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Pintura Nicaragua, de Sergio Michilini, representa al P. Pallais con PAC en un llano inundado, basada en esta evocación de PAC: Entre tantas imborrables memorias de su amistad, yo recuerdo un viaje a pie con el Padre Azarías atravesando montes y caminos y leguas y leguas –cruzamos un llano inundado, con el agua a la cintura y él, con su raída sotana en alto recitando alejandrinos o citando a Hesíodo en griego –y lo vi visitar los ranchos de los campesinos y conversar con ellos de la Buena Noticia en su estilo familiar que era siempre poesía  en coloquio. LA PRENSA/CORTESÍA.

Prosas reunidas: Azaría H. Pallais

Como parte de los homenajes que este año le dedican a Azarías H.Pallais, Hispamer ha publicado las prosas completas del poeta y cura leonés

Por Nicasio  Urbina

Finalmente los lectores podremos tener acceso a las prosas del Presbítero Azarías H. Pallais (León 3 de noviembre 1884-León 6 de septiembre 1954) gracias a la magnífica labor editorial de José Argüello y la editorial Hispamer. El volumen cuenta con una introducción del editor que claramente expone el abandono en que había estado la obra del Padre Pallais, y con un epílogo de Julio Valle-Castillo que analiza brillantemente las cualidades de su obra en prosa y las tradiciones de las que se desprende. El índice onomástico y temático bastante completo facilita la consulta del volumen y permite al lector moverse con agilidad. Siendo uno de los más refinados poetas de su generación, prosista, predicador y hombre de justicia, es casi inconcebible que sea hasta ahora que se publican sus libros de prosas. Este volumen reúne El libro de las palabras evangelizadas, Discursos, Cartas a un joven artesano, Sermones, Glosas, y Otros escritos. Tenemos pues en un hermoso volumen la obra fuerte, vivaz, compasiva y erudita de nuestro gran clásico nicaragüense.

Como San Francisco de Asís, el Padre Azarías H. Pallais sabía ver en los animales la bondad que nos falta a los humanos. Así lo declara en “La glosa de las víboras glosadoras” donde se puede leer, “Es más feroz el hombre en cada una de sus miradas, que cien mil millones de jabalíes; y es más venenoso el hombre en cada una de sus palabras, que cien mil millones de serpientes” (334). Pallais amaba a todos los hombres, ricos y pobres, buenos y malos. En “La glosa de las horas” se puede ver su amor por los ladrones, por los honrados, por los ladrones honrados y por los honrados ladrones, pequeños delincuentes que roban por necesidad y sobre los que la ley cae con rigor, mientras que los grandes ladrones gozan de prestigio e impunidad. Se puede ver su crítica y su defensa del gobierno, de los gobiernos buenos y de los gobiernos malos, ya que consideraba que todos los ciudadanos somos también responsables por el buen funcionamiento del país. No distinguía entre los que se arropaban con la túnica amarilla de la iglesia o de España, o los que se vestían con el manto rojinegro de las palabras tontas. El Padre Pallais estaba interesado en las acciones, y sabía que todas las acciones pueden ser ambivalentes, pero detestaba la hipocresía de los discursos vacuos, y las acusaciones de los que no hacen nada. Su defensa de la justicia es clara y diametral. No cree en la justicia a medias, en la justicia parcial para los ricos y la ignominia para los pobres. En artículos como “La Cambalacha” y “La Calancha” podemos ver claramente la fuerza de su sentido de la justicia, su forma meridiana de enfrentar los problemas de la ley. La defensa de la prostituta que es a su vez víctima de sus clientes ricos, la defensa de la asesina que mata a su bebé en un acto de desesperación. En la cuarta “Carta a un joven artesano dice “Los desterrados son mis amigos y los desterradores, mis enemigos. Hay en mi alma, simpatía de primera clase para las víctimas y antipatía, escogida y superlativa para los verdugos” (190).

