Castro invitó a los líderes de la revolución islámica a incorporarse a la entidad participando en la cumbre que se realizaría en La Habana, iniciándose entre ambos gobiernos una fuerte e intensa relación que repercutiría en los regímenes satélites de Venezuela, Nicaragua y Bolivia, estableciéndose las bases para la presencia de grupos terroristas fundamentalistas en esos países.
