen (Alemania). Además de su relación filial, estos viajes, la revolución sandinista y ahora la represión han marcado sus vidas.
Hace unos días, se conoció por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que su padre había sido condenado. ¿Ustedes fueron notificados de esta decisión judicial?
Nunca fuimos notificados. Desde la desaparición, el 14 de agosto del año pasado, ya casi son 8 meses, no tenemos, ninguno de los familiares ningún contacto con él. Ni sabemos su condición de salud ni cómo está. Así que estamos en el silencio absoluto.
¿Cómo describiría estos días marcados por la ausencia de su padre y doña Salvadora?
Para nosotros como familia— en el caso específico de mi papa, pero todas las familias de personas desaparecidas— es casi una tortura para ellos y nosotros. Imagínate que el día que fueron detenidos, ni siquiera nos dimos cuenta. Yo noté que a mi papá dejó de llegarle los mensajes (de WhatsApp) y no los leía.
Sin noticias de ellos. ¿Dónde está la esposa de coronel?
Por eso, hay también una confusión con las fechas de su detención: A ellos los detienen el 14 (de agosto) tipo seis de la tarde. Pero los familiares nos damos cuenta al día siguiente cuando vemos que no responden llamadas, mensajes. Y ahí van a chequear adonde ellos viven solos. Nos damos cuenta de que ya no estaban y se los había llevado la Policía. Desde entonces, no tenemos ninguna noticia de ellos. Salvadora, ni siquiera sabemos dónde está.
Vivís en una angustia horrible, porque son personas mayores con muchas enfermedades crónicas y después de la muerte de Don Mauricio Alonso, por ejemplo, es imposible no imaginarse lo peor. Y ahora que digan que tienen una sentencia de 15 años, pues es muy difícil manejarlo como familiar.
2006. El coronel Carlos Brenes, junto a sus dos hijos, Thelma y Carlos, en las cercanías de la Laguna de Apoyo en Masaya. Foto/Cortesía
Yo— ya por lo menos es la segunda vez que lo he vivido— y sé que esas sentencias no valen ni siquiera para ellos. Entonces yo sé que esas sentencias son falsas, son de juguete y al final ellos mismos saben que son falsas. Y han sacado a gente con sentencias también. Trato de enfocarme en seguir luchando.
Usted asistió al Consejo de Derechos Humanos en Suiza. Dijo que su padre había perdido la libertad desde 2018. ¿Cómo fue el que régimen fue cercando al coronel hasta convertirlo nuevamente en prisionero?
Totalmente. Cuando él sale, mi papa nunca fue libre. O sea, él logra salir tal vez una vez a Costa Rica a chequearse, pero lo detienen en Peñas blancas por dos horas. Le quitan regalos con banderas azul y blanco que él llevaba a Costa Rica. Cuando vuelve a entrar a Nicaragua, lo vuelven a detener por dos horas. (Se dan) cuatro horas de interrogación.
Severo control de policías y militares
Luego él vuelve a la finca. Eran visitas constantes de la Policía o el Ejército un domingo, un día feriado, cualquier día de la semana. Llegando a revisar si tenía armas. Que quién llegaba a visitarlo. Luego lo obligaban a reportarse por teléfono y le decían que, si tenía que salir de Carazo, tenía que reportar.
Ya mi papá en esa época— él tiene 70 años— ya no hacía viajes largos a Managua y evitaba también salir de la ciudad. Realmente esa vigilancia restringe la habilidad de la persona de salir y también la vida social. Porque al ver, si uno está en constante vigilancia, también uno dice: «Bueno, pongo en riesgo a mi familia si voy a más allá, si voy a este lugar porque también los vigilan a ellos”. La situación familiar y social (o el contexto familiar y social) se fue reduciendo con el tiempo.
En este mes se cumplen ocho años de la rebelión de abril. Y tu papá es de Masaya que es un lugar muy simbólico. ¿Cómo describiría que es Nicaragua ocho años después de que la gente se levantó?
Todos tenemos una herida ahí no sanada desde 2018. Fue un evento muy importante en la sociedad nicaragüense, que nos ha marcado. Y el gobierno o el régimen no nos deja trabajar. Porque trata de reprimir cualquier discusión, o cualquier evento, comunicación, expresión que podamos tener en las redes sobre lo que pasó en 2018.
Pero sabemos que, con reprimir algo que sucedió— un hecho que es real—, no significa que lo vamos a olvidar y poder borrar. Si no que reprimir algo así, más bien lo que hace es que explote unos años después o vuelva a salir.
Ortega y Murillo “generan resentimiento”
Y eso sucede en muchas sociedades y lo ha demostrado la historia. Entonces, el gobierno trata de hacer algo que es prácticamente imposible. Porque, al tratar de reprimir a sus mismas bases—reprimir dentro de su mismo partido— lo que hace es generar más resentimiento hacia ellos mismos.
Tocó el tema del partido. Cada vez que se habla de la historia del coronel Brenes, siempre salen aquellas fotografías en blanco y negro en que aparece con Daniel Ortega. ¿Alguna vez ustedes se imaginaron que terminaría convertido en prisionero de la dictadura dada la relación histórica con el FSLN?
Como hija nunca me lo imaginé. Crecí en una familia profundamente sandinista. O sea, yo me acuerdo como niña chiquita ir a la Plaza todos los 19 (de julio). En mi casa, se hablaba de hoy es el natalicio de Sandino.