Portada de la nueva edición de Palabras Evangelizadas que reúne la prosa del cura y poeta, Azarías H. Pallais.
LA PRENSA/CORTESÍA

“La glosa de las horas” también revela otro aspecto importantísimo en la obra del Padre Pallais: su amor por la naturaleza, la castidad del agua, los ríos que son caminos. El Mico, el Siquia y el Rama que forman el Escondido. “Esta escondida la gloria de la tierra, de la tierra nuestra, en el Escondido” (339). La obra poética del presbítero Azarías H. Pallais es una de las obras poéticas cuyo campo semiótico está mejor definido y es de una claridad y belleza incomparable. Hay dos ejes centrales que atraviesan toda su obra: la naturaleza y los caminos. Estos dos ejes semióticos se pueden disponer en un plano cartesiano donde la naturaleza corresponde al eje horizontal o de las abscisas, y los caminos al eje vertical o de las coordenadas. El eje horizontal representa al plano sintagmático, y el vertical al plano paradigmático, según el plano cartesiano que los estructuralistas utilizan para estudiar la estructura de los mensajes estéticos. Dos planos: El horizontal representa a la naturaleza, es el plano del sintagma, todos los elementos que rodean al poeta; el vertical representa a la vida, a los caminos del poeta. De esta forma la obra poética de Azarías H. Pallais se organiza armónicamente en torno a un esquema semiótico que intenta ver el lenguaje como una estructura, o como una serie de estructuras, que dialogan entre sí, y se organizan en una forma particular regida por reglas internas. En las prosas del Padre Pallais no se encuentra esta estructuración armónica del contenido, pero sí resalta la función de la naturaleza como una fuerza de inspiración divina que ejemplifica la vida en comunión y justicia. Sus estructuras vienen de la tradición literaria, especialmente de dos géneros relacionados con la iglesia: la glosa y el sermón. Ambos géneros radican en la ejemplificación de una enseñanza, y la paulatina expansión de los argumentos. Sus orígenes son medievales, y representan la forma más clara de la explicación y la enseñanza.

El Padre Pallais amaba todo lo clásico, la música y los bailes griegos, la pintura renacentista, la poesía de Dante Alighieri. Detestaba muchas cosas de su tiempo: la no música del tango y la contra-música del mambo, pero amaba y sabía distinguir a los talentos de su tiempo, véase si no su valoración del León de su tiempo en “Sombras”. En la segunda “Carta a un joven artesano” embiste contra los bailes de la época: el Fox trot y el One step por ser inmorales y reveladores. Qué diría el Padre Pallais ante el regatón y la punta. Pero aparte de la perspectiva ideológica que podamos leer en las prosas del Padre Pallais, en este volumen ahora podemos apreciar en toda su dimensión a Azarías H. Pallais crítico cultural, párroco y guía espiritual, o crítico literario en piezas como “Jorge Amadís Bolaños” o “El chubasco de Otto Schmidt”. Podemos ver su valentía al denunciar a los escritores que defienden los crímenes de La República y los crímenes de Stalin, mientras callan ante todos los otros crímenes que se cometen todos los días, tal y como se puede ver en “La glosa de los escritores fariseos”.

Las “Cartas a un joven artesano” publicadas en “La acción católica” en enero-septiembre de 1923 revelan la preocupación del Padre Pallais por los principios de la Iglesia Católica y la influencia (todavía incipiente en ese tiempo) de la Iglesia Protestante. Es interesante ver la actualidad de los temas que trataba Pallais hace ochenta y cinco años, y la forma clara y decidida con la que deslinda los problemas morales y teológicos. Situándose en la tradición de las Epístolas de San Pablo a quien menciona en su tercera carta, Pallais refleja su vocación por los pobres al dirigirse a un artesano, a un joven trabajador que se debate en su fe y en las contradicciones de las instituciones religiosas. Sus comentarios varían desde la masonería, la lectura de Biblia y la comunión, hasta el feminismo, la ilustración y la ciencia.

Es un lujo y es un gusto tener entre nuestras manos las prosas completas del Padre Pallais, escritor culto y severo, predicador ilustrado y fiel a las creencias de la Santa Iglesia Católica, defensor de los pobres y enemigo de la pobreza espiritual e intelectual. Pionero de una tradición literaria, ya que como dice Julio Valle-Castillo en el Epílogo, “Fue hasta el siglo XX que con la aparición de Azarías H. Pallais, se fundó una literatura religiosa y católica moderna, ascética en algunos aspectos y quizás, por su vuelo, poética y con destellos místicos” (416).

Catedrático  de la Universidad de Cincinnati

La Prensa Literaria

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