O sea, profundamente sandinista y convencidos con la justicia social; con sacar al país del subdesarrollo en que vivimos. Estudié economía agrícola y desarrollo rural. Todos en nuestra familia, de alguna manera, eso se transpiraba.
“Ni en mi peor película”
En el 2018, cuando yo veo esa foto de que él sale preso, para mí aceptar y entender eso me costó muchísimo tiempo. Nunca me imaginé ni nunca estaba en mi mente: Primero ver a la Policía matar a jóvenes en plena calle, en pleno sol del día, ¡a jóvenes universitarios!
Había escuchado de eso sobre la dictadura somocista y ver que la Policía Nacional lo hiciera, jamás estuvo ni en mi peor película. Y luego ver a mi padre una persona que de su juventud— a los 16, 18 años— se metió en el sandinismo. Verlo tratado así, tampoco.
Ocho años después, yo ya me doy cuenta y todos en Nicaragua nos damos cuenta de lo que es capaz el régimen: mandar a matar también a gente en Costa Rica. Entonces, ya cuando a él lo detienen una segunda vez, es diferente. Bueno, si yo sé que esto es posible, y que ellos son capaces de todo. Incluso dejar morir a gente en las cárceles, como vimos con los casos de Hugo Torres (general en retiro), de Mauricio (Alonso) Petri y otros desde el 2018.
Ahora, ¿qué imagen tiene ahora de Ortega y Murillo?
(Se ríe) Me río porque decís que imagen tenés ahora de Ortega, porque tal vez la primera imagen que yo tengo de Ortega es cuando yo tenía seis años y estaban las elecciones (1990). Entonces íbamos a la Plaza. Era el líder de un partido. Ahora, lo veo y es una descomposición la que veo del régimen.
Ni siquiera hablo de Nicaragua como un gobierno o de un Estado. Hablo del régimen de Nicaragua por el estado de composición al que ha llevado al país, producto de las malas políticas y del mal manejo del país, por medio del dictador Daniel Ortega. Al final es un dictador. Son dos dictadores, o sea, ellos no son líderes. Perdieron el liderazgo hace muchos años y el respaldo de la población y ellos lo saben. Si no, ¿por qué no tenemos elecciones libres en Nicaragua? Con eso te digo todo.
Recuerdo que hice una entrevista hace algunos años a su padre en Jinotepe, donde habló de la compra de unos tanques rusos y hablaba de su relación con el Ejército, ¿Cómo impactó a tu padre todo esto no solo por la relación el partido, sino por la relación que tenía también con el Ejército?
Creo que mucho. Lo que yo sé es que él venía hablando dentro del partido, el desencanto que había en la población de Nicaragua sobre el Servicio Militar Patriótico desde 1989. Él venía poniendo esos temas en la mesa. Ya en el 90, 91—con la pérdida de las elecciones— él es testigo de la Piñata y él está en mucho desacuerdo con cómo se manejan esas cosas dentro del Ejército.
Abril de 1984. Carlos Brenes jugando billar con el jefe del Ejército, Humberto Ortega Saavedra. Este último moriría siendo prisionero de su hermano en 2024.
Ya, a partir de 91, 92 y 93, las decisiones dentro del Frente Sandinista y como Ortega se posiciona como el único líder del partido. Tampoco le parece. Él sale del Ejército por muchos de esos desacuerdos. Hay una confusión de cuando (el coronel) sale del Ejército. Él sale tipo 1991, es decir, mi papá tiene 35 años, por lo menos, de estar siendo muy vocal y hablando sobre su opinión crítica sobre Daniel Ortega y muchas de las decisiones que tomó Daniel y Humberto (Ortega) dentro del Ejército y el partido. Y ha sido una decepción muy grande porque, imagínate, él vio morir a sus amigos y familiares en la guerra y mi papá hablaba de eso.
O sea, hablaba de qué triste ver morir a la gente que uno quiere por una causa que es distorsionada y que la ha vendido Daniel Ortega después.
¿Qué es lo que más extrañas de él? ¿Qué le dirías si lo pudieras tener enfrente? Nosotros hablábamos todas las semanas. Y siempre de política, incluso de política del mundo, o de mis viajes. Trabajo en temas de desarrollo y hablábamos de cómo otros países se parecían mucho a lo que estaba pasando en Nicaragua.
Comparábamos políticas de desarrollo, sistemas económicos. Entonces, esa parte sí me hace mucha falta. Poder hablar con él de las similitudes y las diferencias que tenemos los nicaragüenses, o nuestras comidas, con otras culturas.
Si pudiera hablar con él… (se interrumpe) … Nosotros hablábamos de su encarcelamiento del 2018, yo lo vi como hija como una segunda oportunidad con él, porque en 2018 yo siempre dije: No sé si lo voy a volver a ver.
Y, cuando él sale, lo vi como ahora tengo estos años con él que puedo hablar más abiertamente y puedo decirle lo que siento, cómo lo admiro como padre. Lo que haría y le diría hoy es reforzarle y decirle que me siento orgullosa de lo que es, de que es una persona digna. Ha seguido sus valores y que, si algo me deja, es su convicción, disciplina, creer en sus valores y le agradezco por esa herencia que me dio.
A los reos de conciencia y sus familiares, ¿qué les diría?
He conversado con gente que en el 2018 estuvo presa y me dicen que es muy difícil vivir las cosas allá adentro porque uno se siente solo y que no sabe cuánto tiempo va a estar van a estar allá adentro. Entonces, lo único que les puedo decir es que no se sientan solos; que sus familiares estamos apoyándolos desde afuera y vamos a seguir denunciando.
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